17 noviembre 2009

Hola ¿Qué tal?


Iba a visitar a mi madre por el barrio que me vio nacer. Nadie me avisó que los riesgos eran evidentes. Me encontré con un “medio amigo-medio conocido” de la infancia. Los años nos habían cambiado pero no hasta el extremo de quedar desfigurados. Nos reconocimos inmediatamente. Él era dos años mayor que yo.

Le dejé que rompiera el hielo ofreciendo su mano. En los viejos tiempos nunca nos hubiésemos saludado así. Antes bastaba con un “eh, tío ¿y el capullo de tu hermano?” Ahora ni sus dedos abrazando los míos transmitían algo más que reconocimiento y una tibia sonrisa. Había un paréntesis bastante grave de experiencias entre su vida y la mía. Y luego estaba lo poco que recordaba en esos momentos sobre los viejos tiempos en común. ¿Éramos muy amigos? No demasiado. Él era mayor. Dos años en la infancia y adolescencia son como un par de décadas para los adultos. ¿De qué hablaba con él? El minutero se puso en marcha y ensayé un inteligente mantra que uso cuando pienso lo que debo decir: eeeeeeh… Luego, como este no funcionó usé el infalible: Pueeeeeees… Y lo rematé con un “cuanto tiempo” desapasionado que consiguió un asentimiento de cabeza afirmativo por su parte. Los primeros tres segundos de encuentro se habían salvado por puntos. ¿Pero qué podíamos decirnos aparte de esto? Yo recordé en un flash lo subrayado en mi memoria respecto a él. Tres cosillas nada más:

  1. Aquel día que yo estaba tan borracho que alentaba risas y bromas en mis compañeros de fiesta y hasta alguna que otra pelea con las paredes de ladrillos de un colegio, él me llevó en ese triste estado a casa. Fue el principio de mi casi abstinencia alcohólica posterior.
  2. Estaban jugando a tirar balones a la gente y yo fui un daño colateral que pasaba por allí. Él me preguntó si estaba bien y dijo que me apartase de ese juego tan bruto.
  3. Le recuerdo explicándome el mapa de manchas sobre los asientos de su automóvil. “Esta de aquí es de una corrida de la paja que me hizo X que saltó por encima de su cabeza y cayó justo en ese sitio. La otra mancha es de cuando me la comía Y. y se le derramó un poco por un lado de la boca. Esta otra… No sé. Es que el coche no siempre lo llevo yo. También están mis hermanos ¿Sabes?”

Y poco más. Después comenzamos a separarnos. Un “hola y adiós” desde lejos hasta ese día, en esa calle, a una distancia tan íntima que no podiamos decir hasta luego con la mano y largarnos. No después de no habernos visto las caras durante al menos un par de años. Obligados a decirnos algo por tácitas fórmulas de cortesía urbana.

Le pregunté por el trabajo y él me dijo que bien pero con inconvenientes. Si le hubiésemos preguntado a cualquier otro trabajador que pasase por allí hubiese dicho lo mismo. El tiempo estaba poniendo en su sitio nuestra relación: él era hermano de un amigo al que por cierto ya no veo. Solo eso. Un buen tío, por supuesto (ver los puntos uno y dos) pero ya está. Si no nos hubiésemos vuelto a ver puede que no nos hubiésemos vuelto ni a recordar.

Al final miramos nuestros relojes casi simultáneamente, como si quisiéramos sincronizarlos por algún motivo y yo le dije que tenía que ir a comer a casa de mi madre y él dijo que tenía que hacer algo que me importó tanto como a él lo de la comida con mi madre. Caminé aliviado y soltando el aire como si me acabasen de examinar.

Lo primero que mata el tiempo es la confianza. O la complicidad, no sé.

Es por eso que no dejo entrar a cualquiera en mi Facebook.

14 comentarios:

Andrea dijo...

Pues si, asi son las relaciones ocasionales, dependen de las ganas que tengas de alimentarlas para que continúen creciendo. Hay gente que solo pasa de manera fugaz por tu vida, otra que permanece, creo que depende de las cosas que tengas en común con ella. Yo sí dejo entrar a mucha gente en mi facebook, je, me gusta dar paso a nuevas amistades, dejar puertas abiertas. Me gustó tu texto, un abrazo :)

Silencios dijo...

Así es, después de muchos años y perder la comunicación diaria y fluida, suelen pasar estás cosas, pequeños chequeos de memoria rápida y controlada cuando lo que realmente apetece, es decir, Ey!! que pasa?? mientras caminas ....
En fin que complejos somos .....

Besos corazón, y mira sin conocerte, ainsss.

Daniela dijo...

Hola Houellebecq, te llamas como uno de mis escritores favoritos de hace algunos meses.
Me gusta como hablas con sinceridad del aspecto superficial de una socialización que se confunde con amistad. Interesante tema que debería ser más reflexionado.

¡Saludos!

Ferran dijo...

hay amistades que duran por algun tiempo, se consolidad y despues a pesar de eso terminan asi, en un encuentro ocasional e incomodo... saludos

y que hay de dejar entrar a cualquiera a tu blog? :D

Meryone dijo...

a mí acaba por pasarme siempre que me dejo caer en la ciudad terrible. claro, quedan amigos (pocos, no tanto porque no queden sino porque ya no lo sean) y toda esa gente cuyo nombre ni recuerdas ni te importa

e hijos de amigos de tus padres y vecinos y gente que iba al mismo colegio que tú y...

he dicho ya que odio la ciudad terrible? no? pues lo digo ahora

creo que me va tocando irme de esta también. antes de convertirme definitivamente en una de las que "se quedan"

besos

ROSA LA ARAUCANA dijo...

Me ha encantado tu relato vivencial.
Cierto es que la vida de cada uno es como un tren, unos pasajeros se montan en la primera parada y se bajan en la siguiente, van subiendo y bajando, otros se quedan hasta el final del trayecto...
Yo como tu tampoco dejo a todo el mundo entrar en FB, lo comparto ;)

UN ABRAZO LUMINOSO

LISSI dijo...

Uy k incomodas esas situaciones!!A mi me a pasado alguna vez y no se k decir,lo de ehhhh puessss esteeee ...joder k esperas k haya algo k rompa ese eterno momento...y no pasa jejje.
Me has hecho recordar alguna situacion similar.
Besos

Houellebecq dijo...

Pues sí, Ferran, cualquiera pero... ¿Me puedes decir qué sale cuando clicko tu nombre?

Tu vecina dijo...

Bueno los conocidos siempre serán conocidos, otra cosa es cuando nos encontramos a grandes amigos.
Un abrazo

Gaby dijo...

te puedo comentar que hay pocas personas que pueden dejar huella en tu vida. siempre eh pensado que el cariño amor y amistad, es el dia a dia, el compartir el disfrutar, el reir y el llorar junto a esa persona el tiempo es el peor enemigo de eso, cuando pasa el tiempo cada persona continua su camino y eso logra que en camino se queden muchas personas pero entren otras eso es la vida.....

Gaby dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Yob dijo...

Y es que el tiempo cuando se fusiona con la ausencia adormece relaciones humanas y convierte conocidos en extraños, sentimientos en rutinas y momentos en recuerdos.

Gracias por visitar mi blog, el tuyo está muy ameno. Te sigo.

Saludos.

Lola dijo...

me encanto tu relato y es muy cierto! muchas veces me ha pasado con gente que no veia hace mucho, tal cual!

@rielCastellanos dijo...

Hola, te felicito por el Blog, lleque aqui buscando en google la frase "ley de los promedios" que publicaste en el 2007, y veo que sigues publicando entradas, te felicio por eso, continua asi.