27 septiembre 2010

El blog que me vuelve hostil a la gente

Dividimos la tarde en dos, para ella la siesta post-coito y para mí su ordenador. Pero ella terminó el sueño antes de lo previsto. Justo lo que le ocupó llegar hasta la pantalla y ver cómo editaba una entrada mía que no me acababa de convencer. Y claro, preguntó que si tenía un blog. Y yo le dije que algo sin importancia. Y ella no me creyó y me pidió la dirección del blog. Yo no le respondí más que cerrando todas las ventanas abiertas. Ella se picó y a mí no me dio la gana rascarle. El blog no es para nadie que relacione lo que escribo con mi cara. Es una forma de preservar la estructura de mi rostro libre de golpes.
Nadie que me conoce me ha leído nunca sin prejuicios. Están los criticados y su justa cólera. Están aquellos de los que nunca hablé y sin embargo pensaron que hablaba de ellos (seguidores paranoicos). Están los que sacaron información confidencial para tenerme controlado… por mí mismo. Están los que usé para creer que me tenían controlado. Está una ex de la que nunca escribí malintencionadamente pero que se enfadaba tres de cada dos frases porque le parecían ofensivas hasta las que la elogiaban ( y cómo hablar de otra persona que ella cuando ella era lo único que había en mi vida y escribir sobre el trabajo me dejaba la boca llena de espumarajos rabiosos).
El blog era privado y para esta también debía serlo. Le di la dirección de un blog semiabandonado que tengo a medias con un amigo de por aquí, un lugar dónde escribimos sobre noticias y sólo apedreamos políticos y otras especies non gratas. Se lanzó como una loca hacia el ordenador y cuando lo abrió le vi la decepción. “¿No querías que leyera que llamas mentiroso con eufemismos a Zapatero? Pero si lo dice todo el mundo. Aunque sea de otra forma”. Le dije que no quería que la gente que conozco me lea. Me miró raro pero más calmada. “ Es que me da mucho por el culo que mis parejas me guarden secretos”. Yo le dije que sólo le daría por el culo pero sin secretos y se lo demostré. Pero el secreto se quedó allí.
Algo que ya sabía volvió a confirmarse. La verdad se suele abrir paso a bocados. Yo hace tiempo que miento poco y mal porque sé que al final siempre me pillan. No hay mentira que no me acabe alcanzando como a un ratoncillo. O en forma de mensaje con insultos que dicen que no me quieren volver a ver con mayúsculas. Después de responder dos SMS me llamó para reproducir con gritos los insultos escritos(no se debió relajar lo suficiente sin escuchar mi reacción o mis disculpas). Yo no me disculpé. Le dije que nadie tiene derecho a pedirme lo que no quiero dar. Ella no me escuchó y me dijo si era verdad que pensaba que era una imbécil mientras tomábamos algo en la Rambla. Yo le dije que más o menos pero que en el blog siempre se exagera y que ahora ya no lo pensaba. Ella no me creyó y me acabó colgando cuando ya notaba que los insultos se le estaban repitiendo. Fueron quince minutos algo tensos. Tuve incluso dos amenazas de muerte pero estoy acostumbrado a darlas y recibirlas. Mi vida es hostil a su pesar.
No me sentí demasiado mal porque me daba igual. Esta chica me hacía echar de menos a mi ex anterior (una a la que dejé y aún así me dolió tanto como para perder diez kilos de los que he recuperado siete así que me debe tres). También me hizo reflexionar. No hay que usar ordenadores ajenos y si lo haces que sea con el borrado automático del historial.
Si alguien piensa sobre lo aconsejable de escribir tan mal sobre alguien que probablemente me esté leyendo está en lo cierto. Un poco cabroncete sí que soy.

20 septiembre 2010

La mano de la paz


"Si accediéramos a la biografía de nuestros enemigos y comprendiéramos la tristeza y el sufrimiento que padecen, nuestra hostilidad se desvanecería" -Henry w. Longfellow

Miro dos veces para asumir que él es quien imaginaba que es. Y él lo confirma porque me llama por el nombre. Es curioso. Yo le miro y me acerco aunque el protocolo hasta ese momento había sido muy distinto. Nos habíamos retirado la palabra durante los últimos dos años. Mi “amigo” estaba ahora en el montón de las personas con las que no me quería cruzar. A veces hago estadísticas y veo lo difícil que es cruzarse con quien no te quieres cruzar. Con los vecinos lo tengo difícil pero si la enemistad está fuera de barrio confío en una vida dónde no vuelva a ver a ciertas personas… Y sin embargo me equivoco.
Me acerco a mi amigo y me ofrece la mano humildemente. Parece que no va armado. Y eso que es policía. Pero viene de civil. Su suegra, mira tú por dónde, vive cerca de mi casa y está enferma. Él pasa cada Sábado a recogerla para llevarla al hospital y se aposta en ese lugar que es el punto en mitad del camino entre mi piso y el bar dónde me esperan mi hermana y sobre todo mi sobrina.
Tenemos un pasado difícil de esquivar. Ya escribí mucho sobre él. Cuando escribo mucho sobre algo es que tengo prisa por olvidarlo. Y más o menos me iba bien con el olvido.
Él era mi amigo. Yo le invitaba gratis al cine, yo ayudé a que su mujer trabajase conmigo, su mujer se hizo encargada en seis meses, su mujer leyó la dirección de mi blog en el facebook de mi amigo, su mujer pasó mi dirección de blog como tarjetas de visita por toda la empresa, yo luché contra su mujer por muy encargada que fuera y la insulté desde el blog y la puse en evidencia y le toqué dónde más le dolía…  Fue una guerra muy sucia dónde perdimos todos. Como siempre que me hacen algo me rebelo como un animal acorralado. Así que todo eso pasó factura. A él no lo vi más ni por casualidad. La última imagen de mi amigo era su coche esperando a su mujer y su cuerpo de cuello para abajo frente al volante( a él no le veía bien). Ese coche desde el que antes asomaba su cabeza ofreciéndome acercarme hasta la estación. Y nada más. Ahora sólo quedaba el deseo de no pasar por esas situaciones tan violentas dónde la casualidad te cruza en una calle con alguien que no deseas ver.
Pero me ofreció la mano. Y yo le presté la mía y hasta puse cara de circunstancias cuando me habló de la artritis de su suegra. Y me dijo que debíamos tomar un café. El que no pudimos tomar en otros tiempos. Estaba serio pero pacífico. Era el tipo que recordaba, uno bastante buenazo y sin dobleces. Me dijo que le enviase un mensaje porque él no tenía mi teléfono (o no estaba seguro de que yo respondiera a su llamada, creo que aún desconfía de mi estabilidad mental).
Nos despedimos. Perdonar economiza energía. Ese estrechón de manos era más relajante que el yacusi. No digamos que las noches en vela pensando en las posibles nuevas venganzas contra su mujer (no es que a ella la haya perdonado del todo pero ya no me importa y ese es el principio).
Cuando llegué hasta mi sobrina me sentía como el perfecto compañero para esa niña de seis años. Rejuvenecido hasta extremos infantiles.        

14 septiembre 2010

Cuatro misoginias y una misantropía

Estaba intentando acabar la estructura de una novela con las nuevas cuatro tipologías de zombis que me he inventado. Pero mis amigos me esperaban. Por fin habíamos localizado a un amigo que se nos escapaba a pesar del Facebook. Y era fotógrafo. Y nos había invitado a su exposición con sesión fotográfica de modelos brasileñas en vivo incluidas y caipiriñas y galletitas saladas, frutos secos y patatas fritas. No nos avisó que la invitación incluía un calor infernal y húmedo, muy catalán, que nos obligó a salir a la calle a unos con la excusa de que tenían que fumar y en mi caso con que tenía que hacer de fumador pasivo. Tampoco avisó que las modelos eran tan típicas que giraban la cara cuando pasaban por nuestro lado (a una sólo le faltó escupirnos para demostrar que era de otro mundo mejor que el nuestro). A mis amigos no les gustó esa actitud. Me junté con cuatro misóginos. Pero se les podía disculpar. Los cuatro habían sido abandonados por sus parejas. Dos de ellos habían sido acusados de malos tratos porque así sus mujeres podían cobrar la multa por quinientos euros en estos casos (los jueces ya intuyen que no hay trato bueno o malo o de ningún tipo porque tampoco hay señales que lo demuestren en la piel de la acusadora así que se paga la multa y la chica, asesorada por un abogado cabrón, se lleva ese extra en la ruptura sin saber el daño que le hace a las mujeres que son maltratadas de verdad). En fin, parecía una reunión de anti-mujeres anónimos en mitad del infierno. Y las modelos distantes parecían subrayar mejor esa sensación.
Yo me tuve que resignar al silencio. En mis dos últimas relaciones me había tocado el papel de malo (a mi pesar e involuntariamente) así que mi circunstancia invalidaba las teorías de los misóginos. Además, yo siempre he sido más democrático con los odios. Lo mío es misantropía. Como en la cita de Diógenes que he leído en el blog de “Un rincón fuera del…” , cuanto más conozco a la gente más quiero a mi perro. Y eso que no tengo mascotas. Pero las de los demás me suelen querer a primera vista y lametón.
En la calle, entre pitillos ajenos y viendo pasar “mujeres de verdad”, mucho más atrayentes a cualquier nivel que las modelos anoréxicas del interior, mis amigos siguieron atacando al enemigo común con el que sin embargo, intentaban confraternizar todo el tiempo. Veían un culo más respingón de la cuenta y había armisticio y cese de hostilidades y hasta alguno hubiese propuesto un matrimonio. El manual de instrucciones para ser hombre es muy básico.
Miré el móvil que tenía en silencio para no interrumpir los discursos de agradecimiento de mi amigo el fotógrafo. Dieciséis llamadas perdidas y cuatro mensajes. Los dos primeros de saludo. El tercero de recriminación. El cuarto casi ofensivo. Mientras los leía recibí un quinto con el insulto ya claramente dibujado “ ¿De qué vas, imbécil, respondes o qué?”.   Me hizo sentir como una modelo que se atrinchera detrás de sus altos hombros y te gira el rostro. Eso, de qué voy. Pues de uno que no se va a meter en una relación porque le gusta un culo con una forma determinada (de hecho, mis últimos posts son la narración de la lucha, a veces fracasada, contra ese instinto). Luego llegan las separaciones forzosas y la misoginia entre amigos. De momento y acompañado y entretenido y algo achispado iba de eso, de “no me importa nada”. Luego ya veríamos, que el aburrimiento nunca te lleva por buen camino. Menos mal que tengo mi proyecto de novela de zombis. Me gusta la frase del poeta loco Panero que en el manicomio aplasta colillas porque siente que mata personas. Lo bueno de escribir ficción es que puedes matar gente sin problemas. Eso te libera mucho por más que nunca terminarás de odiar lo suficiente a la humanidad. Y ojo que solo la odio en defensa propia.  

06 septiembre 2010

A Simple Story


Tomamos algo en una mesa de la Rambla con un mantel a cuadros. Somos los dos únicos autóctonos en un mar de guiris que piensan que la cocina española se basa en comer paellas de plástico. La comida allí es cara y tiene el mal gusto del precocinado. Nosotros sólo bebemos. Cerveza.
Ella me cuenta que no es “así”, como se mostró hace unos días en un rellano. Es un discurso recurrente. Lo he encontrado muy a menudo. La gente siempre se justifica sin que le pidan que se justifique. Yo no sé qué significa “así”. ¿Sexualmente accesible? ¿Borracha?
Tras la defensa que no le pido viene la ofensa contra alguno de sus ex. Sí, ya conozco la historia de la última vez que nos vimos. Se trata de un ex terrible. Pero todos lo suelen ser. Por eso se transforman en ex. Lo que no calcula es que cuanto peor me habla de su antiguo novio peor me hace sentir. Yo soy un licenciado para la carrera del perfecto “ex”. Pero no empecemos a pensar en una ruptura cuando ni siquiera ha empezado nada. Y la cerveza tibia no me gusta. Ella tiene ganas de hablar y yo, que no soy bebedor, hoy tengo sed y ganas de escuchar. Me dejo llevar por el oído. Tengo que saber a dónde me lleva todo estoy y a dónde me quiere llevar ella. Yo por mi parte ya tengo los datos suficientes: no quiero ir ni volver, sólo me apetece entrar y luego ya se verá. Tengo un plan muy poco elaborado, la verdad. Ni siquiera sé dónde está la farmacia más cercana.
Ella me hace un cuestionario sencillo. Sobre vida laboral, sobre lugar de residencia, edad… Una rueda de prensa de una periodista para un periódico con un ejemplar de tirada. Me está midiendo con preguntas ahora que ya me ha calculado visualmente.
Yo no necesito preguntarle nada. Todas sus explicaciones sobre la filosofía de venganza y muerte que sigue contra su ex me hacen reflexionar que no quiero llegar a nada serio con ella.
Cuando vamos por la tercera caña me habla de sus aficiones que no incluyen ni una sola  de las mías. Mi nivel de compatibilidad con ella no es mayor que el que pueda tener con su mascota, un gato siamés del que me explica obra y milagros terminando las cañas y entre risas tontas que atraen la mirada de los comensales extranjeros.
Yo intento alcanzarle la mano y ella la retira. Es un gesto que me molesta. Me recuerda otro que comenzó una historia espantosa. Recuerdo una vez más a Proust, no sé por qué: “El amor comienza cuando alguien a quién invitas a cenar te dice que no”. Obvio pero real. Hay tópicos que siempre funcionan. Como poner los precios a tanto con noventa y nueve y no redondear. Dicen que la gente sigue picando con eso. Yo no quiero jugar a “primero follo contigo pero ahora no me interesas aunque te he vuelto a llamar y hasta te pedí el móvil”. Es como jugar al parchís para un campeón de ajedrez. Y esa mesa con el mantel a cuadros me recuerda más al segundo que al primero.
Cuando nos levantamos y paseamos y nos despedimos y dice que ya nos veremos pero sólo tal vez… Me decepciona(aunque por lo menos no tendré que buscar una farmacia ni un lugar privado).
En otros tiempos sentiría el jaque y el mate. Hoy sólo soy consciente de que de no ser por el alcohol la conversación hubiese sido insoportable. Y sin premio al caballero.
El móvil y sus mensajes dejan de interesarme otra vez.
Cualquiera de mis soledades es menos aburrida que esa compañía.