24 noviembre 2005

Menos humos

Tengo algo que decir sobre la ley que prohibirá fumar en establecimientos públicos como bares y restaurantes.
El otro día leía la carta de un indignado fumador en uno se esos periódicos gratuitos que te regalan en el metro a unas horas dónde la masificación te impide no sólo desplegar sus páginas, sino intentar introducir un alfiler entre tu persona y la que tienes delante. De todos modos, pude “disfrutar” de la interesante carta de ese tipo en mi hogar. Si no hubiese leído lo que decía podía estar sumido aún hoy, en la más terrible de las ignorancias. Y es que el muy profeta narraba con aires de convicción inobjetable que a partir del 2006, con la nueva ley anti-tabaco, el mundo tal y como se conoce en España puede desaparecer. Lo cierto es que yo, que al contrario que el Candido de Voltaire no creo vivir en el mejor de los mundos, casi aplaudo. Pero no había motivos para el regocijo. Este “experto” futurólogo narraba un futuro dónde muchos bares cerrarían y poco menos que se avecinaba una hecatombe económica que llevaría el país a la ruina. Su explicación era la siguiente: en los bares la gente sólo consume con el objetivo de comprar una cajetilla de tabaco. Si esta gente pierde sus objetivos, dejará de ser cliente. Sí señor, resulta que todo fumador por naturaleza es tímido y necesita consumir algo allí dónde va a comprar una cajetilla de tabaco porque se siente moralmente obligado.

Para convencer a los crédulos decía que en Italia habían desaparecido casi todos los bares y restaurantes.

Cualquier persona que vaya a Italia, Inglaterra o Estados Unidos podrá comprobar si eso es cierto. Yo personalmente, cuando estuve en Florencia, me encontré bares a reventar de gente. Pero claro, tal vez fue una confusión mía. Tal vez aquellos antros no eran bares sino sillas y mesas públicas dónde te cobraban(y mucho) por tomar café o lo que pidieses y que, no sé, se llamaban Soportapersonas o Descansaderos o Abrevaderos. Bares o restaurantes no porque de eso, según nuestro amigo, ya no hay.

En fin, que es evidente que fumadores y no fumadores tienen o tenemos argumentos para defender nuestras tesis pero que lo malo de un argumento es que siempre tiene un antiargumento. Hegel lo llamaría el problema tesis-antítesis después de haber reflexionado mucho sobre el asunto. Creo que además, el filósofo, no tenía aspecto de ser fumador.

El otro día un ingenioso amigo del bando de los contaminantes me decía que el tabaco pagaba con sus impuestos la Seguridad Social y si todos dejasen de fumar, esta se arruinaría. Yo le respondí que a la Seguridad Social también la pueden arruinar los enfermos de cáncer que cada día más, son legión.

Otro me dijo, ya directamente con sorna, que el problema de los no fumadores es que nos gusta fumar de gorra(fumadores pasivos). Yo le dije que si de eso se trataba él podía beber de gorra. Yo me bebo una cerveza y después le echo una buena meada sobre la boca. Él me da su humo y yo le doy mi orina. Si lo piensan es lo mismo. El artista Iggy Pop le sugirió algo parecido a un periodista que le preguntó si le importaba que fumase.

El periodista decidió no fumar.

Otro amigo me decía que los no fumadores somos poco tolerantes. Yo le dije que esa queja está fuera de lugar. Es como si un tipo que te golpea con un bate de béisbol se queja y dice que los que recibimos golpes de bate de béisbol y nos quejamos no somos tolerantes. ¿Un agresor pide tolerancia para su vandalismo?

Yo sí me considero tolerante con todo fumador a pesar de que no me gusta el humo. Cuando alguien enciende un pitillo cerca de mí lo primero que pienso es en arrojarle el café hirviendo sobre la cara y ver como le salen ampollas y grita como un cerdo en plena matanza. De hecho, soy muy tolerante porque lo pienso… pero no lo hago.

Es evidente que no hay armisticio posible entre dos posturas irreconciliables. ¿O sí? De momento sólo tenemos una ley que llueve al gusto de los que nos queremos exiliar del humo y en contra de los hombres chimenea(con todos mis respetos para ellos y para su enfermedad). La polémica esta servida(tráiganme también unos vinillos para que entre mejor).

Ahora sólo necesitamos una ley que sea justa para ambos. No sé… La mitad de la tierra para los fumadores y la otra mitad para los que no y en medio el muro de la vergüenza. O por ejemplo un impuesto en las cajetillas de tabaco para sufragar las máscaras de oxígeno de los no fumadores. Cualquier cosa menos ser llamado fumador pasivo. Lo de pasivo me molesta sobremanera. No es que me haga parecer menos viril, que no me importa, pero es que parece una incitación a la acción. Algo así como: ¡Eh, tío pasivo, apático, haz algo! ¡Y a mí no se me ocurre en esos instantes en los que estoy al borde de la asfixia otra cosa que reventar los morros del chupacilindros!

Espero que ningún fumador se sienta ofendido por lo de chupacilindros. Sólo era una broma sin importancia. Para mí sólo sois apestosos infectos y prefiero un amigo con Ébola que tragarme vuestras toxinas…

Así están los ánimos. Por lo menos los míos. Imagínense los de los fumadores que además tendrán que sumar a su descontento el síndrome de abstinencia que te abstiene de todo menos de apuñalar a la persona más cercana a ti.

HHHmmmm. Mucha solución no le veo al asunto. No de momento.

Bienvenido, año 2006. Ayudas a unos y le tumbas la fiesta a los otros. Confiemos que el carácter afable y dicharachero del español medio no convierta este país en un campo de batalla similar al del 36. Confiemos y roguemos por eso. ¡Pero no hagamos apuestas!

16 noviembre 2005

La comedia humana

Balzac afirmaba que así como el entorno y la herencia producen diferentes tipos de animales, así las presiones sociales generan diferencias entre los seres humanos. Esa es básicamente la famosa “Comedia humana” de este escritor. Y así, durante el siglo XIX francés se dedicó a escribir nada más y nada menos que unos miles de ambiciosas páginas sobre las “especies” humanas de su tiempo. Quiso abarcarlo todo. Tal vez no sacó buena puntuación en el colegio a la hora de hacer resúmenes. O tal vez tenía mucho tiempo para escribir y pocas ganas de vivir. Yo, con humildad lo digo, no doy para tanto. Pero puedo disfrutar por el camino. Sin ánimo de terminar mi propia comedia humana(más bien tragedia) puedo hacer mi pequeña aportación al reportaje de las tipologías humanas en los comienzos del siglo XXI.

¡Que ingenuo! ¡Como si hubiera mucha diferencia con cualquier siglo pasado! La humanidad tiene una originalidad limitada.

Pero sin importarme ser redundante hablaré de la señora de la limpieza del lugar dónde trabajo. Me interesan algunos rasgos de su carácter.

Sin aspirar a juzgarla sí que puedo explicar en breves pinceladas la parte de ella que se deja ver, la que ella muestra y la que a mí me hace reflexionar sobre ella.

Llamémosla señora L para que no decida demandarme por difamarla o lo que se le quiera ocurrir.

La señora L trabaja de cinco y media de la tarde a diez treinta de la noche por un sueldo que no debe ser demasiado alto. Lo deduzco de su comentario: “¡Si me dan dos turnos por mil doscientos euros los hago sin pensarlo un segundo!” Eso me hace calcular que por un turno debe estar cobrando la mitad. No sé si esos euros son limpios o en bruto. Ella no está demasiado descontenta.

La señora L es chilena y cuenta una historia de palizas por parte de sus muchas parejas masculinas hasta llegar a la última: este le pegaba, puede que por congraciarse con una mujer acostumbrada a ello, hasta que abandonó esa ingrata costumbre. Se ha quedado con él, evidentemente. A pesar de ese pasado amoratado, es una señora de más de cincuenta años que piropea y arroja cuanto picante comentario se le ocurre al primer compañero macho que pase frente a ella. Esa dedicación al sexo opuesto a pesar de lo mal que este sexo se ha portado con ella es enternecedora.

La señora L, y esto es lo que despierta mi curiosidad, quiere ser la encargada de su lugar de trabajo y cada dos o tres segundos me llama a mí o al que tenga más cerca para que apreciemos lo bien que limpia. Luego nos dice que le duele todo el cuerpo pero que ella, enferma y todo, es la mejor trabajadora del mundo. Después nos habla de los productos que usa para la limpieza(los mejores porque ella sabe de lo que habla) y nos asegura un mundo de placeres inconmensurables si viésemos su casa. Para ir terminando su discurso cuando ve un jefe en las cercanías y nunca antes, como el cervatillo que se inquieta cuando huele al león, nos muestra los restos de lo que el turno de la mañana no ha limpiado. En su recogedor, las pruebas incriminatorias contra el turno de las chicas de la mañana nos adoctrina sobre el hecho de que estas se han dejado rincones sin barrer y objetos que deberían estar en la papelera desde hace tiempo. Pero gracias a la arqueología de la señora L no se nos escapa esa suciedad fosilizada. La señora L, entre sus gritos de ira y sus diatribas contra el turno de la mañana, termina por reafirmar su poderío como trabajadora. Ella es la mejor.

La señora L pasa así todos los días. Siempre la ves hablando con alguien, incluso a veces, con el jefe. Ves su dedo índice señalando el suelo y mirando a su interlocutor para descubrir en él la admiración por lo que ha hecho. Luego, una vez más y aunque no escuches lo que dicen sus labios, sabes que el inesperado enfado le llega por un motivo muy concreto: vuelve a recordar al turno de la mañana.

A la señora L, visto lo visto, es muy difícil verla trabajando.

Sólo recuerdo sus quejas, sus momentos biográficos, sus piropos, su autobombo… También aquel bizcocho tan bueno que nos trajo hace poco y el café al que me invitó no hace mucho. Pero una imagen de ella trabajando… Hm, tendré que pensar más.

En fin, sólo una reflexión al respecto. En realidad una pregunta para la reflexión: Si la señora L invirtiera toda esa energía no laboral en sus faenas… ¿Tendría que llamarnos cada cinco segundos para mostrarnos su buen hacer?

Pensé que nunca lo diría ni lo pensaría pero en este caso, la publicidad mató el producto.

Un saludo, señora L. Nos vemos esta tarde. Y a pesar de todo y aunque sea por sus chistes picantes, todavía me cae muy bien.

Me cae tan bien que nunca le recomendaré este artículo.

08 noviembre 2005

El muy Fuji de puta

Fujimori y Toledo tienen algo en común además de haber sido o ser presidentes del Perú y tener apodos tan raciales como el Chino o el Cholo. Los dos han tenido un pasado humilde. La génesis del chino(en realidad es japonés pero eso fuera de oriente no importa demasiado) se encuentra en Kumamoto de dónde emigraron sus padres en 1934. Ambos eran cosechadores de algodón que llegaron al Perú en busca de una vida mejor.

Los padres del cholo ya vivían en Perú. Él, obrero de la construcción, ella vendedora de pescado. ¡Se salvó por puntos de ser verdulera, mamita! El hijo que les nació se haría famoso en el futuro por trascender su puesto de limpiabotas de juventud y reciclarlo en la presidencia de su país. Eso es medrar y no lo de los personajillos de la prensa rosa de nuestro país.

Por lo demás, sus presidencias han sido muy distintas. En realidad, ya sólo me importa hablar del chino. En este Noviembre del año 2005 ha saltado a los medios su captura en Chile y la petición de Extradición por parte del Perú. Parece que los chilenitos se han puesto bravos. Después que los españoles les robásemos un tiempo a Pinochet para juzgarlo y ellos se quejasen de que no nos importaba nada y de que éramos todos los “gallegos” unos “huevones entrometidos”, ahora son ellos jueces de otro famoso tirano venido a menos y que no les pertenece. Claro que es pronto para juzgar la actuación policial chilena. Sólo destacan algunos titulares maliciosos que se han dado después que el Perú se apropiase de 35.000 kilómetros de aguas consideradas chilenas. “Vosotros nos quitáis el mar, nosotros os quitamos al tirano” parecen decir los chilenos o parecen decir que dicen por lo que se lee en ciertos periódicos. Pero no tiene por qué ser así. ¿Acaso le han puesto alguna trampa al cretino de Fujimori para que pasase justo ahora por allí? De momento está muy tranquilo. Demasiado tranquilo. El chino parece saber bien lo que hace y hasta contaba con ese arresto. Parafraseando a Shakespeare: ¿¡Algo huele a podrido en … Chile, Perú… Dinamarca!? La política internacional es más misteriosa que el triángulo de las Bermudas en temporada alta de trasiego alienígena.

Estudiemos un poco más al chino, a ver si entendemos qué ocurre aquí. .

Al igual que su rival el cholo, Fujimori demuestra que los estudios te pueden llevar lejos. Cualquiera que viera las carreras fulgurantes de estos dos individuos confundiría al Perú con Norteamérica. O no. Los sureños de América superan a los Estados Unidos. ¿Cuándo dejará de ser blanco el culo que se sienta en el Despacho Oval? Eso los peruanos ya lo resolvieron hace tiempo. Cuando Fujimori(ingeniero agrónomo como el número uno de su promoción, estudiante de matemáticas y Física en Estrasburgo, posgrado y master de ciencias en Wisconsin, decano de la facultad de ciencias de la Unión Nacional Agraria la Molina, sendos Honoris causa en San Martín de Porres y Universidad belga de Glembaux, presidente de la Asamblea Nacional de Rectores, director de cierto programa televisivo peruano sobre agricultura y universidad, “Concertando”, y un buen hijo peruano educado en los valores orientales de laboriosidad y superación personal) desbancó al “blanquiñoso pituco” Mario Vargas Llosa demostró algo en Perú: que los de abajo podían ser como los de arriba. Una década más tarde el economista y limpiabotas Toledo le desbancaría a él y seguirían dejando sin presidencia a los blanquiñosos. ¡Para que luego digan los estadounidenses que tienen el monopolio de la igualdad social! ¿Para cuando un presidente negro?

El caso es que Fujimori con su “Cambio 90”, el partido que registró en el 89 después de haber pertenecido al APRA(Alianza Popular Revolucionaria Americana) les sacó la lengua a las clases altas de su país. Ganó las elecciones del 90 con una campaña en la que aparecía montado en un tractor. Debe haber muchos conductores de tractor en Perú porque dejó muy atrás al escritor en muy poco tiempo con esa publicidad tosca pero evidentemente efectiva. El tractor pudo más que el trajeado de Llosa.

Fujimori propugnaba el lema “honestidad, tecnología, trabajo”. No sabemos para quién pero seguro que no para él mismo. Y además, una vez en el poder, decidió apropiarse de las políticas neoliberales de su adversario Vargas llosa y de su frente Democrático. ¿Eso es honestidad?

También aportaría algo de su cosecha: asesinato, tortura, la creación de los siniestros escuadrones de la muerte, suspensión de la Constitución en autogolpe de Estado, reorganización del poder judicial, captura brutal aunque efectiva del líder de sendero luminoso Abimael Guzmán en el 92… Un auténtico Harry el Sucio peruano pero en bestia y además, totalmente insensible en relación al pueblo. ¡Claro, como sus ancestros eran japoneses! Supongo que le debía tocar mucho los huevos que le llamasen chino siendo nipón.

Y para terminar de arreglarlo llega su brazo derecho, una mezcla del Conde Drácula con Mario Conde: Vladimiro Montesinos. La película de terror se vuelve política del horror y ya no hay chiste que valga en el Perú. Montesinos es un capitán del Ejército reconvertido en asesor del Servicio de Inteligencia Nacional(SIN). Más presidente que el presidente, somete a las instituciones públicas y tiene el control y dominio de las decisiones más importantes del país. Es como un endemoniado Dios que controla a todo peruano vivo y que tiene poder sobre sus almas y sobre sus empobrecidas economías. Especialmente esto último.

¡Qué no debió hacer este equipo de corruptos y criminales! Conocemos la punta del Iceberg. En el 2000 salieron a la luz los Vladivideos, cientos de horas de grabaciones dónde Montesinos untaba con dinero a Congresistas, ministros de Estado, Jurado Nacional de Elecciones… A quién quiso. ¡Y quiso a los mas poderosos!

Fujimori, intrínsecamente unido al asesor con nombre de príncipe valaco y viendo que ya no podía esconder sus travesuras en el poder, aprovechó un viaje presidencial para huir al Japón y desde allí renunció a su mandato. El congreso peruano lo destituyó más tarde por incapacidad moral.

Y a pesar de todo, volviendo ya a nuestros días, dónde cinco años después de su escapada el chino no ha sido extraditado aún al Perú… ¿Por qué, como le escuché esta mañana decir al escritor Jaime Bayly, hay un tercio de intención de voto si este criminal se presenta a las elecciones? ¿Por qué el Perú se aferraría en su tercera parte de la población al clavo ardiendo más dañino posible?

La economía creció algo con él, bien es cierto. Su política expeditiva eliminó casi totalmente a Sendero Luminoso, en el extranjero mantuvo buenas relaciones diplomáticas con casi todo el mundo salvo Venezuela pero… ¿Por qué querría el pueblo andino que volviera este pequeño Hitler que asesino en una noche perpetua de los cuchillos largos a cuanto opositor le quisiera alzar la voz? ¿Tan pocas opciones existen allí?

Lamentablemente esa es la respuesta.

El cholo, a pesar de sus buenas intenciones y del crecimiento ininterrumpido de la economía peruana, no consigue que su pueblo le quiera del todo. El Estado peruano tiene cada vez mayores recursos porque la macroeconomía avanza pero el elevado precio de la gasolina hace subir la inflación y los precios y las microeconomías se resienten. Cómo siempre, vaya bien o mal este país, paga el pato y con plata, escasa plata, el más débil. Y así, usando y abusando de la desesperación humana aparece el chino que desde su encierro todavía dice que volverá a presentarse como presidente al Perú porque lo prometió hace tiempo y claro, según sus palabras, “el chino cumple”.

¿Será hijo de puta? ¿Y por qué se ha pasado cinco años refugiado de la justicia de su país en Japón? Si el “chino cumple”, que cumpla años de prisión por los veintiún procesos penales que tiene abiertos y no nos venga con cojudeces.

Pero el problema no es solo el chino. Cómo decía más arriba, el problema es la falta de opciones de un pueblo. Si hace poco leía en el blog “ncrisis.blogspot.com” que en Alemania la izquierda y la derecha se estaban dando la mano y esa situación era siniestra en cuanto que el pueblo parecía estar representado por un único partido, la situación peruana es peor que la de cualquier país europeo. A este pueblo no sólo le representa un solo partido sino que además este partido es un escandaloso desastre. No hay derecha ni izquierda. Hay genocidio o corrupción o una mezcla de ambas.

En cualquier caso, le diría a esa tercera parte del país que reflexione un poco.

Cualquier opción es mejor que un país con los “escuadrones de la muerte” de Fujimori.

¡Incluso Toledo!

03 noviembre 2005

Más pagaría una piedra

No hace demasiado tiempo hablaba con un compañero de trabajo sobre los recortes empresariales que se observan en cualquier empresa. Además del evidente malestar que el asunto nos producía como víctimas del degüello obrero, pensamos en los cambios que esto está produciendo en aquello para lo que en teoría están buena parte de las empresas de un país(además de enriquecerse): ofrecer un buen producto.

Mi colega observaba, a modo de ejemplo, que el turismo que viene a España es cada vez menos selecto porque nosotros rebajamos antes la calidad de los servicios que los precios. El turista que nos llega de fuera ya no se encuentra con el país pobre y pardillo de hace veinte años. Ahora se tienen que rascar el bolsillo como si les hubiese salido sarna en el pantalón y a cambio se les ofrecen paellas de plástico, platos combinados que no resultan atractivos ni en fotografía, cervezas y cafés inflacionados hasta provocar la rabia, hoteles más estrellados que con buena estrella, personal desmotivado y en ocasiones no profesional…

Pero ahí no acaba nuestro problema. Este año hemos vuelto a tener suerte pero no olvidemos que otros países pobretones de Europa comienzan a ofrecer lo mismo(o casi) que nosotros por precios irrisorios. Ese es el problema de comenzar a tener una economía boyante, que las economías más generosas ya no se muestran tan paternalistas con nosotros y empezamos a sentirnos huérfanos de sus antaño amigables carteras.

Mi compañero decía que la solución pasaría por ofrecer un turismo de calidad, subir el listón de unos servicios que cada día se descuidan más.

Pero esto lo observo yo en casi todos los terrenos del panorama empresarial y de la triste vida del actual consumidor. La idea del dinero a toda costa está llevando a ciertos jefazos sin cerebro a la degradación de su producto y puede que en un futuro, a su autodestrucción. Ejemplos hay muchos.

En el cine no bajan los precios y además nadie quiere ir por culpa de Internet pero las multisalas no ofrecen mejor servicio por esos incrementos monetarios de la taquilla. Con escaso personal que controle al personal más díscolo el buen aficionado más que ver la película queda indefenso ante los vándalos con sus móviles, con sus estúpidos comentarios en voz alta(casi siempre son adolescentes), ante su interminable deglución de palomitas, ante proyecciones con el original rayado porque el operador no tiene tiempo de limpiar las máquinas, a una sala poco higiénica, a un ambiente que desde luego sólo queda para el dominio del joven entre catorce y poco más de veinte años… En un panorama post- apocalíptico sobrevivirían las ratas y las cucarachas. Yo siempre he pensado que también los adolescentes porque su comportamiento, a todas luces(y salvo honrosas excepciones) me hace intuir que son de la misma familia(unos son del clan de la rata y otros del clan de la cucaracha y todos pertenecen a la especie única de lo que debería ser fumigado).

Pero hay ejemplos mejores. Cada vez que entro en las páginas de los admiradores de los tebeos veo las mismas quejas: las prisas de tal o cual empresa y la reducción de tal o cual plantilla fomentan las malas traducciones, los errores tipográficos, las faltas de ortografía(la poca inversión de la empresa española en educación también es responsable de este punto), los errores de grafismo…

Y el problema no sólo es el de la reducción de personal. También está la reducción de sueldos que nos muestra cada vez gente menos motivada y que apenas se esfuerza por atender a un cliente. Total, ya tienen una buena excusa para su indolencia: “¡Para lo que me pagan!” Y así, con sueldos misérrimos y horarios que condenaría Amnistía Internacional nos encontramos con camareros, personal de limpieza(a veces sin asegurar), seguridad y porteros varios por poner algunos ejemplos más, que prácticamente, más que atender a sus ocupaciones o a un cliente, solo sueñan con matar al primero que objete contra su buen hacer. ¿A quién le importa realizar un buen trabajo cuando en lugar de un salario tienes una limosna?

Estos son solo algunos ejemplos. Hay sectores que no he incluido porque los intuyo más que los conozco pero si la tendencia es general como sospecho, mal vamos.

¿Se imaginan un médico, un policía o un psicólogo descontentos? Pues a ver si entienden muchos de los señores empresarios que la calidad también es necesaria.

La ley del mínimo esfuerzo puede ser hija de la ley del mínimo sueldo.

De momento, a mi colega de trabajo y a mí también nos han recortado. ¡Pero les prometo que lo escrito no es nada personal! ¡Es una enrabiada protesta contra los apóstoles de la insana costumbre de mutilar por lo sano!