22 febrero 2007

Amo los escenarios de nuestro amor

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Si te gusta mojar churros aquí lo puedes hacer

Por donde está la actual Rambla de las Flores pasaba un torrente de agua estacional. Cuando se secaba era lugar de paso. Paralelo al torrente había una segunda muralla de la ciudad de Barcelona construida en el siglo XIII. En el siguiente siglo y en el XV se tiró la muralla y se terraplenó la Rambla. Entonces se convirtió en el incesante lugar de paso que conocemos para las gentes que lo visitan y que no dejaron de pasear ni en nuestros días. Los árboles llegaron en el XVI. En el siglo XVII y el XVIII la burguesía comenzó a desplazar a la antigua nobleza y el clero. Se construyeron palacios renacentistas en el lugar. La Rambla del XVIII ya se parece a la que conocemos con floristerías, farolas, bancos, venta ambulante de pájaros… Aún estaban por venir los coches, los quioscos, los sex-shops o el Museo del sexo, los carteristas… El “Café de l´Opera´” comienza como Tasca-hostal y desde allí salen carruajes hasta Zaragoza y comarcas varias. El fantasma de la segunda muralla que ocupaba el lugar se desvanece. Su recuerdo muerto permanece sólo en los informes de la historia local de la ciudad.

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Me gustan las estampas de época aunque no correspondan

En 1837 se inaugura el Liceo. Entonces la Tasca-hostal se acaba reciclando durante el XIX en chocolatería. Al estilo vienés, como debe ser. ¿Dije lo mucho que me gusta Viena? Hoy en día se conserva de esa época la colección única de espejos y algo de la ornamentación de entonces.

Años más tarde se convierte la chocolatería en Café-Restaurante y se hace llamar “La Mallorquina”. Sólo para aristócratas.

Los antepasados de los dueños actuales compran el local en 1928 y lo reconvierten en Modernista con algo de neoclásico. Desde entonces es el “Café de l´Opera” que no ha cesado su actividad hasta ahora. Es el mismo café que pisó Alfonso XIII y también anarquistas, sindicalistas, escritores, bohemios… Es el mismo local que pisé hace diez años con mi querida Nerida y con su aspirante a rival. El mismo local en el que se respira antigüedad además de un cierto tufo a tabaco, eso sí. ¿Se pueden oír al llegar las voces de Alfonso XIII o los susurros de los anarquistas conspirando contra el gobierno o los pensamientos de las plumas más eficientes que anotaron ideas sobre esas mesas? Lo cierto es que no. Sólo el ruido gárrulo que produce el español e incluso el catalán cuando se une en manada para comer. O el del joven que le regala ilusionado y malintencionado un Kamasutra a su novia, o el del chupeteo de oreja del otro novio a la otra novia de la otra mesa o el de las señoras gordas, viejas y más bien sordas que se gritan porque piensan que su contertuliano es tan sordo como ellas. ¿Sustituye la niebla del tabaco a la de la noche medieval cuando esta ocultaba peligros o la posibilidad de un almorávide con ganas de cercar la ciudad Condal? Pues no lo sé tampoco. Ni siquiera sé si había niebla en esta zona pero desde luego en los sueños y en las películas siempre queda como más poético. Sólo sé que mi querida Nerida y yo visitamos ese lugar con tanta historia hace poco y que se ofrece un chocolate con churros delicioso. No sé si importa la historia que tenga un local. La cafetería de Bellvitge dónde desayuno algunos sábados debe tener también su historia. ¿Cómo sabemos que no pasó por allí un ejército romano o se apostó a descansar el Cid en uno de sus múltiples viajes por la geografía que tan bien se le dio conquistar?

Pero el caso es que el local de Barcelona me fascinó hace poco cuando mi amorcito y yo salimos para ir de compras y los dos quisimos chocolate al unísono y los dos estuvimos de acuerdo en visitar el “Café de l´Ópera”. Tal vez la Historia con mayúsculas nos deje fríos. Pero la otra, la de nuestro amor, es otra cosa. En ese café hay un pedazo de las primeras veces que ella y yo quedamos. Y eso sí que da ambiente. No hay otra Historia que la que podemos recordar.

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Un plano que no utilizaré porque ni lo necesito ni me aclararía de necesitarlo

16 febrero 2007

Yo no soy racista, pero mi rabia sí

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Famoso cuadro de Van Gogh: "Los gitanos"

El Domingo pasado vinieron unos gitanos al cine. Debían ser unos veinte. Con niños de edades comprendidas entre los tres y los diez años. Hacían tanto ruido como si fueran quinientos. La gente los miraba con preocupación. Los acomodadores con más preocupación. El encargado los miraba a través de los huecos que dejaban los dedos de las manos que se había llevado al rostro. ¿Prejuicio? Para nada. Entraron a saco. Parecían los turcos derribando el último muro de Constantinopla o los cristianos recuperando Jerusalén. Con mucho ruido y con mayores deseos de cascar nueces.

Entraron a ver un pequeño fracaso de éxito y crítica: Días de cine. Y nos dieron un día de ídem, claro. La gente que iba a ver esa película no quería escuchar niños llorando, gente comentando lo poco que le gusta la película en voz alta, más niños correteando por la sala. Los niños sólo deberían ver películas para niños. A lo mejor en la edad media estaba bien tratar a las criaturas como pequeños adultos pero desde el siglo XX se vigila más su educación.

Cuando alguna valiente salió a quejarse(para esto son buenas y arrojadas las mujeres) el encargado puso cartas en el asunto pero no tardaron en quitárselas. Los gitanos argumentaban con mentiras(que los niños no hacían ruido) o con estupideces(que les devolvieran el dinero de la película de la que ya habían visto una buena parte o el de las palomitas que se habían tragado). Es cierto que nos llaman payos porque eso significa tonto, estúpido. Piensan que lo somos. No sé si es cierta la teoría que deriva esa palabra de una mala pronunciación del pagés catalán(campesino) pero es evidente que es despectiva.

Los gitanos salieron de la sala diciendo que vaya mierda de película(cuando se acabó) y pidiendo la cabeza del encargado, el “payo de la corbata”. La gente salía callando su impotencia y con el miedo en los ojos. Algunos de ellos me preguntaron cuando los gitanos salieron si no se podía hacer nada. Les dije la verdad: sólo llamar a la policía y hablarles de alteración del orden y todo eso. Creo que todos los “payos” fuimos más racistas en ese momento que nunca. La ultraderecha se pone las botas cada vez que la multitud gitana aparece. Estos individuos nos sacan el fascista que tenemos dentro. Si es políticamente correcto criticar la cultura de los talibanes, también lo debería ser atacar la del gitano. ¿Por qué no los metemos en reservas como las de los comanches americanos de finales del XIX? ¿Por qué no los ponemos a recolectar en nuestras plantaciones o a limpiarnos los zapatos con la lengua? ¿Por qué no los expulsamos en decreto al estilo de los Reyes Católicos en 1499? ¿Es el pueblo español tan “civilizado” que sólo piensa en eliminar a los inmigrantes?

Pues no. Se sigue odiando bastante al gitano. Lo dicen expresiones como esta: el mejor gitano es el gitano muerto. A veces, creo yo, parecemos pensar que el mejor gitano es el que ni siquiera ha nacido. Se le odia. Yo les he odiado siempre que les he tenido cerca. Y cuando he intentado comprender su cultura les he odiado más. No odio su raza. No hasta el punto de pensar como los suizos en 1926 que robaban niños gitanos para educarlos en la cultura del país pero pienso que el racismo es absurdo. Houellebecq lo dice fácilmente cuando asegura que “todos estamos hechos de la misma pasta”. El problema aquí es cultural. O incultural. Una nueva palabra sería llamar a esta fobia cultufobia o culturalismo. Odio sus costumbres tanto o más que las de ciertos fundamentalismos islámicos. No les odio a ellos exactamente pero a fuerza de tratarles traslado mi odio (muy equivocadamente) a sus cejas gruesas, oscuras, para mí ominosas(como ominosa y terrible fue también la costumbre suiza, o la idea de Himmler de ejecutarlos en masa, o la idea prusiana de principios de siglo para acabar con sus costumbres sin contemplaciones o las ideas franquistas sobre castigar a los que casasen con esa “raza inferior”). Las medidas tomadas a lo largo de la historia han sido tan salvajes que dejan pequeña la pequeña rebelión caló de tratarnos como a tontos o la menos pequeña de saltarse a la torera nuestras leyes. Ni Cervantes les quiso. Si pensamos que son unos salvajes no solucionamos nada superando su salvajismo.

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Hace un siglo de esta foto pero pudo ser el otro día

Más historia sobre nuestros “vecinos”. Ellos nos llaman payos y nosotros, en España, les llamamos erróneamente gitanos que deriva de egiptano. Se pensaba por aquí que venían de Egipto. Pero ya no se les relaciona con ese exótico país. Ahora pueden tener su origen entre Pakistán y la India. Su lengua, el romaní, tiene relación con cierta lengua que se habla todavía por allí. En España, la variante de lo que hablan se llama caló. El fenómeno por el que una lengua se hace híbrida adquiriendo parte del léxico de otra e integrándolo a sus rasgos sintácticos, fonéticos y morfológicos se llama pidgin. Los gitanos son muy del pidgin y el caló es un ejemplo.

Pero da igual. Estamos hartos de sus estupideces. En Europa se les recibió muy bien cuando llegaron durante el siglo XV. Luego comenzaron las identidades nacionales y entonces ya no cayeron tan bien. Su problema, básicamente, es que tienen una cultura que no se adapta. Ellos llevan la patria encima. Por eso no son exactamente nómadas. Los nómadas cambian de país. Ellos, como los palestinos, al no tener país se lo montan en cualquier sitio. Y claro, la guerra es inevitable. Que se lo digan a los israelíes.

Hace poco un amigo rumano me decía indignado que los gitanos rumanos están dejando en mal lugar a sus compatriotas. Bien mirado no le falta razón. Imagino que si un montón de gitanos españoles vivieran en pisos patera en Alemania, se cagasen en los portales o atrajeran todas las cucarachas del reino por falta de higiene, los emigrantes españoles en Alemanía también se indignarían pero quedarían en muy mal lugar. Se pensaría que toda España es como esa gentuza que sale por televisión. Y que no vengan con lo de integrarlos. Hasta ahora esas maniobras diplomáticas han fracasado. Les das algo y te lo rompen o lo venden. Mi última esperanza es Internet. Internet está matando las religiones en el mundo. Espero que con el tiempo también acabe con la incultura de ciertas culturas, con esa cerrazón legendaria, con esa mirada obtusa y antidemocrática.

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Tienen culo de mal asiento

Los gitanos, hoy por hoy no pueden cambiar porque no sienten que hagan nada malo. No se pueden saltar las leyes porque no son sus leyes. Los gitanos que nos rodean en España sólo son españoles de nacimiento. En la práctica son como los fantasmas de la película “Los otros” de Amenábar: viven aquí pero están en el más allá. La patria gitana está condenada a vivir dentro de otra patria, la que le toque. Siempre sin sentirse afectada e impermeable a esta y a sus estúpidos decretos(tan payos ellos). Pero eso sí, jodiéndoles siempre que puedan. ¿Alguien tiene una solución para este problema? Y no vale pedir tolerancia desde un chalet de lujo en la sierra sin gitanos cerca. Ni genocidios ni expulsiones, claro.

06 febrero 2007

Sobre la credulidad

Escuché una vez que los ilusionistas tienen más problemas para engañar a un tonto que a un listo. El paleto suele ser más desconfiado. Acostumbrado a que lo engañen adquiere una pedagogía del recelo que ya no le abandona nunca. Mira y remira los trucos. Busca con desesperación el lugar por dónde van a demostrarle por enésima vez que es un estúpido. El inteligente sabe que un ilusionista se gana la vida engañándole. No se siente amenazado. Sabe distinguir cuando la mentira es un juego o cuando una estafa. Ese engaño está pactado.

Hace poco charlaba animadamente con uno de los personajes preferidos de mi cine. El paleto por antonomasia al que ya mencioné en el blog sobre Pezuñitas. Hablo del crítico, su novio.

Es un tipo corto de altura. También de capacidad crítica. Muy, muy corto de luces(aunque no tanto como su novia que vive en el apagón perpetuo). Pero es un tío divertido. Mientras esperamos a que Pezuñitas cuadre caja, limpie la olla, se cambie o pierda tiempo con alguna compañera comentando el chisme de turno, su novio entretiene mis aburridos momentos de acomodador. Lo hace contándome historias de su biografía cuarentona. Suelen ser las más celebradas aquellas que incluyen detalles sexuales o chistes verdes. Gracias a él he sabido que su Pezuñitas, además de ponerse roja con los malos ratos que le hace pasar la vida, sus compañeras o su estupidez(tan gorda o más que su culo) , también se ruboriza cuando los dos se lo pasan bien en la cama. Eso da que pensar. Cuando sale del despacho del jefe de color rojo… ¿Es porque le han pegado bronca o porque se la acaban de follar? No quiero saberlo.

El crítico que no tiene ni puta idea de hacer una buena crítica de cine es sin embargo un tío divertido y me gusta provocarle en el terreno que más carcajadas nos provoca: el sexual, por supuesto. Hace poco le comenté que mi record está en pegar cinco polvos con una mujer. En realidad fueron seis pero como yo solo me corrí cinco veces he limado la marca humildemente.

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No me creyó. Ni siquiera hizo el intento de hacerlo. Simplemente se dobló lo poco que su escasa altura le deja hacerlo y empezó una larga carcajada seguida de un para mí, degradante comentario:

- ¿Cinco polvos? ¡Cinco mierdas! Dos castañas… Tú… ¡Ja,ja! Pero si tu estás para tomarte dos castañas y luego meterte en la cama a dormirla- lo dice alguien con más edad y seguramente menos polla que yo.

Pero es cierto. He llegado a esa marca. Ahora sé que él no. Ni siquiera ha soñado con alcanzarla. ¿Por qué no creerme? No he dicho que lo haga cada día. Ni siquiera he dicho que fueran polvos gloriosos. Pero era real. Mis estímulos casi siempre vienen de mi cerebro pervertido. Al igual que en el caso del marqués de Sade mi depravación no está tanto en lo que hago como en lo que pienso que hago o haría mientras fornico. Y si encuentro el pensamiento adecuado durante el día adecuado… Pues nada. Que puedo hacer números que provoquen a los incrédulos como el crítico.

Entiendo que hay estímulos externos que limitan mucho a los internos. Follar cinco veces con Pezuñitas es imposible. En mi caso, debo decir que con una ya tendría pesadillas y traumas para el resto de mi vida. A veces no basta con buscar una buena fantasía sexual. Dicen que en cierto experimento con ratones los que ya no tenían sexo con su pareja de siempre renovaban sus bríos eróticos cuando les introducían una ratita nueva y llegaban hasta los cinco polvos con esta(puede que más).

- ¿Cinco polvos? ¡Ja,ja! Te estoy viendo la cadena asomando por los pies… ¡Ja,ja! ¿Será fantasma? – sigue siendo el crítico.

¿Pero es malo que sea tan incrédulo? Como en todo, mandan los excesos. Ni mucho ni poco. La credulidad de los niños les permite aprender muchas cosas que les explican los padres. Aunque en muchas ocasiones sean mentiras. Pero sin la credulidad no aprenderían nada, claro. Y desde luego cuanto más se sabe, más se detectan ciertas mentiras de ciertas personas. No es ser incrédulo descubrir una mentira real, es serlo cuando no se sabe de lo que se habla, cuando se niega por desconocimiento.

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“Tan malo es no creer a nadie como creer a todos” dijo Publius, un poeta dramático romano allá por el siglo I antes de Cristo.

El crítico desconoce. Bien es cierto que nadie puede saber si soy sincero o simplemente verosímil o un embustero redomado cuando hablo de los cinco polvos. Eso no se puede comprobar más que con una cámara de vídeo y una filmación sin cortes. Algo que no pienso mostrar, que no se emocione nadie.

Yo en cambio sí sé que el crítico no ha follado nunca tanto. Cuanto más se reía de mi comentario más me lo estaba diciendo. Es fácil sacar la verdad de las mentes simples.

Una vez más, el ilusionista ha hecho lo que le ha dado la gana con el paleto. A veces, mientras se busca un truco se pierde el tiempo necesario para saber que te lo están haciendo por otro sitio.

No quería convencer al crítico de que soy un gran follador. Sólo quería que el admitiese que no lo era.

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El crítico tiene polla de hamster.

01 febrero 2007

El río de Heráclito nos moja a todos

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Allá por el siglo V o VI antes de Cristo Heráclito de Efeso dijo que no se puede entrar dos veces en el mismo río. Cuando te vuelves a bañar resulta que el agua que baja es otra, que el mismo bañista ya no es el mismo. Es una metáfora que se ha usado hasta para ilustrar el precio de la anchoa. Pero es que es muy resultona. Sobre todo por su sencillez. El agua que fluye. ¡Y qué fácil compararla con el tiempo! Nunca podremos vivir el mismo 3 de Febrero de este año. Es el de mi cumpleaños. Y afortunadamente no se repetirá. Tengo que trabajar doce horas seguidas. Me ha tocado. ¿Por qué no me rebelo contra este hecho? ¿Debo celebrar mi cumpleaños?

He leído que los primeros que celebraron el cumpleaños fueron los faraones egipcios allá por el tres mil antes de Cristo. La gente de la plebe no tenía mucho que celebrar. Tal vez hiciesen una fiesta cuando hubiesen colocado dos millones de piedras para la pirámide de turno. Puede que por la costumbre de celebrar tu “cumple” multitudes de bromistas llamen momia al que alcance muchos años. El tema de la edad es muy egipcio. Estos eruditos de la chanza que nos vienen a tocar las narices cuando celebramos el cumpleaños llevan en el subconsciente un dato histórico auténtico y veraz.

Más tarde los griegos adoptaron esta costumbre y la de hacer pasteles de los persas y hasta celebraban mensualmente los cumpleaños de sus dioses. Dionisos, con toda probabilidad, era el Dios que mejor se lo pasaba. O depende cómo, Afrodita y Apolo. Ares, que siempre estaba dando guerra debió de quedarse más de una vez sin regalos o recibiendo carbón(otra costumbre curiosa que no viene al caso).

Luego llegaron los cristianos para aguar la fiesta. Estos sólo celebraban la muerte que era como el paso a la verdadera vida del más allá. Esta estupidez se revisó en el siglo IV después de Cristo y concluyeron que bien se podía hacer una fiestecilla y así no perder adeptos por ausencia de alegrías religiosas. En el XII las parroquias europeas ya anotaban los nacimientos y las familias celebraban su aniversario.

Hoy en día esa celebración es un incordio. Si antes era la demostración de que eras más sabio y mejor y por tanto más respetado, ya no es así. En el postmodernismo actual y en la era Danone o en la Post-Actimel ya sólo se venera la juventud. Los años te harán más listo pero eso no le importa una mierda a nadie. Ya no se celebra el cumpleaños, se pagan indemnizaciones en forma de regalos para que sea más dulce la putada del tiempo que no deja de fluir sin pedirte permiso. Nunca te bañarás en los dieciocho años que ya no tienes. Estaría bien que alguna me dejase darme un chapuzón en los suyos, por supuesto, pero ese es otro tema.

Este año cumpliré. ¿Felicidades? Después de los treinta ya no hay motivos para celebrar. Hay edades(no la mía, claro) que incluso piden a gritos una eutanasia. Es el signo de estos tiempos. Puede que la sociedad actual sea así porque también se siente mayor. La estupidez siempre ha sido signo de decadencia. Pero la estupidez con acceso sencillo a la cultura me parece signo de… ¡Más estupidez!

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En fin… No me importa ir a trabajar en mi cumpleaños. Hay que ver la botella medio llena. Puedo celebrar en diferido. Y están las “indemnizaciones” arriba mencionadas. Y está ver los patéticos esfuerzos de Ozymandias para hacerme sentir mayor porque tiene nueve meses menos que yo. Y los besos de algunas chicas que conozco. Puede estar la oportunidad de pedir a mi pareja una aberración sexual nueva con el chantaje de que la mucha edad me deprime. Están los mensajes de móvil de la gente que sólo se acuerda de mí cuando me hago más viejo y que no pienso responder. Y ya está. No pienso celebrar mucho más porque los faraones tuvieran el deseo de hacerlo ni como uvas porque a un tío cierto año le sobrasen un montón en la cosecha. Me quedo con lo que me interesa de la costumbre y lo que no, como las cabezas chupadas de las gambas, ya se puede ir a la basura(si es que soy un poeta).

El tres cumplo años. No será un día especial. Tratándose de mí, todos lo son. Soy muy del presente. Eso sí, este año me felicitaré el primero:

¡Felicidades! ¡Que cumplas muchos más si el calentamiento global, la multiplicación de cánceres y enfermedades venéreas o las disputas callejeras te lo permiten! Larga y fructífera vida. Deberíamos celebrarte todos los meses y agasajarte con la misma periodicidad. Eres como nuestro simpático y nunca suficientemente bienamado dios griego. Eres el hacedor de nuestra felicidad. Amén, mamón.