06 febrero 2007

Sobre la credulidad

Escuché una vez que los ilusionistas tienen más problemas para engañar a un tonto que a un listo. El paleto suele ser más desconfiado. Acostumbrado a que lo engañen adquiere una pedagogía del recelo que ya no le abandona nunca. Mira y remira los trucos. Busca con desesperación el lugar por dónde van a demostrarle por enésima vez que es un estúpido. El inteligente sabe que un ilusionista se gana la vida engañándole. No se siente amenazado. Sabe distinguir cuando la mentira es un juego o cuando una estafa. Ese engaño está pactado.

Hace poco charlaba animadamente con uno de los personajes preferidos de mi cine. El paleto por antonomasia al que ya mencioné en el blog sobre Pezuñitas. Hablo del crítico, su novio.

Es un tipo corto de altura. También de capacidad crítica. Muy, muy corto de luces(aunque no tanto como su novia que vive en el apagón perpetuo). Pero es un tío divertido. Mientras esperamos a que Pezuñitas cuadre caja, limpie la olla, se cambie o pierda tiempo con alguna compañera comentando el chisme de turno, su novio entretiene mis aburridos momentos de acomodador. Lo hace contándome historias de su biografía cuarentona. Suelen ser las más celebradas aquellas que incluyen detalles sexuales o chistes verdes. Gracias a él he sabido que su Pezuñitas, además de ponerse roja con los malos ratos que le hace pasar la vida, sus compañeras o su estupidez(tan gorda o más que su culo) , también se ruboriza cuando los dos se lo pasan bien en la cama. Eso da que pensar. Cuando sale del despacho del jefe de color rojo… ¿Es porque le han pegado bronca o porque se la acaban de follar? No quiero saberlo.

El crítico que no tiene ni puta idea de hacer una buena crítica de cine es sin embargo un tío divertido y me gusta provocarle en el terreno que más carcajadas nos provoca: el sexual, por supuesto. Hace poco le comenté que mi record está en pegar cinco polvos con una mujer. En realidad fueron seis pero como yo solo me corrí cinco veces he limado la marca humildemente.

La imagen “http://galeon.hispavista.com/camikace/follada7.JPG” no puede mostrarse porque contiene errores.

No me creyó. Ni siquiera hizo el intento de hacerlo. Simplemente se dobló lo poco que su escasa altura le deja hacerlo y empezó una larga carcajada seguida de un para mí, degradante comentario:

- ¿Cinco polvos? ¡Cinco mierdas! Dos castañas… Tú… ¡Ja,ja! Pero si tu estás para tomarte dos castañas y luego meterte en la cama a dormirla- lo dice alguien con más edad y seguramente menos polla que yo.

Pero es cierto. He llegado a esa marca. Ahora sé que él no. Ni siquiera ha soñado con alcanzarla. ¿Por qué no creerme? No he dicho que lo haga cada día. Ni siquiera he dicho que fueran polvos gloriosos. Pero era real. Mis estímulos casi siempre vienen de mi cerebro pervertido. Al igual que en el caso del marqués de Sade mi depravación no está tanto en lo que hago como en lo que pienso que hago o haría mientras fornico. Y si encuentro el pensamiento adecuado durante el día adecuado… Pues nada. Que puedo hacer números que provoquen a los incrédulos como el crítico.

Entiendo que hay estímulos externos que limitan mucho a los internos. Follar cinco veces con Pezuñitas es imposible. En mi caso, debo decir que con una ya tendría pesadillas y traumas para el resto de mi vida. A veces no basta con buscar una buena fantasía sexual. Dicen que en cierto experimento con ratones los que ya no tenían sexo con su pareja de siempre renovaban sus bríos eróticos cuando les introducían una ratita nueva y llegaban hasta los cinco polvos con esta(puede que más).

- ¿Cinco polvos? ¡Ja,ja! Te estoy viendo la cadena asomando por los pies… ¡Ja,ja! ¿Será fantasma? – sigue siendo el crítico.

¿Pero es malo que sea tan incrédulo? Como en todo, mandan los excesos. Ni mucho ni poco. La credulidad de los niños les permite aprender muchas cosas que les explican los padres. Aunque en muchas ocasiones sean mentiras. Pero sin la credulidad no aprenderían nada, claro. Y desde luego cuanto más se sabe, más se detectan ciertas mentiras de ciertas personas. No es ser incrédulo descubrir una mentira real, es serlo cuando no se sabe de lo que se habla, cuando se niega por desconocimiento.

La imagen “http://galeon.hispavista.com/camikace/follada9.JPG” no puede mostrarse porque contiene errores.

“Tan malo es no creer a nadie como creer a todos” dijo Publius, un poeta dramático romano allá por el siglo I antes de Cristo.

El crítico desconoce. Bien es cierto que nadie puede saber si soy sincero o simplemente verosímil o un embustero redomado cuando hablo de los cinco polvos. Eso no se puede comprobar más que con una cámara de vídeo y una filmación sin cortes. Algo que no pienso mostrar, que no se emocione nadie.

Yo en cambio sí sé que el crítico no ha follado nunca tanto. Cuanto más se reía de mi comentario más me lo estaba diciendo. Es fácil sacar la verdad de las mentes simples.

Una vez más, el ilusionista ha hecho lo que le ha dado la gana con el paleto. A veces, mientras se busca un truco se pierde el tiempo necesario para saber que te lo están haciendo por otro sitio.

No quería convencer al crítico de que soy un gran follador. Sólo quería que el admitiese que no lo era.

La imagen “http://www.more-freedom.be/hamsters/images/fotokader.gif” no puede mostrarse porque contiene errores.

El crítico tiene polla de hamster.

6 comentarios:

An dijo...

jas muy bueno, yo solo llegue a tres en mi vida...y pufff.tampoco intente insistir..quien sabe :P muy bueno tienes un voto de mi parte y feliz cumpleaños

Ozymandias dijo...

Hmmm...cinco...cinco...había un manido juego de palabras sobre algo que te hincaban...

An dijo...

si, lo recuerdo, es un numero predecible...pero se puede hacer chiste con cualquier otro :)

Houellebecq dijo...

Pues sí. Ya se me pasó por la cabeza pero efectivamente, prefiero otro tipo de números. El 69 me interesa más y ayuda a llegar a los cinco.

elangeldelasmilvioletas dijo...

Pues lo conseguiste...el mismo con su actitud te lo reconocio.
Seguro que si se lo hubieras comentado a una chica a lo mejor te dice que se lo demuestres.
A veces asuminos que decimos palabras que no están hechas para unos determinados oidos...

Houellebecq dijo...

Pues sí. Pero yo asumo que mis palabras son para todos los públicos. No distingo entre hombres y mujeres. Curiosamente, las mujeres se escandalizan menos con mis barbaridades que los hombres. Todo está cambiando muy rápido.