01 febrero 2007

El río de Heráclito nos moja a todos

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Allá por el siglo V o VI antes de Cristo Heráclito de Efeso dijo que no se puede entrar dos veces en el mismo río. Cuando te vuelves a bañar resulta que el agua que baja es otra, que el mismo bañista ya no es el mismo. Es una metáfora que se ha usado hasta para ilustrar el precio de la anchoa. Pero es que es muy resultona. Sobre todo por su sencillez. El agua que fluye. ¡Y qué fácil compararla con el tiempo! Nunca podremos vivir el mismo 3 de Febrero de este año. Es el de mi cumpleaños. Y afortunadamente no se repetirá. Tengo que trabajar doce horas seguidas. Me ha tocado. ¿Por qué no me rebelo contra este hecho? ¿Debo celebrar mi cumpleaños?

He leído que los primeros que celebraron el cumpleaños fueron los faraones egipcios allá por el tres mil antes de Cristo. La gente de la plebe no tenía mucho que celebrar. Tal vez hiciesen una fiesta cuando hubiesen colocado dos millones de piedras para la pirámide de turno. Puede que por la costumbre de celebrar tu “cumple” multitudes de bromistas llamen momia al que alcance muchos años. El tema de la edad es muy egipcio. Estos eruditos de la chanza que nos vienen a tocar las narices cuando celebramos el cumpleaños llevan en el subconsciente un dato histórico auténtico y veraz.

Más tarde los griegos adoptaron esta costumbre y la de hacer pasteles de los persas y hasta celebraban mensualmente los cumpleaños de sus dioses. Dionisos, con toda probabilidad, era el Dios que mejor se lo pasaba. O depende cómo, Afrodita y Apolo. Ares, que siempre estaba dando guerra debió de quedarse más de una vez sin regalos o recibiendo carbón(otra costumbre curiosa que no viene al caso).

Luego llegaron los cristianos para aguar la fiesta. Estos sólo celebraban la muerte que era como el paso a la verdadera vida del más allá. Esta estupidez se revisó en el siglo IV después de Cristo y concluyeron que bien se podía hacer una fiestecilla y así no perder adeptos por ausencia de alegrías religiosas. En el XII las parroquias europeas ya anotaban los nacimientos y las familias celebraban su aniversario.

Hoy en día esa celebración es un incordio. Si antes era la demostración de que eras más sabio y mejor y por tanto más respetado, ya no es así. En el postmodernismo actual y en la era Danone o en la Post-Actimel ya sólo se venera la juventud. Los años te harán más listo pero eso no le importa una mierda a nadie. Ya no se celebra el cumpleaños, se pagan indemnizaciones en forma de regalos para que sea más dulce la putada del tiempo que no deja de fluir sin pedirte permiso. Nunca te bañarás en los dieciocho años que ya no tienes. Estaría bien que alguna me dejase darme un chapuzón en los suyos, por supuesto, pero ese es otro tema.

Este año cumpliré. ¿Felicidades? Después de los treinta ya no hay motivos para celebrar. Hay edades(no la mía, claro) que incluso piden a gritos una eutanasia. Es el signo de estos tiempos. Puede que la sociedad actual sea así porque también se siente mayor. La estupidez siempre ha sido signo de decadencia. Pero la estupidez con acceso sencillo a la cultura me parece signo de… ¡Más estupidez!

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En fin… No me importa ir a trabajar en mi cumpleaños. Hay que ver la botella medio llena. Puedo celebrar en diferido. Y están las “indemnizaciones” arriba mencionadas. Y está ver los patéticos esfuerzos de Ozymandias para hacerme sentir mayor porque tiene nueve meses menos que yo. Y los besos de algunas chicas que conozco. Puede estar la oportunidad de pedir a mi pareja una aberración sexual nueva con el chantaje de que la mucha edad me deprime. Están los mensajes de móvil de la gente que sólo se acuerda de mí cuando me hago más viejo y que no pienso responder. Y ya está. No pienso celebrar mucho más porque los faraones tuvieran el deseo de hacerlo ni como uvas porque a un tío cierto año le sobrasen un montón en la cosecha. Me quedo con lo que me interesa de la costumbre y lo que no, como las cabezas chupadas de las gambas, ya se puede ir a la basura(si es que soy un poeta).

El tres cumplo años. No será un día especial. Tratándose de mí, todos lo son. Soy muy del presente. Eso sí, este año me felicitaré el primero:

¡Felicidades! ¡Que cumplas muchos más si el calentamiento global, la multiplicación de cánceres y enfermedades venéreas o las disputas callejeras te lo permiten! Larga y fructífera vida. Deberíamos celebrarte todos los meses y agasajarte con la misma periodicidad. Eres como nuestro simpático y nunca suficientemente bienamado dios griego. Eres el hacedor de nuestra felicidad. Amén, mamón.

2 comentarios:

Ozymandias dijo...

¡Que sea la última vez que te insultas tú mismo!¡A ver que nos dejas a los demás si no! Será egoista el tío...

Angéline dijo...

Tres cosas, Houellebecq.
Una: Después de los treinta deberías tener más motivos que nunca para celebrar tu cumpleaños. La juventud es algo pasajero, se acaba rápido. Es como lo de ser niño prodigio, enseguida te haces mayor y tu habilidad especial, si todavía la conservas, ya debe compararse con la de cualquier adulto, es irremediable y a veces ya no es nada especial frente a las habilidades de otros. Sobre los treinta entras en otra fase que es más larga y en la que empiezas a disfrutar de lo que la experiencia te ha enseñado. A muchos nos ha ocurrido que seguimos venerando la belleza ajena pero necesitamos mucho más que ella para continuar venerando a la persona que la posee. Si esa maravilla del interior que buscamos está en alguien que va dejando atrás su juventud, nos trae al fresco la edad mientras él/ella, mantengan lo que nos admira. Y después está lo leído, los matices de lo aprendido, que el cuerpo no es muy distinto rápidamente, que si te cuidas lo justo, sin matarte, responde como siempre y entonces te das cuenta de que estás en el mejor momento de tu vida, y ese momento parece eterno, con la cabeza en su sitio y todo a punto para lo que haga falta. Y el cumpleaños, entonces, es un día a celebrar, como sea, en la intimidad o en una fiesta, porque viene a ser como un abrazo de ti a ti mismo, un confirmar que estás empapándote de la vida, que no estás dejando pasar el tiempo sin más.
Dos: Estoy muy metida en el "Diario de invierno", de Paul Auster. Es una autobiografía magnífica, en la línea de Auster, con unos giros muy buenos, lírico, honesto y con calidad. Casualmente nació el tres de febrero (de 1947) y cuando lo cuenta, a mí esa fecha me suena mucho. Recuerdo que un día hablamos en alguno de tus posts antiguos de los cumpleaños, quizá ya había leído éste o no sé por qué de pronto esa fecha me recordó a ti. Me gusta felicitar esos días, para mí son buenos (por lo que te he dicho) y tiendo a pensar que para los demás también lo son.
Tres: Feliz cumpleaños atrasado, y feliz espacio de tiempo hasta el siguiente.