14 julio 2008

El milagro de los panes y los peces(o como transformar media pensión en pensión completa)


Aquí me hubiese cortado más con el buffet libre



No dormí del todo mal a pesar de lo que me cuesta hacerlo en otra cama que no sea la mía y sin un silencio razonable y una oscuridad absoluta (y sobre todo cuando sé que por la mañana no tengo nada que hacer porque tener que madrugar por algo también me perturba lo suyo). Como iba por libre podía levantarme cuando quisiera. Eso sí, antes de las once para aprovechar el desayuno del hotel. Menos “cuando quisiera” de lo esperado. El día anterior, además de comer en una pizzería había cenado unas patatas Pringles con sabor a cebolla que me llevé de España, unas galletas digestivas de “Día” y unos frutos secos muy salados que me hicieron beber más agua y en esta ocasión fui un suicida y me atreví con la del hotel pero claro, tampoco era “El Cairo” así que no pasó nada. Ya compraría más Aquabona por unas pocas coronas en la calle. Estaba contento. Me había dormido viendo el canal internacional de TVE (único que tenían en castellano) y la selección española no iba mal en la Eurocopa (aunque lo cierto es que paso mucho del futbol y hasta del nacionalismo pero allí me hacía gracia). La ducha también me había dejado listo para el mejor de los sueños. Ahora me enfrentaba al desayuno del hotel. En un comedor cargado de ventanales que lo hacían más amplio y que daban a unos cuantos árboles más una porción de urbe, una joven checa me preguntó por el número de habitación no fuera que se les hubiese colado un vagabundo de la calle y yo no fuese cliente. “Room two hundred for”, le dije. Ella me lo agradeció con esa cordialidad tan avara de los checos y me dejó en plena libertad por el buffet libre. Mejor haber traído un león de la sabana africana. Tenía que convertir mi media pensión en pensión completa. A saber los precios que me iban a cobrar por almorzar en estas tierras. Mejor me llenaba el estómago al máximo para no acabar hipotecándome en un restaurante porque alguien me había cobrado el alquiler de los cubiertos o algo así (ver post anterior). Leche con cereales, pastitas resecas con pasas y bizcocho(del montón), panes variados que aderecé con mantequilla y mermelada de cereza no demasiado buena para mi gusto, queso ahumado y sin ahumar(ambos tan grasientos que tuve que lavarme luego las manos para salir en condiciones a las calles de Praga y no ensuciar el disparador de la cámara fotográfica que me habían prestado), mortadela, zumo de naranja y manzana para bajar un poco la comida, café, algo de chocolate para no deprimirme en un ambiente tan frío… Hubo un momento en que me levanté a por el zumo. Dejé la revista de historia que me hacía compañía en los ratos muertos con su demonio en portada en una silla para decirles algo así como “Eh, que estoy aquí”. No sirvió de nada. Al regresar me habían quitado la bandeja y habían arreglado la mesa para que se sentase otro. Per yo ni caso. Me senté en el mismo lugar y seguí comiendo sin bandeja pero con cubiertos limpios. No había demasiado público en el lugar. Pocos me vieron abusar del buffet y uno de los que había, un japonés delgado y sonriente se cargaba la bandeja con el doble de comida que yo sin perder la sonrisa. En fin, para no gustarme la comida de allí no estuvo mal. Y es que en Praga te puedes sentar en uno de sus restaurantes y debes tener en cuenta varios detalles. La comida está presentada en el menú en gramos. Si pides un plato de ghoulas de ternera, en la carta verás “ghoulas beef, 100 g.------ 1400 Kc”. No sé si está pesada al detalle pero ya te haces una idea de la porción que te va a tocar. Cuando te sientas te pueden traer pan para picar o un aperitivo o cualquier otra tontería para abrir el apetito por la que te pueden cobrar aunque no la hayas pedido y el precio oscila entre poco y mucho sólo que este último precio es el que más éxito tiene. Lo mejor es decirles amablemente que te lo retiren del plato o menos amablemente que se lo metan en el culo. También te cobran al final otros conceptos como servicio, IVA y esas cosas. La propina suele ser de un veinte por ciento que en mi caso fue de un 0 por ciento en la mayoría de lugares(o me sonríen como es debido o no hay propina). Un día comí en un lugar de esos masificados para turistas dónde había auténtica comida checa. No me hacía gracia la idea pero hay que aprender un poco sobre el lugar que visitas(al menos gastronómicamente). El personal te iba echando en una bandeja que te prestaban en la entrada lo que le pidieses. Yo cogí una ensalada que una señora antipática me pesó en una balanza. Luego en una cola enorme pedí un ghoulas de esos para ver qué era. Pedí el de ternera con patatas. Luego busqué un asiento libre y allí me fui. Como allí la gente será antipática pero comparte las mesas de cualquier comedor, se me sentaron dos alemanas gordas que no habían encontrado otro lugar mejor que junto a mí. Una de ellas sacó su propia botella de agua. Bien hecho. Yo había cogido una coca cola por la que a saber cuanto me cobrarían. El ghoulas no me gustó demasiado. Era una salsa de color pardo con carne que si hubiera elegido con arroz en lugar de patatas no se me hubiese instalado en la barriga como un yunque pesado que me hacía sudar y me dificultaba caminar por las calles de la ciudad. Pero no me quejo de aquello. Al menos me cobraron un precio razonable por todo eso. No volvería más porque no me gustaba pero la broma había salido más barata que en España. Y nada de probar la sopa de ghoulas. Si el ghoulas no me gustaba y la sopa nunca me había gustado el resultado de pedir una mezcla de ambas sería como sumar uno más uno, el resultado era matemáticamente cierto: podía salir vomitando del restaurante. Ese fue mi único y verdadero contacto con la comida real del lugar. El resto de desayunos no fueron tan voraces. A medida que avanzaba la semana decaía mi apetito y me llenaba antes. ¿Echaban engordantes de ganado en los cereales? No me gustaba el carácter eslavo ni me gustaba su comida ni el exceso de pan o salsas pesadas con que condimentan sus comidas. Sí me gustaba la ciudad y una porción de su literatura clásica y moderna (Kafka, Milán Kundera muy buenos y Rilke estaba por descubrir). 2 a 2 de momento. Claro que si pensamos en ese capitalismo voraz y cobrarte por ir al servicio… No. Si sales de viaje con prejuicios regresarás a tu casa sin saber nada y con un buen montón de dinero tirado a la basura. Con ir a comer MCDonalds, Kentucky o comida italiana(en Austria, República Checa o Hungría encuentras restaurantes italianos como en España chinos, parecen la gastronomía oficial) ya podía sobrevivir. ¡O desayunando como un salvaje por las mañanas!

3 comentarios:

Meryone dijo...

Amo a Houellebecq sobre la mayoría de las cosas. Y a Nabokov.

Los otros, me gustan, ma non troppo. Bueno, Guillermo sí. Y mis non troppos son bastante más intensos que los "me gustan" de la mayor parte de la gente

Me alegra que te gustara Courbet. Era la hostia. Y el origen del mundo, siempre que uno no tenga falsos escrúpulos morales y sepa ver más allá del coño, es un cuadro impresionante. Si sólo sabes ver el coño y no te escandalizas, también.

Besos

Meryone dijo...

Por cierto: estoy acabando Arthur y George (bueno, Arthur e George porque está en gallego)

Me había saltado a Barnes en el perfil...

Más besos

Houellebecq dijo...

Sé ver más allá del coño sin escandalizarme. Courbet me gusta como ya me gustaban antes otros pintores (independientemente de lo que pinten). Aunque desde luego ya me van bien los temas que elige Courbet.
A Barnes, en algún momento de su vida le debió gustar mucho Nabokov. Esa es la impresión que tengo. Aunque tiene voz propia,claro, por eso me gusta.