30 julio 2008

Soy un virus en Budapest


Ya no me siento así salvo cuando llega la hora de ir a trabajar



La primera vez que supe algo de manera consciente sobre Budapest fue en una entrevista que le hicieron a Rocco Sigfredi sobre una película que filmaba allí. Decía que las chicas Húngaras eran las más guapas del mundo y además no les costaba desinhibirse frente a la cámara. Claro, en los países pobres eso suele pasar, no te cuesta menos desinhibirte pero necesitas hacerlo. Normalmente la gente que dice que no haría tal o cual cosa por todo el dinero del mundo es gente que nunca ha estado en una situación demasiada apurada y desconoce sus límites. El actor y director porno aprovechaba la dramática disposición de esas chicas para hacer sus propios negocios.

Pero Rocco tendría razón en algo ya que Budapest fue la capital del porno hasta que según dicen, fue desplazada por Praga(de la República Checa es Silvia Saint). Yo no he notado nada de eso en este viaje. He visto que hay muchos night-clubs o locales de strip tease en la zona pero no me han llamado especialmente la atención. Mi agotamiento físico durante el viaje me ha llevado a sentirme como esos judíos de los campos de concentración nazi que más tarde, cuando se les preguntaba por sus deseos sexuales allí decían que ni por asomo los tenían. La lucha por la supervivencia era más importante. El instinto sexual es poderoso pero sigue situado en la segunda posición y por debajo del de seguir respirando. Imre Kertesz, ya que estoy en el tema, es un famoso premio Nobel húngaro y explica muchas de estas vivencias en sus libros sobre el holocausto.

En fin, que el servicio de limpieza no tuvo que preocuparse por quitar repulsivas y sospechosas manchas propias o ajenas en las sábanas de mi habitación. Pasé por esas ciudades más casto y puro que todos los santos y patrones que se ven en sus iglesias. Y desde luego, mucho menos homosexual que sus curas.

Ni siquiera me importó demasiado el buen nivel estético de ciertas húngaras que pululaban por la ciudad.

El domingo que llegué había un festival de música en el famoso y bonito puente de las cadenas. Relativamente reciente, se construyó en 1849 y después de ser dinamitado por los nazis tuvo que reconstruirse justo cien años después. Ese Domingo había puestos dónde vendían los siempre espantosos y terribles souvenirs, feriantes, chiringuitos dónde la comida más grasienta e insana del mundo atraía de todos modos a la gente que tal vez había perdido el gusto a fuerza de emborracharse o de sufrir una insolación por el calor que hacía…

En un escenario un señor de unos cincuenta años bien llevados cantaba una música pop- rock con leves aires años cincuenta mientras un grupo de jóvenes parejas mixtas bailaban detrás suyo. Ellos con tupés, ellas con ropa retro. Todos lo hacían muy bien en conjunto. Yo llegué para ver las dos últimas actuaciones y una canción, “Made in Hungría”, me gustó especialmente. Si no hubiese escuchado la siguiente hubiese ido tarareándola toda la tarde. El problema es que sólo retengo la última melodía que escucho. “Made in Hungría” se perdió por algún lado de mi cerebro y me quedó la canción que yo no deseaba.

En general la gente húngara parecía más amable que la de Praga. Y más alegre.

Me fui a tumbar a la hierba, cerca de dos bonitas lesbianas húngaras que mostraban su amor abiertamente. ¿Y a mí que me pasaba que me daba igual y pasaba de absolutamente todos los reclamos eróticos aunque no fuesen para mí?

Por la noche decidí volver al hotel y me atreví a buscar un metro. En Budapest funciona el más antiguo del mundo y se nota. Parece haberse quedado como empezó. Viejísimo.

Mientras yo buscaba el transporte no percibí que alguien me buscaba a mí. Lo vi en los ojos de otra persona que miró detrás de mí. Al parecer un tipo que iba muy pegado a mi espalda me buscaba el trasero pero no para tocarlo sino para llevarse mi cartera. Por suerte la cartera siempre va delante de mí por más que estéticamente eso sea una abominación y en ciertas fotos parece que mis bolsillos sean las cartucheras de un pistolero o las de una mujer con problemas de sobrepeso.

El supuesto raterillo se fue cuando se vio sorprendido.

Bajé al metro preocupado. Sólo en estas ciudades y sin un buen grupo de gente que te acompañe tienes que estar atento a todo. Estas más expuesto que una bacteria o virus en un cuerpo sano y lleno de anticuerpos que sólo buscan eliminarte.

Y claro, dudo mucho que la vida erótica de los virus sea muy buena.

Así se entiende todo un poco mejor.

6 comentarios:

Nai dijo...

Ay madre, ves? conmigo no habrían intentado robarte se full contact y full monty por si acaso xDDD (soy la reina de los chistes malos)

Ya he decidido leer a costa de mi integridad y de mi salud mental "Brújula para navegantes emocionales"

Después irá "No marcas" que se lo robé el otro día a Inma de su casa, normalmente saqueo los libros de las casas de amigos, conocidos y familiares xDDDD

Beso!

Hugo dijo...

rocco sifredi, que gran actor... xD

Maya dijo...

Así que eres un viajero como yo... lástima que a mi no me de por contar en el blog todas mis visisitude allende los mares. El caso es que empiezo a escribir durante el viaje pero al tercer día lo dejo mezcla de inconstancia, pereza y cansancio. Interesante Budapest. Yo estuve el año pasado en Bucharest y debo decir, que en general, lo encontré decepcionante.

Ya estás en mis favoritos.

Houellebecq dijo...

Maya, Bucharest no me pareció nada del otro mundo hace unos tres años pero Transylvania sí me llegó y en general otras ciudades de Rumanía como Siguisoara o Brasov.
Sí, Hugo, y qué inteligente por dejarlo a tiempo.
Nai, ese chiste me hace juego con el de Kortatu del otro día. Pero de reina nada, príncipe. ¡Y de Beckelar! Tú sabes por qué.
Yo ahora estoy leyendo a Thomas Bernhard, un austríaco que odiaba asu país, su gente y que se mete con todo el mundo. Es un gruñón pero tiene un estilo único. Es une scritor de escritores, dicen por ahí.

LaLongoria dijo...

A tenor de los resultados que diste en el test de Nai me resulta difícil que prefieras respirar antes que sexuar....

Houellebecq dijo...

El test de Nai me cogió bastante recuperado del viaje. Los instintos se han ido poniendo en su sitio y por orden de importancia.