18 septiembre 2009

Feria

Confiaba que la crisis fuera el verdugo de las fiestas de mi barrio pero el esbirro me ha fallado. Como cada año Septiembre me ha dejado nueve noches de gritos de borrachos hasta altas horas de la noche, gárrulas despechadas igualmente borrachas clamando por sus príncipes cocainómanos, vejestorios buscando juventud en las improvisadas pistas de baile y al amparo de unas orquestas que ahora lo tienen peor(la SGAE además de apretar, ahoga), atracciones de tres euros el viaje y dos minutos el dudoso placer, alimentación de chiringuitos más perjudicial que todo el tabaco de la península y… ¡bien!, propuestas culturales.

Yo he aprovechado esas tardes de teatro, poesía y cine para ver qué se cuece en mi barrio o en las cercanías. Tal vez me encontrase con alguien de gustos similares o mejores que me aportase algo. Estaba claro que en la feria no se me iba a ver salvo por el hecho de pasear a mi sobrina cuatroañera que todavía es público del ruido y el gusto lo tiene como en construcción.

Dí una vuelta por las casetas dónde diversas personas se agrupaban con objetivos que iban desde la afición a la cocina hasta el desafío viril aunque un poco simplón del rugby. Allí había de todo y hasta algunas sorpresas. La primera me la dio mi sobrina que me llevó de la mano hasta una caseta dónde un montón de margaritas de plástico con la fotografía de un niño por cara se exponían como la asociación del Esplai al que iba ella. Una de las margaritas con la cara de un niño eclipsaba un poco la de mi sobrina así que deforme su tallo un poco para que ella destacase más. El guardia de seguridad estaba entretenido piropeando a féminas desde los cuatro hasta los ochenta años.

En el barrio había un tipo con un perro al que un amigo y yo solíamos llamar subnormal porque nos caía muy mal desde siempre. En la asociación de enfermos mentales a los que ayuda mucho tener un animal salía él en una instantánea acompañado de su no menos tarado amigo. Después de todo nunca le insultamos. Sólo le definimos.

Otro al que le teníamos respeto y no insultábamos porque nos apenaba un poco su hidrocefalia y el convencimiento de que realmente no estaba muy bien de la cabeza no sólo era Homo Sapiens sino que estaba su fotografía destacada en una asociación de poetas insignes del barrio.

Nada como esas casetas para ver algunos de los bastidores de la engañosa realidad.

El recinto para la poesía en una improvisada carpa fue decepcionante. Sólo gente mayor que confundía la poesía con el mercado y se saludaban a voces y sin sonotone mientras en el escenario poetas no menos mayores en edad pero muy inmaduros como artistas se trababan recitando, confundían la poesía con un espectáculo hortera de variedades y ripios de colegio, soltaban sermones de iglesia cursis en el mejor de los casos y soporíferos en el peor o en fin, demostraban que todo el mundo puede ser escritor o poeta pero casi nadie puede hacerlo bien. Muchos aplausos pero muy poco arte. Resistí casi media hora más fascinado por la capacidad del ser humano para hacer el ridículo sin darse cuenta que del nulo placer proporcionado por los versos. Soy un morboso.

El teatro estuvo un poco mejor. La sala estaba muy bien acondicionada en un edifico público y sólo eché de menos poder sentarme. El aforo estaba completo. Mientras veía “Ocho mujeres” y trataba de olvidar que las protagonistas que hacían de abuela, madre e hija respectivamente parecían tener la misma edad, algunas personas mayores entraron a oscuras en la sala. Estos lugares me hacen sentir casi un niño, el público no baja de jubilado. Una señora entró tanteando. Con su mano derecha se sostenía en su bastón mientras con la izquierda se sostuvo unos incómodos segundos en mi culo. Ni respeto a sus canas ni nada. Mucha desvergüenza es lo que hay. A cualquier edad.

En fin, otro año más sin sentirme parte integrante del barrio.

Será porque suelo salir más por el centro de la capital que por aquí.

6 comentarios:

Andrea dijo...

Me has hecho reír porque yo he psado exactamente por lo mismo estos días en la feria de mi pueblo, no quito ni agrego ninguna palabra, lo has definido perfectamente, hasta el morbo de quedarme observando el poco sentido del ridículo de la gente, fascinada con las actuaciones horteras. Tu con tu sobrina y yo con mi hijo de 10 años entusismado con las atracciones (no se hasta que punto seguras), y con los puestos de venta de..enormísimas chorradas, todos los años lo mismo, pero debo reconocer que este año la orquesta-banda que despidió las fiestas era buena, nos ha mantenido hasta las 5 de la mañana en la plaza del pueblo con música de los ochenta, de los noventa y los componentes tenían muy buena voz. Ops, lo siento me ha dado por escribir y me he extendido, un abrazo Houe, buen fin de semana.

Neuroscopetrix dijo...

Mañana trataré de leerte desde Astorga. Ahora el tiempo ocupado en preparar la bolsa de viaje y otras tareas.
Pasaré frente a la casa de los Panero y les brindaré un saludo de tu - de nuestra - parte.

maloles dijo...

Hmmm... en Valencia han inaugurado la "Bierfest". En fin, quemadita estoy... sin comentarios.

Muas!

Neuroscopetrix dijo...

Fiestas anodinas retenidas en aires de pasado.

Meryone dijo...

esto es como todo un gran barrio, así que nada

en cuanto a la poesía: no te da la sensación de que la gente parece no darse cuenta de cuando alguien lo hace mal? quiero decir, no es como si alguien desafina mucho o si no sabe pintar (yo desafino, no sé pintar y no sé escribir poesía pero la gente sólo se da cuenta de las dos primeras)

creo

besos

Ozymandias dijo...

Juas, juas, ¿el abuelo Cebolleta ya no recuerda cuando era el terror de las fiestas del barrio y las defendía a ultranza? Porque yo sí que me acuerdo... cómo cambia la genteeee.