21 mayo 2009

Una frase, un odio


Buitre carroñero en acción

Cuando paso por delante de la puerta entreabierta y le veo allí, sentado frente a la pantalla de un ordenador y con la mano derecha sobre el ratón, haciendo movimientos en semicírculo y desplazando el puntero que no veo pero puedo imaginar sobre la superficie virtual, compruebo que a pesar de que no le veo el rostro, ni sé lo que piensa o imagina en esos instantes en los que sólo se dedica a una tarea cotidiana, parece existir como un prejuicio en mí, no sé, algo relacionado con esa ligera pose encorvada y como de buitre sobre su presa que se mantiene o se debe mantener porque no la puedo ver desde dónde estoy cuando acerca su rostro a pocos centímetros de la pantalla, algo también prejuicioso relacionado con esa amplia espalda que se encoge de un modo que tan aprendido le tengo con los años y que para mí representa su eterna pose de “estoy a la defensiva” o “me lavo las manos” o “con todo lo que me esfuerzo por ti y lo poco que tú haces por mí” y en fin, toda esa serie de mentiras y bulos que nunca improvisa y que siempre, de un modo que ya le tengo muy calculado como ciertos periódicos calculan y te anuncian la hora exacta en la que el sol saldrá hoy sobre la ciudad, suele emplear conmigo o con los compañeros o presumiblemente con cualquiera de las personas que le rodean y de las que de un modo u otro intentará sacar algo y que a mí me quema el hígado, me hace odiarle más y compararle con animales tan relativamente feos como serpientes, babosas o el ya mencionado buitre y relacionarle a él y a todo lo que le rodea con la esencia del mal en su estado más primitivo y con la esencia de lo sucio, como por ejemplo también, a esa mano izquierda suya con uñas de carbonero que descansa sobre el reposabrazos de la silla del despacho y que relaciono con la traición, siniestra que descuelga sus dedos por debajo del nivel del reposabrazos a escasos centímetros de la otra pantalla de ordenador, la pantalla izquierda, dónde aparecen imágenes robadas por las cámaras de seguridad a los empleados y debajo de la cual(de la pantalla del ordenador) se puede encontrar un pequeño montón de invitaciones de cine para clientes descontentos por causas ajenas a la voluntad de la empresa con el nombre de la misma, una petición de disculpas y la posibilidad de ver sesiones entre tal y cual período de tiempo, objetos estos que sumados al tablón frente al encargado repleto de directrices a seguir por los subordinados, nombres de compañeros subrayados por ocultos motivos o la pizarra tras la espalda del hombre que describo escrita en caracteres de grueso azul de fácil borrado, o la figurita deslucida y sin brillo del Oscar sobre el armarito de la oficina que se quiso utilizar para una vitrina que al final fue abortada por escasez de ideas o de ganas de tener ideas, o el fax al que siempre he querido enviar insultos desde el anonimato, representan en ese breve vistazo al retazo de la dependencia como la viñeta de un comic dónde en el centro se sitúa el objeto de mi odio y los fondos se montan a partir de cosas que por su relación con lo malo son también malas, horribles, un retablo pintado a partir de pesadillas goyescas, un personaje y unos objetos que en conjunto son recordatorios manchados con el esputo de las acciones del personaje entrevisto a través de esa puerta indiscreta y al que aprendí a odiar una mañana de Paintball, cuando jugábamos empleados contra encargados y los últimos fueron humillados por los primeros y entonces, en ese final de todos contra todos para agotar la munición de pintura por la que habíamos pagado y él me preguntó si me quedaban “balas” y yo dije que no, el muy cabrón me disparó a quemarropa desde cerca creando hematomas en algunas partes de mi piel y hemorragia en el gemelo de la pierna izquierda y como una excusa a su brutalidad(brutalidad que los monitores de ese juego al que nunca quise ir, no debí ir y sin embargo me convencieron de que fuera nos aconsejaron no practicar y nos aseguraron que era peligroso eso de disparar de cerca) sólo me dijo: “Soy un rastrero, ya te dije que era un rastrero y no te tiene que sorprender que me comporte como un rastrero porque me gusta ser rastrero”.

4 comentarios:

Shoori dijo...

Hola tio!!! que te parece si quedamos el jueves que viene para ir al japo con Natalie? tengo fiesta ese dia y el viernes! Ya me diras algo!

maloles dijo...

Digamos que los apuntes jurídicos no son un consuelo para nada/casi nada. Juas.
Estoy de exámenes, así que es normal estar "ni fú ni fá"
Pero poco importa.
¿poner bombas en los escritorios se considera moving? Porque ese tío lo merece! xD

Muas!

S.C. dijo...

Vamos ya. Ni un punto, y ni falta que hace.
Saludos!!

LISSI dijo...

JODER K AGOBIO DE POST!!!!SUPONGO K ASI TE SIENTESW TU PORK ME LO HAS TRANASMITIDO DE TODAS TODAS....UFFF SENSACION DE AGOBIO MAS BRUTAL.