16 febrero 2008

Sin rencor

Y si son gordos sus hijos saldrán así



A menudo fantaseo con la muerte violenta de mi vecino de arriba. El que me denunció el año pasado(ver los blogs folletinescos “Mein Kampf”). Aunque yo saliera justamente absuelto. Y lo odio más cuando el martilleo monótono de sus herramientas me despierta antes de las nueve de la mañana. El hombre se resiste a jubilarse. Aunque no se resista a la pensión que recibe por estar jubilado que me consta que es jugosa. ¡El muy hijo de puta! No tengo nada contra su enriquecimiento personal. Pero no a costa de mi salud auditiva.

El odio se me ha trasladado también del padre al hijo. Una vez tuve un enfrentamiento más que verbal con este último. Acabó en tablas y en diversos moratones a repartir entre su rechoncho cuerpo y el mío, algo menos orondo en los últimos tiempos. Y no es que tenga nada personal contra los gordos. Es sólo que no les respeto mucho(bueno, hay excepciones, claro). Pero a este, por supuesto que no. Un chico de apariencia tranquila. Veintidós años. Casi siempre en casa soltando humo y mirando pasar gente desde la ventana. Lo sé porque mi mujer cuando pasamos por debajo de su cuarto con la luz encendida me lo señala con su irónica expresión peruana “mira la cabeza del chanchito”. Y sí, la cabeza del pedazo de cerdo esta allí. Siempre solitario. Ese tipo de soledades que dejan intuir un enorme mundo interior. Descatalogado a la fuerza del mundo de las discotecas y las féminas debe estar volcando su vida en algo fructífero. Desgraciadamente no lo podré saber nunca. De su mundo interior sé un par de cosas. Que fuma como un carretero por las numerosas cajetillas de tabaco que arroja al jardín amén del olor que llega hasta mí cuando asoma su cabeza de cerdo. También que estudia ingeniería en la universidad por las cartas que he robado de su buzón para posteriormente romperlas y reírme como un demente por la pequeña maldad cometida. Supongo que su mundo tendrá más “chicha” y hasta michelines como él.

Hace poco le vi hablando con un dependiente. A su lado iba una chica gordita. Por las manos entrelazadas supe que eran pareja. Normal. Cansados ambos de ir buscando amor por entre un mundo que no les entiende se han resignado a un compañero tan perdedor como ellos mismos. En otros tiempos la estética de la grasa hubiese triunfado. Un hombre gordo en tiempos de carestía es señal de opulencia económica. Tal vez ser gordo en otra época fue sinónimo de ser macho Alfa. En estos tiempos en los que colesterol y triglicéridos son términos tan comunes como gaseosa o tortilla de patatas, el ideal estético ha cambiado. Cualquiera puede ser gordo. Ahora lo que mola es estar fibrado. Hay que cuidar el organismo y los excesos no son atractivos. El gordito lo tiene mal. Es por eso que se ha juntado con otra gordita. Dos rollizos que tal vez piensen que se han enamorado por su hermosa personalidad pero seguramente lo único que tengan en común sea su incapacidad para encontrar algo mejor. Y yo ardo de rabia por el egoísmo genético que eso representa. Si algún día tienen hijos los condenarán al oprobio y la depresión porque no podrán escapar de ser gordos también. ¡Los dos padres son enormes! El maldito abuelo que me martiriza también está grueso. Ese nieto que veo en el futuro es un espanto que rivaliza con el muñeco de Michelín. ¿Estoy siendo un poco nazi? ¡Por supuesto! ¿Y quién no lo sería cuando su vecino le despierta todos los días al ritmo de sus máquinas? Estos inconscientes no saben lo que hacen. Yo puedo follar con lo que quiera porque no está en mis planes la reproducción y aunque lo estuviera mis genes son ideales, seguramente la semilla de un futuro Einstein o un no menos prometedor Pol Pot. Pero ese par de cerdos… Se han buscado una pareja como ellos. Han descubierto que la felicidad son los embutidos, las carnes asadas o fritas y los dulces. Espero que el infarto al corazón les llegue antes que un embarazo de ella pero ya se sabe, toda esta gentuza se va, bien es cierto, pero se va tarde.

Sólo me consuela saber que ni su hermana ni su madre son gordas(aunque esta última está desarrollando mucho las caderas). La madre tiene algunos problemas de histeria y grita todo el tiempo. Y la hermana… No, esta está bastante delgada. De hecho tiene un tipito de lo más estilizado.

Suelo verla cuando la sacan del psiquiátrico en el que está internada.

1 comentario:

Ozymandias dijo...

Va, reconócelo. El verdadero problema con tu vecino es que te cae gordo.