21 mayo 2011

De momento feliz en mitad de la desgracia. Será porque no tengo tiempo para pensar mucho.


En esta iglesia flirteaba con mis primas de pequeño en alguna misa de gallo navideña


Había más gente en pie que pisos. En pie pero no de guerra. Aunque una guerra parecía haber pasado a mi alrededor. Miré el negocio de mi primo, de pronto venido a menos. Tan de pronto como unos minutos de terremoto. La vida más fructífera necesita su tiempo para cocerse pero a la desgracia no le cuesta mucho derrumbarla. Una oficina sin paredes era lo que quedaba de la gestoría. Es por eso que no pude evitar mirar a mi primo y ver si al menos él seguía más entero que los muros. Y sí. Se le ve bien ahora y entonces, cuando fui a ayudarle con sus cosas. Si somos familia lo somos en las fiestas y en lo malo. Aunque lo malo sean los restos de un naufragio en tierra, el choque sin compasión de dos placas tectónicas. Yo no estuve allí, mi hábitat natural está en Barcelona, pero la familia de mi madre es de allí y en ese lugar caminé todos los veranos desde mi infancia hasta la adolescencia. La última vez que lo había visitado fue por un fin de semana que mi primo, este mismo que ahora mismo miraba su negocio en crisis súbita, me ofreció techo y fiesta para evitar unos planes rotos por aquella huelga de controladores aéreos. Aquel fin de semana conocí mucha gente, me emborraché sin perder el sentido y regresé contento a casa. Ahora regresaba a las calles en las que disfruté para encontrarlas desordenadas y rotas. ¿Y a quién echarle la culpa? Porque todo el mundo busca culpables incluso en las catástrofes naturales pero creo que no los hay. Es sólo que la naturaleza nos recuerda en ocasiones que no somos más importantes que las hormigas que asesinamos sin querer en un paseo cualquiera. No somos más importantes pero tampoco menos. Al final nos toca construir igual el hormiguero. De momento no había paredes, sólo saqueadores que se querían llevar incluso lo que no había, dinero. Con el tiempo habrá ladrillos nuevos dónde ahora sólo hay montañas de escombros mojadas con lágrimas y sudor, mucho sudor. Mi primo intentaba frivolizar con eso y decir que si la tragedia fuera en invierno no sudaríamos tanto pero yo le dije que a lo mejor nos mojaríamos igual por la lluvia que también puede ser catástrofe si se pasa de vueltas.
-          En Murcia la lluvia no es una catástrofe, es un regalo- me dijo él sonriendo pero ahora menos alegre.
La verdad es que él sí lo está superando. Mejor que otros.
Mis familiares estirados de los barrios ricos vieron su casa destrozada, mis familiares de los barrios pobres tenían casas menos hermosas pero más tercas, aguantaron bien y la zona cero les pilló más lejos, digamos que en la zona uno. Esta vez los ricos lloraron. Pero la tragedia no se dejó a los pobres. A estos siempre les ocurre algo, Dios no les defiende ni aunque recen. Algunos dijeron que estaban vivos gracias a este Dios pero es prepotencia religiosa. Que Dios les haya elegido a ellos para estar vivos y les prefiera a la embarazada que mató, o a la otra víctima de trece años o al resto de las víctimas que en total fueron nueve. Les podría haber ayudado muchísimo más no tirándoles las casas y los negocios. Y no dejando nueve víctimas y múltiples heridos.
Así que como no tenía ni tengo Dios pero sí un par de manos me fui para ayudar a mis familiares más queridos y saludar a los menos. Incluso a esos que no se merecían más apoyo del que dieron en sus buenos tiempos, ninguno.
Sé que mi tiempo en esa zona me ha enseñado algo pero todavía lo estoy asimilando.
Una pesadilla de infancia es perder mi biblioteca en una de esas catástrofes.
Allí fui comprendiendo que si sales con vida te queda tiempo para recuperar otra biblioteca igual o mejor.
También que si la vida no es importante, mi biblioteca tampoco lo es.
Para leer es requisito imprescindible estar vivo. 
P.D. Y mientras escribo sin acostumbrarme al portátil y sigo salvando carpetas y papeles del negocio de mi primo, no olvido la mejor revolución que ha tenido mi país en los últimos años. Para una vez que merece la pena seguir la campaña electoral estoy yo mismo en campaña humanitaria. A este país se le acumula la faena y yo con falta de manos para estar en todo sin perderme nada.   

8 comentarios:

Ximo Segarra "ACAPU" dijo...

Un placer leerte de nuevo. Sí, hay que seguir adelante y reconstruir lo que se derrumbó, o hacer nuevas casas, no queda otra. El sistema también se cae a pedazos, y hay que construir algo nuevo, entre tod@s, de igual a igual, y bajar de las alturas a quienes llevan demasiado tiempo pisoteándonos.

Haya salud, compañero :)

Houellebecq dijo...

Estoy ilusionado con lo que está pasando por lo que mencionas del sistema pero será lento hasta más difícil que lo de los edificios de Lorca, mucho más. ¿Lo veremos?

Annie dijo...

Hou como me gusta comprobar que mi intuición no me falla y contigo no me equivoqué. Vales lo que pesas en oro y más!!!!!

En momentos difíciles es cuando realmente se conoce el talante de la gente y quien de veras está contigo y el que estés al lado de tu familia lorquina en este momento tan duro echándoles una mano, habla muy bien de ti; y sin conocerte personalmente, me siento orgullosa de tenerte como amigo, pues así te siento.

En cuanto al sistema, lamento desilusionarte, pero creo que la reconstrucción no le tocará a los de nuestra quinta...

Besos mágicos y feliz inicio de semana

VANESSA dijo...

Ojalá esto que has escrito fuera ficción...Por lo menos has podido ayudar en lo que has podido..
Yo también perdí mi biblioteca de juventud hace unos años, y aunque no era mía personalmente, algo de mí se perdió.
Besoss!

Mario dijo...

El mundo se viene abajo, y la desgracia para los mismos, se nos echa encima. Ya ves, somos una especie de zona cero, de epicentro, de costa asolada por un tsunami. Eso sí, siempre quedará alguno en pie para ayudar a levantarse a los demás.

Tú, por ejemplo, lo consigues. Hoy has levantado mi día, me lo has quitado de encima. Pesaba una barbaridad este cabrón de lunes.

Pero ha sido llegar a tu jornada electoral y reflexionar. Ha sido seguir bajando... y sumando letras, y llegar hasta tu Lorca mordida por el diablo. El infierno japonés, pensé, ha encontrado segunda residencia. Ahora, mientras te comento, pienso que me gustaría estar ahí, entre escombros, rescatando la ciudad.

Un placer constructivo en grado sumo, y sigo... leerte.

Un abrazo

Mario

(de haberlo sabido, podías haber votado por correo, claro que según están las infraestructuras y el servicio postal, te lo dice uno que trabaja en correos..., creo que ya has hecho bien, ya...)
(Y te pido disculpas por no haberte incluído antes en mi lista lateral de blogs recomendados, no sé en qué coño estaría pensando cuando pensaba que ya te tenía ahí localizado...)

Houellebecq dijo...

Annie, que me sobrevaloras... Claro que no me voy a quejar. Yo tan contento. Y me gsuta que me sientas así. Yo no rechazo la amistad de la gente que también por intuición siento que lo merece. Por intuición o porque después de tantos comentarios y posts tampoco me resultas una desconocida precisamente.
Yo sigo diciendo lo del post, más o menos feliz (con altibajos por lo de la campaña electoral). Besos.
Qué horror, Vanessa, eso sí que me aterra y sin embargo tengo que pensar que no hay nada seguro en la vida, ni esta misma.

Mario, si te he quitado el día que pesaba tanto me alegro. Yo apenas lo he apartado a un lado. Como decía más arriba una y otra vez la campaña de vampiros que se abrazan da la sensación de que el mal triunfa sobre el bien(si fuera tan simplón como para creer en los absolutos maniqueos)pero luego pienso en mi vida y en que esta sigue gobierne quien gobierne. Y en que hay otras luchas en las que sí vamos ganando. Hacer algo constructivo (en esta caso Lorca)me hace sentir más ganador todavía que ayer levantando la mano hacia arriba en las asambleas de Barcelona. Me gusta lo constructivo. Y además el punto y final definitivo sólo lo da la parca.
Ni se me ocurrió lo del correo y es cierto pero quería estar en la Plaza Cataluña ( y no fui a Madrid para majar dos pájaros de un tiro, el del voto y el de coger cosas de mi casa).
Saludos de nuevo.

neko dijo...

La fuerza de la naturaleza me deja siempre sin palabras, tan poderosa que todavía no somos capaces de controlar su destrucción, y tan lejana... la vemos tan lejana, siempre por la tele, que cuando se presenta a tu puerta no eres capaz de creer lo que ves.

Aprender a levantarse y a levantar todo de la nada es duro, pero te hace fuerte y yo creo que a la larga mas feliz de saber lo que realmente tienes. Te enseña a apreciar a tu gente, a la que tienes a tu lado, y olvidar un poco lo material.

Mucho ánimo y energía, que nunca sobra.

Houellebecq dijo...

Pues es justamente en estas situaciones cuando te olvidas de que eres un depresivo habitual o de que no te gusta la vida. Incluso aunque no he estado allí durante el temblor, sólo durante sus resultados. Curioso.