15 junio 2009

Leopoldo María Panero es real


Como sigo de vacaciones y sin ordenador propio y sobre todo, sin el cable de la cámara, incluyo foto ajena

Leopoldo María Panero.1948. Madrid. Hijo, sobrino y hermano de poetas. Poeta él también relacionado sin su consentimiento pero con justicia con el grupo de los Novísimos junto a Pere Gimferrer. Surrealismo. Loco real o perseguido desde que lo ingresan por desamor en un manicomio a los 20 años. Después llega también su repetido tour por las cárceles del franquismo. Allí aprende lo que sabe de la homosexualidad. Sadomasoquista confeso (sádico con las mujeres y masoquista con los hombres aunque sádico con estos si son bellos efebos). Sade. Amante de la cábala, de lo místico, de lo sucio y de lo bajo también. Poe. Alcohólico en tiempos. Aficionado a mojar el croissant en los charcos. Asesino fallido de su madre. Para compensarlo intentó resucitarla en su funeral haciéndole el boca a boca. Ingresado por su voluntad y escapando también repetidas veces por la misma del sanatorio de Mondragón. Actualmente sólo sale de los manicomios escoltado y con excusas culturales. La última era la Feria del libro de Madrid.

Yo estaba muy metido en su vida porque leía una biografía que saqué de la biblioteca sobre él y otra sobre su hermano Juan Luis (más las películas documentales que le han dedicado Jaime Chavarri o Ricardo Franco). El poeta maldito me fascinaba.

Cuando cerré las páginas del libro que hablaba de él hasta el 96 me fui a buscar alguna referencia suya por Internet. De un modo casi sobrenatural la primera página que salió me decía que esa tarde, mientras yo acababa el libro, él había estado firmando libros en el Retiro, en la feria de Madrid. Pero no podía ser. Una vendedora nos había dicho que ya no lo llevaban a la feria porque la última vez se bajó los pantalones o su incontinencia urinaria lo sacaba todo el tiempo de la caseta. La vendedora decía que en sus momentos de lucidez era un genio. Nada que no supiera yo a estas alturas.

Pero Internet lo afirmaba. Panero había firmado esa tarde. Y al día siguiente también lo haría. Se hablaba de “Sombra”, su último poemario.

Esa noche tuve dificultades para dormir. Aunque no le echo la culpa a Panero. Pudo ser el calor.

Y al día siguiente, sobre la 11 y algo ya estábamos N. y yo en la feria.

Yo no podía más y me acerqué a la caseta dónde sabía que le encontraría. Y vaya si le vi.

El monstruo era un señor de unos sesenta años, con la camisa abierta varios botones y descuidado, con una barriga cervecera que luego descubrí que no era tal (bebía Nestea después de su alcoholismo o su adicción a la Coca cola), con su inseparable cigarro en la mano, con la familiar ausencia de dientes en su sitio y el cada vez más escaso cabello menos desordenado de lo esperable en un loco. Reía con unos chicos de la caseta que lo miraban entre curiosos y nerviosos.

A mí no me gustan las fotografías ni las firmas con autores pero quería verle por una curiosidad más insana que la de su cabeza.

Echamos un vistazo a los poemarios frente a él. Le pregunté el precio a uno de los chicos y al escucharlo decidí a provechar los descuentos de la feria y comprarle el libro. Se lo pasé a N. que con ganas de juerga le pidió una firma. Él le preguntó su nombre sin mover casi las facciones. Ya no se reía. Parece que odia algo a la gente lo cual me parece una de sus más lúcidas actitudes.

Cogió el libro mientras yo lo pagaba y escribió algo extraño que parecía una variación de letra árabe que sólo entendería él. Puede que ni eso.

N. le preguntó si podía hacerse una fotografía con él. Leopoldo pareció animarse y salir de su letargo reptilesco y le preguntó: “¿Es para un periódico?” Ella, con candor pipiolo le dijo que no. Entonces el poeta hizo un gesto entre despectivo y airado con el cigarro y ni respondió. Yo llevaba la cámara así que disparé de todos modos.

N. sonríe en primer plano y Leopoldo bebe en segundo como si la cosa fuese con otro.

Cuando N. le dijo “muchas gracias” Panero estaba en otro mundo. Ni la miró, siguió bebiendo mientras miraba un punto indefinido del espacio, loco o tal vez refugiándose en esa locura para no atender al vulgo. No he visto miradas tan pérdidas desde la de Houellebecq y desde luego Panero se lleva la palma. No le sacamos nada más. En sus palabras, “mudo como un muerto”.

Me puse a leer su poemario detrás de la caseta.

La vida es puro terror

Terror de un alma negra

Que reza silenciosamente a la muerte

Que reza por un animal que no tuvo suerte

Y que llama con palabras silenciosamente

A la muerte

Cuando me volví le vi salir acompañado de uno de los chicos. Mientras este vigilaba, Panero se la sacó y comenzó una larga meada contra los setos del retiro.

Tan fiel a su personaje que no lo descuida ni durante un par de horas. Pero claro, la incontinencia tampoco se puede evitar.

De orines y de versos en su caso.

9 comentarios:

Comtessa d´Angeville dijo...

Puro terror

Marc Peris dijo...

Un dia vi una entrevista perpetrada por Dragó. Panero estaba muy mal, hablaba de una manera muy incoherente, con una especie de cubata en la mano. Pero me gustó un poema que leyó sobre las cárceles y los manicomios, cuestionaba la locura, y la supuesta normalidad de los otros.
Hizo un relato terrible de como presenció la muerte de su hermano por sobredosis.
Ese es mi recuerdo de Panero, en la pantalla, y sin saber quien era ese tio. Ahora tampoco lo se.

LISSI dijo...

pues aunk yo tampoco sabia de este escritor...me ha impresioando mucho la mirada k tiene en la foto y su comportamiento.
creo k la locura esta muy cercana a la genialidad...pork solo asi se pueden asomar al otro lado...a nosotros nos da demasiado panico ir y no saber como volver o aun peor no kerer volver...
(me ha gustado mucho el post)

Meryone dijo...

eres capaz de imaginar remotamente lo muchísimo que te envidio en este momento?????????

llevas el suficiente tiempo leyendo mi blog, sí. es posible

joder, qué envidia!!!!

besos

Neuroscopetrix dijo...

He visto la película El Desencanto.
Surrealismo de puro realismo.
La casa donde vivieron en Astorga está ahora engullida por las hierbas secas. qué fatalidad llegar a tal punto de sufrimiento.

Nai dijo...

mmmmmm no se si te fijaste pero siempre he tenido en mi blog linkada una pagina con poemas de Panero, por supuesto tengo el libro firmado en casa :P

Beso!

Alí Reyes H. dijo...

Lograstes una exclusiva que vale oro

concepto-aparte dijo...

El sufrimiento de los psiquiátrico siempre se refleja en el rostro, su letra es eterna. Aunque su "personaje" se vea lastimado por los cuerdos.
Me interesa más su obra, que las conductas de un mal obeservador.

Bowie dijo...

Gracias por el relato de los hechos. Yo tampoco puedo escaparme a la atracción de los tipos como él, íntegros en su cordura o en su locura, si es que no es lo mismo

va el abrazo