31 julio 2010

La relativa importancia de todo



Tenía que elegir entre dos excompañeras de trabajo. Una podía quedar a la hora de la comida y la otra a la del café. Me quedé con la comida. La del café no se quedaba sola. A esa hora podía quedar con un excompañero del mismo trabajo. Los cuatro habíamos “servido” como samuráis al mismo señor, un gerente ni mejor ni peor que otros gerentes. Durante un tiempo habíamos estado unidos por los estrechos lazos de una tarea común. Nuestras nóminas nos llegaban firmadas por el mismo vicepresidente de la empresa y estaban manipuladas por el mismo jefe de personal que nos había elegido. Más o menos así.
Mientras comía con mi amiga ella me explicaba las nuevas aventuras en la empresa. Yo ya no estaba allí. Pero daba igual. Era más de lo mismo. Se renovaban contratos pero no personalidades. Los hijos de puta de siempre lo seguían siendo y los que recibían la peor parte del trabajo por pasivos la seguían recibiendo igualmente.
Recordé aquel trabajo. La pizza estaba más fría que esos recuerdos. Qué importante parecían esos compañeros vistos de cerca. Todo significaba algo y era asunto de estado. Un horario injusto, una evidente preferencia del jefe, el hecho de no ir a una cena de empresa o sí, lo que cierta persona había comentado sobre otra… El mundo giraba alrededor de ese pequeño mundo. Había lazos con ciertas personas que parecía que serían eternos. Había ciertos errores que te podían costar una noche en vela. “Esto no lo he hecho bien, mañana habrá graves problemas…”. Era el mundo de fuera el que se quedaba pequeño ante la magnitud de ese microcosmos laboral.
Y luego me fui. Por motivos personales. Y todo tomó una nueva dimensión. Perdí el contacto con gente que parecía imprescindible en otros tiempos y esa gente no se preocupó por enviarme tampoco ni un saludo a distancia. En poco tiempo se me había enterrado sin funeral en ese lugar. Con la vida que les había dado con mis movidas…
Pero no me sorprendía. En mi vida de Factotum como la de Bukowski, he pasado por lugares de todo tipo. Suelo rememorar en este blog los más infectos porque suelen ser los más fáciles de “literaturizar”. Decenas de rostros con los que he establecido buenos lazos de complicidad laboral y luego he perdido tras una carta de despido o una actitud de dimisión (cuando no me echan me voy). Apenas me quedo con un uno por ciento de todos los que he conocido que siguen llamándome más allá del recinto de la empresa.
Paseo con mi amiga argentina. Hablamos de temas muy frikis. Si hablásemos sólo de trabajo ya nos tendríamos que haber despedido. Esa aburrida conversación laboral no hubiese llegado más allá de los entrantes en el restaurante. Pero compartimos otros temas. Eso salva nuestra amistad. Sólo es real porque no la condicionó lo aleatorio de la faena compartida, sino la afinidad que había entre nosotros.
Me invita a un granizado de fruta en un famoso mercado de Barcelona y acabamos sentados en un banco de madera del puerto, delante de unas espantosas y sucias gaviotas.
Constatamos que podemos seguir hablando algunas horas sin demasiados silencios incómodos y quedamos para algún otro día. Queda pendiente la quedada con S., la chica que se decantó por el café con J. .
Nos separamos. Cualquier trabajo es eso. Una comunidad de personas que se reúnen, que se implican en lo más nimio, que hacen importante el detalle más pequeño y fugaz para no aburrirse más de lo normal y que luego, cuando te vas, desaparecen para ti y tu para ellos (sólo quedan los buenos). Efímeros como una tormenta de verano.
En la vida real no es muy distinto pero se disimula más.

28 julio 2010

Las corridas de toros no me producen orgasmos


La Dirección General de Tráfico me obliga a llevar cinturón en cualquier turismo. Por mi protección. Mi muerte o suicidio no debería atañer a nadie más que a mí pero si no llevo el cinturón pagaré multa. El estado es nuestro padre. Cuando no nos podemos valer por nosotros mismos o somos unos inconscientes se pone duro y no, no nos castiga sin ver la televisión, eso nunca, pero sí nos pone multas.
Lo anterior no es del todo negativo siempre y cuando se mida a todo el mundo por el mismo rasero. Un ejemplo que me viene a la cabeza y que es de rigurosa actualidad es el de los toros. ¿Por qué el estado le permite a un torero jugarse la vida sin cinturón contra un animal que de todas formas no le ha hecho nada? ¿Por qué él sí se la puede jugar y ganar dinero con esa ruleta rusa contra los cuernos de la muerte y yo no me puedo estrellar tranquilamente contra un parabrisas después de un choque frontal contra la trasera de un camión?
Pero Cataluña ha dicho que no a los toros. Es la noticia del día. Ahora los toreros catalanes que se queden aquí estarán seguros (como lo estoy yo cuando me pongo el cinturón de seguridad para no pagar una multa y gastarme el dinero en libros).
Si todo se redujera a eso…
No entro en el debate del dolor de los toros. Es demasiado obvio. Yo soy antitaurino porque eso no es cultura como lo quieren defender (sería también cultura coger a todos los practicantes del cristianismo o cualquier religión que no le gustase a un hipotético estado laico y radical y lanzarlos a los leones pero hay costumbres que se van perdiendo porque por encima de la cultura parece que están los derechos humanos, no te jode). Ahora los animales también tienen derechos y me alegro.  Ellos matan por supervivencia. Nosotros dimos el paso de matar sólo por el placer de hacerlo y así nos va.
Pero aquí eso se ha acabado. Por más que odio las prohibiciones y amo cantar con Sabina eso de “prohibido prohibir”. Pero este final me alegra. O me alegraba hasta que vi un político oportunista decir que esto es una conspiración catalana para eliminar cualquier atisbo de cultura española en Cataluña. Se me acabó la diversión. Cuando aplaudí en contra de las corridas (las de toros, obviamente) ni se me pasó por la cabeza el candente tema Cataluña versus España. ¡Qué ingenuo! Y yo que pensaba que solo defendíamos a unos bravos y fuertes animales.
Pero no me voy poner como un ídem. Esta noticia traerá cola pero no la de los toros. Esto es más importante de lo que parece. Por más que en Cataluña no se han prohibido los toros. Sólo se ha prohibido torturarlos y asesinarlos para alentar las erecciones y el flujo de los sádicos-as.
El debate político que se avecina promete ser siniestro. Los amantes del morbo y la crueldad no tienen por qué sufrir. En Cataluña empieza la veda contra el toreo pero se levanta la veda contra los políticos de la oposición (y contra los taurinos, antitaurinos, catalanistas, nacionalistas españoles, etc.).    
El ser humano se caracteriza por la división o la resta por encima de la suma y la multiplicación.  

20 julio 2010

Ocupado


 A veces también veo dibujos animados como los niños




Llevo una vida muy atareada. La mitad leyendo, la otra mitad viendo la televisión. Si puedo. A veces me interrumpen. En teoría mi dirección de casa es sólo para los elegidos. Pero hay muchas almas perdidas. Hoy tocan unos testigos de Jehová. ¿Son testigos? ¿Lo vieron? Me llaman por mi nombre. Parecen conocerme. Al parecer estuvieron aquí hace tiempo y yo les atendí muy bien(ni me acuerdo). Antes me los sacaba de encima de un portazo. Ahora me hago mayor y solo les sigo la corriente. Les digo que sí a todo y cierro la puerta y arrojo el folleto que me han dado a la basura. Era para una de sus reuniones a lo grande en el Palau Sant Jordi de Barcelona. Allí vi una vez a Depeche Mode. Parece que los testigos de Jehová van creciendo con las donaciones de los tontos que no sólo les siguen la corriente sino que se dejan electrocutar por ella.
Toca leer. El calor no me da para moverme más allá del espacio entre el sofá y el sillón. Pero también toca el teléfono. Llaman. Me pongo. Me ofrecen un análisis gratis del agua. No hace falta. Ya sé que es mala. La compro en botella. Insisten. Sé que puedo colgar abruptamente (como antes) pero este tipo de teleoperador que vende en casa me molesta más. Los de las encuestas los tolero mejor (el otro día le caí tan bien a una chica que me hizo una encuesta de un cuarto de hora, que me sugirió trabajar con ella en la empresa sin pensar que respondo bien pero a lo mejor no se me da tan bien lo de preguntar). Pero los que me venden con la excusa de que me regalan algo… pues me caen peor. Le doy cita. Se sorprende. Esperaba un poco de juego. Tal vez que yo pusiera alguna pega. Que ella tuviera que convencerme más. Pero no. Quedo con ella un día a una hora determinada. Que me haga esa prueba gratis del agua. Lo que no sabe es que le he dado la dirección de uno de mis vecinos más odiados. Típico de mí. Enfrentar lo que no me gusta mientras me voy a dar una vuelta o me tumbo en el sofá.
Quiero leer otra vez pero el teléfono insiste. Son de Ono. Me interesa. Me preguntan si estoy contento con el servicio. Les dije que el día tal a tal hora perdí la mañana y salir a jugar con mi sobrina porque estuve esperando que me llamaran para encriptar la conexión. Les digo que tuve que encriptarla yo con un manual y gritando a un dios en el que no creo insultos varios porque no me salían bien las cosas. Añado que casi tiro el ordenador por la ventana en uno de mis ataques de ira contra la gente que te hace quedar una mañana en casa y luego no aparece.  La chica con la que hablo me dice que es solo un formulario rutinario. Me vuelve a preguntar si estoy contento con el servicio. Esta vez sí. Esta vez cuelgo. Y luego pienso que eso ya es toda una respuesta.
Llaman a la puerta. Hay un tipo que se empeña en dejarme revistas de su inmobiliaria por más que le digo que no quiero vender el piso, que lo comparto con mi ex que tampoco lo quiere vender, que no… Pero allí está. Me pregunta si estoy ocupado. Le digo que sí y cojo la revista. Luego dice que ya volverá. Le despido con una sonrisa para que se vaya antes pero pienso que yo no estaré cuando vuelva. Aunque esté. Para algo se inventaron las mirillas, digo yo.  
Luego recuerdo que tengo que ir a pagar la contribución urbana al banco y no está abierto a todas horas. Vestirme. Ducharme. Hacer la comida. Pasar dos veces la fregona con agua y lejía por el rellano porque he visto el cadáver de una cucaracha y la fobia me mata. Pensar que el átomo de un insecto vive(o no) en mi rellano me da pesadillas.  
El día transcurre entre esa y otras tareas. Es un día de ocio, totalmente festivo y entregado a mí mismo.
Hay días de trabajo en los que no acabo tan agotado.

14 julio 2010

Algunos inconvenientes del verano para mí


Hace días que no duermo bien. Tengo un pulso con el calor. Siempre pierdo yo. Es hacerse de noche y detenerse el aire. Y yo sin aire puedo morirme pero no dormirme. A esto no se le llama insomnio, es sólo falta de sueño por motivos que se pueden alegar. El verano me arroja todo el tiempo hacia mí mismo. Paso más horas lúcido (es un decir) y pensando. Debería salir a la calle pero tengo fobia a las cucarachas y el calor las saca al fresco de sus alcantarillas, ellas tampoco pueden dormir y salen a pasearse y a darme asco en extremo, a demostrar que no puedo ser el hombre sin miedo ni aunque no me importe morir porque están ellas para dejarme en ridículo y en estado post-traumático.
Los inconvenientes de seguir despierto. Dar vueltas sobre la cama y preguntarme sobre hechos pasados que no regresarían de estar yo un poco más ocupado. Darle vueltas a temas que creía acabados y recordarlos, desatar esos cabos anudados y dejarlos sueltos de nuevo. Me encanta darle puntapiés al pasado pero este me suele coger del cuello cuando me aburro. ¿Y me puedo aburrir más que intentando dormir sin éxito? El pasado siempre vuelve aunque no quieras.
El calor me enfada pero no tengo a nadie a quién echarle la culpa. Así que ya tengo asegurado mi propio infierno como no bajen las temperaturas. Y sé que el ordenador es una opción equivocada. Si lo enciendo pasaré toda la noche en vela. Tal vez la televisión.
Pero quedarme horas en la cama o en el sofá sólo es la forma más estúpida de conjurar mis viejos fantasmas.
Anoche estaba tumbado. En mitad de la noche regresó el tema que suele atormentarme regularmente. Mi fantasma se apareció. Me vi con él de la mano repitiendo hasta el aburrimiento las calles de Barcelona y de alguna otra ciudad. Mi fantasma me paseó por cafés, restaurantes, playas, algún hotel, millones de semáforos y la moqueta de un cine.
Tenía nombre de mujer y todo el tiempo me preguntaba que por qué la había dejado si la quería.
Yo, a pesar de los cientos de horas que había tenido para pensarlo seguía sin respuesta.
Ni para ella ni para mí.
Tal vez estas noches en vela.

10 julio 2010

Estos telediarios me están matando


Nuestra periodista estrella, perfecta en el estudio aunque no tanto a la luz del sol



Hace unos días descubrí que seguimos viviendo en la Edad Media. Fue un escritor patrio el que dijo imaginarse el año dos mil con naves espaciales y luego encontrarse con que España alababa a un señor mayor que contaba chistes y decía cosas como “Jarrrrl” o “Comoooooor”.
Similar decepción tengo en el año dos mil diez. No soy nacionalista ni de mi tierra, Cataluña, ni de mi país, España. Tampoco soy un desertor. Es solo que soy más consciente de lo que me inspira una mujer que de lo que me inspira una aleatoria porción de territorio. Por más que las relaciones hombre-mujer también sean aleatorias.
El mundial me está motivando algo más. Sin gustarme especialmente el futbol estos partidos los estoy disfrutando. Veo un buen puñado de hombres de territorios que la política quiere enfrentar llevándose bien en el terreno de juego, once jugadores que parecen un solo hombre a pesar de que juegan catalanes como Pujol con gente del centro como Casillas.
Pero no es este mi tema. Lo que no soporto es ver que existe gente fabricando supersticiones que creía perdidas en los siglos oscuros. Tenemos un palco de oro para ver cómo se engendra la estupidez de amuletos, profecías y estupideces varias. Toda la actualidad de la prensa de hoy (ayer también) ha sido para un pulpo que según dicen vaticina el triunfo de España contra Holanda. Un pulpo que no sólo no domina nuestro idioma sino que tiene una recompensa muy dudosa. Todo el mundo en España está preparando las tapas de sus congéneres para mañana. En caso de que el pulpo fuese brujo la gentuza se va a comer a su familia. Así le pagan la buena noticia que ha dado. Si yo fuera el pulpo haría perder a la selección por ese genocidio. Pero lo gracioso es que ya encuentro gente que piensa que comer ese animalito marino le dará suerte al equipo español. A pesar de que hay animales como un periquito que dicen lo contrario. Pero claro, el horóscopo solo lo creemos cuando las noticias son buenas.
Todo el mundo busca amuletos improvisados como los San Fermines y ponerse pañuelos porque ganamos un partido el 7 de Julio. En algún lugar alguien pensará que el día que ganó España un partido difícil fue porque le estaba dando una buena paliza a un tipo en la calle y mañana saldrá con un bate de beisbol a ver si golpear en el cráneo a alguien nos da el mundial.
Todo un día sin actualidad internacional, nacional o local. Y entiendo que estemos motivados por ese deporte dadas las circunstancias (yo lo estoy). Pero cuando ya no hay más noticias que ofrecer y los jugadores que habitualmente hablan poco, mal y sin substancia (no los saques del césped) se han callado… ¿Es necesario pasarse un día de televisión entre el pulpo Paul y las pescaderías de toda la nación? Yo desde luego creería más en los vaticinios de un burro. El burro representa a los catalanes pero hoy he visto muchos españoles claramente inspirados por la estupidez que se le achaca a este animal.
Mañana, ganará o perderá España. Y eso no lo sabe ni Paul el pulpo ni los animales del zoológico o los que están fuera de él, muchos más. Ni siquiera será lo que Dios quiera.
La respuesta está en las piernas de veintidós jugadores.
Un poquito también del árbitro.

06 julio 2010

En blog feliz (y premiado)


Me sumo a la polvareda de egos engrandecidos que ha levantado la célebre bloguera InfiniteRebel.
He ensanchado tanto que no quepo en mis tejanos.
Reparte premios a la originalidad en su blog y me dedica una hermosa frase que yo, vanidoso hasta el vómito, corto y pego aquí: “Houellebecq, del blog En blog hostil, por como escribe y por su rebeldía.”
Me gusta que sea una rebelde infinita la que aprecie mi propia rebeldía. Pero más la escritura. Eso ya me ayuda a sobrellevar mejor este verano que tanto daño me hace.
Y todo eso después de que Lissi, otra bloguera a la que podéis clicar sin problemas a mano derecha de mi blog (Aún así te lo cuento), me citase la semana pasada en su bitácora cuya cara ha lavado muy recientemente (es una de mis fieles y toda mención es poca).
Pero sé que todas estas palmaditas en la espalda pueden aburrir a los que esperan guantazos y vienen en busca de carnaza por aquí o por los programas dónde sale Belén Esteban. No os preocupéis. Ya me pondré las pilas y repartiré leña en breve ¿Valeee? De momento dejadme flotar en estos apacibles éxitos. Un día me animaré y comenzaré a dar premios yo también. Y seré muy elitista así que ya podéis esforzaros. En cualquier caso InfiniteRebel, ya se lo escribí en el comentario, ha premiado un blog que leo a diario y que no me decepciona nunca, el de Abalorios. Es una bloguera de las de verdad, de las de entrada casi diaria. Yo lo máximo son tres entradas por semana (casi nunca) o una como mínimo (casi siempre). No doy para más. Soy primitivo. Mis peripecias lo demuestran. Lo mucho que he leído sólo sirve para que la gente con la que hablo cinco minutos no detecte al Neandertal que llevo dentro. Pero si rascas un poco la pintura… Ahí estamos mi cerebro reptil y yo y mis instintos primarios. Pero ya está. Mañana será otro día y volveré a escribir como si nada hubiera pasado. Algo me impulsará a decir lo que pienso en este espacio (tal vez lo leído en algún blog que me indigne, tal vez lo que ocurra en el telediario que también me indigne, tal vez lo que sucede cuando se me descarrila una neurona y pueda indignar yo a alguien…). De momento yo, como el personaje de la última entrada de Abalorios (muy fresca, muy rica) me voy a dar vueltas por la red y por las palabras ajenas.
De las mías hoy ya estoy harto.

05 julio 2010

Mi mala prensa en los bares


¿Cuándo y dónde y por qué comenzarían los bares a comprar prensa para use y disfrute de clientes? No lo sé. Ni siquiera se sí existe alguna absurda estadística que ofrezca datos sobre si esto es más o menos positivo para el negocio. Comprar un diario es poco más que gastarse un euro. El diario o el café, puedes elegir. Si eliges café puedes tener los dos, si vas al kiosco a por un diario no te darán café. Está claro que los bares gozan de más prestaciones. Y a juzgar por las caras rapaces de dos o tres hombres que observan a otro que lee y esperan que deje el periódico para cogerlo antes que sus competidores… El tema es más importante de lo que parece.
Tienen la biblioteca para leerlo y también es gratis pero esta abre por las tardes y la prensa, no menos embustera que las mejores ficciones, está cargada de pequeños culebrones que siempre te dejan con un continuará y una cierta ansiedad que se traduce en esa urgencia por leerla de buena mañana. Las tramas de corrupción, ciertos relatos sobre hostilidad entre países, los intercambios de insultos y retórica fuerte entre políticos… Todo esto tiene su público entregado y ese público está en el bar. La mayoría acude a por la prensa deportiva pero también los hay para la mal llamada prensa seria. Esa es la que yo disfruto. Y es que a veces consigo antes que nadie el diario y si veo a los malcarados buitres mirándome y deseando que avance con las páginas, me deleito con el diario. No hay un tiempo establecido para hacerlo. Termino un café y empiezo otro con leche y en taza grande de la que tomo pequeños sorbos.
Dos horas después me odia una buena cofradía de clientes del local.
Pero no me pueden decir nada y eso me hace disfrutar de todos y cada uno de los artículos. Y si lo hacen, si rompen la barrera y me piden el diario y cometen el error de no ser educados ni cívicos… peor para ellos.
Los mando a hostias a la página de sucesos de mañana.
Y en el hospital no hay prensa gratuita.