04 abril 2008

Conflicto


Antes con una cantidad determinada de euros compraba doce condones. Ahora el mismo dinero sólo me permite comprar una caja de seis. Eso es más o menos lo que ocurre cuando hay inflación. También sucede con productos menos importantes como los huevos, la leche o el inhalador contra la rinitis alérgica de primavera. Es entonces cuando el consumidor se mosquea e interroga malhumorado al gobierno. El gobierno se rasca la cabeza y te dice que productos tan importantes como los zapatos y el modelito de ocasión para fiestas y bautizos ha bajado de precio(esto compensa la inflación). Podemos sentirnos felices. Si tenemos mucha hambre podemos cocinarnos una falda estampada de flores a la marinera o un churrasco de mocasines con salsa de blusas y aromatizada a los finos ligueros de encaje. En fin… Que la inflación no es un buen síntoma para nosotros, débiles humanos ansiosos por comprar y comprar.

Escucho a un locutor de radio decir que le preocupa cómo se deshace el hielo de los polos. Se deshace más rápido de lo que anunciaban las previsiones. No es de cobardes tener miedo en estos momentos. El planeta se calienta y no podemos enfriarlo. Somos muchos y con los chinos somos más. Ningún hitler anti-amarillo o “antiloquesea” a la vista quiere aligerar la excesiva carga humana del globo. Las guerras en marcha hacen lo que pueden pero el sexo es más rápido que la muerte. Siempre le apetece al ser humano más follar que matar. De ahí que cada vez seamos más y más seamos los que contaminamos. No es incierta la teoría de que la humanidad es un virus que devora el planeta. Si al cáncer no le importa que cuando muera su anfitrión morirá él, si a los vampiros no les importa que si chupan de más no habrá más humanos que morder, al mortal actual no le importa consumir unos recursos que ya se sabe que no son infinitos. Nos estamos comiendo el planeta como un Donut. Será porque también es redondo.


Las tres leyes de la robótica según los cuentos y novelas de Asimos dicen así:

1. Un robot no debe dañar a un ser humano o, por su inacción, dejar que un ser humano sufra daño.

2. Un robot debe obedecer las órdenes que le son dadas por un ser humano, excepto si estas órdenes entran en conflicto con la Primera Ley.

3. Un robot debe proteger su propia existencia, hasta donde esta protección no entre en conflicto con la Primera o la Segunda Ley.

Si no recuerdo mal en uno de sus cuentos un robot que ve como dos de las normas que tiene programadas entran en conflicto se suicida. O se queda colgado.

Yo también tengo un conflicto robótico. Según el primer párrafo me debo sentir feliz cuando no hay inflación porque todos podemos consumir más. Según el segundo los consumistas estamos destruyendo el planeta.

Es evidente que si yo fuera un robot me quedaría colgado. Cómo no lo soy ya espero el cobro de mi próxima nómina para irme de compras por el Fnac.

A este planeta le quedan cuatro días. Y los dos últimos serán muy cálidos.

2 comentarios:

Ozymandias dijo...

¿¿¿¡¡¡Eeeeh!!!??? Que el apocaliptico catastrofista soy yo!!! Si es que ya no se respeta nada, no me extraña que vaya el mundo como va...

Houellebecq dijo...

Si a mal árbol te arribas mala sombra te cobija o algo así que ahora no estoy yo para réplicas ingeniosas(he recaído con el resfriado y sigo sin poder tragar).