10 julio 2009

La imposibilidad del cambio


Esta misma nos puede matar

La historia demuestra que cualquier religión, filosofía, ciencia o en general cualquier expresión del pensamiento humano está sujeta a la inexorable ley de la renovación eventual. El cristianismo que profesó Jesucristo no es el que renovó Constantino siglos más tarde ni el de Constantino el de los diversos concilios que se han ido convocando con el tiempo. Ciertas “perturbaciones” en la sociedad han obligado a un lavado de cara eclesiástico y a una operación de marketing necesarios para mantener el negocio. En cualquier caso el tono prohibitivo y admonitorio de los viejos o los nuevos testamentos se sigue manteniendo. “Cambiar para seguir iguales”, sería la máxima a seguir. Y claro, ellos siguen tan hijos de puta como siempre.

Cierta cadena de supermercados franceses comenzó hace años con la filosofía del “todo más barato” para atraer público. Sus establecimientos no eran más atractivos que el alcantarillado de la ciudad y los productos parecían como recibidos de los comedores públicos para indigentes. Con los años, ya funcionando con un cierto éxito y acumulando colas de ahorrativos clientes frente a sus cajas registradoras, comenzaron a renovarse. Reformas de sus locales, mejor calidad de los productos, mayor higiene aparente, un servicio más eficiente para reducir el tamaño de esas colas o por lo menos para recortar los tiempos de espera… En definitiva, un cambio importante. Y esos supermercados han seguido manteniendo la filosofía y el motivo de su creación que era el todo más barato. Un auténtico éxito de adaptación a la idiosincrasia del país y a la de los tiempos de crisis que corren. Esencialmente siguen fieles a la idea principal de tratar con pinzas el bolsillo del cliente con escasos recursos económicos.

Cierta persona que conozco comenzó su andadura vital relegado al de compañero del colegio que sirve para desfogar la agresividad de los matones. Estos, justamente indignados y airados por no tener un cerebro que les permita decir o articular frases coherentes o aprobar más allá de la gimnasia, necesitan buscar tipos más perdedores que ellos a los que usar como saco de boxeo. Esta persona vivió una infancia y adolescencia de punching ball para este tipo de animales. Para no dejar de sumar desgracias tenía el mismo atractivo para las chicas que un bocadillo de hígado de cerdo.

Con el tiempo estudió, trabajó, ascendió, se hizo encargado, se puso fuerte en el gimnasio, se operó la vista y abandonó las gafas freaks que llevaba, comenzó a comprar camisetas ajustadas aunque algo amaneradas, se depiló, se cortó el cabello a la moda, etc. Realmente hubo un cambio importante en su vida.

Ya no recibe palizas habitualmente aunque se siguen riendo de él. Fiel a su filosofía de vida también sigue sin ligar. En fin… Los cambios radicales son difíciles.

A pesar de los ecologistas que con ojos amables aunque algo irritados por el humo de la marihuana la defienden a ultranza, la naturaleza es más bien torpe y escasamente imaginativa. No le puedes cambiar un río de curso sin que unas lluvias te lo devuelvan a su lugar habitual ahogando animales y personas que ingenuamente tuvieron fe en las bondades del drenaje. Hay como una imposibilidad de alterarlo todo o de girar ciento ochenta grados lo establecido. El cambio drástico parece no existir. Ni siquiera la gripe muta tanto que no se le descubran similitudes y por tanto remedios más tarde o más temprano ( la gripe porcina se asemeja tanto a otra de hace más de medio siglo que los vacunados por esas fechas pueden ser ahora inmunes).

En un mundo que parece en continua renovación y dónde los cambios se suceden frenéticamente y a golpe de modas, publicidad y consignas nuevas, el cambio es más un espejismo que una realidad palpable. Esa humanidad sigue siendo fiel a su esencial crueldad, su legendaria superstición (si no en la religión, en la ciencia y si no, en el tarot) y a su atávica estupidez. La única posibilidad de cambio real nos la ofrece el futuro con sus meteoritos apocalípticos, las estrellas cercanas que al morir nos acribillarán con los rayos Gamma que producirán sus explosiones o la segura muerte de un sol bajo el que nada nuevo sucederá hasta que nos elimine por completo de la existencia.

Aunque claro, ni siquiera la extinción de una especie es novedosa.

5 comentarios:

Neuroscopetrix dijo...

Da la impresión de que sólo nos mantiene vivos ejercer el cretinismo, la lucha o la desidia.
Muchos han dejado de creer en cualquier posible acción mínimamente honesta y loable. Lo malo es que eso supone quedarse en el camino, amargado.

Saludos.

Meryone dijo...

los ríos no son conscientes de sí mismos, pero los seres humanos sí y pueden cambiar la concepción que tienen de sí mismos. depende de su grado de inteligencia que eso les cambie o no la forma de relacionarse con el mundo. quiero decir, que se puede seguir siendo el mismo freak que cause burlas de los patanes de siempre pero que (ahora) sepa perfectamente que los dignos de lástima son ellos (y si no, como recomiendo siempre, que lea muerte de un viajante). en cuanto al sexo opuesto (o al propio o a lo que sea que le interese a cada cual -como si hubiera más-) realmente es cuestión de encontrar al tipo de ser vivo que te va y al que le vas tú. las películas a veces tienen razón y la capitana de las animadoras nunca jamás se va con el freak a no ser que al freak le quiten granos, gafas y cambien la forma de vestir pero, joder, hay chichas tanto o más guapas que la capitana de las animadoras (si es que necesitas que sea despampanante) que, simplemente, no tienen la necesidad de tener la actitud de "mira qué buena estoy". lo mismo para los tíos (o será cosa mía, que no me van ni atléticos ni canónicos ni mucho menos estos que llevan actitud de "mira nena, qué bueno estoy". no es que yo no les guste a ellos (que tampoco) es que muchísimo mejor, que son el tipo de ser humano al que debe ser muy difícil quitarse de encima

todo esto venía por?? ah, por el cambio radical. no existe fuera del programa de la tele

yo por lo de pronto me he cortado los rizos. por enésima vez y primera en no sé cuántos años

cambiar radicalmente? no... sólo una vuelta más en el eterno retorno que es como las espirales y muta un poquito cada vez

besos

ps. te he dejado uno creo que un poquito más coherente en el post de la fotografía

Vanity dijo...

"Sus establecimientos no eran más atractivos que el alcantarillado de la ciudad y los productos parecían como recibidos de los comedores públicos para indigentes"

cada día que te leo tengo más claro que eres, en realidad, Houellebecq o un líder Elohimita convertido en él.

Los supermercados "para pobres" me dan miedo, ya no por los productos, sino por la cantidad de gente acumulada un sábado por la tarde entre los infinitos pasillos, correteando y llenándolo de productos made in "?¿?¿". Acojonante, la sociedad de consumo avanza hacia el consumo de sí misma.

Saludos

Neuroscopetrix dijo...

http://neuroscopetrix.blogspot.com/2009/07/panero-el-desencanto.html

PDD20 dijo...

Mucha suerte en los Premios!!!