22 junio 2008

Celos retrospectivos


Celoso hasta decir basta



Son bastante comunes. Se llaman celos retrospectivos. La lista de amantes de la persona a la que quieres se convierte en una lista de puñaladas a tu orgullo. No hay nada que hacer. El pasado no se puede cambiar, como mucho se puede olvidar o recordar mal.

Cuando un miembro de la pareja le cuenta al otro cosas como “a X le gustaba mucho mi culo, siempre me lo decía” el otro puede entender algo así como “a X le tenía permitido darme por el culo pero tú de momento no puedes, estás el segundo en el ranking de mis amantes pasados o presentes, puede que el decimotercero porque hay otros de los que no te he hablado”.

En una obra de Oscar Wilde alguien le decía a otra persona más o menos, que no soportaba ser el número tal de muchos amantes de la persona a la que amaba. El otro respondía que a él le daba igual ser el amante trescientos si era el último. O algo así, que cito de memoria.

El celoso retrospectivo no puede soportar pensar en las manos de otros que han estado antes sobre el cuerpo de la persona a la que quiere. Tal vez no tiene fe en las facultades purificadoras del agua que elimina todos los rastros en la piel. Según cierta película que vi quedan células de otro hombre en el interior de una vagina femenina hasta seis meses después de haberlo hecho con ella. En fin, cada uno se asusta como quiere. También es desagradable pensar que cientos de materias polucionadas de los humos de los coches, de las fábricas, del tabaco, de la basura que comemos o de lo que sea nos están rodeando y se nos están introduciendo cada día en el organismo. Ni nosotros ni nuestra persona amada somos seres puros. Independientemente de las personas con las que hayamos estado. Somos vertederos bacteriológicos andantes.

El celoso retrospectivo imaginativo puede tener problemas con el momento en que la amada estuvo con su anterior amante. Si fue un año antes puede imaginarse a sí mismo ese año antes, aquella noche en la que su novia actual podía estar follando con su ex mientras él… ¿Qué hacía? Tal vez se tomaba un vaso de leche y miraba la televisión en bata de estar por casa y zapatillas. En esos momentos otro hombre estaba beneficiándose a su futura novia y él no lo sabía, qué cuernos tan felices (aunque técnicamente no se les pueda llamar cuernos).

El escritor Javier Marías dice en una de sus novelas que se siente hermanado con los otros amantes de una mujer con la que ha estado, que hay un vínculo entre los hombres que han estado con la misma mujer. Yo no lo creo. Aunque si ese vínculo fuese cierto se parecería más al de Caín con Abel. Un celoso retrospectivo no le desea éxitos ni triunfos a su hermano de coño conocido o desconocido.

El celoso retrospectivo está siempre en contínua competición. Intenta averiguar si es mejor o peor en relación a los pasados amantes de su pareja. Tenerla más grande que todos le puede hacer sentir muy feliz. Una mujer celosa retrospectiva puede estar interesada en ser más bella que la otra, más inteligente, más graciosa, follar mejor… Bueno, en todo. Los comentarios del amante son importantes. Todo lo que diga puede darnos pistas para saber si somos mejores o peores que el que tocó ese culo antes que nosotros.

Supongo que el celoso retrospectivo vive demasiado en el pasado sin saber que en el fondo este está más muerto de lo que parece. La nostalgia es una mentira. Sólo puedes sentir lo que te ocurre ahora. Lo que pasó te sirvió para aprender algo o para esbozar una sonrisa recordando tal o cual estupidez mientras tomas café con un amigo pero para nada más (y no es poco, se le llama experiencia). Pero ya está. No hay que darle más importancia. Gracias a los pasados amantes de la persona que queremos nos podemos ahorrar explicarle ciertas técnicas sexuales y no convertir un bonito momento íntimo en una clase de P 3 sobre sexualidad humana. Si no estás interesado en el magisterio siempre es mejor que el otro-a ya sepa. Y tratar de olvidar cómo sabe lo que sabe o quién se lo ha enseñado.

También, si eres un celoso retrospectivo, te puedes divertir pensando en una vieja novia que ahora está con otro. Puedes pasarlo bien acudiendo a visitarla e imaginarla desnuda mientras su actual novio te sonríe y te da la mano a ti, que con esa mano que ahora estrecha le tocabas el coño con tantas ganas y esa boca con la que habla… Mejor lo dejamos.

El celoso retrospectivo vive en el pasado de su amada-o y eso no es vida.

Lo que no sabe es que si se pone pesado, agobia con discusiones sobre el tema, aburre con lloriqueos, etc… El pasado que le atormenta puede ser insignificante comparado con el presente que se está trabajando o el futuro. Tal vez sólo está consiguiendo que su amante harto-a de tanta desconfianza se lo acabe montando con ocho a la vez.

¿A quién no le gusta llevar la contraria?

17 junio 2008

Conversación


No las entiendas, quiérelas(si puedes)



Hace un rato que habla con él sobre temas intrascendentes. Él la conoce muy bien. Sabe que ella habla por hablar. Le interesa otra cosa. Y entonces ella, su “amiga” y compañera de trabajo, revela lo que realmente le importa.

Ella: Bueno, a mí no es que me importe, claro, pero… ¿Qué vas a hacer con esta chica? ¿La quieres sólo para “chingar” o quieres algo serio con ella?

Él: “Chingar” es algo serio con ella.

Ella: Ya, pero si sólo es para “chingar” no es serio.

Él: Ya, pero si quiero a una chica para hablar pero no la quiero para “chingar” es que sólo la quiero como amiga. Vamos, que no sería nada… serio.

Ella: No desvíes la conversación que a ver, yo ya digo que a mí ni me va ni me viene este tema pero es que pienso que con esta tía no vas a ningún lado. A mí, además, ya me está cayendo gorda.

Él: Yo creo que es buena persona.

Ella: No te lo discuto pero tiene mal carácter. ¿Qué se piensa? El otro día cuando te apartó de nosotras para hablar con ella… ¡Es que me dio una rabia!

Él: Estábamos discutiendo. Cuando discutes no tienes buen carácter. Yo incluso me transformo y me pongo verde…

Ella: Ya, ya, pero a mí me da igual que esté cabreada por algo. Hay maneras y maneras de comportarse y la suya es la de una tía borde. Yo no sé qué haces con esa gilipollas. ¿Y qué piensas hacer con tu ex?

Él: Con las ex no se hace nada. Por eso son ex.

Ella: Claro, aquello ya acabó. ¡Pero eso es que quieres algo serio con esta! ¡No vais a durar nada!

Él: Ya vamos para el medio año.

Ella: Pero alguna vez se acabará.

Él: Todas las relaciones tienen un final. Incluso las relaciones perfectas. Al final uno de los dos o ambos cónyuges se mueren.

Ella: Esta relación tuya durará menos y lo sabes.

Él: No, eso parece que lo sabes tú mejor que yo.

Ella: Que no es por meterme dónde no me llaman pero yo un día le voy a pegar un corte a la borde de tu… rollete. Porque serio no es el tema, ¿Verdad?

Él: Yo creo que nos tomamos bastante en serio. A veces pasamos mucho rato sin reír. Especialmente cuando nos preocupa algo.

Ella: Pero debes dejarla. Eso se acabará.

Él: Si la dejo se acabará seguro.

Ella: Pero ahora será menos doloroso para los dos.

Él: Siempre es doloroso.

Ella: Claro, pero la gente me pregunta si la quieres sólo para “chingar” y no sé qué decirles.

Él: Ya haré una rueda de prensa y responderé para que no vivan sin saber eso tan importante que les preocupa.

Ella: ¿Pero tú estás bien con ella? ¿Te ves futuro con esa tía?

Él: De momento tengo un buen presente.

Ella: Hasta que se acabe.

Él: Entonces ya me preocuparé.

Ella: Deberías preocuparte ahora. Pero que quede claro que a mí no me importa este tema.

Dejan de hablar. Tienen que salir del trabajo. Otro compañero les lleva en coche hasta casa. Ella insiste algo más sobre la necesidad de que él deje lo que tiene con esa compañera de la que hablan. Él insiste sobre no contar demasiado sobre su vida privada.

Él, además, piensa que es ridículo hacerle caso a ella y matar el presente porque se le tiene miedo al futuro.

Sería como preguntar… ¿Por qué seguir viviendo si de todas formas nos vamos a morir?

16 junio 2008

Tibio



Astrud: "Todo da lo mismo" ¡Temazo!






Hace años me dijo un amigo en un pub nocturno algo que para mí sonaba muy siniestro: “La vida no vale nada. Incluso el hombre más rico o el más inteligente no son nada especial. Algún día se morirán o pueden tener accidentes o… Que no les envidio. No envidio a nadie. Sólo tocar vivir y esperar para morirnos” O algo así.

No le hice caso. Yo en esos tiempos tenía motivos por los que vivir. Vivía por Bowie, por los comics, por esas charlas en el pub y los amigos, por la ilusión de usar alguna vez el rancio condón escondido entre los pliegues de mi cartera de piel…

Pero los años me han ido haciendo avanzar más en esa dirección. Perdida la fe en la religión ya eres libre de perderla también en la ciencia, en los seres humanos o en la posibilidad de erradicar las enfermedades y el hambre en el mundo. Seguro que si cogiéramos todos los conocimientos de toda la humanidad y pudiéramos relacionarlos y organizarlos entre sí conseguiríamos hacer avanzar la humanidad pero eso es imposible, lo dijo Lovecraft más o menos en uno de sus libros. No hacemos más que fabricar teorías e inventar artefactos que dan la apariencia de progreso pero si analizamos el índice de felicidad mundial seguimos mal. No entiendo a las personas devotas de un Dios. Si a los políticos se les crucifica por no llevar bien la economía… ¿Cómo es que a Dios que gobierna a lo grande (y a esos magnos niveles fracasa) no se le piden explicaciones de tanta imperfección?

Con el tiempo pienso más como en esa canción de Astrud: “Todo da lo mismo, eso no es un problema ni una solución, todo da lo mismo”. Hagamos lo que hagamos con los violadores siempre habrá uno suelto por la calle. Hagamos lo que hagamos con los imbéciles siempre tendremos uno cerca de nuestra oreja. Hagamos lo que hagamos a favor de la paz siempre tendremos una guerra en los noticiarios del día. Hagamos lo que hagamos con nosotros mismos nunca cambiaremos los errores más arraigados en nuestra inflexible programación.

Me hace gracia la gente que juega al “¿Qué hubiese sido de mi vida si hubiese hecho tal cosa?” Casi todos concluyen que su vida sería peor si no estuviesen con tal o cual persona pero eso es estúpido. Hay una película llamada “Sobreviviré” de nuestro infravalorado cine español que termina más o menos con la moraleja de que tomes el camino que tomes en la vida siempre tendrás tus dosis de felicidad e infelicidad asegurada. Y lo creo. Si lo bueno nos cansa en unos meses y lo malo lo superamos en otros tantos… ¿Qué importa lo que nos suceda? Nuestro futuro es un camino de hechos positivos y negativos a los que nos acomodaremos con mayor o menor suerte pero a fin de cuentas si pensamos en el año 3000 y en lo que nos importará en esa fecha que la vecina de al lado no se lo quiera montar con nosotros... Todo es irrelevante.

A veces me cae encima la náusea sartriana de entender que el ser humano es un ser fisiológico determinado por las leyes de la naturaleza y de la sociedad, y sometido a las influencias destructoras del tiempo. Y por si fuera poco ni siquiera sabemos qué coño es la materia oscura que supone el setenta por ciento del universo (materia transparente ya que no la vemos según el Nóbel de física Frank Wilczek). Al parecer lo esencial, lo que realmente queremos saber se nos escapa, está más allá de nuestro conocimiento. Claro que uno no sabe qué es lo esencial. Según Borges: “No sabemos dónde Dios pone los énfasis”.

A cierto primo religioso mío le molestaba lo tibio de mi actitud postmoderna. Quería que tomase partido por algo, aunque fuese por el ateísmo(tal vez pensaba llevarme desde allí hasta la iglesia cristiana más fácilmente que desde el agnosticismo en el que realmente me muevo). Pero ya entonces, hace quince años, tenía arraigadas algunas de las ideas que ahora vierto aquí arropadas por pensamientos de escritores o filósofos que están de acuerdo conmigo. Yo, como Thomas Bernhard o los citados Astrud, creo que nada importa. Él lo dice así en su autobiográfico “El frío”: “La esencia de la naturaleza es que todo da igual…Estamos condenados a una vida, lo que quiere decir para toda la vida, por uno o por muchos crímenes, ¿Quién lo sabe?, que no hemos cometido o que cometeremos de nuevo, por otros después de nosotros… no nos aferramos ya a la vida, pero tampoco la vendemos demasiado barata…a veces levantamos la cabeza y creemos que tenemos que decir la verdad o la aparente verdad, y la volvemos a bajar. Eso es todo”.

Si, Thomas, nada importa. Somos muchos los que ya lo sabemos.

Desde luego mi amigo del principio del artículo era un sabio.

Y lo he descubierto ahora que desde que trabaja de taxista, no le veo.

Por las calles de Barcelona circula un filósofo que no soy yo.

08 junio 2008

Secretos


Nadie sabe que trabaja en Smallville pero odia los superhéroes



Últimamente noto que me cuentan bastantes secretos en el trabajo. Personas que se odian entre ellos me confían una información que mal usada por mí les podría hacer bastante daño. Eso en cuanto al grado de confianza que la gente me muestra es positivo. No puedo decir lo mismo en cuanto al grado de presión que me produce. Porque no todos los secretos son iguales ni se asimilan del mismo modo. Algunos son difíciles de tolerar.
Hay secretos que me dejan perplejo. No entiendo muy bien cuando me dicen algo como “no le digas a nadie que he ido al dentista a sacarme una muela, no quiero que nadie lo sepa”. En fin, puedo entender que no sea de tu agrado explicar una operación de fisura anal pero ocultar al dentista como si se tratase de un amante secreto o miembro del Opus Dei me parece un tanto excesivo.
Prefiero secretos del tipo “Nunca he practicado cunnilingus con una chica. ¿Crees que eso es importante para una mujer?” Bueno, no es el tipo de pregunta que sabría responder pero sí es el tipo de saber práctico que me encantaría enseñar. El problema de este tipo de confesiones es que no se pueden dar demasiadas soluciones. Como mucho ofrecer algunas páginas de autoayuda masculina como Tuporno, pornotube, etc. O ser totalmente falso y salir por la tangente: “No, no es importante. Las mujeres no le dan importancia a casi nada, no te preocupes, con que la lleves de vez en cuando a echarle pan a los patos ya estará contenta y no te cambiará por nadie”. El problema de esas confesiones es que exigen una respuesta por tu parte, un consejo.
Peor debe ser el que tiene que soportar de la chica a la que quiere un secreto como “Se la chupo muy bien a mi novio así que no sé qué más quiere” y luego pasa a explicarle todo lo que le hace al objeto de sus amores. Este tipo de secretos es de los peores. A nadie le gusta que le expliquen detalladamente el sexo que practica una persona a la que desea con otra persona a la que desearía lanzar desde un tren en marcha. Esas confesiones de la amada se las podría meter dónde al sufrido oyente le gustaría meter otra cosa.
Secretos más jugosos y soportables son los de temática laboral. Te viene un individuo que confía en ti y te explica que odia a otro del mismo puesto de trabajo. El otro no tarda en mostrarte que el odio es mutuo y pone verde al primero. Tú sabes que si le explicases algo a cualquier de los dos sobre lo que ha dicho el otro tendrías algo así como fuegos artificiales y verbena en el trabajo. Es por eso que debes callarte y limitarte a sonreír como un idiota cuando cualquiera de ellos te diga: “¿Te ha dicho algo el otro sobre mí?”. “No, no”, debes asegurar “A mí es que no me cuentan nada”. Pero claro, siempre está la maldad personal de cada uno y el hecho de que siempre te cae mejor uno que otro. A veces alguna fuga sí que se me produce en este asunto. Nada recomendable, por otro lado. Puedes pasar de ser Suiza(país neutral) a EEUU en pleno 11 de Septiembre de hace seis años.
Y luego los secretos inventados. Esos que también se llaman rumor y que tocan un poco las narices. Alguien con dos neuronas en el cerebro escucha mal porque no se lava los oídos algo y luego lo transmite a media voz con aire interesante pero de un modo falso a otro oyente que a su vez lo llevará a otro oído incauto y el virus estará servido. Los rumores son odiosos y casi siempre se sustentan en los deseos personales del frustrado que los inventó, en su estupidez por no entender bien la información que recibe o en sus deseos de venganza mediante la difamación. Es una pena que instituciones tan dignas como la Inquisición no sigan con su brillante labor hoy en día y por ejemplo se dediquen a castigar el delito de brujería. Porque brujería es decir que tal persona ha estado bailando en tal sitio en que no ha estado mientras estaba de baja. O que otra persona ha firmado un papel de finiquito para irse del trabajo cuando dicha persona sólo ha cambiado sus condiciones laborales. ¿Acaso ven ellos lo que nosotros no percibimos? ¿Tienen poderes más allá de nuestra comprensión? ¡A la hoguera con ellos! El único secreto a voces referente a ellos es que son imbéciles.
Es evidente que los secretos tienen su utilidad. Por más que todo se acaba sabiendo. Yo estuve años ocultando en los sitios más inverosímiles un diario personal que mi hermana no buscaba pero se acababa encontrando como por casualidad. Un viejo amigo mío aseguraba que lo mejor para que nadie sepa algo que no quieres contar es no contarlo a nadie. Y es que el deseo de aventar lo que te cuentan es casi universal. Sólo algunas mentes privilegiadas escuchan y callan y no cuentan lo que se les ha pedido que no cuenten. Pero la norma general es decirlo todo. Tenemos libros de Historia gracias a los bocazas. Me gusta la frase que pone el escritor de comics Brian Michael Bendis en boca de la Bruja Escarlata sobre la información de la prensa: “Tiendo a no creerme lo que dicen los medios. Espero diez años y leo el libro en el que cuentan qué pasó de verdad, pero que tenían demasiado miedo para contarnos entonces.” Sí, todo se sabe al final. Aunque a veces ya no te importe saberlo.
Es por eso que al igual que Poe en “La carta robada” siempre trato de poner mis secretos muy a la vista para que se disimulen mejor. Si la gente ve que no escondo algo tal vez sea porque ese algo no existe y todo es una broma. Eso es lo que deberían pensar. La única pega es que como escritor aficionado(y aunque fuera profesional daría lo mismo) toda la información que recibo se acaba convirtiendo en algo escrito. Me gustaría guardar mejor los secretos pero entiéndanme… ¡Soy un blogger!

01 junio 2008

Seguridad II



“Tal sitio (EFE).- Los Mossos d'Esquadra han detenido a 4 agentes de seguridad privada que trabajaban en el centro comercial X de Tal sitio acusados de robar en tiendas y bares de este centro comercial, según ha informado la policía catalana.

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Los Mossos recibieron hasta cinco denuncias de robos en el interior de bares y comercios, fundamentalmente perfumerías y jugueterías, todos ellos cometidos por la noche y de los que las cámaras de seguridad del centro no ofrecían imágenes de los hechos.

Todos estos indicios condujeron a los agentes hasta la empresa de seguridad encargada del centro y detuvieron a cuatro personas de nacionalidad española como autores de un delito de robo y de hurto.

Los arrestados también se habrían apropiado de los objetos robados que interceptaban a los ladrones que los hurtaban de las tiendas, ya que los vigilantes no identificaban a estas personas ni informaban a sus superiores ni a la policía.

El juzgado de Y ha decretado libertad con cargos para tres de los cuatro detenidos, y el cuarto ha ingresado en prisión por hechos ajenos a este procedimiento.”

Ya hablé de ellos en un pasado post(“Seguridad”). Los vigilantes de seguridad me parecían entonces un poco retrasados pero en el fondo entrañables. Uno de los del centro dónde trabajo me parecía muy simpático. Gordo como el policía de los Simpsons no daba la sensación de poder pescar a nadie ni aunque ese alguien fuese una tortuga robando verdura en el Mercadona de la primera planta. Pero era simpático. Nos pirateaba películas o series a unos, trucaba consolas portátiles o no portátiles, se daba paseos por el cine para charlar(esa era la tarea más agobiante, soportar una charla demasiado abundante con alguien con quién no tenía casi nada en común salvo los tebeos de “Mortadelo y Filemón” o “Mazinger Z”), se comía nuestras palomitas de colores mientras decía “mmm, calentitas, qué ricas, recién hechas” sin saber que estaban así gracias al calentador eléctrico del bar y que podían llevar allí tres días...

A veces nos entretenía al tercer encargado, más pesado si cabe.

Nos explicaba cómo acudía más rápido al comercio si ese comercio se portaba bien con él. Los de las hamburguesas le daban material para engordar su ya de por sí enorme culo y allí llegaba el primero si había problemas. A nuestro centro acudiría en segundo lugar(por las palomitas). Era un modo un tanto mafioso de entender la seguridad pero el tío era simpático. Ese acento andaluz nos lo hacía más divertido aún.

Nos contaba cómo alguno de sus compañeros más duros habían golpeado una vez a un tipo que había robado en no sé dónde por pasarse de listo. También nos decía cómo esquivar las cámaras de seguridad y dónde estaban colocadas en el centro. O cómo pasaba de llamarles la atención a los comerciantes que infringían reglas del centro si estos le daban su impuesto revolucionario o mejor dicho, pagaban el chantaje y le daban de comer.

Yo pensaba que las jugueterías, papelerías y tiendas sin nada de comer lo tenían mal para que las vigilasen como dios manda. Por más que la seguridad estaba contratada para todos.

Ayer vi la circular interna dónde hablaba de la detención de este tipo y de otro que ya tenía antecedentes penales y vigilaba el parking, un tipo que parafraseando a Houellebecq hablando sobre Sartre “era feo hasta rozar la deformidad”. En realidad eran cuatro los detenidos y hasta veinte los vigilantes de seguridad que la empresa sacó del centro.

¿Qué cara se te queda cuando tienes al enemigo en casa tal y como decían los titulares de los principales y no tan principales periódicos catalanes?

Yo pienso lo siguiente. Si te roba un seguridad eres primo al cuadrado. Primero porque te roba tu empleado. Segundo porque le has pagado al ladrón. Quiero decir que tal vez sea mejor no contratar seguridad de ningún tipo. Si te roban dos o tres niñatos que se llevarán cuatro cosas por lo menos ya te has ahorrado pagar la nómina del vigilante y los robos de este tipo que siempre serán a lo grande no como los del simple niñato.

Y es que si se le paga tanto a un dentista. ¿Por qué no a los vigilantes? Al dentista le pagamos tal vez por miedo y porque nos toca un lugar muy sensible de la boca. Al de seguridad no le damos mayor importancia. Nos pueden robar, matar, torturas y violar en un centro comercial pero los vigilantes siguen siendo los más desesperados de la cadena laboral. Cualquier tarado, gente con antecedentes, y hasta alguien con menos responsabilidad que mi sobrina cuidando las chucherías de otro niño puede trabajar de vigilante. Cierto exencargado mío con esquizofrenia, paranoia y la firme convicción de que todas las mujeres del mundo son lesbianas y le quieren quitar las novias a él trabaja desde hace un par de años en este gremio. ¡Lo juro! ¿No se podría profesionalizar más el sector? Es que para tener esto mejor no tenemos nada, ya lo he dicho más arriba.

Tal y como leí en un comentario de la noticia que incluyo: “Con los vigilantes de seguridad sólo tienes seguridad hasta que les preguntas algo y les oyes hablar”

Ahora ya ni eso.