03 noviembre 2005

Más pagaría una piedra

No hace demasiado tiempo hablaba con un compañero de trabajo sobre los recortes empresariales que se observan en cualquier empresa. Además del evidente malestar que el asunto nos producía como víctimas del degüello obrero, pensamos en los cambios que esto está produciendo en aquello para lo que en teoría están buena parte de las empresas de un país(además de enriquecerse): ofrecer un buen producto.

Mi colega observaba, a modo de ejemplo, que el turismo que viene a España es cada vez menos selecto porque nosotros rebajamos antes la calidad de los servicios que los precios. El turista que nos llega de fuera ya no se encuentra con el país pobre y pardillo de hace veinte años. Ahora se tienen que rascar el bolsillo como si les hubiese salido sarna en el pantalón y a cambio se les ofrecen paellas de plástico, platos combinados que no resultan atractivos ni en fotografía, cervezas y cafés inflacionados hasta provocar la rabia, hoteles más estrellados que con buena estrella, personal desmotivado y en ocasiones no profesional…

Pero ahí no acaba nuestro problema. Este año hemos vuelto a tener suerte pero no olvidemos que otros países pobretones de Europa comienzan a ofrecer lo mismo(o casi) que nosotros por precios irrisorios. Ese es el problema de comenzar a tener una economía boyante, que las economías más generosas ya no se muestran tan paternalistas con nosotros y empezamos a sentirnos huérfanos de sus antaño amigables carteras.

Mi compañero decía que la solución pasaría por ofrecer un turismo de calidad, subir el listón de unos servicios que cada día se descuidan más.

Pero esto lo observo yo en casi todos los terrenos del panorama empresarial y de la triste vida del actual consumidor. La idea del dinero a toda costa está llevando a ciertos jefazos sin cerebro a la degradación de su producto y puede que en un futuro, a su autodestrucción. Ejemplos hay muchos.

En el cine no bajan los precios y además nadie quiere ir por culpa de Internet pero las multisalas no ofrecen mejor servicio por esos incrementos monetarios de la taquilla. Con escaso personal que controle al personal más díscolo el buen aficionado más que ver la película queda indefenso ante los vándalos con sus móviles, con sus estúpidos comentarios en voz alta(casi siempre son adolescentes), ante su interminable deglución de palomitas, ante proyecciones con el original rayado porque el operador no tiene tiempo de limpiar las máquinas, a una sala poco higiénica, a un ambiente que desde luego sólo queda para el dominio del joven entre catorce y poco más de veinte años… En un panorama post- apocalíptico sobrevivirían las ratas y las cucarachas. Yo siempre he pensado que también los adolescentes porque su comportamiento, a todas luces(y salvo honrosas excepciones) me hace intuir que son de la misma familia(unos son del clan de la rata y otros del clan de la cucaracha y todos pertenecen a la especie única de lo que debería ser fumigado).

Pero hay ejemplos mejores. Cada vez que entro en las páginas de los admiradores de los tebeos veo las mismas quejas: las prisas de tal o cual empresa y la reducción de tal o cual plantilla fomentan las malas traducciones, los errores tipográficos, las faltas de ortografía(la poca inversión de la empresa española en educación también es responsable de este punto), los errores de grafismo…

Y el problema no sólo es el de la reducción de personal. También está la reducción de sueldos que nos muestra cada vez gente menos motivada y que apenas se esfuerza por atender a un cliente. Total, ya tienen una buena excusa para su indolencia: “¡Para lo que me pagan!” Y así, con sueldos misérrimos y horarios que condenaría Amnistía Internacional nos encontramos con camareros, personal de limpieza(a veces sin asegurar), seguridad y porteros varios por poner algunos ejemplos más, que prácticamente, más que atender a sus ocupaciones o a un cliente, solo sueñan con matar al primero que objete contra su buen hacer. ¿A quién le importa realizar un buen trabajo cuando en lugar de un salario tienes una limosna?

Estos son solo algunos ejemplos. Hay sectores que no he incluido porque los intuyo más que los conozco pero si la tendencia es general como sospecho, mal vamos.

¿Se imaginan un médico, un policía o un psicólogo descontentos? Pues a ver si entienden muchos de los señores empresarios que la calidad también es necesaria.

La ley del mínimo esfuerzo puede ser hija de la ley del mínimo sueldo.

De momento, a mi colega de trabajo y a mí también nos han recortado. ¡Pero les prometo que lo escrito no es nada personal! ¡Es una enrabiada protesta contra los apóstoles de la insana costumbre de mutilar por lo sano!

1 comentario:

Ozymandias dijo...

No hay un solo empresario que piense a largo plazo. Ni uno. Y a corto plazo solo hay una forma de hacer dinero que es reduciendo plantilla y reduciendo calidad. Con esas políticas a largo plazo se va todo a la mierda, pero ellos ya se han hecho multimillonarios. Y por cierto, hay montones de médicos descontentos. Los policías descontentos por lo menos se divierten pegando y eso les compensa. Y los psicólogos descontentos se automedican para tratarse la depresión o bien vuelven más loco si cabe al primer paciente que pillan, con lo que rebajan sus niveles de estrés...