02 abril 2005

Cuando nos amemos como animales...

La letra de la canción de Sabina se quedó incrustada en mi cerebro cuando la escuché por primera vez. Solemos disfrutar más escuchando aquello que ya sabemos que lo que no hemos visto nunca y nos parece extraño. Y es que siempre estuve de acuerdo con esa frase. Esa es la tesis principal de mi vida, el lugar hacia el que me encamino como hedonista confeso(un hedonismo que si bien tiene mucho que objetar al de Epicuro, guarda parecidos más que cercanos con él). El amor animal como una posibilidad de felicidad carnal, en realidad de felicidad. Ya lo decía Erasmo: “El delirio de los amantes es la felicidad suprema” Pero eso sí, tiene que ser un delirio auténtico. Nada de perderse en paréntesis como el recuerdo de que se ha de pagar la factura del gas, de que nos van a ver aquí dónde no deberíamos estar, de que... Si se folla, que se folle con ganas y sin pensar. La razón, una “virtud” tremendamente sobre valorada hace más daño del que ayuda. Es ponerse a pensar en si le estás gustando a tu compañera, o si realmente te quiere, o si resistirás todos los “asaltos” que te pida... Y la erección se nos muere sin remedio(las mujeres pueden buscar el equivalente en vulva).
El escritor Jorge Bucay explica el caso de un tipo preocupado por el tiempo que podía estar “serruchando” con una chica al que se le aconsejó: “Si no piensas que has de tener una erección y solo piensas en lo bien que lo pasarás serruchando, tendrás una hora y media de erección”. No sabemos si serruchó, cogió o fornicó durante todo ese tiempo pero la idea es estimulante. Amar como animales. El goce por el goce. Los animales no piensan y les va muy bien(salvo cuando caen en una trampa para lobos y putadas varias creadas por el hombre, el más infeliz de todos).
Mario Vargas llosa nos habla de Gauguin en un magnífico libro dónde sabemos que el pintor se fue a Tahití huyendo de las convenciones y allí, disfrutando del sexo salvaje, no quiso más occidente. Occidente para su abuela(Flora Tristán) debió decir mientras una bella salvaje de piel tostada se introducía su alegre aunque algo sifilítico miembro en la boca.
Algunas historias de Pedro Juan Gutierrez, el escritor cubano, nos muestran una Habana sexual dónde son más importantes los olores, el sudor, la carne que las sofisticadas lencerías occidentales o los refinados perfumes burgueses. Así leído queda de lo más resultón. No sé si la realidad sería tan convincente pero desde luego dan ganas de entregarse, al igual que el autor, al sexo perpetuo y antihigiénico del que nos habla en sus novelas. Es como Rocco Sigfredi pero sin cámaras. Un paraíso masculino el que se dice que han creado las hembras cubanas. ¿Será verdad? Después de la pregunta el alma quiere saber más, en realidad quisiera comprar un billete para Cuba ya mismo.
Y hablando de turismo sexual, podemos escuchar la voz del polémico escritor Houellebecq que dice que los países desarrollados tienen carne que ofrecer pero son pobres y los países ricos tienen dinero pero les falta esa pasión de los cuerpos. La transacción comercial le parece justa. Te cambio nuestros coños y nuestras pollas por la billetera. Y todos felices. Sería justo si todo eso no se pervirtiese. Además, la prostitución estropea un poco el ideal animal al que aspiro.
¿Qué ocurrió con nuestro cuerpo? ¿Cuándo se convirtió en el enemigo? ¿Cuándo dejamos de disfrutar simple y llanamente del sexo sin complicaciones? Pues parece ser que con el Renacimiento. Antes de eso, todo era alegría y por no condenarse, ni se condenaba la pederastia. ¿Era una época más feliz? Depende de para quién. Yo no estuve allí. Hay ciertos detalles que me atraen y me hacen creer que sí porque se follaba bastante. Luego está el tema de que también se “moría” bastante y toda mi nostalgia se viene abajo. En cualquier caso había restricciones, siempre hemos condenado una u otra faceta de la sexualidad. Los romanos condenaban la sodomía, el hacerlo con la luz encendida, el dejar que la mujer cabalgase al hombre... Las felaciones estaban condenadas en el siglo XVIII(aunque no creo que existan siglos dónde los voluntariosos héroes del sexo no hayan hecho lo que les ha dado la gana), la sodomía se aplaudía en Grecia... La moral se parece mucho a la moda: cambia con los tiempos pero siempre hay un atajo de idiotas que se la cree.
En fin... Que ya estamos en el siglo XXI y a pesar de lo lejos que creemos haber llegado, todavía es difícil llegar a un lecho dónde una pareja se entregue plenamente, lo dé todo, no haya otro motor en su vida que el de la piel y el de hacer un buen cóctel con sus fluidos más íntimos. Así nos va. Avanzamos muchísimo en tecnología armamentística mientras que todavía no se ha inventado el elixir de la erección perpetua o la vagina insaciable.
En fin... Yo, como Gauguin, me voy a buscar el sexo más animal.
Claro que en mi caso, soy alguien que no pinta nada.

8 comentarios:

Angéline dijo...

Es curioso, esto del sexo animal es una aspiración natural, un instinto y sin embargo parece condenado por un sinfín de razones, entre ellas la costumbre. A mi alrededor lo escucho continuamente, "sí, estaría bien pero no tengo tiempo..", "ya, lo hacemos poco, pero nos queremos" "claro, sexo, sí, pero casi prefiero tranquilidad.. estoy baldado" o algo que me dijo el otro día un compañero de la oficina, cuando reconoció que no tenía regalo para su mujer en San Valentín. Como ella trabaja en un turno de tarde, le propuse que él fuese el regalo, que la esperase por la noche acostado encima de la cama, desnudo, con un lazo de regalo en la parte de su cuerpo que prefiriese, una botella de cava y dos copas cerca. Sonrió, la idea no parecía disgustarle, pero dijo casi con pena "es que estoy casado, ya no hacemos estas cosas..", como si el matrimonio, en lugar de ser un lugar cómplice para ésto y mucho más, fuese un agujero negro a donde va a parar la creatividad entre otras cosas. Cuando volví a mi mesa pensé que a veces conviene distinguir en el sexo entre lo que es amor, lo que es placer, lo que es placer en el amor, lo que es lujuria, desquite, fusión, complicidad, necesidad. Y cansancio, se lo comentaba a este compañero, hay un submundo de sensaciones en el cansancio. Hacerlo como un ciego, al puro brote de la sensación, todo es a ganar. Hay en ello, un algo entre animal y confidente, (como si el otro fuese un cuerpo amigo, no el "oficial" de la pareja) que también sentimos cuando hay un par de copas amansando la mente. Una cálida sensación, in crescendo, como si lo hicieses con tu sombra, contigo mismo, o estuvieses inmerso en la irrealidad de esa parte de los sueños en donde todo es posible.

Houellebecq dijo...

Es curioso, no me había pasado esto de rememorarme o tener que ir tan atrás en mi blog. Hay ciertos títulos de ciertos posts que hacen entrar a la gente más a menudo por ciertas entradas (las palabras celos o amor o sexo en un título te garantizan muchos visitantes ocasionales pero estos títulos retorcidos y alargados que ponía por estas fechas son un desierto de visitas, no me leía más que algún amigo ocasional que luego me comentaba en persona).
Este lo recuerdo bien porque sus ideas me obsesionaban un poco por la época y tal vez después de escribirlo dejé de obsesionarme. Y me obsesionaba porque mi vida sexual me parecía esa rutina a la que no sólo no me resignaba sino que me resultba de lo más deprimente. Dejé un post inédito de los que guardo en mi disco duro de las cosas que no me pareció bien publicar en algún momento o autocensuré en otro(qué poco me gusta esto de la autocensura o la censura en general). Un post apócrifo dónde describo con detalle lo que me hace sentir una vida en la que el sexo o el amor(yo suelo unir ambas partes porque separadas no me dicen gran cosa) se limitan a un trámite semanal y eso con suerte. Allí describia de un modo que parecía exagerado pero que no lo era lo mal que me sentaba el asunto.
Tal vez hubiera debido escuchar inteligentes y nada resignados consejos como esos que añades en tu comentario. Dan la sensación de que sacarías arte incluso de la basura (y ahora hay artistas que precisamente se dedican a eso). Sacar algo excitante de la rutina es estimulante.
Debo añadir como colofón de la historia que yo rompí la rutina de una manera menos creativa y más típica y se multiplicaron los dramas. Los de mi pareja y el mío también. Incluso el de la tercera en discordia.
Últimamente estoy descubriendo que el mejor sexo siempre está en mi cabeza.

neko dijo...

Tengo en el lector de RSS tus comentarios, y así llego a tu segunda entrada, hace ya casi seis años... que barbaridad!

La sociedad actual sigue tratando el tema del sexo como un tabú en lugar de como algo natural.
Ojalá pudiera descubrir la razón de porqué se pierde la pasión entre las parejas, porque siempre acaba pasando lo mismo, y se acaba por realizar como un acto mecánico para cumplir con una necesidad cada vez mas eventual. Cómo se llega a perder eso? hay manera de solucionarlo? me da la impresión de que me encuentro ahora mismo en una situación similar a la que tu vivías en ese momento. Los años pasan, y no lo hacen en vano, mejoran algunas cosas y otras... otras se pierden completamente, por culpa de uno mismo, por la de la pareja, por culpa de ambos y de no saber invertir el tiempo de manera saludable.

Houellebecq dijo...

Ya ves neko que hay ciertos temas que no cambian ni cambiarán, sólo hay ligeros cambios de tendencia pero no acaban de ser radicales. Yo en este año, 2011, veo la sociedad con una tendencia más conservadora que hace seis o siete y eso que entonces ya había comenzado este cambio más bien puritano. Miro películas de varias épocas y encuentro que en los setenta se podían ver cosas inasumibles hoy en día o hace siete años y que escandalizarían(bueno escandalizarían a una mayoría, a mí no sé que me puede escandalizar hoy por hoy).
Las cosas se pierden, dices tú... Y me gusta cómo le buscas una solución porque no te resignas. El comentario de Angeline más arriba incluso busca soluciones.
No sé si las cosas tienen solución. Desde luego nunca pueden volver a ser como fueron en un principio porque todo cambia. Si la relación merece la pena por otros temas no sexuales merece la pena intentar salvarla en lo posible e indagar esos trucos sexuales. Si no... ¿Para qué seguir?

Angéline dijo...

Estaba leyendo ya un poco más adelante pero algo de tu respuesta me ha sentado de nuevo en la valla de este post. Yo también relaciono sexo y amor y por separado las dos cosas me parecen increíblemente crueles. Hasta ahí la comunión de los dos conceptos. Y está claro que si la relación en sí ya no tiene sentido, el sexo no se lo dará, pero muchas veces lo que falla es precisamente la parte física y dentro de ella, es donde cabe con más facilidad esa corriente de aire fresco que renueva el ambiente. Lo fundamental es que los dos en la pareja vean este tema desde la misma perspectiva, de una forma abierta, que tengan ganas de divertirse en ocasiones, de jugar, de imaginar (como también sería deseable que las tuvieran para el resto de su relación), porque tomarse el sexo en el amor de una forma lúdica, como un premio, es mucho mejor que afrontarlo con seriedad, como si fuera uno de los puntos obligatorios del contrato. Reconozco que también yo caí en eso, en el sexo de fichar, pero cuando me di cuenta acabé con aquello, que en el resto de sus facetas no era menos triste. No se puede calendarizar la vida, algo ha de quedar a la improvisación, y aún así, siempre hay posibilidades de que todo se vaya al traste, la convivencia es una prueba de fuego. Pero por las que también hay de que vaya bien, modificándose a diario sin dejar que la rutina encasille nuestros actos, yo apostaría por la variedad, por la novedad, por el color, pero no de una forma forzada sino dejándose llevar por el instinto (que también nos dice a veces, con claridad, "aquí ya no queda nada"). Creo firmemente en eso de que llevamos las respuestas dentro, aunque muchas veces no hayamos conseguido llegar a ellas porque no nos hemos formulado la pregunta correcta. Un saludo a los dos.

Houellebecq dijo...

Poco más que añadir. Sólo que me alegra retomar y hacer una especie de segunda edición del post anotada gracias a tus comentarios y el de neko. Al principio te decía que pensaba más o menos igual que en esa época (2005) pero respondiendo comentarios creo que ha habido tantos añadidos a mi pensamiento que ahora no estoy tan seguro.
Quiero que se quede como reflexión final esa intuición de la que hablas, la que te dice que tal vez ya no haya nada por lo que luchar. Si el físico no quiere expresar amor es orque algo, ya en otro lado, tampoco lo siente como antes. Sí, la respuesta está ahí. Lo que ocurre es que a veces no queremos verla. Y no es que des palos de ciego para averiguarla, es que te llevas todos los palos por ciego, por no querer ver que ya no queda nada.

noe dijo...

Me gusta este regreso al pasado sobre todo porque además de tu post se han ido añadiendo muchas cosas en los comentarios.
Poco más puedo añadir que no se haya dicho ya.
Comparto con Angeline ese " Lo fundamental es que los dos en la pareja vean este tema desde la misma perspectiva", pero creo que es algo casi imposible y no sólo en el tema sexual.
Todos vamos evolucionando (por utilizar una palabra, aunque a veces retrocedemos) y no lo hacemos al mismo ritmo que las personas de nuestro entorno.
Cierto es que en esa evolución que ha tenido el ser humano, ha ido perdiendo muchas cosas y ha adelantado en otras, bajo mi punto de vista en lo tecnológico genial pero en lo "humano" dejamos mucho que desear.
Luchar contra los instintos primarios yo lo veo una autentica gilipollez y catalogar ciertas cosas como "tabú", aún más.
Pero en fin, que sería repetir todo lo que ya habéis dicho anteriormente.

Houellebecq dijo...

Angéline también entró en diferido a este post que en su momento no leyó casi nadie. Parece que los que hacen retrospectiva de mi blog se interesan por este título. Creo.