26 enero 2007

La tragedia Homérica de Bart Simpson y otras consideraciones

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Hay un episodio de los Simpson dónde Bart se porta tan mal que su padre le castiga duramente. No le deja ver la película “Rasca y Pica” que todo el mundo espera en su ciudad. La publicidad para verla es tan grande que Springfield al completo la visiona(algunos varias veces). Esto destroza a Bart que a pesar de sus intentos para romper ese castigo no consigue verla. Años más tarde, tenemos un vistazo rápido al futuro, su padre le lleva a verla. Homer es un abuelote y él un señor maduro. Al salir del cine, el comentario de Bart es algo así como que la película no era para tanto. Tal vez, a lo largo de todos esos años se ha hecho mítica en su imaginación. La realidad siempre es más pequeña que nuestras fantasías.

Yo viví algo así. En mi caso no fue por un castigo. Allá por lo setenta mis padres decidieron ir a la torre de unos tíos que no tenían televisión allí(los muy espartanos hijos de puta). En esa era de “sólo lo puedes ver una vez” no teníamos reproductores de vídeo ni grabadoras DVD. Yo necesitaba ver “Mazinger Z”. Mi serie preferida de la infancia dónde un joven guiaba un mastodóntico robot que destruía robots no menos enormes era el centro de mi universo. Perderla sólo podía ser una tragedia apenas atenuada por el hecho de que mi madre la aliviase comprándome un tebeo(la viñeta era el otro eje de mis placeres). Y me la perdí aquel Sábado de aquel año por más que lo pasé bien en aquel lugar. Ese episodio que no vi me lo contaron. Incluso tuve el cromo del álbum dónde lo coleccionaba con el robot malvado que salía en dicho episodio. Era la primera vez que Mazinger se enfrentaba a un robot marino y tenían que adaptarlo al agua. Con esos datos me debí inventar el episodio completo.

En la actualidad he conseguido gracias a la nunca suficientemente alabada red global la serie “Mazinger Z”. Estaban todos los capítulos. Incluso los que no emitieron nuestras descuidadas televisiones. También estaba el episodio del robot acuático. ¿Y? Pues… Nada especial. Cómo el resto de la serie. Interesante para la época pero claro, el tiempo hace envejecer. Actualmente le daría un aprobado raspado.

Lo curioso del asunto es que apenas recordaba un episodio o dos. Recordaba el primero porque sus bestias mecánicas salían en la cabecera de la serie y eso se acabó grabando a fuego en mi memoria. Y también recordaba el monstruo del episodio que no vi porque después de verlo en aquel perdido cromo no sólo no lo olvidé sino que se fue haciendo grande en mi cerebro. Incluso recordaba a la perfección el argumento que algún compañero de colegio me explicó (ni siquiera recuerdo quién fue pero sí lo que me dijo).

Sucede como en las historias de Borges dónde la señal que deja un cuadro en la pared es más importante que el cuadro mismo o el cuento que se quiere escribir es más importante que el que ya se escribió o la historia falsa es más importante que la cierta. Ocurre que para mí el episodio más recordado de Mazinger es el que nunca llegué a ver.

08 enero 2007

Los sueños, sueños son

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No hace mucho hablaba con una conocida sobre la posibilidad de analizar a las personas a partir de sus sueños. Decía ella que pretendía analizar sus propios sueños. Imagino que de rebote podría analizar a su compañero. Ese deseo tan femenino de descifrar al macho choca de frente con la incomprensión masculina. ¿Pero hay algo que descifrar? Y desde luego los sueños no son la solución.

En mi infancia llevé un diario de sueños y las conclusiones no fueron muy alentadoras. El surrealismo de mis sueños se apoyaba directamente en objetos y personas de la vigilia cercana. Lo que me había sucedido durante el día se mezclaba por la noche. Si me inquietaba algo despierto, me seguía inquietando tomando formas variopintas por la noche. Poco más. Los sueños sólo parecen estar ahí para sanar nuestra mente. Y vigilarlos puede ser instructivo pero no saludable. Cuando despierto de una noche de dormir profundo y sin sueños me siento de buen humor, feliz, sano… Cuando recuerdo lo soñado es que la calidad de mi descanso ha sido inferior.

Cortázar, un gran amante de los sueños, decía aproximadamente que en estos nos permitimos estar locos sin que nos encierren. Su literatura es puro onirismo y ahí, en lo escrito, es dónde mejor se defiende lo que vivimos cuando estamos semi-muertos. Ya se sabe, leyendo soñamos despiertos.

Borges fue otro argentino enamorado de lo que soñaba. ¿Pero qué les pasa a los argentinos con los sueños? Pues muy fácil. Que les encanta el psicoanálisis. Freud les fascinó tanto con su “todo símbolo remite a lo sexual” que siguen pretendiendo descubrir los secretos del cerebro analizando esas piezas de fantasía que ideamos en nuestros lechos cuando desconectamos de la realidad. Pero Freud, según Nabokov, era un “viejo libidinoso”. Y algo de eso debió haber. No todo lo soñado parece remitir a lo sexual y si lo hace será en la cabeza de un salido como el superado psicoanalista.

Freud es lo más profundo que se ha llegado con la teoría de entender los sueños. Y el resultado da bastante pena, la verdad.
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Personalmente solo apuntaría mis sueños cuando recrean literatura o música que supuestamente invento y cuyo copyright me pertenece. El subconsciente me ha regalado muy buenos trabajos que luego, al despertar se han evaporado entre los rayos de sol del día o peor, de mi consciencia. Sí, sólo les encuentro utilidad a los sueños en cuanto fuerzas creativas que son. Nunca puedo ver un sueño como agente secreto del FBI capaz de interrogar mi subconsciente o el de una novia o el de un contrario. Eso sería como intentar leer jeroglíficos egipcios con un diccionario catalán-español. Si no tenemos el código para entender lo onírico… “¿Pa qué nos metemos?”

Durante años soñé que legiones de muertos vivientes me perseguían para devorarme. Sara, una compañera del trabajo, me confesó que tenía el mismo sueño recurrente. Y personas no relacionadas con el mundo del terror también… Yo ahora podría decir que eso demuestra la teoría de Hobbes “el hombre es un lobo para el hombre” y que “La noche de los muertos vivientes” es una película perfecta dónde están las claves de la humanidad. Pero no. Los muertos siempre han dado miedo. Es incomprensible. Eso de que de más miedo un muerto que vuelve a la vida que un vivo que vuelve a la muerte es algo que no entiendo pero en un sueño atemoriza. Ese tipo de malos sueños se da en épocas de preocupaciones. Hay gente que donde dice muertos dice conejos mutantes asesinos, lavadoras siniestras o el vecino de al lado… Sólo son herramientas que usa el sistema para que lo pasemos tan mal de noche que al despertar nos sintamos felices de estar vivos. Poco más podemos analizarnos con ellos. No vamos a encontrar el Santo Grial de la compleja personalidad humana. Si pretendes conocete a tí mismo enciérrate con un par de personas en un cuarto oscuro sin agua ni comida durante una semana. Aprenderás mucho más sobre tu naturaleza y la del prójimo que recordando tus sueños.

Lo mejor es soñar lo justo(o por lo menos no recordarlo). Con un buen colchón te puedes ahorrar todas esas sandeces oníricas. Los sueños, sueños son, ya lo decía Calderón.

¿Saber lo que hay en la mente de tu prójimo? ¡Ni lo sueñes! ¡Para eso está la telepatía!