30 abril 2005

Cómo ser un pterodáctilo triunfador

Hace algún tiempo vi un documental sobre dinosaurios que me impresionó bastante. Era evidente que un grupo de científicos se había reunido con unas cervezas y se habían pasado un buen montón de tardes entre risas y bromas(muy eruditas, eso sí) lanzando hipótesis de cómo fue este animal o de cómo se comportaba aquel en presencia de sus semejantes. Y todo basándose en los huesos de los fósiles que han ido recogiéndose a lo largo de la historia y cotejándolos con la información sobre animales actuales que supuestamente han evolucionado de esos reptiles prehistóricos. El documental era entretenido como lo puede ser una película de ciencia ficción o una histórica. Es ese tipo de ocio que no contento con distraer pretende hacernos pensar. Al menos en mi caso lo consiguieron. Recuerdo casi traumatizado las costumbres de ciertas aves gigantes playeras(una especie de pterodáctilos que iban a ligar a la playa). Allí, un buen grupo de bichos horribles hacían maniobras de cortejo alrededor de una hembra no mucho más atractiva para mis ojos que ellos pero que, al parecer, era la reina de la fiesta. El más fuerte picoteaba al segundo macho más fuerte y lo dejaba por los suelos. Naturalmente la hembra se iba con el fuerte. Selección natural. Nazismo pterodáctilo. Una putada más de la triste realidad.
Eso me llevó a pensar que la selección natural se ríe bastante de los derechos humanos y de todas nuestras patrañas moralistas. De hecho, nosotros mismos nos reímos de lo “que importa es participar” o de “lo más importante es su belleza interior”. Cuando se hacen exámenes de selectividad sólo las mejores puntuaciones pueden elegir carrera y no todos los participantes son dichosos por haber participado y haber suspendido. Los guapos de culebrón ligan más que los feos del día a día de tu vecindario(no está comprobado científicamente pero más tarde o más temprano los científicos me darán la razón). El individuo más apto para un puesto de trabajo... Bueno, aquí está el tema de los enchufes pero no me negarán que primero hubo una selección del individuo más fuerte y apto para llegar a conseguir un puesto de poder que luego ha permitido que el inepto de su cuñado entre en la empresa.
Selección a todos los niveles. Este mundo parece un campo de concentración.
Y yo, crecido en los nuevos tiempos de tolerancia y ayuda al enfermo o al desvalido no tengo por menos que escupir sobre esa naturaleza salvaje. Después, cuando me recupero de la ira que me embarga pienso: “Vale, yo no soy racista ni voy a entrar en ese juego elitista, debo ser yo mismo y no creerme más que nadie pero... ¿Y si los demás no piensan lo mismo?”. Mal asunto. La lucha contra las leyes naturales parece bastante complicada. Y a mí las causas imposibles me parecen bastante idiotas. Es una cuestión de holgazanería. Son más cómodos los objetivos sencillos. Es por eso que acepto el soborno y acepto esas terribles leyes nazis. Si quiero algo tengo que ser el mejor. ¿Pero el mejor en qué? Y más importante... ¿Qué quiero? Ah, sí, lo de siempre: pasar la mayor parte mis días con la sensación de que he pegado un fantástico polvo en compañía de una chica que cumpla los mínimos requisitos de belleza que exijo(el listón está casi a ras de suelo, no se piensen que soy muy quisquilloso al respecto).
Para eso debo ser el mejor en el terreno de la seducción. O al menos serlo con alguna chica, en algún momento, en algún lugar, con algo de suerte...
De las tres virtudes necesarias(belleza, inteligencia y carisma por ese orden) sólo tenemos control tal vez sobre la tercera ¿O no? Puede que no tengamos control sobre ninguna y todas sean relativas(menos quizás la segunda ya que Einstein era inteligente para casi todo el mundo a pesar de que casi nadie entendía lo que decía). Es por eso que debemos aceptar cual de ellas nos pertenece y si nos pertenece alguna. Y luego contrastar lo que hemos pensado con la información de los que nos conocen. Nos podemos creer muy bellos, muy inteligentes o muy carismáticos(de hecho, siempre es así a no ser que pases por un bajo momento de autoestima) pero si la persona en la que queremos “colarnos” no piensa lo mismo no sirve de nada nuestra opinión.
Como me dijeron que en los chats se liga, decidí entrar en uno con nombre de mujer para ver el tipo de competencia que tenía. En principio me sentí triste, abrumado y casi desesperado. Cientos de mensajes privados se me abrían. La competencia es abrumadora. Si eres una chica eliges entre cientos de individuos. Si eres un hombre sólo se te abren ventanas automáticas de empresas que te ofrecen páginas guarras. ¿Qué hacer? Pues estudiar a los mejores. Pero esto es lo que había:

- “¿Follas?”: Mensajes vehementes con una intención clara. Muy bien resumida la idea pero un poco bruscos y primitivos.
- “¿Edad? ¿De donde eres?”: Se ha perdido caballerosidad. La primera pregunta es toda una provocación para la mentira.
- “¿Qué tal? ¿Qué estás haciendo?”: A estos les solía responder con un “pues chateando, imbécil, ¿A ti que te parece?”
- “Me gusta tu nick, seguramente también me gustes tú”: Seguramente a estos les gusta cualquiera porque mi nick era “yochica”.
- “Oye... ¿Hablamos el otro día?”: Estos supuestos despistados que quieren ir de encontradizos me obligan a volverme “traviesa” y responderles “ni hablamos el otro día ni hablaremos hoy” y pulsar el “ignorar” sobre su nick.
- “Oye... ¿Eres un tío?”: “Sí”, les digo. “¿Importa?”

Bien, la conclusión de mi estudio es que la competencia es abundante pero su calidad es mínima. Vuelvo a descansar en paz y respiro ya sin dificultad. Ahora sólo me queda para ligar... Olvidarme de todo lo anterior.
Ni los individuos más guapos, ni lo más fuertes, ni los más listos suelen ser los que mejor se adaptan. La adaptación es otra cosa y se refiere más bien a ser el individuo adecuado en el lugar adecuado y en el momento justo. De esa manera triunfan los oportunistas, los embusteros y los mentirosos sobre el resto. El fuerte cae ante el escuchimizado traidor que lo apuñala por la espalda, el adúltero astuto se aprovecha de la casada que ve como el guapo marido se lía con otras y la desatiende, el genial matemático no liga tan bien como el charlatán de discoteca...
La naturaleza, más que a los nazis, parece defender a los que van a la suya, a los perfectos egoístas. Si eliges un animal totémico para ser el mejor en nuestra sociedad, elige a la serpiente.
En fin... de una u otra manera hay que buscarse la vida. Y después de la vida pero en un segundo lugar muy cercano del primero, buscarse una buena compañía para el sexo.
Y es que aquel documental me ha traumatizado. No quiero ser el pterodáctilo picoteado y segundón de la playa. Es absurdo llegar a esos extremos de soledad sexual no deseada. Sería muy estúpido cuando hay tantas playas a las que acudir.

2 comentarios:

Angéline dijo...

Y a fin de cuentas, la selección natural no es más que una forma de exterminio, muchas veces, con la colaboración "interesada" de la propia víctima. Más guapos, mejor apariencia, más labia, más atrevidos.. no, no son los más brillantes, sólo los que nos entran antes por el ojo, pero hay otros filtros, desgraciadamente para las personas que sólo son fachada. No tienes más que observar cómo muchos hombres tienen gran éxito en sus blogs (tú mismo, por ejemplo) porque se les deduce no sólo una refinada inteligencia sino un sentido del humor rozando la provocación, una especie de "te muestro cinco de mis diez". Y ese margen fantasma restante mantiene en vilo a una buena parte de la población femenina que busca leer a alguien que le estimule, le haga sentirse distinta, ajena a las voces que está acostumbrada a escuchar en directo, en el cuerpo a cuerpo de cada uno de sus días. Y a la mayoría les complace todo cuanto se diga y lo aplauden con sinceridad. Ya fuera de las blogs, no negaría que es una auténtica gozada, una suerte de recompensa cósmica, que la mente que nos gusta se aloje en un cuerpo con el que inexplicablemente tengamos una fuerte química (si además el sentido del humor es compatible, tremenda bomba) pero que dentro de su cráneo sólo haya aire, no le ayuda a mantener su puesto, por mucho que su rostro recuerde a los tíos buenos de la pantalla o su polla mida lo inmedible. El poso, la madre que forma esas mentes tan sugestivas, por ahí, te diría, se viste un triunfador. Por el carisma, y por lo que cautiva con lo que se guarda y sólo medio-esboza, pero nos hace suponer que pueda ser, que sea, mucho más de lo mismo.

Houellebecq dijo...

Me gusta ese mostrar cinco de diez. Yo creo que a veces se me va la mano y muestro más de cinco pero no me importa demasiado. No trafico ni vendo mi intimidad. A veces la regalo pero no se te escapa en tan poco tiempo que nunca la entrego del todo. De todas formas lo que oculto es más de lo mismo o papeles reservados que más tarde o más temprano saldrán a la luz (aunque en una fecha en la que ya tendré nuevos papeles reservados).
Hablando de pterodáctilas, el futuro me entregó experiencias que confirmaban algunas de estas ideas. Me sentí tremendamente infeliz con alguna mujer carcasa, puro físico. Y la paradoja es que eso, que no la quisiera, consiguió enamorarla. Otras con menos físico pero más presencia sí me resultaron dignas de amor, pasión, celos y adicción. Al final me seduce más lo que hay dentro. Sí, yo también caigo en el error de cálculo de una primera impresión. Pero la segunda impresión me llega cada vez más rápido y no me motiva aquello que no me da motivos más profundos que un envoltorio. Cada día aprecio más la belleza en diferido. Cada día más me gusta antes lo de dentro y luego, tal vez por estímulo condicionado, me enamora el físico. Por ese orden y feliz con su secuencia.