08 enero 2009

Starbucks, Frappucino y mis tonterías


Suelo tener esta visión una y hasta dos veces por semana


“Un frapuccino de Moka sin nata, por favor”. Siempre que visito un Starbucks digo lo mismo. Y no voy allí por los sillones. Si dejase de comprar frapuccinos y pagar sus elevados precios podría comprarme uno bien caro yo. Voy por el frapuccino, ese granizado de chocolate y café en vaso de plástico grande. Pero “sin nata, por favor” es una parte de la frase que suele desaparecer cuando lo digo en esos locales. El hábito de los dos últimos años de hacer frapuccinos con nata ha convertido en blasfemia el acto de negar ese montículo blanco, grasiento y azucarado con una tapa especial más alta que te sirven al mismo precio.

La primera vez que me sucedió culpé a Pedro. Pedro es un amigo con el que frecuento restaurantes japoneses y Starbucks. Él suele decidir lo que tomamos los demás. Si quiere helado de limón pide igual para tí cuando vas al servicio aunque tú le hayas dicho antes que de chocolate. No era de extrañar que en el caso del frapuccino le culpase. “Estoy seguro que cuando has pedido los dos “Frappus” y te han preguntado ¿con o sin nata? has dicho que los dos con” “Si”. “Pero yo te dije que lo quiero sin”. Y entonces le vi esa típica sonrisa pícara suya mientras me miraba con sus ojos por encima de las gafas. Hasta ahí podía entenderlo. Pero luego llegaron los hechos paranormales, la persecución del blanco hacia mi persona, el horror ante ese color como el capitán Ahab en la obra de Mellville lo tuvo por Moby Dick más por blanca que por ballena. La nata me persigue.

“Sin nata, por favor”. Ya no era ni amabilidad, era súplica. Y luego llegaba el frapuccino elevado, hipercalórico, siempre “con”. Pensé que era porque a veces me atienden extranjeros que no hablan bien la lengua del país, que casi siempre el que atiende no es el que fabrica el producto y se pierde valiosa información por el camino, que se les llena el almacén de nata y hay que vaciarlo, que la gente que pasa de la nata cae mal como los no fumadores a muchos fumadores, que los que me atienden son robots programados… Pero allí seguía mi frapuccino ennatado. Recuerdo que un dependiente pareció vislumbrar mi angustia en una ocasión. Yo lanzaba malhumorado el tumor blanco y blando sobre la papelera del local mientras maldecía en voz alta a sus ancestros y se atrevió a preguntar: ¿Lo quería sin nata?.

Normalmente lo que me gustaría decirles a todos cuando me la sirven es cosas como “¿Os gusta llenarme la boca de cosas blancas porque eso también sé hacerlo yo?” Pero normalmente acepto lo que me dan o les pido que me lo quiten a posteriori o dejo que una mirada asesina a tiempo me evite palabras. No quiero perturbar el agradable ambiente de Starbucks con su hilo musical jazzístico, sus universitarios cultos y con ordenador portátil o en general sus tranquilos clientes semidormidos hasta que alguien llama por el nombre a otro cliente y les despiertan de su modorra.

Starbucks se ufana de haber creado un nuevo modo de tomar café, de hacer felices a sus clientes e incluso a sus empleados. Hay un libro publicado que es como una oda a este nuevo modo de vida y de vaciarte el bolsillo. El modo de vida de meterte la nata por huevos. ¿Y por qué regreso a por más a pesar de lo caro que es y de la nata? Pues porque soy adicto al Frapuccino.

Mi teoría es que un café de de casi cinco euros contiene algo más que cafeína.

Y lo que contiene puede venir de por lo menos Colombia.

12 comentarios:

maloles dijo...

A mí me gusta el mocca blanco. Pero es muy caro, joder... y el de cerca de mi casa está lleno de niñatos chillones y estúpidos. Pero bueno, ando un poco más y me voy a uno lleno de guiris rebentaós.

Y, acerca del libro... ejem.
Mi hermana (adolescente cursi en potencia), que llora con Crepúsculo y demás libros de la saga; y se pasa 20 de las 24 horas al día(sí, entre sueños habla también) suspirando lo guapo que es el vampiro-como-se-llame-actor-de-crepúsculo-la-película; dice que el libro es "demasiado" incluso para ella. Una mierda pinchada en un palo, puntualizando.
No te lo recomiendo.



Muas!

Meryone dijo...

crecí en una ciudad sin mcdonalds, así que tengo la inmensa suerte de (sí, ahora que vivo en otra con uno y hay uno en la mía, tampoco) no haber pisado nunca uno

hasta donde yo sé, starbucks todavía no ha llegado. pero soy capaz de no saberlo (soy muy capaz), así que pregunto:

casi cinco euros un puto café? por cojonudo que esté? por mucha nata que traiga?

joder!

sí podrías comprarte un sillón (o dos), sí...

las ventajas de vivir en lugares dejados de la mano del hombre, la civilización, la globalización etc desde que fueron capital de la cristiandad en la edad media

beso

Comtessa d´Angeville dijo...

Yo estoy un poco como Mary, donde crecí había un bar al que iban a beber los viejitos y jugar al dominó, y demos gracias de que al menos hubiera eso.

Recuerdo hace unos años cuando un ligue madrileño me llevó por primera vez a uno y... y a mí me da grimilla beber el café en vaso de esos. Las cosas se hacen en una buena taza!!!

.oO(MaryAna) dijo...

Mi marido me invito una vez y VAMOS!!! primera y última... jamás pagamos tanto por una mierda de café, encima no es que nos apasione... Pero pensamos: 5€ se te tienen que caer dos lagrimones como puños... Joder q mierda!!!! y vos flipao de la vida q pagas y pagas y pagas...

Shoori dijo...

Con lo buena que esta la nata!! aunque tambien es verdad que sin nata esta mas que bueno. Aunque como dices tu, puede ser que tengan un exceso de stock y quieran quitarsela de encima....

Houellebecq dijo...

Sabía que te vería por aquí, Peter, y sí Maryana, yo flipao de la vida que pago y pago y pago...

Vanity dijo...

La verdad es que tu relato me ha gustado, cuando he leído el título pensaba que destrozarías starbucks. Creo que no te planteas esa opción. Odio starbucks.

Pero lo que te escribes me gusta. En este caso, es lo que cuenta.

Saludos

Meryone dijo...

a mí también me gusta particularmente el sátiro con la doncella

y la doncella del dragón, que parece esculpida

y los pies de algunos

y el último, que es probablemente el más conocido y que representa al engaño de merlín. que lo sabe, que sabe que ella va a encerrarlo en una torre. y aún así, cómo la mira!

beso

Demóstenes dijo...

Maldito sea el Starbucks y sus buenísimos cafés de 4-5€ O_O

Yo estoy viciado a los Latte Macchiato (o como sea que se escriba). Eso sí, no me pido ni muffin ni nada así... que entonces ya sube que no veas xD.

Houellebecq dijo...

No, si el Muffin lo pido las pocas veces que no caigo en el frapuccino, todo de golpe es casi el precio de un menú en un restaurante.

Meryone dijo...

sigo fascinada con lo de los 5 euros del café. en serio

con lo que molan los bares de toda la vida con sus viejos jugando la partida y tu libro y tu cigarro, joder

también qué puntería, hijo! te vas a coger la gripe de vacaciones! yo me cargué el primer fin de semana del año, así que tampoco sé de qué hablo...

la negra sombra viene y va. y a veces soy más fuerte

otras no tanto

pero supongo que en unas horas de sueño, la venzo

beso

Meryone dijo...

si el cuerpo pide tele, malo... de cualquier modo, yo descubrí la gracia de ver series (son mejores que las pelis malas, que es lo único que tolera digerir el intelecto en una buena gripe) con mi gripe del año pasado

luego uno se vicia a las más tontas y es peor (sí, lo confieso: me he tragado las siete temporadas de las gilmore -empecé en la gripe y seguí- y voy al ritmo de los yanquis -sin gripe- con cómo conocí a vuestra madre y house -pero es que house es muy grande-), pero siempre están bien para grandes gripes y grandes resacas

mejor que las pelis malas, repito. y mi cerebro febril no soporta una peli de verdad. la soporta, pero no la disfruta y, para eso, mejor nada

qué sacaste de la biblioteca?

besos