17 septiembre 2008

Discusión de pareja


Es difícil escuchar algo inteligente en mitad de una discusión


Estoy un poco nervioso mientras el tren me lleva hasta ella. Llevo un libro encima pero me he dejado las ganas de leerlo en casa. Las perdí mientras leía esos mensajes instantáneos en el Messenger dónde ella me lanzaba varias acusaciones más o menos justas (más algunas del todo absurdas) en mitad de uno de esos enfados suyos. Esos arranques de ira le transmutan el amor en odio en mucho menos que un paso. Y ahora, sentado en el tren y con el inútil libro de Schopenhauer en la mano, no puedo dejar de responder mentalmente a las frases que me ha escrito.

Yo también me enfadé. Pero ya estoy más calmado. Según algunos estudios recientes el sistema límbico de las mujeres tarda más tiempo en llegar a su estado natural que el de los hombres. El cerebro reptil, el de las emociones, nos juega malas pasadas. Ella debe estar odiándome todavía y rebuscando en su cerebro nuevas acusaciones, algunas demasiados añejas como para ser usadas en este juicio, para lanzármelas al rostro.

En un enfado ellos se calman antes. ¡Y menos mal! Yo enfadado no solo no razono sino que invalido todos los milenios de evolución que me han llevado hasta el siglo XXI. Por eso Hulk me fascina tanto. Me identifico con un científico que enfadado se convierte en un monstruo verde de más de dos metros de altura y que lo rompe todo a su paso.

Sé que si discutimos en directo puede ser peor que por el Messenger y en diferido. Hay más riesgo de que nos dejemos así.

Bajo del tren pensando que después de una hora, al menos uno de los dos (yo) ya está en condiciones de dialogar civilizadamente.

La veo esperando en el andén. Me hace un gesto con la mano.

Me acerco impaciente por leer en su rostro alguna señal de que no está tan enfadada como cuando tecleó “estoy hasta los huevos”(unos huevos que no tiene) o “esto no lo aguanto mas” o “sólo me quieres para…”.

No se la ve muy alterada. Pero su rabia es contenida. Demasiado. Se expresa por otros canales.

Cuando me da la mano ya sé que se está firmando la paz. No hay palabras entre nosotros. Ella simplemente me sugiere que vayamos hasta un lugar dónde nos podamos sentar. Yo decido buscar un banco. Si usamos una cafetería se puede romper la vajilla además de mi cabeza. Mejor discutir en un lugar sin objetos arrojadizos o cortantes. Con las palabras ya nos desgarramos bastante.

Encontramos un banco. Delante de un centro de esos de Rayos Uva que te broncean tan rápido como te hacen perder la elasticidad de la piel y te generan arrugas prematuras en el rostro. Mientras me imagino las personas que están pagando allí dentro para que los cocinen al’ast, ella se me sienta encima y comienza a besarme la cara, los labios, el cuello… Yo respondo como puedo y del mismo modo evitando lugares como el escote o lugares más comprometidos. Que quiera reconciliación no significa que me haya perdonado.

Después de un buen rato de querernos sin palabras ni explicaciones… las daremos. Ella sus acusaciones, yo las mías. Luego las disculpas por la parte que nos toca. Más tarde, ya más tranquilos, se levantará la veda de las cafeterías. Además, allí también sirven tila y no sólo excitantes con cafeína.

La pelea habrá terminado.

Según Cortazar toda discusión en una pareja es un acto preerótico.

Puede que tenga razón. Los besos saben mejor, como nuevos, después de esas discusiones.

De todos modos preferiría calentarme con una peli porno que siendo insultado por el Messenger. Raro que soy yo.

6 comentarios:

Nai dijo...

Odio las discusiones de pareja, es algo que no soporto pese a las grandiosas reconciliaciones.

Yo soy muy leñera por ejemplo me encanta discutir con telefonica, o con orange, vodafone... o el que sea que llame a mi casa o me toque las narices pero éso de discutir con alguien a quien quiero lo evito a toda costa.

Espero que todo terminase bien.

Beso!

Houellebecq dijo...

Estoy contigo. Odio las discusiones. Pero todas. Las de pareja especialmente. Aquí no se puede ser tan leñero ni pasarte mucho ya que más tarde te puedes arrepentir de lo que hayas dicho. Desgraciadamente paracen bastante inevitables porque cualquiera que tenga o haya tenido pareja las conoce bien.
Saludos.

LaLongoria dijo...

Pelearse es el horror. A mí me da una pereza terrible. Acabo agotada.
Aunque, a veces, me resulta inevitable. Y suelo notar desde que me despierto cierta predisposición para la tangana. Nunca se sabe quién va a ser el objetivo pero seguro que siempre pierdo yo, energía.

P.D. Otra cosa, como dice Nai, es cuando te lo ponen a huevo los teleoperadores de todo tipo de postventa.

Houellebecq dijo...

No suelo levantarme nunca con el deseo de pelear. Creo que en mi caso el deseo me lo genera la interacción con los que me tocan las narices. el problema es que discuto poco pero cuando lo hago es a lo bestia y de manera brutal. Siempre cito a Hulk como referente cultural y personal. No es por nada.

LaLongoria dijo...

Ese deseo matutino creo que se debe al ciclo femenino, por eso careces de él.
Los que intentamos que no se llegue a la pelea siempre estallamos. Lo nuestro no son las letanías.
Tu devoción por Hulk es ya conocida.

Houellebecq dijo...

ja,ja,ja, sí, me sale muy a menudo la referencia al hombre verde.