28 marzo 2010

No he vuelto pero sólo porque no me he ido




Estoy en otro lugar. En otro blog. Aquí se había metido mucho indeseable que sólo venía a husmear en mis asuntos y al que no le interesaba si escribía mal, bien o regular. Ni si tenía sentido del humor.
Me analizaban. Escrutaban mis frases buscando una referencia a sus miserables vidas. No es el tipo de fama innoble, pequeña, provinciana y salchichera que necesitaba.
Tampoco necesitaba que tomasen en serio el casi cien por cien de mis bromas. La ironía es privilegio de los inteligentes y a excepción de mis queridos desconocidos de otros blogs que nada sabían de mí pero me entendían mejor que los que me conocían en persona... mis seguidores se enteraban más bien poco y mal. Me busqué otra página libre del ruido de los necios. Pero no quise dejar los más de doscientos posts de este blog (aunque temo haber perdido los comentarios). De vez en cuando publicaré también aquí. Porque era mi blog y no tenía por qué cerrarlo. Porque si ellos lo querían tomar a mal era su culpa por entrar sin ser invitados, por no entender lo que leían y porque sí... Porque no quiero dejar de ser el hacedor de blasfemias. Aunque me queme.