19 abril 2006

El independentismo humano

En el 622 de la era cristiana Mahoma tuvo que salir como alma que lleva el diablo(el diablo islámico, que me imagino que habrá algún tipo de equivalente a la hora de representar el mal que hacen los humanos y usarlo como chivo expiatorio) de La Meca. Las autoridades se mostraron poco indulgentes con el profeta y querían hacerle ver la vida de otra manera. En realidad se la querían quitar. Esto es lo que se conoce como la Hégira.

Mahoma llegó a Medina y allí instauró una especie de estado teocrático con todos los pardillos que se creyeron sus visiones. Como decía en un artículo anterior, el lenguaje es muy poderoso, casi lo más valioso que tiene el hombre. El que lo domina, domina a sus semejantes. Y además te permite montar una secta. Todo consiste en hacer parecer razonable el cúmulo de barbaridades que se te ocurren. “No importa ser verdadero, importa ser verosímil” que diría Platón. También los antiguos sofistas que conoció.

Y Mahoma causó furor entre los simples de su época.

En estos tiempos las sectas y los profetas también existen pero no llegan a convertirse en religión porque el nivel de alfabetización mucho mayor no lo permite. Pero en tiempos de la Hégira… Bueno, miles de muchachos embobados escuchaban a Mahoma decir cosas como: “Que esta mañana me he levantado y me ha dicho Dios que el hombre debe tener muchas mujeres” y todos aplaudían y creían lo que decía a pies juntillas. En nuestros tiempos, sólo le haría caso el sector masculino de la población. Y eso sin creer que Dios se mostrase tan elocuente con el profeta.

Pero la muerte no respeta ni a los profetas. Mahoma se murió por el 632 dejando algunas dudas entre sus seguidores.

Nada más palmarla un consejo decidió que el suegro y amigo del profeta Abu Bakr fuese el nuevo líder. Otros decidieron que el profeta no nombró sucesor. Los primeros son los chiíes. Los segundos los suníes. Ya tenemos montada la primera peleilla de familia en el hermoso Islam.

Los católicos ya llevaban tiempo dividiéndose entre los que creían que Jesucristo era Dios, los que pensaban que solo era hijo de Dios pero mortal(bastante evidente si pensamos que murió), los que no veían claro eso de cambiar los hermosos y carnales dioses romanos por uno sólo bastante antipático, borde y tremendamente exigente… Años más tarde las escisiones católicas crearían nuevas religiones. Protestantes, calvinistas, puritanos, baptistas, anglicanos(la primera religión de la historia que nace del calentón de un rey) y toda esa variedad de religiones o sectas, que uno ya no sabe a partir de qué número de creyentes se trata de lo uno o de lo otro, demostraron el carácter separatista de los que quisieron seguir las enseñanzas de Jesús.

Cualquier religión tiende a separarse.

En política es similar. A veces escucho a cierto compañero hablar de lo necesario que es hacer películas sobre los almogávares para que se destaque la heroicidad de unos tipos que supuestamente fueron catalanes. Y digo supuestamente porque la corona Catalanoaragonesa que los contrataba no es la actual Cataluña. Y él sólo quiere la independencia de Cataluña. Imagino que pensará que estos mercenarios eran tan puros que incluso en esos tiempos, intuyendo la Cataluña actual, no dejaron entrar a ningún aragonés en sus filas. Pero su idea principal es esta: Cataluña es una nación. Y me lo dice a mí que no creo que se pueda considerar nación ni al planeta tierra.

En “Las partículas elementales” Houellebecq no sólo separa naciones o religiones, también a la familia y dice que tendemos en estos tiempos a la soledad, al individualismo, a vivir en pequeños grupos cerrados, a vivir como… partículas elementales. Pienso que hay que darle la razón viendo ciertas cenas familiares de Navidad que acaban en discusiones airadas por temas tan “importantes” como la polémica decisión arbitral de cierto partido de fútbol.

El ser humano parece ir perdiendo el gusto por la manada. La escisión es su lema. A veces da la impresión de que nos puede ocurrir como en cierto cuento de Clive Barker dónde los órganos de un cuerpo humano se independizan los unos de los otros y se separan para vivir su propia vida, el corazón por un lado, los riñones por el otro, las manos por su camino…

Y sin embargo…

Hace poco descubrí que se podían forjar pequeños edenes de sociabilidad en grupos reducidos. La tendencia a la escisión se mantenía a niveles estables y muy aceptables. El grupo de acomodadores del cine dónde trabajo marchaba bien. Había buen ambiente, pocas discusiones, muchas risas sanas… Era un grupo bien avenido. Y podía haberlo sido mucho tiempo más.

Pero es que a veces, cuando el ser humano no quiere escindirse, hay alguien de fuera que viene a escindirlo. En este caso en forma de despido. Dos bajas en un día.

Parecemos estar condenados a la desunión.

Esperemos que esta desunión tan definitiva no llegue muy pronto al sexo. Separar un hombre de una mujer a la hora del orgasmo puede ser poco gratificante. ¡No dejemos que se nos vaya la mano en esto!

11 abril 2006

Bitte, Wien

No suelo viajar tanto como para que pasar la frontera me deje indiferente y no le dedique un blog. De hecho, viajo tan poco que le podría dedicar varios posts al mismo viaje. De momento, aquí tenemos uno.

He viajado a Viena. A pesar de una enfermedad que llevé de contrabando en mi organismo y las molestias que me causó, pude disfrutar de la belleza de una ciudad que es mejor en directo que en diferido. Mi sobrina se había despedido de mí con un resfriado que me legó como recuerdo. ¡Cómo si no me diese suficientes recuerdos por ella misma! Pero así son las cosas. Durante tres días paseé durante horas por una ciudad y un clima extranjero húmedos, fríos, muy lluviosos. Y lo hice con un concierto de estornudos y toses que alteraron el civismo de esa elegante ciudad. Todavía no sé cómo no me detuvieron por alterar su muy ordenado orden público, valga la redundancia.

Esa gente es encantadora. Hasta su alemán suena mejor, no tan agresivo como el de los vecinos alemanes que durante la segunda guerra mundial les invadieron un poco. Es un acento suave, a la vez que quejoso. Suena como el de un niño al que no le dejan comer golosinas. En fin. Cada uno percibe la realidad a su manera y esta es la mía.

Claro que en el tranvía, el acento de la voz que marca las paradas parece que te dirija hacia Auschwitz. Es bastante siniestro. Especialmente en los túneles y con el vagón lleno de gente silenciosa o susurrante.

De todos modos la gente parece amable. Recuerdo un joven al que le pregunté si la máquina para comprar el billete dónde estaba era la correcta: “Yes, the ticket for the underground, of course. You must…” y con la bonita y suave y amorosa explicación que me dio, tuve más ganas de besarle y casarme con él en Barcelona por boda gay que de agradecérselo con un sencillo thank you. “¡Que dulce!”, exclamó mi mujer. Sí, desde luego. A esta gente no le duele mucho la vida. O por lo menos son tan educados que han aprendido a disimular los retortijones más crueles mediante su tono de voz y sus sonrisas a lo Flanders.

Sí, definitivamente, era una ciudad de Flanders. Toda la gente nos explicaba lo que preguntábamos varias veces(pensando tal vez, que éramos idiotas), todo el mundo hablaba en tonos de voz inéditos por España y no más altos que el de la suave lluvia primaveral, las calles tenían la cara limpia y no se veían papeles por el suelo, apenas había mendigos(yo vi un par y parecían más limpios que yo), nada de perros sueltos ni sus correspondientes deyecciones… Una ciudad para pensarse más de dos veces si escupir o no escupir en el suelo y finalmente no hacerlo. Si tienes flemas te jodes. “El mundo feliz” de Aldous Huxley debió inspirarse libremente en esa encantadora ciudad. Claro que Wien es mucho mejor que la ficción del escritor inglés. Aquí los edificios son una exposición de arte inacabable. Ya puedes poner a hacer horas extras tus ojos que no te la acabas. En un sitio así puedes convertirte en Freud porque hay tiempo para eso y para más. O tocar música clásica como Mozart(que era de Salzburgo pero está ligado a Viena por muchos motivos), Beethoven, Schubert, Mahler…

No entiendo, sin embargo, a la zorra estúpida de Sisí emperatriz. Esa quejica no dejaba de lamentarse por su destino y lo estirado de su vida. Una escoba y una fregona le hubiese dado yo a esa mala bestia. Por cierto, la Scheneider que le dio vida en el cine era mucho más bella que ella. Incluso una visitante que vi en su museo haciendo fotos estaba bastante más buena que la mala perra de la princesa. ¿Que qué me ha dado a mí con Sisí? No, nada, es que después del lujo que vi en su palacio y las cartas en las que no para de quejarse de su destino soy incapaz de tragarla. Ella se creía especial, diferente… Pero sólo era una estúpida que no sabía sacar partido de una situación envidiable. Y luego están esas insoportables películas que ha inspirado, tanto o más falsas que ella. En fin… Ese palacio me dejó un par de consuelos. Uno es el de ver que tenía unos servicios como los de cualquier humano normal y corriente y desde luego en mi cuarto de baño se vive mejor que en el suyo, es más amplio, más moderno… El otro consuelo, más morboso, es el de comprobar en la última sala, con música siniestra, cómo un anarquista italiano que pretendía matar a otro noble se contentó con clavarle su punzón a ella en el corazón. Una lamentable casualidad para la princesa que saliera de compras en esos momentos y se cruzara con ese tipo. Puedes disfrutar del roto del vestido a la altura del corazón, de un dibujo que reproduce la escena a tamaño casi natural, del mismo punzón en una vitrina… Estos civilizados vieneses aman lo escabroso. Cómo casi no tienen crímenes en sus calles, se limitan a observarlos en su ficción o en su historia pasada y sus museos(hay otro museo dedicado a los crímenes más raros).

Pero Viena sigue y sigue. Esto son meros apuntes. A mí lo que me interesaba en este blog es hablar sobre un lugar civilizado. Descubrir que aún hay lugares dónde el silencio de una biblioteca es casi ubicuo. En la biblioteca de Bellvitge por ejemplo, el ruido ambiente es como el de un supermercado. En Wien, la cafetería más frecuentada te permite conversar tranquilamente y sin necesidad de matar tus cuerdas vocales a grito pelado.

Cuando llegué a la sala de Iberia que me llevaría a España y comenzaron a aparecer los españoles ruidosos y vulgares, el contraste se me hizo más fuerte aún. Se había roto el encanto de una ciudad dónde todo te lo piden por favor (bitte).

Confirmado: lo peor de España son sus ruidosas gentes. Los políticos pueden halagarnos diciéndonos que crecemos más que cualquier economía europea pero no suelen decir que el civismo, otro bien necesario, decrece por momentos. Barcelona es hoy menos europea de lo que fue en los sesenta o setenta. La civilización es algo más que una economía que especula con la construcción. Mucho más que eso y el crecimiento sostenido(aunque eso ayuda, claro).

La civilización es, por ejemplo, Viena.

07 abril 2006

La madurez vista por un inmaduro

Hace unos años leía un gran artículo del excelente escritor catalán Quim Monzó dónde hablaba de aquellos que te acusan de inmadurez. Con acierto se preguntaba quién le da a nadie el carné de maduro. Y es que acusar de inmadurez a otro es juzgarlo. Y como decía Savater: “No es de juicioso juzgar al otro”. Pero estos lacayos de la madurez son todos iguales. ¿O debería decir mujeres? Desde que alguien descubrió que ellas se desarrollan antes que los niños y vieron que al parecer maduran más rápido que ellos, estas quieren llevar a cuestas el don de juzgar a los hombres por sus acciones y tratarlos a todos de críos para abajo.

Sí, es posible. No quiero juzgarlas de antemano.

Hace unos años salió en la prensa la historia de unas niñas que se suicidaron porque no podían acostarse con su ídolo de la música. Recuerdo también una multitudinaria manifestación adolescente en la plaza de Cataluña para que cierto montaje de grupo juvenil no se separase. El grupo lo formaban jóvenes y atractivos bailarines que ya se habían llevado un buen montón de dinero y no querían volver a trabajar más. Ni siquiera en el mundo del espectáculo. La manifestación era mayoritariamente femenina. Tan mayoritariamente que no había ningún chico. Lo cierto es que fue todo muy vergonzoso. ¿Y esa es la madurez de las chicas? Morir por un ídolo al que no te puedes follar, manifestarte para que un grupo musical no se separe (y de todos modos se separaron), decir que sus compañeros de clase son inmaduros porque les gusta el fútbol… Bueno, a veces sacan mejores notas que los chicos pero no es menos cierto que muchas lo hacen porque son más temerosas de la autoridad y si les dices estudia… pues ellas estudian. No soportan bien las penalizaciones. ¿O no es eso? Los chicos, esos simpáticos salvajes entregados al trompazo diario, parecen más flexibles. Son más creativos con las órdenes recibidas y se las saltan sin mucho miramiento. Los castigos nunca son tan duros como para tenerles miedo.

Luego crecen más y más y ya nadie puede negarles a las mujeres ser las únicas poseedoras de la llave de la madurez. Pero eso sí, a pesar de su gran madurez no pueden evitar envidiar a las otras mujeres porque llevan mejores zapatos, sufrir como perras porque no las miran tanto como a sus amigas, tener graves problemas de autoestima y buscar el reconocimiento externo, ser tan complejas que no las entiende nadie, no entienden a nadie y no se entienden ni a sí mismas…

Pero ahí estará la frase terrible cuando grites de placer casi sexual mientras le machacas el cráneo a tu enemigo de Play Station más duro: eres un inmaduro.

¿Qué significa ser maduro? Veamos el diccionario: “Sazón de los frutos. Sensatez o prudencia con que una persona actúa. Edad de la persona que ha alcanzado ya su plenitud y todavía no ha llegado a la vejez. Estado de desarrollo total”

Lo de los frutos está bien. Cuando te llaman inmaduro pueden estar diciéndote que no has puesto en sazón los plátanos y que ya es hora de sacarlos de la nevera porque están verdes.

Lo de la sensatez y prudencia tampoco está mal. Hay personas tan prudentes que pueden pasar horas delante de un semáforo decidiendo si es el mejor momento para pasarlo o no. Pero será muy maduro, claro.

Y me encanta la tercera definición que es un ataque directo contra la tercera edad: Se es maduro en la plenitud de la vida pero un hombre viejo ya no es maduro, pasa a ser nuevamente un inmaduro, le retiran el carné a la hora de jubilarse.

Por último, el “estado de desarrollo total” es una definición ambigua y siniestra. Una mujer te puede estar acusando de no estar completamente desarrollado y eso hiere. Sobre todo si te lo dicen en la cama.

Creo que fue mi idolatrado Houellebecq el que dijo que nadie termina nunca de madurar.

Algunos psicólogos dicen que es una cualidad de la persona que expresa una elevada perfección humana. Para conseguirla tienes que repetir una serie de buenas acciones. ¿Buenas acciones? Eso es muy relativo. Para mí una buena acción sería coger a un buen montón de los tipos que hacen ruido en el cine y prenderles fuego con una lata de gasolina, mostrar el espectáculo por televisión y que aprendieran los folloneros profesionales.

Pero no. Esos psicólogos hablan de tolerancia, fortaleza, prudencia, caridad… ¿Caridad? Sí. He escuchado a mujeres que quieren salvar al tercer mundo enviándole un dinerillo que no siempre llega, claro. Luego son incapaces de satisfacer a su pareja en la cama cuando esta las necesita verdaderamente, se muere casi literalmente porque se la coman bien comida. ¿Cuántas saben hacer una buena felación? ¿Es generoso no aprender a satisfacer a tu pareja en algo tan de primera necesidad como es el sexo? ¿Es generoso obligar a tu pareja a tener un hijo que no desea porque tú sí lo deseas? La lista de actos generosos dudosos de las mujeres es larga.

Están consiguiendo que se afiance una nueva corriente de pensamiento que dice que los gays tienen una vida sexual más satisfactoria. ¿Quién quiere ser maduro cuando está en juego el placer de la entrepierna?

El caso es buscar defectos. Y decir que los hombres son niños simplones porque dicen lo que piensan mientras que ellas, tan complejas y sabias ellas, son más sutiles, más complicadas… Vamos, que fracasan estrepitosamente a la hora de llevar adelante eso tan bonito que se llama “comunicación humana”.

En fin, voy a intentar aprender de las listillas. ¡Tienen tanto que enseñar! De todos modos se me ocurren algunos “peros” a su esquema mental:

- A veces nos dicen que somos inmaduros por no querer tener un hijo: se supone que es mejor tener un hijo para llenar más este mundo superpoblado, independientemente de que las facturas te estén ahogando y que no tengas tiempo para dedicárselo al nuevo humano. El hijo, como diría más o menos el filósofo Montaigne viene a ser como “un monito que traes al mundo para que te divierta”. Es muy maduro querer dar tu vida inmadura por otra pequeña vida todavía más inmadura que extenderá la estupidez humana por el planeta. Detrás de la frase “deberías madurar y tener un hijo” parece vislumbrarse la posibilidad de que un niño te convertirá inmediatamente en el ser humano que todavía no eres. Como por arte de magia. Claro, te convertirás en padre cuando hasta ahora solo eras hijo o hermano o novio o marido...

-También podemos ser acusados de inmadurez por no querer casarnos: la madurez supone entonces disfrazarse con tu pareja y reunir a todos los familiares posibles para decirles que quieres a tu compañera y que lees el futuro como los antiguos oráculos griegos y sabes que nunca dejarás de amarla. Al menos si no quieres pagarle un buen dinero al abogado por el divorcio correspondiente.

- Inmadurez es tener aficiones como los tebeos, el fútbol, los videojuegos, las películas pornográficas… : Sí, claro. Yo no soy un fanático de todas esas aficiones pero… ¿Qué tienen de malo? ¿En qué son peores que pasarse una tarde completa buscando unos zapatos a través de una odisea de mil tiendas para comprar unos que después de todo no eran los adecuados?

- No ayudar en las faenas de casa: ¿Hablamos de inmadurez o de cara dura? A ver si afinamos más con los conceptos.

- No buscar responsabilidades: Complicarse la vida y hacerla más agobiante y difícil de lo que es parece tener buena fama entre cierta parte del mundo femenino. Cuando Oscar Wilde dijo que el sufrimiento le había hecho mejor persona no le hizo ningún bien a la masculinidad en general. Y eso que a él los hombres le importaban más que a nadie como buen homosexual que era.

Y podría seguir enumerando acusaciones y juicios contra los hombres por parte de las mujeres. Pero hace tiempo que abandoné la lucha de los sexos. Pretender que ellas o nosotros cambiemos mediante argumentos es como pedirle a un perro que se convierta en gato. Las diferencias están ahí por algo, son reales e inmutables. Es como el tema de si hay vida después de la muerte. Preguntarse sobre ello no da respuestas pero sirve para escribir y hablar y llenar blogs…

En cualquier caso hablaba de la madurez, de mujeres que acusan a hombres de ser inmaduros. ¿Alguna conclusión? Pues sí, alguna.

Creo que ser maduro consiste en hacer todo aquello que supone un incordio para ti. Especialmente si eres hombre y amas tu instintos.

La madurez y el catolicismo y otras religiones igual de tenebrosas se parecen mucho: explican a la perfección el mejor modo de ser infeliz.

Lo explican y te sugieren que lleves a cabo sus premisas.

Es por eso que yo, como buen ateo, tampoco creo en la madurez.

Por más que según el diccionario siga los preceptos de la primera definición y tenga el plátano en sazón, bien madurito…

01 abril 2006

¿La Nueva Era se hace vieja?

El otro día Imlaris se quedó conmigo. Dijo que era un fanático de la música clásica de toda la vida. Le hice un pequeño cuestionario y me convenció. No era difícil. Mi verdadero ídolo es Bowie. De todos modos siempre me ha gustado acompañar algunas lecturas con esa música instrumental. Actualmente, lo hago con otra alternativa más moderna, la New Age.

Cuando decía que Imlaris se quedó conmigo me refiero al hecho de que él descubrió esa música hacia un mes o así por una oferta de CD,s que encontró en una gran superficie. Eso y todo lo que había estudiado vía Internet durante ese tiempo(añadamos una excelente y fresca memoria) dio como resultado que el disfraz de melómano clásico le funcionara. Luego de descubrir la broma, entablamos una discusión sobre el tiempo que se requiere para ser un verdadero seguidor de un estilo musical. ¿Debes llevar dentro el gusanillo o tu amor hacia cierta música te puede surgir así de repente? Yo creo en la primera opción. Aún así, he de admitir que ahora me gusta mucho más la New Age de lo que me gustó en el pasado. Mientras escribo esto escucho a Yanni. Y así espero que siga sucediéndome. Me encanta descubrir nuevos matices en mí y nuevos placeres. Lo contrario significaría un estancamiento. También la demostración más clara de mi decadencia psicológica.

Pero la Nueva Era ya me gustaba antes. Por lo menos la admitía como acompañamiento de mis lecturas al igual que la clásica. Ahora, además, puedo dejarme arrullar por las arriesgadas melodías de la Nueva Era(bien traducida debería llamarse “Nueva Edad”) cuando me dedico al reposo del guerrero los Domingos por la noche, entre las doce y las dos de la madrugada, escuchando después de haber trabajado mucho las músicas del programa “Música privada” de M80. Ese programa lleva siglos mostrando un refundido de la música instrumental dónde la Nueva Era fornica con la Celta, con el Folclore o con el más “desvocalizado” Pop. Conozco ese programa gracias a mi mujer y lo conozco desde que la conocí hace más de nueve años. Pero es ahora cuando me dejo seducir realmente por este. En su momento sólo me sedujo mi mujer.

Yo, al igual que Imlaris, también puedo modificar mis gustos y “tener épocas”, entregarme a una causa nueva que no anule las anteriores. Es un poco agotador este suma y sigue. Queremos saberlo todo sobre todo y nos gustan demasiadas disciplinas pero el tiempo no nos quiere más por eso y pasa igual de inclemente. Pero no importa.

Vuelvo a sentirme estimulado con la música. Gracias al redescubrimiento definitivo por mi parte de la “Nueva Era”. Un movimiento pseudomístico que en el plano filosófico me parece vomitivo y un engañabobos perfecto, en el plano musical me resulta delicioso. Relaja. Confirmado. Especialmente si antes te tomas una tila doble y has trabajado como un inmigrante recogiendo algodón en temporada alta y bestia.

La “New Age”, con su pretensión de futuro sigue llevándote desde el presente hasta su futuro idílico(y a mí, además, me hace dormir como un lirón o un angelote que diría escobar el dibujante). Sus máximos exponente son Enya, una pija irlandesa que triunfa cantando en este estilo poco dados a los vocalistas. También Vangelis, uno de los mejores si no contrata a un empalagoso cantante que le reviente el invento(yo, que siempre he amado la voz humana prefiero en este estilo el puro instrumento). El mencionado Yanni, griego como el anterior, siempre ha chuleado de pacífico hasta que hace poco, exactamente el dos de Marzo de este año, le encerraron once horas en una prisión de Florida por golpear a su esposa de treinta años(debió poner un disco de Bacalao o Tecno). Jean Michel Jarre y Tangerine Dream también la tocan bien. Me refiero a la música de este estilo, claro.

Está claro. Mientras Imlaris se va subiendo al carro de la clásica yo he decidido subirme al cohete espacial de la Nueva Era. Aunque eso no significa que de vez en cuando también me guste disfrutar del paisaje y me de una vuelta por el pasado.

Cuando el límite lo pones tú, lo mejor es no poner límites. ¿No lo dicen por ahí?