23 enero 2006

De por qué no me gusta hacer regalos

No existen muchos datos sobre por qué hacemos regalos. En los tiempos previos a la moneda y el billete la gente se cambiaba objetos pero dar un objeto por otro no es demasiado altruista. Para encontrar una transacción libre y documentada de un objeto a una persona debemos consultar bibliotecas romanas. En los libros de sus poetas e historiadores podemos ver esa costumbre de un modo aproximado, aunque todavía alejada de la orgía dadivosa actual. Puede que los egipcios también se regalasen objetos. No sé. Creo que la historia del regalo, mejor o peor documentada, debe comenzar desde que el hombre es hombre. Es algo así como la prostitución: una idea tan básica que a cualquier imbécil se le puede ocurrir. Y luego llegan los refinamientos. La historia de la tortura se ha perfeccionado mucho a lo largo del tiempo.

Yo lo siento así cuando debo regalar algo a alguien.

Una fecha temida por mí es la del cumpleaños del mejor de mis amigos. Esas semanas previas al aniversario de su nacimiento comienzan mis dudas, mis temores. ¿Qué regalarle? ¿Y si ya lo tiene? ¿Y si no lo tiene porque no le gusta? ¿Y si piensa que no me he tomado el interés suficiente? ¿Y si no es suficientemente caro? ¿Y si le parece que es lo de siempre? ¿Y si me voy a la mierda?

Puedo pasar una tarde completa dando vueltas por el centro de la ciudad, deambulando de tienda en tienda y emocionándome repentinamente con algo, sosteniéndolo en la mano durante un momento de clarividencia para luego desecharlo(después de meditar unos instantes) y llegar a la conclusión de que no le gustará o mi euforia era desmedida. Es posible que ya lo haya comprado.

¡Y eso tratándose del mejor amigo! Alguien a quién supones conocer muy bien.

Es por eso que he llegado a la conclusión que no debo regalar nada a nadie. El regalo es una manera de regalar dinero a quién menos te importa: el tendero.

Mi novia, conocedora astuta de estas ideas, ha optado por pedirme directamente el dinero que ella ya sabrá qué comprar. Está bien. Ya he dicho que no es una cuestión económica para mí(a menos que se me pida una televisión de plasma, claro).

Muchos se echarán las manos a la cabeza. ¡Qué poco romántico!

Si romántico es sinónimo de gilipollas lo admito, no soy romántico. Ni gilipollas tampoco.

Y hablando de estupideces, hace poco, con motivo de la navidad, alguien quiso hacer el amigo invisible en el trabajo.

Metemos la mano en una bolsa, sacamos el nombre de alguien que nos acompaña en las tareas diarias y le regalamos algo. Él no lo sabrá hasta que llegue el día del regalo. Cuando me hicieron la propuesta pensé en comentarles que habían dado con el perfil adecuado de tipo que disfruta con el amigo invisible. De manera irónica, claro. Pero opté por decir la verdad de lo que pensaba: “Es una mierda de idea”

De todos modos no sirvió de nada. ¿Cómo podía ser tan soso? ¡No tengo espíritu navideño!(yo lo resumiría diciendo que no tengo espíritu)¿Pero es que no ves lo divertido que será? (si viesen los temas que me hacen reír llorarían) ¡Tienes que hacerlo!

En fin, pensé, vamos a hacer ver que soy una persona normal. Aunque solo sea por esta vez con este grupo tan simpático y agradable de compañeros.

Y luego el infierno. Horas y horas de pensar qué regalar durante el trabajo, en mi casa, en mitad de una pesadilla en la que las tiendas no tienen nada de nada para mi regalo del amigo invisible.

Esto de los regalos llega muy lejos ya. El consumismo feroz me está dando zarpazos incluso a mí. San Valentín para los enamorados, Navidad y Reyes, los cumpleaños, el día de la madre y el del padre, el santo, las bodas, el estreno de casa, el aniversario de una relación… Hay una búsqueda constante de los comerciantes por obligarte a comprarles cosas innecesarias para ti que corren el riesgo de ser innecesarias para la otra persona. Es un modo muy astuto de ampliar el consumo. La frase “lo que importa es el detalle” ya es como una apología de la compra de basura. Hay quién dice también eso de “lo que importa es la intención”. ¿Y comprar un regalo de mala gana por quedar bien es tener buenas intenciones?

Algunos otros, inteligentes ellos, dicen eso tan bonito de “no necesito una fecha señalada para regalar algo”. Luego son los que no regalan nada nunca.

En fin…

Debo admitir que este blog plantea preguntas y no da respuestas. El tema me supera.

¿Por qué regalar? ¿Quién inventó el amigo invisible? ¿Murió de viejo?

Para mí es más fácil responder a cual es el sentido de la vida que responder esas preguntas. Un saludo para todos.

P.D. ¿El sentido de la vida? Ninguno.

2 comentarios:

Ozymandias dijo...

Debo reconocer que esta brillante disertación sobre los regalos me viene como anillo al dedo. Porque se me acerca una situación similar y yo también creo que lo mejor es no regalar nada, total como es casi imposible acertar para qué llevarse disgustos...nada, nada, a partir de este momento y sobretodo viendo que llega febrero se acabó el malgastar. Joer, menos mal...

Houellebecq dijo...

ja,ja,ja te regalo mi sonrisa.