21 diciembre 2011

La última que la ví (y III)


Saqué el dedo con la yema avejentada por la humedad de entre los pliegues de su carne más íntima. Nos miramos en silencio. Pero sus ojos nunca están callados, siempre me lo dicen todo. Quería que bajásemos al servicio. Yo le comenté que éramos pocos en la cafetería y que la camarera nos miraba mucho. Que nos interrumpirían si hacíamos algo (aunque si algo nos podía interrumpir sería mi consciencia de que nos pudieran descubrir). El estrés no es afrodisíaco salvo si tienes ese problema cerebral que te impide segregar adrenalina y por eso buscas emociones fuertes, porque por dentro eres un témpano. Pero yo no tengo ese problema. Las emociones fuertes pueden ser más fuertes que yo si nos pasamos demasiado.
  • Voy un momento al servicio- lo dijo en tono neutro, no vi una invitación, especialmente cuando añadió- Ahora subo.
El servicio estaba bajando unas escaleras de caracol. La vi desaparecer por la mitad del semicírculo de peldaños. Y luego llegó una tardanza a la que no me tenía acostumbrado. Normalmente me hace esperar poco. No es que yo la obligue con gruñidos es que ella es así. Aproveché esos minutos de incertidumbre para repasar el entorno. Los rostros de la gente no me decían nada. No sabía si intuían o no intuían lo que significaba yo olisqueándome el dedo. Y luego me aburrí. Por eso me regresó el pensamiento a dos o tres momentos con ella. Uno bueno, ella se presenta con un pastel de chocolate en el trabajo y me dice: “lo he hecho para ti porque sé que te gusta”. Yo le pregunto la razón. Como el hijo de unos amigos míos cuando le ofrecí hace poco un regalo, le digo: “pero si no es mi cumpleaños”. Ella me responde que no es un premio por cumplir años, que es un premio porque me quiere (algo que debo añadir, no merece premios).
Y otro recuerdo más mientras miro el reloj extrañado y empiezo a pensar que una amiga me espera abajo, en unos servicios, desnuda y que yo no voy a bajar: estamos en su casa y llega su tía que por motivos que no vienen al caso no tiene que verme allí. Yo me escondo debajo de la cama y le presto algo de mi calor desnudo al frío suelo. Cuando salgo de debajo de la cama nos reímos y acabamos follando aprovechando que la tía se ha vuelto a ir. De todos modos seguimos teniendo testigos porque descubro que su perrita me está mirando el culo desde hace rato mientras lo hacemos.
Dos recuerdos más o menos agradables entre los muchos desafortunados que pueblan nuestra relación. Pero los recuerdos son pasado por antonomasia. Y el pasado siempre está muerto. Como dice Oliver Sacks y le agradezco esta cita a Angèline que me la regaló el otro día: Doy por supuesto que los recuerdos que tuve, especialmente los que fueron vívidos, concretos y circunstanciales, eran esencialmente válidos y fiables. Y para mí fue traumático descubrir que algunos no lo eran.” Viene a decir que creemos recordar pero nos engañamos con eso. El pasado no fue como lo recordamos. Sólo parecido. Y el presente es que yo no bajo a follar ni a que me echen de la cafetería como a un adolescente que no tiene casa ni relación estable, sólo hormonas. Esos minutos a lo final de “Los puentes de Madison” marcan la pauta del futuro. Si bajo, cambiaré mi vida nuevamente. Y al final no hago nada.
Ella sube y me pregunta si no me ha extrañado que tardase. Yo le confieso que sí, un poco. Y entonces ella, con una sonrisa me dice: “me he estado masturbando pensando en ti”. Cuando oigo estas cosas me dan ganas de mirar hacia atrás y ver si se lo están diciendo a otro. Me siento extraño con esas expresiones de amor, como si no mereciera tanto o no me lo acabase de creer. Es una desconfianza muy molesta y muy poco práctica. Sólo se disfruta de lo que no se piensa. Es como cuando me dijo, tercer recuerdo del día “llevo todavía tu semen dentro de mí” en la parada de aquel autobús y entonces el autobús se movió y el cristal desde dónde la veía agitando su mano se desplazó y la borró y me dejó pensando si de verdad era cierto todo eso. También si era cierto que tomaba la píldora. Pero cierto o no cierto ella tiene su versión y yo la mía. En su blog sigue sin desmentirse sobre las palabras de esta cita  http://amrrame.blogspot.com/
Pero ahora se acaban los recuerdos y de momento no puede ser. Quedamos para otro día y debo decir que al final “desquedamos” por mi culpa y no la volví a ver, fue la última vez que la vi, por algo titulo los posts.
A veces miro el MP3 que me dio para que le grabase canciones y sé que se lo tengo que devolver y que lo haré. Y que entonces llegará la próxima vez que la volveré a ver. Y que espero que todo vaya bien en su vida pero que no será así porque todo nunca va bien en la vida de nadie.
También que ella seguirá hablando de nosotros a pesar de que me dijo que ya no somos nada el uno para el otro.
Tal vez el pasado esté muerto pero es un muerto que afecta mucho al presente.

07 diciembre 2011

La última vez que la ví (II)

Me pregunta si quiere que veamos libros porque recuerda perfectamente mis costumbres. Decido no llevarla de tiendas porque ella no me ha llevado a mí nunca de “sus” tiendas. Hoy no entraremos en ninguna librería.
Pasados unos metros recalamos en un lugar dónde ella pide algo dulce. Su cuerpo necesita tanta energía como gasta que es mucha. De ahí su pasión por el azúcar.
Cuando pedimos y nos sentamos le da un bocado a su Muffin, lo deja sobre la mesa, estira sus manos hacia mí y me dice inesperadamente: “¡Te hubiese podido hacer tan feliz!”
Yo no sé qué decir. Ya dije una vez que la felicidad no nos viene de fuera. Soy el único encargado de mi felicidad. De ahí que no siempre vaya bien.
Le comento que me recuerda a la Amy Winehouse de cuando no conocía las drogas ni los moños. Que tal vez por eso escucho mucho a esta desaparecida cantante. Ella dice que sí, que se lo dicen mucho. Yo le aseguro que incluso las letras de Amy se podrían poner en sus labios. Me dice distraída que ya las escuchará. Pienso que a veces nos gustan ciertos artistas porque nos recuerdan a nuestras parejas. También nos gustan algunas de nuestras  parejas porque nos recuerdan a ciertos artistas. Podemos amar arquetipos.
Cambiamos de local. En medio varios semáforos en rojo nos detienen y recordamos que hace tiempo eran excusas para los besos.
Entramos en una cafetería dónde no nos conozcan mucho. En los viejos tiempos no nos preocupaban los espectadores. No éramos exhibicionistas voluntarios pero siempre regalábamos alguna imagen lúbrica a los que nos rodeaban.
En esta cafetería ella introduce mi mano derecha en su pantalón y coloca encima su bolso. Es como un recordatorio de que le debo algo. Nuestro último encuentro había sido en un cine. Su mano llevándome al orgasmo sin que lo pidiera pero de todos modos le estuve muy agradecido. Es cierto que al menos un clímax sí que le debía pero no pensé que tuviera que pagar esa deuda. Al menos hasta ahora.
La camarera y sus paseos  para traernos el Capuccino o el agua me inquietan. Mi mano sigue allí. El brazo está tenso e incómodo. Mi Amy no me devuelve la mano. Dice que está cachonda. También me dice en una voz más alta de lo esperado “me da igual que digan que soy una puta pero quiero que me folles”. No sé por qué dice lo de puta. Nunca la llamaría así. Nunca llamaría así a ninguna mujer. Al menos a las que no me cobrasen.
- Mira, tenemos que quedar. O podemos bajar a los servicios. Estoy muy… Bueno, ya te lo he dicho pero es que nunca me he sentido así con nadie. He tenido algunos orgasmos pero no era lo mismo. Nunca me he sentido tan a gusto con nadie. Tan “yo misma”. Contigo me siento así. Puedo ser como soy realmente.
Por un lado me alegra. Soy un hombre cómodo y confortable.
Y doy demasiadas confianzas, por lo que parece.
Mi dedo corazón derecho sigue en remojo.

30 noviembre 2011

La última vez que la ví (I)


Me insistió mucho con eso de que "claro, como ya no estábamos juntos pues nada, no pasaba nada, que podíamos quedar sin malos rollos". Fueron varios mails en ese tono apacible y conciliador. No hubiese sospechado que daba por terminada nuestra relación salvo por ese último email y esa última frase "por cierto, ¿podríamos dormir juntos un par de noches?". Y ahora puede haber quién diga que soy un mal pensado y que donde ella dice dormir tan solo significase dormir. Pero lo que sabía de ella es que dormir nunca había significado dormir. Ni siquiera cuando teníamos toda la noche por delante. Siempre practicábamos una vigilia muy militante. Apenas descansábamos un par de horas para evitar el romanticismo de ver amanecer.
Pero de todos modos quedamos. A plena luz del día. Salir para tomar un café no era comprometerse a nada.
Estaba esperándome en la parada del tren que nunca ha sido la suya. Llegó allí y al no verme se bajó del vagón. La vi sonriéndome desde un banco del andén. Cuando me acerqué para darle dos besos en las mejillas me agarró y me besó en los labios. Su única concesión a la mesura fue que no llegó hasta el interior de la boca. Porque claro, ya no estábamos juntos. Lo de los labios era porque le parecía que un beso en las mejillas era muy poco para lo que nosotros habíamos sido. Le parecía deprimente que nos besásemos como primos hermanos. Supongo que no recordaba lo tremendamente incestuoso que he sido con mis primas a lo largo de mi vida.
Me preguntó que por qué no la estaba abrazando. Yo no formulé la pregunta pero me pregunté por qué tenía que hacerlo si no había un "nosotros". El caso es que mientras esperábamos el siguiente tren hubo algunos abrazos. En uno de ellos le descubrí que se había tuneado la nuca con un tatuaje leve. Se echó hacia atrás con vergüenza, como si yo le fuese a recriminar algo: “no, fue una tontería, es una pequeña luna de origen...” no recuerdo lo que dijo, yo estaba asimilando todavía la situación que de momento estaba atascándoseme en la garganta en forma de nudo. Tengo problemas para desanudar los que se me forman en la tráquea y a veces pasan al estómago.
Me preguntó si la veía más vieja. Jugaba a lo seguro, con veintipocos años no hay degradación posible salvo en caso de una muy mala vida. Le respondí que no, que estaba como siempre. Y no mentí. A nivel físico y mental. Porque también me preguntó si la veía más cambiada a nivel de comportamiento. Si antes era impulsiva ahora lo era más pero en líneas generales era muy fiel a sí misma. No conozco a nadie que actúe así con sus ex al primer segundo de verles.
Cuando llegó el tren entramos y recorrimos el viejo trayecto conocido hasta el centro de la ciudad. Hablábamos tan cerca que eso no era una charla, solo un largo abrazo disimulado. Pero claro, ya no estábamos juntos.
Y qué raro, porque yo no veía ninguna diferencia entre ese no estar juntos y el estar completamente enrollados.

13 noviembre 2011

Amor pasión o amor calmo

Sólo me vuelvo indeciso ante las decisiones importantes. Y hace años tuve que escoger. Dentro del amor tenía la seguridad de mi pareja de siempre. Con inconvenientes. La relación estaba estancada y se movía por rutinas. No había muerto el amor pero aún vivo, se notaba poco. Y el sexo era más abundante en la pantalla del ordenador que en mi casa.
En el trabajo que también me tenía quemado pero en otro sentido, sin embargo, se escondía una historia que cambió la mía. Allí encontré la pasión de los besos y el amor y las discusiones por celos y hasta algún guantazo que me llevé en mitad de toda esa pasión porque bueno, porque ella era apasionada.
Y así tenía un juicio en mi mente. A favor o en contra. A un lado de la balanza el amor tranquilo aunque real de toda la vida con algún que otro aliciente como esas mañanas leyendo a la vez con los cuatro pies sobre la misma silla o la libertad de dejarme espacio para mis ocupaciones. Del otro lado de la balanza la novedad, el sexo sin límite(incluso un poco excesivo, lo suficiente como para sentirme como un gladiador derrotado en la arena y pidiendo clemencia con dos dedos a la emperatriz o... como un limón exprimido). Cien por cien acción sin nada de reflexión ni compatibilidad. No recuerdo si a mi nueva amante le dije las palabras de Clarice Lispector que por entonces me obsesionaban: "sólo se comprendían cuando se besaban. Pero la vida era más larga". No me hubiese entendido. Ella no entendía las negaciones ni las aceptaba. Para ella no existía la palabra dimisión así que no podía salirme de sus brazos sin pagar peaje de lágrimas, amenazas de suicidio o como poco alguna crisis de ansiedad.
Pero tenía que decidir. Tres es mucho. Para mí a veces incluso dos.
O la madurez y lo conocido y la mujer que me conocía y a la que conocía o por el contrario la puerilidad, el amor irracional, la pasión con cadenas(y muy poco tiempo libre) y probablemente el desastre en un futuro no muy lejano.
Según Schopenhauer aplaudimos en las obras de ficción cuando la pareja pasa por encima de las convenciones sociales y hasta renuncia al dinero y la posición social o a comer por el amor pero que eso es malo, que sólo estamos aplaudiendo a la naturaleza(el instinto) y que ese instinto nos usa como marionetas para sus siniestros fines: la reproducción.
Yo tomé el camino de Schopenhauer. Entre pasión y convención me aferré a lo segundo. Aquellas pastillas verdes antidepresivas me ayudaron bastante a elegir, eso sí. Y también aquel día dónde semidormido bajo los efectos de otras pastillas blancas escuchaba discutir a mi primera dama con mi segunda dama que prácticamente había venido hasta casa para raptarme. Una escena absurda que me alegra no haber vivido del todo en mis cabales. Dos mujeres discutiendo a través de una mosquitera por alguien que se sentía como una bolsa de basura esperando el camión de la madrugada. Cuando era adolescente estas cosas me sonaban divertidas pero en la realidad son una pesadilla, coincido con Oscar Wilde en lo de "en la vida hay dos tragedias... no conseguir lo que quieres y conseguirlo".
La de siempre se quedó con el de siempre(yo mismo) y la recién llegada acabó en Inglaterra. Yo decidí que a partir de ahora seguiría la filosofía de las putas arrepentidas y la fidelidad absoluta.
Hace algunas semanas recibí, cuando la historia de los vecinos, dos o tres guantazos de la primera dama. Decía que se le habían quedado en el tintero por aquella pasada historia en la que casi me fugué de nuestra relación(nunca le he pegado a una mujer así que agradecería que ellas hiciesen lo mismo conmigo pero...).
Aquel otro amor apasionado sin compatibilidad me asustaba y lo dejé pasar. Aposté por lo que nunca apuesta el cine.
Entre el amor pacífico y el de las películas... ¿Con cual te quedas?

30 octubre 2011

Problemas con el blog (capítulo... no recuerdo por cuál vamos ya)

Pensaba que aquel cine dónde trabajaba me mataba pero no era el cine. Otros cines me habían sentado mejor. Era que pasaba por una mala época y tenía que buscar culpables y ese local me parecía una buena excusa. Pero he conocido gente que habla de vibraciones negativas que viven en ciertos lugares. Gente más bien tirando a loca. Como no quería entrar en el club de “hay vibraciones que me perturban en el aire” decidí que mis problemas me los estaba buscando yo mismo. Si todo iba bien antes de eso y ahora iba mal es porque algo había hecho para que se estropease. Pronto terminaré con todas estas historias y le pondré un cerrojo al pasado y cerraré todo lo que he ido dejando caer a migajas por aquí. Yo no dejaré de escribir, no os hagáis ilusiones. Pero prefiero vivir en presente...
Un misterio de aquel cine era qué hacían los encargados cuando entraban en el despacho y pasaban tantas horas dentro. Uno de ellos salía con la cara de recién levantado o de haber dormido mal así que el misterio de ese estaba resuelto. Otro tenía debilidad por mirar dibujos animados en el ordenador (lo sé porque a veces me preguntaba por alguna página para ver series online y el tiempo que pasaba en el despacho sin venir a darme la lata era más o menos el que durase un episodio de lo que le apeteciese aquel día). Pero la encargada era diferente. Era una mujer recta. Manos en la espalda cuando entró recomendada en la empresa recordaba más a su marido, un guardia urbana amigo mío, que a una palomitera. En seis meses se hizo encargada a base de delatar pequeños pecados de sus compañeras al gerente y miserias varias. Yo, como soy un irresponsable, siempre había rechazado esos puestos que me habían ofrecido en la empresa porque suponían más horas por algo más de dinero. Pero yo sólo necesito dinero hasta cierto punto. A partir de ese punto en el que ya tengo necesidades básicas y artísticas cubiertas no cambio mi tiempo por más euros. Ni mucho menos por más responsabilidad(claro que visto el nivel de responsabilidad de estos encargados debería replantearme la cuestión). Pero en el hall de ese cine estaban la vida y los días de "vino y rosas" y bromas gamberras entre compañeros y flirteos continuos.
Durante el 2009 mi caída en desgracia por motivos de los que ya escribí mucho derivó en depresión y baja laboral. También decidí abandonar este blog. Me escondí como una rata en un blog llamado "El refugiado", no sin intención, porque la empresa (desde la señora de la limpieza hasta el jefe de personal de la productora-distribuidora de cine donde trabajaba)conocía todas mis historias y mi prima desde la oficina las leía tranquilamente y se las comentaba a mi madre. Lo sé porque mi madre se conocía mis episodios sexuales, violentos o simplemente patéticos tan bien como cualquiera. El caso es que yo la dirección del blog sólo se la había pasado a una o dos personas. Pero el chivato fue el Facebook. Yo no me manejaba bien entonces con aquello y alguien entró en el perfil dónde estaba muy clarita mi dirección de blog. Ya era popular en la empresa. Después de eso lo fui todavía más. En el blog salían muchos de los compañeros o jefes y no siempre para bien.
Pero yo estaba deprimido y de baja durante el verano de 2009. Amanecía con mi amiga la fluoxetina (Prozac) y terminaba el día con Lormetazepam para dormir. Era una buena vida pero no me gusta vivir con química. Soy una de esas personas semi-humanas sin vicios. La fluoxetina no me hacía pensar ni en mujeres que ya de por sí no me parecen un vicio pero me proporcionaba terribles y dolorosas erecciones sin orgasmo, un quiero y no puedo espantoso y algunos sueños con colores fluorescentes dónde volaba sobre Castelldefels, mi lugar de trabajo, como Superman y con mis rayos caloríficos arrasaba la ciudad(en realidad el Superman de Tierra 3, el malo, Ultramán).
Y un día alguien entró a insultarme en el nuevo blog. Ya me habían localizado dos o tres personas. Pero un anónimo me llamó cobarde(desde su "valiente" anonimato por meterme con él o ella, no sabía quien era). Se pasó la tarde atacándome en largos comentarios dónde decía que si volvía a hablar de ella-él me metería en la cárcel. Pero yo no hablo con nombres propios en ningún blog. Ni siquiera salgo yo. Ella misma admitía que lo tenía difícil para acusarme pero conocía un policía que sí. Y bueno, no tuve que imaginar mucho. Para empezar el policía sería su marido, para continuar yo me llevaba muy mal con la encargada porque me había traicionado un par de veces a pesar de que estaba dónde estaba, en un despacho, gracias mí (cría cuervos y te enviarán a la policía a tu casa y además perderás un amigo por eso) y bueno, la había atacado en un par de comentarios en mi blog. Fueron muy hirientes. Tanto que su marido me dijo que ellos habían sido los que entraron en mi perfil de Facebook y popularizaron mi blog por la empresa. Con el marido policía ya hice las paces hace un año en otro post. Con ella no. Ni ella conmigo. Y además debo añadir que ya sabemos lo que hacía cuando entraba en el despacho a según ella, trabajar duro: se leía mi blog desde el principio y cuando veía alguna mención hacia el gerente le pasaba la información.
Nunca nadie me ha leído tan escrupulosamente como ella ni ha perdido tanto tiempo con mis letras.
Y sin embargo qué mal me leyó. Creo que me entendía menos que si no me hubiese leído nada.

17 octubre 2011

La niña de los ojos claros

¿Por qué estás solo? Me lo preguntó una niña de unos cuatro años que se me acercó el Domingo. El sol le hacía más rubios los cabellos y le daban a sus ojos claros un aspecto extraño. Toda ella me resultaba extraña. Pero la culpa de esa extrañeza estaba en esos ojos y en la expresión. Hablaba conmigo pero parecía estar lejos. Estaba ausente incluso en mi presencia.
Yo estaba sentado en el banco leyendo, por eso estaba solo. Ella daba vueltas con su bicicleta alrededor mío. Me parecía más sorprendente su soledad que la mía. Con cuatro años una niña no debería estar frecuentando hombres adultos sin un cuidador cerca. Conmigo estaba a salvo pero en la calle hay de todo.
Le expliqué que quería leer pero me interrumpió con otra batería de preguntas. Si tenía pareja, si tenía familia, edad, qué tipo de cuento leía, siguió sin entender por qué estaba sólo... A veces me interrumpía para meter un "por qué" dónde no entendía algo de lo que le explicaba. Me imagino la vida de los niños como la mía cuando leo un libro clásico cargado de notas a pie de página. Estás leyendo un "Quijote" y tienes tres notas a pie de página que te sacan de la historia para explicarte algo que necesitas saber para entenderlo mejor (o no). Para un niño sí son necesarias esas notas a pie de página todo el tiempo. En cualquier conversación te piden veinte. De hecho, con esta niña cuyo nombre no tengo porque no me dejó hacer casi ninguna pregunta, todo fue un bucle. “¿Por qué quieres estar sólo? ¿Por qué te gusta estar sólo? ¿Por qué es mejor estar sólo para entender mejor ese libro? ¿Por qué quieres leer ese libro? ¿Por qué..?”
La tarde se extendía y no veía adultos a la vista. Eran las tres y media y la gente estaba en su sobremesa.
Le pregunté por su madre pero me dijo que no tenía. Que no tenía madre ni familia. Pero al cabo de un rato y sin decirme nada se fue porque vio a alguien. Luego volvió y me dijo que había visto a su abuelo. Pero que tampoco era de su familia. Daba igual lo que dijera ya que todo era mentira, pura incoherencia. Lo único verdadero era su mirada de experta jugadora de poker (si hubiese sabido jugar a eso) y esa extraña capacidad para conectar tan bien con un desconocido. Una capacidad que a su edad sólo puede significar ponerse en peligro de secuestro. Al final oyó otro grito y se fue. Leí un poco y cerré el libro. Decidí levantarme del banco porque ya estaba harto de estar sentado.
Cuando pasaba debajo de un primer piso escuché una discusión muy fuerte. Una pareja se peleaba y tanto ella como él se amenazaban de muerte o con pegarse. Se decían cosas muy crueles y buscaban hacerse daño psicológico además de físico. ¿Adivináis quién me observaba desde esa ventana?
Era alguien que decía que no tenía familia.
Tal vez porque no quería tener ESA FAMILIA.

09 octubre 2011

A veces recibo más de lo que doy

Ayer tuve una noche caliente. Aunque se veía venir desde hacía semanas.
Siempre lo mismo. Los vecinos. Años de arrastrar objetos pesados y chatarra y herramientas a cualquier hora habían derivado hace tres semanas en dos policías en su casa visitándoles, comprobando lo que hacían. El hijo me estuvo buscando el pasado Septiembre (cuando ocurrió esto)para según él, "inflarme a hostias". Yo no me enteré así que sólo un par de cosas se me inflaron ese día.
Anoche seguían con su fiesta laboral. Lo hacen 365 días al año, la estadística es inexorable. Les grité que lo dejasen, que llamaba otra vez a la policía. El hijo me llamó desde la ventana y me invitó a ser su saco de boxeo a domicilio. Yo decidí volverme maduro por primera vez y no entrar en el camino que te lleva al banquillo de acusados. Ya lo conozco. Él insistió y yo no hice nada. Sólo escuché que decía a sus padres "y como pique al timbre lo mato". Aquí decidí darle un poco de gusto. Pulsé el timbre de la portería. Él pulso el de mi casa y le abrí. Ahí se puso bien la noche. Pensé que intercambiaríamos insultos, el hijo gordo del vecino y yo, pero se lanzó contra mí, me zarandeó y pasé del recibidor al comedor dónde cayendo de espaldas me golpeé por detrás de la cabeza. Ya en el suelo me recuerdo aturdido. Veo la masa del gordo sobre mí inmovilizándome y diciéndome que me va a matar mientras me aprieta el cuello. Oigo cómo bajan sus padres y pienso que vienen a decirle que no se meta en líos y entonces el padre me pone la suela de su sandalia contra la cara y aprieta como si quisiera aplastar un gusano. Ahí tuve una revelación. Hay muchas parejas, la mayoría, en las que el amor está descompensado, uno siente más que el otro. En la relación de odio hacia mi vecino el sentimiento es mutuo. Yo había soñado muchas veces con entrar en su casa, torturarlo y acabar matándolo como ellos pretendían hacer conmigo. Eran fantasías que no pensaba realizar, evidentemente. Ellos sí querían darse ese gusto. Los cerebros de dos enemigos suelen ser parecidos, tienen objetivos simétricos.
La madre entró la tercera en mi hogar para animar al marido y al hijo. Pero yo estaba con L.(Luz para complacer a Meme). Ella se quedó inmovilizada y asustada sin saber qué hacer en ese momento. Cuando vio que iban a patearme gritó lo primero que se le pasó por la cabeza "Que viene la policía" y salieron los tres corriendo. Yo me levanté sin sentir demasiado dolor y hasta sonriente. Lo único que me salió por la boca fue: "Por fin se han jodido". Así que llamamos a la policía y nos recomendaron un parte de lesiones y una posterior denuncia en los Mossos d´Esquadra. Como yo no me sentía muy lesionado a pesar del chichón le comenté a Luz por el camino que me “retocase” algo la cara. Y aunque pensé que se negaría y que sería demasiado suave me soltó el bofetón más fuerte que me han dado nunca. No me lo esperaba así que dolió. Pero no le pareció demasiado evidente la rojez así que me sugirió un poco más y recibí el segundo y aún un tercero. Todo inútil. Mucho dolor pero nada de marcas. Mejor dejarlo y además, me estaba escociendo la cara:
  • La verdad es que estas bofetadas te las debía de hace tiempo, me he sentido muy bien dándotelas.
Me encantó su sinceridad pero me hubiese gustado mucho más antes. Por estar avisado.
En fin, pasamos por el proceso que lleva hasta la denuncia y sobre las tres de la madrugada alguien pulsó al timbre de casa de mis agresores: los Mossos. Me imagino las excusas de la familia Monster o Manson: que yo les acoso, que no estoy bien de la cabeza(le habían dicho a un vecino mientras salían de mi casa que yo les acosaba a ellos, imaginen la paradoja, les acosa alguien a quién están visitando).
Supongo que el juicio tardará y no espero gran cosa.
Al llegar a casa vi que en mi recibidor se notaba algo la estampida de elefantes.
Normalmente cuando recibes a alguien te gusta tener arreglado tu hogar. En este caso las visitas vinieron a desarreglármela un poco.
Mientras escribo esto son las cuatro de la tarde del Domingo. Apenas hay ruidos, los normales de cualquier hogar.
¿Hasta cuando?

03 octubre 2011

Una mujer destacable

Nada más conocerla me confesó lo de sus masturbaciones infantiles con los playmobil. Pero sólo fue por el alcohol y porque a alguien que escribe las barbaridades que escribo yo le puedes decir cualquier cosa. Mientras la figura de los confesores eclesiásticos va desapareciendo, las confesiones en general siguen en alza. Ahora se hacen a todo el mundo. La privacidad es aburrida. Si sales en la tele o alguien escribe sobre tí es más divertido. Y está internet(aquí me confieso yo y más que pienso hacerlo, a veces me ayudáis y no sabéis cuanto).
Pero M., la chica de los playmobil es más que una anécdota. Es inteligente y divertida y la volví a ver una semana más tarde paseando el perro y hablando con otro amigo común nuestro. Llegó uno más y continuamos la charla. Ella era igual con o sin alcohol. Un estilo de humor en el que el rostro no sonríe abiertamente pero la ironía demuestra que está bromeando. Algo en plan payaso serio que me hace mucha gracia. Cuando se fué, de todos modos, uno de los presentes no apuntó nada más que algo como "¿Habéis visto qué par de tetas?". Pues no. No me fijé. M. vestía decente incluso para los cánones victorianos del siglo XIX con blusa hasta el cuello incluso en un otoño muy cálido. El abultamiento pectoral femenino era evidente pero ella no parecía querer subrayarlo con un escote. No me pregunto si era humildad o pudor. Dudo que sea lo último. Y no me lo planteo porque ella es más que eso que le abulta tan ostentosamente aunque "eso" sea hermoso.
La volví a ver. De no verla nunca a verla frecuentemente. Hay un motivo. Tenía un medio novio que la ha dejado y le ha comentado más o menos que ella no puede seguir frecuentando su ambiente, que él le presentó a todos sus amigos y que esos amigos son suyos, que ella ha perdido el derecho sobre estos. Al parecer en la amistad también hay exclusivismo. Si todos tus amigos lo fueron primero de tu novio y tu novio te deja, no tienes derecho a charlar con esos amigos porque nunca han sido tuyos, sólo eran un préstamo. Cuánto idiota hay en el mundo.
Charlamos en el bar con sonido de fondo de ladridos(el mismo bar dónde por motivos que ya expliqué nunca me lavo las manos y sólo pido bebidas). Llegaron otro par de amigos. Ella se tenía que ir a comer y se fue dejando otra cuestión en boca de uno de los contertulios: "¿Habéis visto qué par de tetas?"
Finalmente salimos para ver una doble sesión friki en Barcelona. Vimos un James Bond y un Superman. Muchas risas, no todas buscadas por los directores. Ella llevaba esa noche un escote suave( sí, claro, yo también tengo ojos). Íbamos mi amigo J. y su novia M. 2 (2 porque se me repiten las iniciales, es sólo por poner orden en el texto).
La sesión fue muy agradable. Lo pasamos bien destripando los mil imposibles del cine que estábamos viendo y ella me indicó algunos detalles que se me habían escapado de lo que veía, tiene una gran capacidad de observación y bueno, cada espectador es un mundo.
Cuando volví a ver a J. podía haber comentado el escote o las tetas pero sólo me dijo que M. "parece buena tía, ¿No?". Nada de comentar lo evidente. Nada de asumir el par y nada más que eso. Nada de resumir a esa brillante chica a dos pedazos de carne de mejor tamaño.
J. no tiene hambre. Tiene un amor nuevo y bastante importante, es una relación de calado profundo por lo que veo, la cosa parece marchar bien y con fuerza.
El resto de los comentaristas citados anteriormente viven solos o con sus perros.
La verdad es que no "mojan" mucho así que tampoco vamos a criticar temas tan livianos.
Sólo me gustaría atreverme a decirles que si se les ve el ansia en los ojos mojarán todavía menos.

24 septiembre 2011

¿Quién es el dueño de este beso?

Hace un par de años paseaba con una compañera de trabajo por el Paseo de Gracia de Barcelona. Estábamos tonteando desde hacía algunos días. Frente al cine Comedia nos íbamos a despedir y de pronto, no sé cómo, mi boca y la suya estaban unidas en un beso largo y cálido. Del modo más natural. Después de jugar un poco con las lenguas sin decir nada nos despedimos con un adiós. Cuando regresaba a casa en metro recibí un mensaje por el móvil: "Perdona, Sergi... sergito.. Sergio... No sé ké m ha pasado. Espero k m perdones." El mensaje era más o menos así, con dudas y todo. Y sin embargo yo no había dudado al pensar que el beso lo había empezado yo.
Fue una relación que empezó tan fácilmente como se fue. Los últimos días hacía frío y cuando nos besábamos la electricidad estática nos hacía daño(tengo que explorar este extraño fenómeno del frío).

El cuñado de J. tiene la costumbre de darle dos besos a todo el mundo. Aunque sean hombres. El otro día quedamos todos para cenar y llegó M., otro amigo nuestro. Hicimos presentaciones porque no todo el mundo se conocía. El cuñado, por supuesto, le dedicó su par de besos a las mejillas de M.. y luego cenamos.
  1. estaba algo turbado. Lo percibimos desde que le besaron. Los demás ya conocíamos al cuñado besucón así que asumimos los besos sin mayores problemas. Pero M. Parecía tener algún problema. Poco antes de los postres dijo que se tenía que ir y a pesar de los ruegos se largó. Y su novia con él. En ese momento no sabíamos qué había pasado por su cabeza. Todo eran teorías.
Algunos días después llamó a J. Y le dijo que le tenía que decir algo. J. Ya sabía de qué podía ir el asunto así que le dijo que adelante, que le explicase qué le había pasado:
  • Es que tío, el otro día, no sé qué me pasó. No se si lo visteis pero sin querer creo que le dí un par de besos a tu cuñado. Yo fui a saludarle y de pronto me vi dándole dos besos a otro tío. Oye, discúlpame. Se me fue la olla o yo que sé. Estoy muy agobiado con el tema. Pasé mucha vergüenza. Mi novia se ríe pero a mí no me hace gracia.
J. que nunca renuncia a una broma no le explicó nada sobre el cuñado y sus costumbres. Al menos durante un par de días.

El caso es que ahora sé que existen los besos anónimos y sin dueño. O los besos por reflejo. Respondes a un beso del mismo modo que cuando te ofrecen algo y alargas la mano sin querer para cogerlo o para detenerlo. Respondes a unos labios con los tuyos o con el rostro.
También que hay que tener mucho cuidado con las neuronas espejo.

17 septiembre 2011

Haciendo el tonto

Tenía hambre de comunicación a distancia. Mi ordenador reventó porque el facebook me ofrecía un video porno y resultó ser un virus, el SIDA de la informática, no pude arreglarlo. No me apetecía ver porno, es que el vídeo te lo enviaba supuestamente un amigo y tuve curiosidad por ver qué tipo de marranadas le interesaban a esa persona. En cuanto a mi móvil ha ido languideciendo, tiene autonomía para cinco minutos de charla. Se llama "obsolescencia programada". La tecnología se crea perecedera para incrementar el consumo. Si tus aparatitos se rompen rápido, tú iras a comprarte otros antes. Todos conocemos el espantoso caso de las bombillas y lo que realmente podrían llegar a durar si el Carter de los bombilleros mafiosos no las fabricase para que duren poco y se te estropeen el día que más luz necesitas para acicalarte frente al espejo.
Pero por fin conseguí mi ordenador. Sobre el móvil estoy pensando en liberar uno que encontré hace un par de años y nunca he usado. Estaba sin batería, no pude localizar a su dueño y era una máquina siniestra. De un gris blanquecino metalizado tiene un diseño que no he visto en mi vida. Parece tecnología alienígena o militar o terrorista. Sé que si me decido a liberar eso (soy de tarjeta porque tengo a poca gente a la que llamar o a la que tengo vive a dos o tres manzanas de casa) me saldrá por un precio muy elevado. Aunque por otro lado tengo uno que me pasó mi hermana, gran consumidora de móviles, uno descascarillado por la parte de arriba pero que no debe ser difícil de hacer libre. El mundo de la liberalización de móviles parece ir al alza y ajeno a la crisis, muchos como yo encontramos móviles atrapados por contrato y sin batería pero algo me dice que muchos otros móviles se roban a menudo en parques, jardines, cines y lugares de retozo de parejas despistadas.
Pero volviendo a lo de antes, por fin volvía a tener mi ordenador. Estaba harto de ir al cyber y que siempre me tocase un ratón sucio de esos que no arrastran bien el puntero (por la noche tenía pesadillas en las que caminaba con pesadez en las piernas y no avanzaba hacia ningún lugar pero tal vez no sea sólo culpa del ratón del cyber).
Como estaba muy contento me puse a rebuscar nuevas utilidades de mi ordenador e internet. Descubrí que te puedes bajar un traductor automático, rápido y en diversos idiomas que se anunciaba como "el definitivo". Se acabaron las traducciones farfollas y ridículas. Me lo bajé sin dudar (esa falta de vacilación me llena de virus el ordenador).
Decidí usarlo metiéndome en blogs extranjeros y en idiomas desconocidos para mí, nada de inglés que eso está muy visto. Sin mirar decidí que visitaría Brasil y a sus blogueros. Y sí, con algunas peculiaridades de traducción se leía bien así que decidí comentar. Expongo un comentario de los tres o cuatro blogs brasileños en los que estuve:

"Me ha encantado tu blog. Es francamente interesante y a pesar de la barrera idiomática que nos separa he quedado cautivado por el estilo"

Y la traducción:

"Gostei do seu blog. É realmente interessante e eu ter sido cativada pelo estilo, apesar da barreira do idioma que nos separa. Saudações e eu muitas vezes passar por aqui. Beijos"

¡Increíble! Recuperé el sentido de la maravilla de mi infancia. Sentía que escribía en portugués. Me entenderían perfectamente en Brasil. Pero luego se me ocurrió coger mi mensaje portugués y hacerle dar la vuelta al español para ver qué tal iba el traductor. Por si a partir de ahora me podía marcar posts dedicados a brasileños, suizos, coreanos, al mundo entero sin perder la calidad por culpa de la traslación. Quedó esto:

"Me ha encantado tu blog. Es francamente interesante y un modismo aval de barrera de la que nos separa terminó cautivado por el estilo. Saludos y pasaré por aquí me el menudo. Besos"

O sea que el traductor definitivo.
Una vez más he vuelto a quedar como un idiota frente al mundo.
Menos mal que no conozco a nadie en Brasil.

11 septiembre 2011

El "escritor" sale de fiesta

Es un proyecto común. Desde hace unos meses yo voy haciendo mis cuentos. Mi amigo tiene sus ideas y las escribe a mano. Yo las reescribo porque él no tiene la experiencia ni la afición habitual de narrar.Todos los cuentos se interrelacionan. Son transgresores y gamberros aunque a mí me guste darles un leve aire maduro y me documento para todo y hasta descubro que en el mundo de las barbaridades también se puede aprender algo y reflexionar. Pero esta semana había fiesta en el barrio. Salimos y nos bebimos un par de botellas de vino en un chiringuito Paraguayo. Era el único con asientos vacíos. Resulta que en España (y digan lo que digan) hay más españoles que otra cosa y a muchos no los puedes sacar de la paella y la tortilla de patatas o sus tapitas. Bien por ellos. Yo soy curioso y tengo debilidad por cualquier tipo de empanada sudamericana y allí había así que me cambié de nacionalidad en aquel pequeño recinto y me introduje en el para mí, diferente mundo Paraguayo. Estuvimos dos horas entre vino, empanadas, choripan y asaditos varios.
Luego salimos algo achispados y acabamos en un chiringuito con música fuerte y algo de Red Bull para despejar las brumas mentales. Mi amigo J. se conoce a todo el barrio. Yo siempre he conocido mejor mi habitación. Besos y abrazos con mujeres y hombres que desconozco. Una de ellas me pregunta si soy el escritor pervertido del que le habla J., ese que escribe cuentos de enfermo mental. Como suelo ir con la verdad por delante y llevo el vino dentro le comento que sí. Ella me mira seria pero me da a probar su bebida. Alcohol. Le voy a explicar que escribir cuentos no es contar tu biografía pero ella no tarda ni cinco minutos en explicarme que a los ocho años se masturbaba imaginando historias con un pequeño muñeco de Playmobil que tenía. Me interesa el tema. Aunque por otro lado me preocupa qué tipo de persona se imagina que soy. La gente no suele confesarme durante la primera hora de conocernos ni su número de teléfono. Luego me dice que estudia el modo de comprarse un aparatito para orinar de pie, que los hombres lo tenemos bien. Yo le digo que los hombres como yo lo tenemos mal siempre. En los locales a los que voy las puertas no tienen pestillo para evitarles privacidad a los cocainómanos y claro, yo no tomo coca, pero esa ausencia de intimidad me distrae.
La feria acaba a las tres pero el grupo quiere más y mi amigo sugiere que vayamos a terminarla en un local no muy lejano. Viajamos por la noche. J. con una de sus amigas. Yo atrás con la de los Playmobil y otros dos tipos que se retrasan y desaparecen unos minutos para, según mi compañera, meterse algo por la nariz. No llego a comprobarlo.
Mi amigo comenzó muy preocupado la noche. Unos niños me molestaban en el chiringuito y pensaba que yo iba a liarla. Me comentó para disuadirme de decirles algo que el niño podía ser hijo de un hombre muy alto y calvo que había cerca. Yo para no sacarle de su preocupación le comenté que con una botella de vino le llegas a la cabeza a cualquiera, que sin ser altos tampoco somos enanos. Pero era broma. No quería liarla. El vino amplia lo que siento y esa noche todo era bueno.
En la discoteca J. mira con preocupación los movimientos de la masa. Sabe que tomo a mal los empujones pero yo tengo la agresividad muy desactivada y todo es hermoso y festivo. Mujeres y hombres me piden paso posando sus manos suave, casi tiernamente en mis hombros, espalda, en el brazo... y luego se dirigen a su objetivo, casi siempre la barra. Yo les abro pasillo encogiéndome o apartándome con la misma educación.
En mitad de la pista el movimiento es criminal. Todos bailan algo como Ska muy saltarín que no me gusta pero doña playmobil me coge de la mano y me lleva al centro de la pista.Allí me quedo quieto. Miedo escénico pero da igual, ya soy mayor y cojo casi todos mis toros por los cuernos. Observo mi alrededor y escaneo a los bailarines. Elimino a los más grotescos (un día quiero escribir sobre "formas de bailar que parecen de broma"). Imito el tipo de baile más habitual en ese lugar. Coger el ritmo no me cuesta. Amo tanto la música que me gusta incluso la que no me gusta. Si me llego a quedar parado un minuto más me hubiese convertido en pasmarote.
A las seis de la mañana salgo del local con mi amigo. Yo a tomar aire, él a matarlo con un cigarro. Una señora gorda, de formas indefinidas y según las palabras de mi amigo "la única mujer no bonita de la noche" se le acerca y le habla. Antes, el compañero de la mujer le dice algo en español pero con claro acento marroquí y se va. No lo entiendo. J. habla con ella algo más. De pronto ella ve a alguien y se va y le suelta un guantazo. J. me dice que es hora de irnos. Yo estoy cansado así que le digo que vale pero que sus amigos están en la sala. Dice que da igual, que hay confianza, que ya cierran, que nos vayamos...
Por el camino me comenta que el marroquí le dijo a la señora que si hablaba con nosotros nos pegaba. Mi amigo está cabreado. Nosotros no teníamos nada que ver y ahí estaba esa señora calentando a su hombre y dándole celos con dos inocentes como nosotros.
Es la primera vez que comienzo a sentir esta noche las ganas de regresar sobre mis pasos y liarla y con razón. Pero estamos lejos y soy cortito pero no tanto como para perder el tiempo así. El celoso se sentó cerca, sobre el capó de un coche y no hizo nada porque no se atrevía, porque era un poca cosa ladrador pero sin dientes con los que morder. De ahí los celos, de la inseguridad masculina. Ella era una buscalíos. De la peor categoría, las que buscan que los hombres disputen por ella, puro National Geographic. Démos a su macho inactivo por humillado en esta historia de testosterona descerebrada y frustrada.
Hacía tiempo que no salía de noche. Tanto que pensaba que ya ni existía la nocturnidad.
Me lo pasé muy bien pero hay que reconocer que a partir de ciertas horas sigue siendo un peligro estar en la calle.
Para ellos y para mí.

28 agosto 2011

El drama de no leer las señales de la vida


Buena guionista y dibujo aceptable. La Lluvia opina distinto.  



Pasé una hora levemente preocupado por un lunar cancerígeno que me había salido en el  antebrazo. Luego descubrí que era una mancha de chocolate y la siguiente pregunta es cómo llegó allí pero no le di más vueltas. En verano visto como Hulk, sólo en pantalones y expuesto de cintura para arriba. Aunque sólo lo hago por casa, en Barcelona ya no se permite ni el desnudo parcial. Si sube la temperatura global y seguro que subirá será un problema para los mamíferos de tensión alta como yo. Pero bueno, estaba contento. Acababa de salvar la vida y ahora la necesitaba para ir a un festival friki de cine de terror que hacen próximamente.
Decidí celebrar la vida regalándole algo a mi sobrina que me pidió hace tiempo. Ella no me perdona que lleve tres meses sin dar señales de que tiene un tío. Pero pensé que con el regalito a lo mejor compraba una disculpa. Me equivoqué igual que con el lunar. Tendré que usar métodos más rastreros para ganármela. Me espera una buena sesión de “Bob Esponja” sin rechistar. No hay problema. Pero prefiero “Doraemon”.
Decidí salir a la calle. Estaba nublado pero no pensé que fuera a llover. Y es malo confundir lo que deseas con lo que puede ocurrir. Porque llovió. No mucho pero lo suficiente para que un par de comics de Spiderman y otro par de Wonder Woman y Batman sean papel mojado. Me preocupa más el libro de la biblioteca.
Quería ver una película. Sabía que duraba casi dos horas así que calculé que no podrían darle más de tres sesiones y la segunda sería sobre las siete de la tarde. Calculé mal. Los exhibidores decidieron apretar las sesiones y dejar cinco minutos entre pase y pase. Total. ¿Para qué dejar tiempo entre películas y limpiar las salas? Con no limpiarlas y dejar que se inunden de palomitas en el suelo y en los sillones asunto arreglado. Y yo tuve que esperar hasta las ocho y media. También había calculado que la sonrisa equina pero agradable de  Hilary Swank bastaría para que la película fuese aceptable. Calculé mal. Me pareció una película de media tarde de fin de semana. Intrigante al principio pero solo durante cinco minutos. Luego predecible, muy predecible. Por más que Hilary sabe actuar.
Por último volveré a quedar con ella. Ella me envía mensajes por móvil y vía internet. Nos conocemos de un pasado en el que compartimos un trabajo. Ahora parece que tiene tiempo y quedamos más de la cuenta. Aparece después de mucho tiempo como amigos y familiares y excompañeros de algo que siempre acaban regresando cuando estoy distraído y pensando en otra cosa.  Me cuenta su vida haciendo hincapié en los fracasos sentimentales. También sus deseos, algunos de ellos íntimos, muy íntimos. Pero cuando piensas mucho actúas poco, esa es mi realidad. Así que quedamos y cenamos y lo pasamos bien y eso no va a ir a nada ese día aunque pienso que podría romperse esa línea.
Es sólo que viendo mi historial de errores de apreciación no puedo estar seguro de lo más importante.
¿Hay sexo más allá de todas estas bonitas citas con café y postres incluidos?  
   

21 agosto 2011

Sigo con los pies en la tierra ignorante

Reconozco a los ignorantes porque dicen que lo saben todo. El efecto secundario de leer y aprender mucho es que al final, socráticamente, acabas entendiendo que no sabes casi nada, que lo esencial se te escapa y que la verdad no es algo sólido y definido que cuelga de un árbol y que coges cuando ha madurado. Sólo descubres que todo son teorías.
Hace poco descubría que antiguos posts míos en los que me hacía pajas científicas y decía que en el mundo cuántico todo era distinto y un fotón puede estar aquí y allí al mismo tiempo o existe la tele portación no es lo mismo que nuestro mundo macroscópico en el que tú no puedes estar de baja en casa y estar por ejemplo de fiesta en el mismo instante y a la vista de tus compañeros de trabajo. No puedes estar en ambos sitios a la vez así que si te ven en el segundo tienes un problema. Nadie te creerá si dices que tu comportamiento es como el del fotón. Pero hace poco leo en una revista científica que el mundo cuántico también actúa en nuestro mundo. La ciencia se refuta todo el tiempo. La sensación para los que la vemos desde fuera es que se contradice. ¿De qué me sirve afirmar teorías bien documentadas si luego otro documento dirá que el anterior no sirve? Es tan molesto como la actualización continua del ordenador. Puedes afirmar que sabes algo pero no que estés completo. No sabes, crees que sabes. Y pronto lo entenderás todo un poco menos.  
Así que ignorante me parece alguien como J.J. Benítez afirmando convencido sobre construcciones extraterrestres en la luna y montándose vídeos falsos y pagados a terceros que los filman en secreto en estudios de televisión para engañar a los que quieren ser engañados. Está tan convencido de lo que dice que no hay argumentos contra él. O está enfermo o se ríe de ti. La realidad no suele ser suficiente, es bonito creer en alienígenas, magia y demás. En lo inexplicable. Claro que lo inexplicable suele ser algo que TU no puedes explicar  pero que seguro tiene alguna explicación. Con tiempo y paciencia y alguien más inteligente y lógico ya podremos averiguarlo.
Hace poco discutía con un amigo del lado esotérico sobre los vídeos de Benítez. Yo no creo en nada. Él creía en Benítez, Iker Jimenez y otros amigos de lo sobrenatural. Me preguntaba que diese explicaciones coherentes a hechos absurdos que salen en esos programas. Pero yo no tengo la explicación de casi nada. Para mí es tan inexplicable lo de los platillos volantes como lo del peruano que me encuentro siempre meando dónde los demás nos lavamos las manos en el local al que voy a tomar cervezas. Cuando le digo que por qué no entra a hacerlo donde todo el mundo se ríe borracho y me dice que la puerta está atrancada. Yo le suelo dar una patada cabreada a la puerta y él se encoge de hombros y se sigue riendo. No le cojo de la solapa ni lo estampo contra la pared porque me suele dar asco un hombre meando y agarrado a su polla, llamadme escrupuloso.  Yo no entiendo nada. No sé si hay vida inteligente en algún lugar fuera de la tierra (aquí la hay pero en pequeñas porciones), ni sé por qué hay gente que ve caras en las manchas húmedas de la pared(los psicólogos tienen nombre para eso, creo), tampoco sé por qué el peruano no puede hacer sus necesidades fisiológicas dónde todo el mundo.
Actualmente sólo me preocupa averiguar lo último.
De ello depende que me siga lavando las manos o no en ese local.

02 agosto 2011

Una muerte lejana que sentí muy cercana



Hace más de una semana que ya no está. Curiosamente ese es el tiempo en el que más se la ha escuchado y se la ha visto y se ha hablado de ella. La muerte es la mejor operación de marketing. Incluso yo la he echado de menos cuando antes solo escuchaba una de sus canciones y ni me había percatado de su letra: “Back to Black”. El mundo de los comentaristas de su muerte se ha dividido en dos tipos de imbéciles. Los primeros rebuscan las fotografías en las que aparezca más espantosa y fea y degradada y se centran en sus adicciones para echarse unas risas a costa de una persona a la que no han conocido y de la que solo saben lo horrible. El arte busca lo bello incluso en lo feo. Los asiduos de la prensa a lo “Cuore” son como ratas de vertedero rebuscando en las miserias. Son acomplejados que necesitan saber que los ídolos son personas (yo ya lo sé pero no necesito que me muestren su rostro degradado y sin dientes o el cuerpo prematuramente envejecido o la luz que peor le va a la imagen de alguien).
El otro tipo de imbéciles me ha caído mejor. Son los admiradores o no que buscan responsables y no dejan de decir que Amy necesitaba ayuda y que murió porque no se la dieron. Bien, Amy Winehouse murió con veintisiete años. Creo que después de cierta edad no hay más responsable de tu vida o de tu muerte que tú mismo. Ella eligió un camino y seguramente sus padres sí quisieron ayudarla. Pero como dijo Sabina “no se puede ayudar a quién no se quiere dejar ayudar”.  Amy era adicta porque toda su personalidad lo era. Se hace hincapié en lo de las drogas y el vino pero yo añadiría en su pasión por un hombre. Dijo de ella misma  soy gilipollas y además fea”.  Creo que no era ni lo uno ni lo otro pero que en su adolescencia lo sintió así y eso la marcó de algún modo. Y aquella relación con aquel hombre casado ya la muestra como dependiente absoluta de algo que venga de fuera y en su segundo y último y mejor disco todo gira más en torno a esa relación y ese hombre perdido (aunque nunca lo tuvo realmente) que en torno a las drogas. “El amor es un juego perdido” reza el título de uno de sus singles y ella lo asumió tanto que cuando consiguió sentirse amada por uno le siguió en lo malo y en lo malísimo y hasta en los juicios. “Estaba con mi ex en el piso de arriba pero no me excitaba porque solo pensaba en ti” en “You Know i´m no good”. “No sé por qué estoy tan enganchada, no me debes nada pero es mi responsabilidad y yo no puedo estar lejos de ti” en  “tears dry on your own” o en la misma “no entiendo por qué me preocupa tanto un hombre cuando hay tantas cosas mejores por ahí”. “Limpio la casa para mantenerme entretenida, al menos no bebo (así no piensa en su amado)” o “Su cara en mis sueños me arrancan las entrañas, etc. Pero yo me despierto sola” en “I wake Alone”. En “Back to black”, como ya he comentado mi preferida, “tu volviste con ella y yo volví a lo negro (prefiero traducirlo como la oscuridad, la de Amy que se queda sola mientras el adúltero se lleva esa polla húmeda de la letra y lo que es más importante, sus sueños)”. En el video clip hay un funeral dónde entierra su corazón. Es el duelo por un hombre perdido. Lo dicho, una persona con carencias interiores que buscó cubrir con ayuda externa y eso no suele funcionar.
He conocido muchas personas con ese tipo de carencias. Demasiadas. A veces no se drogan o beben porque no tienen dinero para hacerlo. Son personas para los que tener el don de ser artista o ganar dinero sólo supondría el principio del fin.
Todo lo que necesitas para ser feliz lo llevas encima. Si crees que viene de fuera vas en dirección contraria y te acabarás estrellando.