25 julio 2009

Un final razonado


El lema de los sindicatos me va quedando claro


El suspense es innecesario. Perdí de un voto contra el sindicalista vendido. Siete a seis. Mis votos a favor están tan claros que lo mejor es mantenerlos en el anonimato. Los siete en contra son fáciles de entender.

Uno del interesado, el sindicalista. Tres de los encargados.


El sindicalista embustero le explicó a las palomiteras que una compañera que no les cae bien las iba a denunciar a ellas por moving y que yo la apoyaría en el juicio (eso es tan falso que me resulta increíble que lo pudiera creer nadie). Pero una lo creyó. Y así perdí el quinto voto. La maniobra me resulta tan sucia y barata que si la veo en una película resoplo de indignación por la falta de imaginación del guionista.

El sexto voto es el de una persona que ya había considerado falsa, que me habían dicho que era falsa, y que a pesar de todo tenía el cincuenta por ciento de mi credibilidad cuando decía sin que yo se lo pidiera que me iba a votar. No me sorprende así que tampoco me indigna. Ni me enfada. Ni me cae peor por eso.

Como tampoco me indigna ya el séptimo voto de un operador que me odiaba o las maniobras de mi encargado. Ellos no engañan, sólo cumplen su papel.

Lo indignante es que alguien a quien conozco desde hace unos seis años, el sindicalista que hasta hace cosa de un año ni sospechaba que estuviese tan decantado por cubrir los intereses empresariales (debería actuar desde la patronal, no desde un sindicato obrero) haya caído tan bajo. Ha mentido.

Me encantaría que contase la mentira delante de mí y frente a las engañadas.

Y a pesar de todo un dato positivo. Hace dos posts hablaba sobre una persona de la que no esperaba nada. Buenos compañeros desde hace tres años me parecía, a mi pesar, una veleta que giraba dependiendo del lado que soplase el viento (su novio, el sindicalista, yo…). Pero a pesar de todas las presiones no quiso decantarse por nadie. Ni siquiera ocultó su voto. En blanco. No lo tenía claro y demostró que no lo tenía claro en las urnas. Con sinceridad.

Esta derrota con trampas no me ha enseñado ninguna humildad.

Mi compañera sí.

Es bueno cuando la gente te sorprende para bien. La costumbre no suele ser esa.

2 comentarios:

Neuroscopetrix dijo...

Houllebecq. ¿Hasta qué punto podemos hacer algo?
La tarea de salvarnos es ya suculenta y lenta.

Un abrazo.

LISSI dijo...

Hay Thor todo poderoso...yo tengo proximas las elecciones sindicales y esto es una merienda de buitres ...la cgt por un lado tirando y los ccoo por el otro y en el medio nosotros...unos agasajan con regalitos sindicales y los otros regalan huevos kinder!!!!...aun estoy flipando...no se si esto es una empresa o una guarderia...ahy joder se me callo el chupete...
Animo Houllebecq...almenos alguien te fue sincero...aki nadie lo es :(
Besotes