22 diciembre 2005

Crímenes mayores, delincuentes menores… ¿Castigos mayores?

“Detrás de cada niño que delinque hay un padre que debió ser esterilizado” Sergio Gómez- 2005

Hay un tema de discusión en la calle y de la calle: el incremento de la delincuencia por parte de menores y la aparente impunidad con que estos actúan. Las televisiones y las radios del país llenan horas de programación y les dan un sueldo extra a sus expertos para que nos expliquen o nos tranquilicen o nos saquen de quicio, según el temperamento personal de cada uno, opinando sobre este tema que nos afecta tan de cerca, que nos es tan íntimo(un delincuente se acerca, te lanza la mano al culo y además de ser ultrajado has perdido tu documento nacional de identidad, la fotografía de tu novia, tu tarjeta del banco, tu dinero para las compras…). Y esa es todavía una situación afortunada. La moda es el robo con intimidación. En una sociedad pusilánime como la nuestra es fácil intimidad al personal, desde luego. Pero eso tiene que dejar secuelas: días y días de soñarte asesinando al hijo de puta que te amenazó y se llevó tu dinero y que no debía tener más de diez años. Pero… ¿Cómo está la situación?

Las estadísticas o los que hacen dichas estadísticas nos cuentan que los delitos de menores son en más de la mitad realizados por niñatos españoles, en un cuarto o menos por niños rumanos y el resto por niños de Marruecos. Gracias a la inmigración no tenemos que avergonzarnos y decir que el cien por cien del crimen en España es español. Si le roban la cartera al embajador de Estados Unidos siempre podemos decir: “esos golfillos inmigrantes nos dejan mal, los españoles no somos así”. Pero también se quedan sin argumentos los racistas que dicen que sólo roban los de fuera y que nosotros, los españoles, vivimos en una civilización sin pecados como el Edén o como la Atlántida antes de que se la zampase el mar. Nos pertenece un cincuenta por ciento alto del crimen. Es una estadística democrática y moderna la que nos ha tocado. Aquí roban los de dentro y los de fuera.

En lugares como La plaza Real de Barcelona o la plaza Mayor de Madrid hay avisperos de delincuentes enanos. Algunos tienen leves reincidencias(se dan casos de hasta sesenta tirones de bolso en el mismo personajillo). También se dan casos de niños inducidos por los padres para que roben. ¿Es posible? Desde luego. Hay padres que aprovechan la impunidad con que se mueven sus hijos para sacarse un sobresueldo pero no olvidemos que hay muchos modos de tener diez años, que no todos hemos vivido en el mismo ambiente. Hay niños que viven en ambientes Dickensianos. Aunque nos resulte extraño en este siglo y en este país, los Oliver Twist existen y lo pasan peor en cuanto que sus historias no acaban tan bien. Estos acaban en la cárcel, asesinados en luchas de bandas, muertos por sobredosis… El catálogo de mortandad en estos ambientes es de sobras conocido. No suele haber parientes ricos en sus historias. Y si los hay no aparecen.

Todos los delincuentes menores, independientemente de su nacionalidad, tienen preferencia por el robo con intimidación y por el atentado contra el patrimonio privado o público. El homicidio en España sigue siendo excepcional y menor que en el resto de Europa. Tal vez por eso las leyes son tan suaves.

Pero no deja de ser un problema que las legiones de rateros se multipliquen mientras los efectivos policiales no pueden hacer nada contra ellos. Hoy en día, los niños son privilegiados. No puedes tocarles sin ir a la cárcel o ser acusado por una legión de defensores del menor. Si un niño te ha apuñalado repetidas veces y tú, con el último aliento de vida, le aplastas el cráneo con una piedra, serás acusado(aún post morten) de Hitler en potencia, de lobo feroz, de hombre del saco en tu tiempo libre… El niño es como un ángel. Y no pierde su aureola divina ni aunque lleve una navaja automática en el bolsillo y se dedique a tirar del bolso de jubiladas que sin su irrisoria paga mensual no pueden sobrevivir(porque vivir con sus pensiones, viven bien poco, muy malamente).

Estos niños dan bastante rabia, es cierto. Pero debemos actuar con la cabeza fría.

Buscar el problema.

Sabemos que lo más fácil sería montar campos de concentración en lugar de reformatorios y quemarlos a todos en ellos. Eso sería lo más fácil pero tendríamos quejas de diversos organismos nacionales e internacionales a favor de los derechos humanos. Estos organismos contemplan los derechos humanos de esos niños pero no los de sus víctimas, curiosamente.

Por eso debemos aumentar el gasto social en algo que hasta ahora se menciona mucho pero se ejercita poco: la educación. Los niños, casi siempre, son reflejo de sus padres. Los padres(estoy hablando del modelo de padre dickensiano) es un mal modelo a seguir. Es por eso que a cada niño capturado por la ley, además de un castigo, le ha de llegar una propuesta de reinserción. Hay que matarlos a charlas educativas. Pero no solo al niño, sino a la madre que lo parió y al padre que la fecundó. Deben reparar el daño que han causado y sobre todo, entender que existen modos alternativos de vida que no pasan por agredir al prójimo para que te de su paga. También enseñarles a ganarse ese modo de vida. Pero eso sin perder de vista que la ley debe actuar presta. A cada falta, una reacción inmediata. Que vean que no estamos en la higuera mientras ellos corretean libres y cazan por la sabana urbana. A cada acción una reacción.

Es cierto que no podemos cambiar a un personaje de Dickens por otro de Walt Disney. Ni falta que hace. Pero seguro que podemos dejarlo en un punto medio. Con las debidas atenciones puede ser un ciudadano provechoso para el país.

Y bueno, si fracasamos, siempre nos quedarán los campos de concentración.

Digan lo que digan los organismos oficiales que favorecen a los pequeños golfos.

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