27 septiembre 2007

El italiano

Hace unos años viajé a Florencia pero no conocí a ningún italiano. Tuve que trabajar en una cafetería de Casteldefells para entablar un sucedáneo de amistad con alguno de ellos. El susodicho es de Palermo, muy conocida ciudad por ser la capital de Sicilia y quinta ciudad en importancia de Italia y por un hermoso historial de mafias, vendettas y chanchullos humanos de la peor estofa. Mi pseudoamigo decidió huir de toda esa historia tan movida, siempre mejor en una pantalla de cine que vivida en la propia carne y se buscó un lugar no menos Mediterráneo pero sí más tranquilo en Barcelona. Aunque no vive en Castelldefels sí trabaja más de cincuenta horas semanales allí(que le reportan unos mil quinientos euros mensuales con los que se siente satisfecho, al menos económicamente) sirviéndome el café previo al trabajo y el de la merienda también. Se llama Mario, como el héroe de los video-juegos y compatriota suyo. Su vida también parece un delicioso juego dónde se pasan pantallas para lograr el bonito premio de una “princesa” en el último nivel. A ser posible una princesa que folle.

Mario nunca pierde ocasión de contar al que se le acerca cualquiera de sus vivencias reales o imaginadas más calientes. Sólo un italiano de sangre volcánica y mente a juego y a la altura de la cremallera podría exponer semejante catálogo de anécdotas dónde invariablemente las mujeres están en un tris de ser folladas por él o él en un tras de follarlas a ellas. En una etapa ya superada pagó por un servicio de chat dónde las mujeres se le ofrecían por cam para, en caso de congeniar, acudir hasta una cita y derramarse en ellas entre jornada laboral y jornada laboral. Sólo consiguió que alguna le mostrase las tetas o el coño y alguna función masturbatoria y frustrante mediante la webcam. Para alguien que se queja de no tener tiempo debería ser suficiente pero él quiere algo más. No le basta con el sexo virtual.

En otras ocasiones quiere alquilar dos habitaciones libres de su casa a dos sudamericanas que según él son buenas folladoras. Cuando le decimos que lo que interesa es que sean buenas pagadoras se enrabia, se enfurruña. Nuestro “héroe” tiene muy claras sus preferencias. Un coño pesa más en su balanza que doscientos o trescientos euros de alquiler en esta Barcelona dónde la bolsa suena tan poco y menos cada vez. En otras épocas le da por soñar con los encantos mercenarios de las putas del Riviera. A rachas le da por recordar que en Italia se dejó una posible relación sexual con cierta chica con la que se reencontrará en sus próximas vacaciones.

Otras veces le dejan contratar personal o como mínimo hacerle entrevistas y él me enseña orgulloso los currículos dónde hay tías buenas. Los suele contrastar con la realidad: “esta está mejor en persona” “esta tiene el culo muy gordo pero creo que follará bien” “esta parece una monja, que se quede en su convento”. Todo eso me lo dice con un español muy macarrónico(y macarrón se dice penne en italiano), muy divertido, un tanto borroso en ocasiones, atropellando palabras a medio camino entre dos lenguas mediterráneas tan parecidas como diferentes en su extraño dialecto. Pero aunque mal, le encanta hablar. Y siempre sobre sus vicios: “las tías de Barcelona son muy sosas, las de Castelldefels son unas guarras. Ayer casi me follo a una niña ma… luego no se por qué… la llamó la sua mamma y… finitta la nostra relacionne. ¿Te lo puedes creer?”

¿Qué si me lo puedo creer? A duras penas. Tiene treinta y pocos años pero podría tener casi diez más. No es un tío realmente feo pero su enorme barriga, esa que toca de vez en cuando y nos enseña a mi compañera y a mí en las meriendas como si se nos confesase de un pecado y se hiciese una promesa de redención, parece un escollo bastante importante en este mundo inundado de cuerpos Danone y similares. Sus redondeces no son las de un Casanova precisamente. Y su labia, debido a lo ininteligible, puede que tampoco.

Pero es un personaje de los entrañables. Un poco pesado pero de los que se hacen querer con el tiempo. Puede que mienta mucho pero sus mentiras son creativas, coherentes y variadas. Y la única verdad que tal vez nos cuenta no deja de contrastar con su anecdotario verde y para mayores de dieciocho años: ¡¡¡está casado y tiene un niño!!!

1 comentario:

Ozymandias dijo...

Y lo más curioso del caso es que estos individuos son los que se ponen como energúmenos cuando se enteran de que tambien sus mujeres les son infieles. Leer para creer.