03 noviembre 2008

Un día de cólera


Hay libros que se me caen de las manos. Otros ni siquiera debieron llegar a ser tocados por mis dedos. El desgaste de ojos y pestañas ha sido infructuoso. Me han encolerizado como reza el título de este libro.

Llegó a mis manos en la biblioteca. Lo vi casualmente. Iban a hacer un libro-forum (varios clientes de la biblioteca leen el libro durante un mes y luego lo comentan). Yo nunca me apunto a esas movidas. El pudor y sobre todo el hecho de que yo no elijo lo que se lee me llevan a dejarlo de lado (tal vez gane el pudor pero me da redundante vergüenza admitirlo).

El libro explica los levantamientos del Dos de Mayo en España y contra los franceses. Es un homenaje al pueblo que se levantó en armas (escasas y toscas) contra unos gabachos que aquí, por más que Pérez- Reverte intenta disimularlo en algunas páginas, son malos, muy malos. Los españoles son heroicos, muy heroicos.

Yo detesto el nacionalismo. En Alatriste suelo hacer la vista gorda porque me gusta y porque admito que es la mejor franquicia española que se me ocurre de los últimos tiempos. Pero ya está. Hasta aquí llega mi perdón.

En “Un día de Cólera” vemos episodios aislados de matanza y guerra. Cada página o dos páginas tenemos una anécdota, la aparición de un personaje al que nunca volveremos a ver (sólo repiten los importantes y esto es lo poco que cohesiona algo el conjunto) y ya está. Acumulación de personajes. Si ya es difícil seguir la novela rusa del XIX con todo ese montón de personajes con nombres exóticos y largos no digamos la novela de este escritor con nombres muy de aquí pero que se cuentan por centenares. Si quería hacer una “La Colmena” de Cela, le ha salido mal. En el clásico de Cela no había redundancia. Aquí, pasadas las primeras escenas de bayonetazos, gente sujetando sus intestinos y franceses quedando en ridículo, todo comienza a ser repetición.

¿Quería un homenaje a esta gente? ¿Quería citarlos a todos? Dos segundos después de leer sobre un personaje ya lo he olvidado. Y aún saber sobre un nombre no creo que sirva de mucho. Y de todos modos no le doy más importancia a su muerte que a la de un francés, lo siento. Todos me parecen muertos innecesarios al servicio de intereses inescrutables. Y ya puestos ¿Por qué no sigue homenajeando gente y escribe una novela de dos millones de páginas con los muertos de La Guerra civil? Claro, aquí necesitaría tomar partido por alguien pero siempre serían españoles (buenos y malos). ¿Y sobre los españoles antes de que España fuera España? ¿Esos no merecen homenaje?

Que haga lo que quiera pero este libro no me vale ni el tiempo que le he dedicado.

No pretendo decir que Arturo Pérez-Reverte sea un mal escritor.

Sólo creo que aquí se ha equivocado. Esto se vende como novela pero no lo es.

Sólo es un listado de bajas.

La novela no debería ser burocracia.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola, soy Nymph!

Pues a mi es que el Perez Reverte en general no me gusta nada. Copia mucho a Flaubert, Joseph Conrad y otros. Y cuando digo copia, es que pone frases enteras sin citar a sus verdaderos autores, y eso es algo que me pone mala, oiga. Que una cosa es un homenaje y otra, atribuirse cosas que no son suyas.

Cuando dices que hay miles personajes, me imagino que esta vez se habra "inspirado" en los episodios nacionales de Galdos, donde tambien (que casualidad) salen cien mil gentes, de manera que casi hay que llevar una lista en plan "dramatis personae" como hacia Agatha Christie (en la cual yo siempre solia señalar al asesino, mas que nada para fastidiar al siguiente lector, jijiji)

Bsoss

Meryone dijo...

siempre son niñas... dale a donde pone balthus y baja, que los mejores ya los había puesto

mis favoritos: la niña con bragas manchadas de sangre y gatito bebiendo leche y la que se llama la lección de guitarra y donde la guitarra es la niña

a todo esto, el hombre decía que las niñas le parecían criaturas puras. para ser tan miope, no las reflejaba nada mal

porque, además, son casi peores las que enseñan las bragas que las que no las llevan.

a mí pérez reverte sigue gustándome en los artículos y hace mucho que no le leo un libro. mi hermano, que me lleva dieciséis años, todavía me recordaba el fin de semana pasado lo mucho que me gustaba antes. ahora, no. y eso que me quedé en la reina del sur, que no estaba demasiado mal. pero me revienta la actitud de "sé más de historia que nadie" (yo también sé buscar en los libros, señor pérez reverte) y "llevo la razón absoluta". y que escribe siempre la misma novela.

aún así, con los artículos me río un rato

yo sigo con mi medio metro de libros de cuentos y poemarios encima de la mesilla. y ayer empecé uno de barnes: amor, etcétera, que no lo había leído

besos

Awixumayita dijo...

Estoy falta de amor. No soporto a Reverte.

Houellebecq dijo...

Nymph... ¿Me podrías pasar el link a tu blog?

Meryone: Eres perversa. Y muy bien por haber iniciado a Barnes. Yo terminé su Arthur y George. Siempre es agradable de leer.

Awixumayita: Mucho tiempo sin verte por aquí. Sólo leyéndote por allá.

Anónimo dijo...

Soy Nymph. No tengo blopp, houellebecq....suelo ir opinando y/o pontificando en los blopps de los demas, de forma anarquica y desorganizada. Una especie de pececillo de esos que se adosan a los tiburones...
Bsoss

Meryone dijo...

yo a plá lo descubrí hacia el final del instituto, con veintegenarios (que ya tenía dos o tres añitos). luego vinieron el supone fonollosa y no sólo de rumba vive el hombre (que todavía tengo en cinta, como ya dije -ay, qué tiempos los de grabar cintas!-)

lo último que descubrí fueron los discos en catalán (lógico, como que yo en el instituto, catalán poco) y me gustan mucho. casi más. y, de verdad, que yo le entiendo todo (y mi catalán no es especialmente bueno) y en español me cuesta.

soy perversa por lo de balthus? es verdad: son más perversas las que enseñan las bragas que las que no las llevan...

la colilla no la conocía, me la descubrió ayer c. chase en este mismo blog. es que el nuevo no lo he escuchado, todavía

pero los demás tienen el listón demasiado alto. todos

o es que yo era adolescente y me gustaba más que dijera burradas, todo puede ser

besos