17 diciembre 2008

Antes del verbo, el gesto


Hay como un lenguaje no verbal en él que indica que liga poco


Mónica me contaba que una noche salió de marcha sin su novio. Nada extraño si no conoces a su novio. Tienen un contrato verbal por el cual ella tiene que llamarle tarde y de noche para que él sepa que ella no está de fiesta. Esa acción de Mónica era temeraria. Él la llamó y supo que Mónica no estaba con sus padres. ¡Traición! Al poco, el aprendiz de moro se presentó dónde estaba ella con el coche y le dijo que se subiera. Mónica en principio se negó. Ella me lo cuenta riéndose por más que escrito parezca el preludio a una tragedia de telediario sensacionalista:

- Y empezó a tocarse el pelo y a echarselo p´atrás. Cuando se toca el pelo y se lo echa p´atrás ya sé yo que está nervioso y supercabreado. Fue cuando le vi así como dando vueltas y mirándome y diciéndome de mala hostia que me subiera al coche y tocándose el pelo que me dije: “Mónica, no le cabrees mucho más que la lía”. Y me subí al coche y me llevó a casa de mis padres y allí quedó la cosa pero no veas el cabreo que se cogió. Es que mi novio me tiene muy controlada. Claro que yo a él también lo quiero así y que no me entere yo de que sale de fiesta que se la corto.

No me apetece hoy hablar sobre relaciones tormentosas o posesivas. A mí me llama la atención el cómo pequeños lenguajes no verbales del prójimo nos informan mejor de lo que piensa que sus palabras. Ese echarse el cabello para atrás de él es como un preludio a la rabia y sólo Mónica lo sabe así de bien.

A mí me ha descubierto mi pareja que cuando pongo el brazo de un modo determinado sobre el respaldo de su silla es que me voy a levantar en medio minuto de la silla y voy a decir que nos vayamos. Yo no suelo pensar en mi brazo derecho cuando hago eso que dice ella. Ni siquiera pienso que soy una persona con brazos traidores. Pero al parecer mi brazo y los gestos que hace comunican algo. Mi pareja me estudia todo el tiempo. Si muero antes que ella estoy seguro que se pedirá ella la disección para ver qué tengo dentro.

Últimamente yo también rastreo rostros y gestos. Observo el malhumorado pasear de mi gerente, su cara de “soy malo de cojones así que no me toques los ídem”, su esfuerzo en buscarnos tareas para que no tengamos tiempo de hablar ni montar nuevos e incómodos motines, la forma en que se despidió ayer sin decir ni adiós obligando a ensuciar mi paladar con la expresión “puto maleducado de mierda” o a reprimir las siempre incipientes ganas de matarlo a collejas. ¿Qué muestra su lenguaje verbal? ¿Tendrá que ver su actitud gansteril con el hecho de que tiene que mantenerse firme para que la gente no se le eche encima ante la última noticia, que la empresa ahora nos pagará más tarde por culpa de la crisis? Mi verdadera crisis es existencial.

¿Significa su lenguaje no verbal que en tiempos de crisis o de crecimiento económico del veinte por ciento él sigue siendo el mismo hijo de puta?

Yo que le conozco de siempre creo saber también la respuesta.

11 comentarios:

Comtessa d´Angeville dijo...

Houellebecq buen perro es pero... conmigo. Con él seguro que tendrías problemas, de cuánta gente que ha querido verlo, o que me lo llevara a algún sitio, he oído ese "YO ME LLEVO BIEN CON LOS PERROS". El Jondo es bastante agresivo con la gente que no conoce, con la gente que me quiere tocar y también a veces con la gente que conoce. No sabes la de dinero gastado en adiestradores, y con poco éxito. Es así y no se le puede cambiar, no da más que problemas, no puedes sacarlo de paseo como a otros perros... PERO LO QUIERO IGUAL.


Sé un poco mucho de relaciones posesivas y tormentosas y aprendices de moro... ay. Yo creo que no tengo ningún gesto así destacable, aunque sean todos inconscientes... pero pienso y pienso y no. Soy poco gestual menos cuando voy puesta.

Meryone dijo...

cierto ser a quien conozco de hace muchos años y que no me habla desde ese día (los motivos no vienen al caso) se levantó a cámara lenta (como en el cine, lo juro) porque le había parecido mal algo que yo había dicho (algo que debería tener asimilado que digo periódicamente)

en el principio, era el gesto. si no, cómo coño hizo dios para señalar antes de decir fiat lux?

eh?

beso

pierrot dijo...

Opino que exageras demasiado, cuando estes muerto no me interesará lo mas mínimo saber lo que tendrías dentro, ya habrás sufrido bastante, y yo también, pero ese gesto que sueles hacer pues aveces pienso que es por que te tienes que ir, además ya era la hora de que volvieras a tu puesto de trabajo.

Meryone dijo...

pancho marambio dicen todos los lectores de bryce que es una mierda

yo todavía no me atreví. pero las tres primeras novelas son maravillosas, cada cual en su estilo (un mundo para julius, tantas veces pedro, la vida exagerada de martín romaña). yo entré por no me esperen en abril, allá por mis tiernos quince años, cuando la última era reo de nocturnidad

y empecé a renegar con el huerto de mi amada, la del planeta, ya un autoplagio descaradísimo (siempre ha escrito sobre lo mismo, incluso sobre los mismos personajes -con distintos nombres- y, por las memorias sabes que, en realidad, sobre su puta vida pero, con el huerto de mi amada no sumaba nada a lo ya contado, sino que restaba. y mucho), la del planeta. andaba yo en segundo de carrera cuando todo el mundo me mandó mensaje diciendo lo del planeta de bryce. como si fuera algo a celebrar

ay, bryce! con lo grande que fuiste! algo así como lo que pasa con woody allen. y no es que yo me haya hecho mayor; es que ellos son peores...

mira:

http://once-upon-a-midnight-dreary2.blogspot.com/2008/06/me-imagino-que-yo-debo-comprender-todo.html

primera entrada oficial de mi blog (es la segunda: la primera dice simplemente que he reabierto)

de huerto cerrado, primer libro que publicó, allá por el 68

bryce fue maravilloso. y está escrito para que podamos comprobarlo. repito: las tres primeras novelas, recomendadas fervorosamente

beso

maloles dijo...

La gente que es 'japuta, lo es... pase lo que pase, contra viento y marea.
Lo de los gestos y las expresiones es muy interesante, la verdad. Yo tengo un amigo que (sé que es típico, pero cierto) cuando se enfada o se está enfadando se le hincha la vena de la sien. Eso, cuando sabe que tiene razón al enfadarse. Cuando se enfada, pero porque le están echando la bronca, y él no tiene razón, no se le hincha la vena, se pone a destrozar cualquier cosa que tenga entre las manos. Es curioso, delata no solo el enfado, sino su culpabilidad.
Jum! voy a dedicarme a observar a la gente con más precaución!^^

Muas

LISSI dijo...

Pues yo no se que gestos mios son preludio de acciones predecibles...(Nota mental:debo preguntar sobre eso)
En cuanto a lo de la crisis...que pasa que todas las empresas se han puesto deacuerdo para jodernos mas la vida de lo que lo hacian ?lo hacen solo por el mero hecho de ir a juego con la crisis?...joder que mania le tengo ya a esa fastidiosa palabreja...mira que suena mal...crisis...ijjjjjjj
besines explendidos y a la mierda la crisis

Angéline dijo...

El lenguaje no verbal siempre me ha parecido tan interesante, pero ¿qué ocurre con los gestos inducidos? Una vez que te enteras de que tu brazo marca el momento en el que tu cerebro llega al límite de su aguante en un sitio, cada vez que lo extiendas hacia tu pareja, en un cine, en casa, en un banco del parque ¿sentirás la necesidad de que os marchéis? Y aunque no sea así, ¿no será así de alguna manera? Que ya que has puesto el brazo en la silla te cuestiones por qué no irte. Una amiga me decía que su ex-marido siempre se cortaba las uñas antes del sexo con ella y que en los malos tiempos, cuando ya no había nada que hacer por aquella relación, cada vez que escuchaba el cortaúñas le invadía una sensación inquietante, mezcla de tristeza y repulsión. Aquí en Galicia decimos mucho “en fin”, que es como parar un momento en el descansillo, antes de bajar las escaleras. Lo de tu brazo en la silla, sería un “en fin” no verbal, como el gesto que hace alguna gente de palmearse las piernas con un golpe seco, antes de levantarse de un asiento. Joe Dispenza dice en su “Desarrolla tu cerebro”, una frase que me gustó desde el principio: “Nuestros pensamientos se convierten, literalmente, en materia”. Feliz semana, Houllebecq.

Houellebecq dijo...

Ese "en fin" lo digo yo también a menudo y no soy Gallego, me puedes ubicar en Barcelona.
Yo creo totalmente en esa teoría de los pensamientos que inducen, que crean, que alteran y perturban el libre curso de las acciones libres que ya no lo son tanto. Ese "Desarrolla tu cerebro" podría ser un libro escrito también para mí porque es un tema que me interesa y del que no hablo más en otros posts por no repetirme pero qeu tengo presente muy a menudo. Lo que no siempre soy capaz de recordar es que me observan y que piensan sobre cómo me muevo. Afortunadamente. No puedo pasarme la vida haciendo cálculos de hasta como voy a respirar. Me asfixiaría. Feliz semana para tí, Angeline.
P.D. La anécdota del marido y su cortauñas es escalofriante según se mire. Todo un microrelato por sí misma. La mezcla de tristeza y repulsión me ha dejado más impresionado que nada. Conozco esa sensación y no me gusta sentirla (y espero no inspirarla, eso es todavía peor).

Houellebecq dijo...

Ese "en fin" lo digo yo también a menudo y no soy Gallego, me puedes ubicar en Barcelona.
Yo creo totalmente en esa teoría de los pensamientos que inducen, que crean, que alteran y perturban el libre curso de las acciones libres que ya no lo son tanto. Ese "Desarrolla tu cerebro" podría ser un libro escrito también para mí porque es un tema que me interesa y del que no hablo más en otros posts por no repetirme pero qeu tengo presente muy a menudo. Lo que no siempre soy capaz de recordar es que me observan y que piensan sobre cómo me muevo. Afortunadamente. No puedo pasarme la vida haciendo cálculos de hasta como voy a respirar. Me asfixiaría. Feliz semana para tí, Angeline.
P.D. La anécdota del marido y su cortauñas es escalofriante según se mire. Todo un microrelato por sí misma. La mezcla de tristeza y repulsión me ha dejado más impresionado que nada. Conozco esa sensación y no me gusta sentirla (y espero no inspirarla, eso es todavía peor).

Angéline dijo...

El libro de Joe Dispenza va sobre la neuroplasticidad, la capacidad de cambiar nuestra mente. A nosotros o la percepción del mundo que nos rodea, o sea, de cambiar nuestra realidad (pag.33). Propugna que si aún sabiendo que estamos viviendo algo que nos perjudica (que no es lo que queremos para nosotros) no lo cambiamos, es porque nos hemos vuelto adictos al estado emocional que nos genera “padecer” esa situación. Entre su explicación de cómo enfrentarse a ese cambio, deseado tantas veces, menciona que cambiar “es convertirse en alguien diferente, y eso significa que dejamos de ser la persona que solíamos ser”. Puede parecer una frase muy simple pero si te paras a pensarlo, el fallo de no conseguir cambiar está en que la mayoría de las veces no llegamos a romper con lo que no deseamos, sigue condicionándonos, influyendo en nuestras decisiones. Cuando aceptas esta teoría y abandonas permanentemente una actitud, un deseo, una costumbre adquirida, cuando te lo extirpas, dejas vía libre a una parte de ti que no conoces. Y es cuando te das la oportunidad de cambiar, cuando arriesgas. Yo he puesto en práctica esta teoría y he conseguido rotundamente algo que hasta el momento no lograba. Para mí ha sido como una revelación el libro. Lo voy leyendo poco a poco, pero noto sus beneficios. Es como cuando tienes un criterio a la hora de corregir un escrito y a través de él es más sencillo pulir los fallos. Con las teorías del cambio de Joe Dispenza intento corregir hábitos que no deseo y al revés, conseguir cosas que antes me parecían inalcanzables. Hay mucho que trabajar en uno, pero es cierto que todo está en nuestro cerebro, en esa sofisticada sala de operaciones que aloja nuestro cráneo. Por cierto, lo tienes disponible en dos bibliotecas de tu zona. Un saludo, Houellebecq, otra semana se acerca, el tiempo imparable..

Houellebecq dijo...

Ja,ja, tus comentarios son casi sobrenaturales. Incluso sabes que tengo el libro por la zona. Pues sí, lo he confirmado vía internet y ahora no dudo en cogerlo. Es cierto que no cambiamos fácilmente y a mí esa actitud de no cambiar ciertos modos de ser que me hacen infeliz me define casi tan bien como el guante a la mano. Ayer escribía un futuro post donde me preguntaba más o menos por qué no cambio o soluciono aquello a lo que racionalmente y en frío le veo solución.
Como ves, me llega en el momento justo. Besos.