30 mayo 2010

Poniendo la otra mejilla... la de los otros



Estaban puteando a mi amigo. Tenía un blog y toda la gente del trabajo lo leía. Luego hizo uno alternativo y personal y no se sabe cómo, dieron con él. Allí explicaba lo que sentía por una chica que le atendía en la cafetería dónde solía ir antes de trabajar. Sus compañeros no dijeron nada pero se limitaron a seguir sus andanzas y a jugar con sus sentimientos. Ella se sumó a la juerga. Le daba contestaciones y afirmaciones ambiguas a sus preguntas y luego acudía al blog “privado” de mi amigo para ver cómo le daba vueltas a lo que ella decía. Al día siguiente lo comentaban todos muy divertidos. El cabecilla de la banda era un tipo sin gracia, sin carisma y sin una vida privada propia y decente. Si él hubiese escrito un blog tal vez no hubiese hecho reír pero sí llorar. Sus alardes como bebedor de cerveza no ocultaban el tremendo alcoholismo que algún día le destrozará la vida.
Mi amigo dijo que se había enterado de la diversión a su costa por una ex compañera que se había pasado por el trabajo y le había advertido. Ella no comulgaba con el sentido del humor cruel de todos ellos.
Yo, experto en problemas por culpa del blog, tuve una de esas ideas maliciosas.
Dicen que si te atacan lo mejor es no hacer caso (pero siempre que haces eso los demás siguen cómodos en sus ataques y siguen atacando). La venganza es la justicia de los que no tenemos religión o superstición alguna.
Le dije que siguiera escribiendo el blog que tanto les gustaba. Yo le di mis palabras y él ya se encargaría de adaptarlo a su estilo. Este sería más o menos el borrador de post y la línea que debía seguir a partir de ahora:
Post 1-“Hoy el cabrón de mi compañero X me ha confesado algo: “…soy gay. Espero que no se lo cuentes a nadie. Sé que todos piensan que me gustan las mujeres del tercer mundo porque son las única que me hacen caso y por conseguir los papeles pero… en realidad lo que me gustan son los hombres. Hay un compañero del que estoy enamorado…”
En fin, que cada uno haga con su vida lo que quiera. Yo en eso no me meto. Pero que no vaya de machito por la vida”
Post 2- “ La zorra de la cafetería y digo bien, zorra, me ha demostrado que no merecía mis palabras de amor en este blog. Todo el tiempo me está hablando mal de mis compañeros. Que si el gilipollas de X que parece gay que no me deja en paz y sólo me quiere para follar, que el otro ya le gustaría tenerme porque yo soy la mejor… En fin, es una mal hablada y una cotilla. No me pasaré más por esa cafetería. Además, hay una chica que me ha enamorado de verdad. Ahora que me he quitado “la venda” veo la realidad tal y como es. ¿Cómo he podido estar enamorado de una chica tan fea?”
Nadie le dijo nada pero seguro que lo pensaron.

23 mayo 2010

Rancias derechas

En el gimnasio hablábamos de todo un poco. Yo le conocía de otro lugar pero allí nos reencontramos. Entre pesas, sudor y una monitora que estaba muy bien y un monitor que también pero para ojos más femeninos que los míos.
Mi amigo tenía un problema. Salía desde hacía un par de años con su novia y todavía no había… titubeaba… no habían… ella no quería hasta que se casasen... Sí, bueno, que ella no se dejaba follar y él arrastraba su calentón y su virginidad como una condena y un lamento que yo escuchaba como si una máquina del tiempo me hubiese llevado a la época Victoriana pero no, era el presente. Todo el mundo se estaba liberando. Incluso los curas. Pero ella no. Lo que tenía bajo las bragas era un premio, para un hombre siempre lo es, pero de los sobrevalorados en este caso. Su mentalidad puritana o católica o Victoriana como ya he señalado o vete a saber qué, le impedía pasar de los besuqueos y ocasionales y sobre todo desesperados manoseos sin más objetivo que el dolor testicular de mi amigo, a maniobras más acabadas. El sexo para luego, no fuera a ser que el macho se escapase antes de la boda por desaprobar el género.
No supe del final de esa historia hasta años después. Sé que se casaron y se sacudieron esa abstinencia. Estoy seguro porque dos hijas atestiguaban al menos dos polvos (sin contar las posibilidades fallidas que hubiera para acertar dos veces).
A él le encontré por casualidad y charlé. No hablamos de ese tema, claro. Era evidente que estaba superado. Y él se veía bastante más seguro de sí mismo. Ella había superado también su aire de mojigata o de monja de clausura de escapada y arrepentida de dicha escapada, con los ojos como platos ante la impureza del mundo circundante. Seguían siendo conservadores de derechas de las de antes (sin filtros dialécticos) y defensores de lo convencional hasta el punto que a ella le caía mal cualquiera que no comulgase con su credo aunque sólo fuera por hablar más alto de lo que el buen gusto (según su patrón limitado del buen gusto dictaba) ordenase.
Con los años y al margen de su orientación política él se había vuelto un poco golfo. Aprovechaba el exceso de trabajo para hacer alguna escapadita al puticlub (y se los conocía muy bien). Se reía rememorando esta o aquella mamada extramatrimonial, su placer oculto preferido.
Ella aún mantenía algo de su aura de catolicismo rancio pero las enseñanzas de Cristo se las pasaba por el coño. Delataba a los demás, no le importaba mentir de vez en cuando, era rencorosa y vengativa, desagradecida, no entendía ni un pimiento al prójimo y si ponía una mejilla mejor ponía la del que le había parecido a ella que la golpeaba (y no siempre era así, a veces era impresión suya).
Lo cierto es que la mentalidad de ciertos conservadores me supera. A su manera son más liberales que los ateillos supuestamente progresistas como yo. De hecho suelen pecar con más ganas e intención que yo. Y es que a pesar del título del blog poco puede blasfemar quién no cree en nada. Pero sí puedo hablar de las blasfemias de otros y de que a mí, a veces, también me escandalizan.
Como señalé más arriba, una pareja de derechas de las de antes.
Hipócritas a no poder más.