16 octubre 2006

La mentira cuántica

Erwin Schrödinger fue un alemán muy ingenioso pero muy poco amante de los animales. Propuso una caja, una partícula radiactiva y un frasco con veneno. Dentro de ella un gato que quedaba fuera de la vista de cualquier observador. La partícula tenía un cincuenta por ciento de posibilidades de desintegrarse en el plazo de una hora. Eso haría que el veneno actuase y el gato muriese. El gato lo tenía tan bien como mal. Erwin no dice cuantas vidas le quedan a ese gato así que olvida que si el gato es joven aún le pueden restar seis en el caso de que la partícula se vaya al limbo de las partículas. Siguiendo la interpretación clásica de la mecánica cuántica conocida como interpretación de Copenhague, sólo observar el interior de la caja permite que el gato viva o muera. El observador colapsa la función de onda a un estado u otro.

La teoría es impecable. ¿Cómo demuestras que es falsa? Si abres la caja y el gato está muerto dices: “¿Lo ves? El gato ha muerto porque lo estamos mirando”. Si abres la caja y el gato está vivo puedes decir: “¿Lo ves? El gato está vivo porque lo estamos mirando”. Según ese científico presuntamente adicto a los estupefacientes el gato está en un estado vivo-muerto mientras no lo miramos. La ciencia ficción se ha aprovechado de esto durante mucho tiempo y sin soltar demasiadas carcajadas. Es difícil de entender.

Existen individuos prestigiosos y muy serios llamados científicos o físicos o todo eso que promete mejor remuneración económica que trabajar de barrendero o camarero que aseguran barbaridades como esa y peores. También defienden la existencia de universos paralelos. Cada decisión que tomamos genera un universo. ¿Escribir ahora o tomarme un bocata de jamón? Al decidir escribir hay otro Houellebecq alternativo que se está tomando el bocata de jamón. En ese universo alternativo alguien será amonestado por no tener apetito a la hora de la comida y picar entre horas.

Hace poco triunfaba un documental muy ñoño pero a ratos interesante llamado “¿Y tú que sabes?”. De forma dramatizada veíamos a una adicta a las pastillas anti-ansiedad paseándose por un universo dónde la mecánica cuántica se lucía(gracias a los efectos especiales) y veíamos representaciones prácticas y sencillas de lo que nos dice su teoría.

Me impresiona esa parte en la que el científico dice que la materia no es sólida. Somos particulas microscópicas separadas entre ellas. Un átomo es un núcleo rodeado de electrones cargados de energía que se montan la gran fiesta dando vueltas a su alrededor, desapareciendo y apareciendo… Pero la idea más interesante es que estamos huecos. En la película el niño le deja un balón de baloncesto a la pastillera y vemos lo que ocurre cuando rebota en el suelo. Los átomos del balón rebotan contra el suelo pero no lo tocan nunca. Los electrones del suelo rechazan los electrones del balón sin tocarlo. No estamos en contacto con nada. Nuestros átomos son rechazados por los de cualquier otro cuerpo. No existe el contacto físico entre humanos. Un polvazo salvaje es imposible porque la materia no se toca. Desde luego, es difícil creer esta teoría. La mancha de la camisa que no sale con nada, los fragmentos de excrementos callejeros que nos acompañan en el zapato, el golpe que te deja un ojo morado… Todo eso refuta bastante el hecho de que no hay contacto. Y sí, puede que a nivel microscópico sólo sean átomos de otra materia que se ponen a orbitar al lado de los nuestros pero en lo visible… ¿Qué me importa esa teoría? Percibimos la materia como algo sólido y esas teorías de científicos alcohólicos no me evitan pensar que si les amenazo con una piedra sobre la cabeza ninguno de ellos me va a discutir que es sólida y hasta intentarán protegerse de ella.

En la película también aseguran que podemos alterar el universo mirándolo. Directamente basado en Schrödinger. Pero no me lo creo. Miro detrás de mí, me concentro pensando ver aparecer a Monica Bellucci. Pero no he cambiado nada. Ahí sigue la estantería con sus libros. Monica no está. Tendré que buscarla por Internet. Teoría fracasada. ¿Cómo se les puede ocurrir que la realidad es algo subjetivo y que está en el que observa? Quieren decir que solo yo veo mi universo. No. ¡Que yo lo he creado o lo creo a cada momento como un demiurgo improvisado y bastante despistado de sus facultades! “Cuando no miras son ondas de posibilidades, cuando miras son partículas”. Pero vamos a ver… Si vemos hacer el ridículo a Jose María Aznar en un programa de la BBC… esa realidad es objetiva. Todos podemos observar al mismo tío en el mismo lugar haciendo el idiota. Esta ahí para todos. Cuando no miro, hay alguien que lo está mirando por mí. Yo no he creado a ese tío y si llamo por teléfono a un amigo para que vea lo mismo que yo, también lo verá. Otra cosa es que lo interprete a su manera. Ya son ganas de llevarle la contraria a los griegos que creían en una realidad objetiva. Si no hay una realidad que es la misma para todos… ¿Por qué usar señales de tráfico? ¿Y anuncios contra la droga? ¿Para que estudiar historia o ciencia? Mañana mismo altero el universo con mis pensamientos y ya no sirve de nada todo eso.

Pero el documental seguía. Como ejemplo de lo dicho hablaba del experimento de alguien con una botella de agua. Primero fotografiaba las moléculas del agua y ampliaba la fotografía para que viéramos su forma. Después hacía que se bendijera el agua y volvía a hacer una fotografía de esas moléculas. Había una variación en la forma de las moléculas. Más tarde etiquetaba la botella y la forma de las moléculas volvía a cambiar. Con eso quería decir que nuestro pensamiento actúa sobre los objetos.

Yo haría otro experimento: fotografiamos cada día o cada dos días el agua. Sin bendecir ni etiquetar ni nada raro. Luego seguro que veremos cambios de todos modos. Además de nuestro pensamiento puede haber otros factores que alteren la forma de esas moléculas como la temperatura ambiental.¡Pero es que no perdemos nunca el vicio del antropocentrismo!

En fin… Un documental que entretiene pero que no convence del todo. Y lo mismo digo de la teoría cuántica.

De todos modos se me ocurre que hoy en día, ante el fracaso de la religión y la ciencia parece haber una nueva corriente que las mezcla. La razón y fe de Santo Tomás regresan más fuertes que nunca y demostrando que el eterno retorno de Nietzche era una teoría muy lograda. Todo regresa. Lo único que cambia es el nombre que le ponemos.

En el siglo XXI el individuo ya tiene nuevas paridas con las que distraerse del terrible pensamiento de su inevitable mortalidad: la mecánica cuántica.

Yo, mientras tanto, sigo siendo ateo. El señor que espera venderme unas cuantas teoricas pseudocientíficas en la puerta ya se puede ir con los cuantos a otra parte.


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Eisntein burlándose de nosotros: ¡Os lo habéis creído todo! La teoría de la relatividad me la inventé mientras me la meneaba viendo la televisión. Si es que soy la bomba(atómica, por supuesto).