19 enero 2011

Hasta luego

Hace poco lo comentaba en uno de los blogs que visito. ¿Pensamos en esos blogs que nos dejaron sin un aviso y que seguíamos? ¿Qué será de ellos? ¿Y si muero un día y no puedo avisar que no puedo actualizar el blog? No pasa nada. El mundo seguirá girando, claro. Son pensamientos ociosos.
Lo que sí puedo decir hoy es que después de bastante tiempo actualizando regularmente, sin prisa pero sin pausa, necesito un descanso de mi blog y diría que de internet pero eso será más difícil. Á partir de ahora no tendré tanto tiempo durante un par de meses así que será más difícil pasearme regularmente por aquí. ¿Lo dejo? No, eso no es posible. Siempre que algún bloguero lo deja le recomiendo que no se despida con un “hasta nunca” porque si esto realmente le gusta volverá. Yo, de hecho, no me estoy yendo, sólo digo que de momento no estaré por aquí salvo ocasionales visitas a vuestros blogs cuando tenga tiempo. Es sólo que me doy un respiro de mi blog.
Seguiré escribiendo mis proyectos personales aunque sea en papel y en el lugar más secreto del trabajo. Y seguiré pensando cuando me ocurra algo como si escribiera un post (deformación profesional de bloguero antiguo). Y hasta me veréis comentando ocasionalmente en vuestros blogs con los que siempre aprendo algo y cuando no lo aprendo lo disfruto.
Así que a los seguidores más antiguos, a los menos y a los recién llegados, hasta luego.
A los que me conocéis en persona que sí, que un día de estos usaré el Messenger  o el hotmail.
Muchas gracias por habérmelo hecho pasar tan bien con vuestros comentarios o con vuestros propios blogs. Espero que nos veamos pronto por aquí o dónde sea.
Al menos esta vez no me voy por presiones externas.
Es sólo que para renovarse o renacer tienes que morirte un poco primero.
Me voy a descansar. Si en paz o no depende del ruidoso cabrón de mi vecino.      

10 enero 2011

El amor más fuerte...

Hace días que recibo noticias desde Birmingham. Entre sus nuevos habitantes hay una recién llegada que me interesa especialmente. En realidad no sé nada sobre la ciudad porque cualquier mail habla de otra cosa que de casitas  inglesas o jardines. El Hotmail lo tengo más hot que nunca, yo, que tan poco lo usaba. Ahora recibo un suministro regular de palabras dónde se rememora una relación, la nuestra, que nunca fue fácil pero a cambio tampoco fue aburrida. A Birmingham le debemos el heavy metal y yo además, una ex refugiada en desbandada que me sigue recordando y que no hace caso de los kilómetros ni del agua que hay en medio. No la culpo. Ni por la distancia que ha puesto en medio ni por usar un avión para mejorar su vida. Es normal que se agotase de mis “quiero y no puedo” o de la insuficiencia amorosa y probablemente mental de su último ex, el que vino después de mí.
Nuestro país no es mejor ni peor que cualquier otro pero a veces te duelen los paisajes. Especialmente esos dónde los autóctonos te lo hacen pasar tan mal.
Ella no me echa en cara nada y además se autoinculpa para no llenar los mails de quejas. Es como si de tanto discutir hubiésemos agotado todas las polémicas y ahora sólo nos quedase la mejor parte, la del principio.
Si creyese un poco más en el amor no me costaría creer nada en el suyo. Pero no puedo evitar pensar que tal vez se mantiene intacto porque no se usa, porque siempre es más fácil perdonar y se ve mejor a la gente en la distancia y el tiempo que en persona y cara a cara con sus defectos. Ni puedo evitar rememorar cierta historia de una conocida que amó más allá de su miedo, comodidad, intereses personales, etc. a un joven cubano que la quiso del mismo modo. Y lo que luchó contra su familia y la del otro. Y lo que luchó contra los cada vez más férreos permisos de residencia en España para conseguir que él viniera a España a vivir con ella. Y lo que luchó también en Cuba para casarse con él, y los cuestionarios tendenciosos dónde se le insinuaba que lo de ellos no era amor, que era interés de un parte por salir del país y sacarle la lengua al comunismo (cuando él es el tipo más comunista que he conocido nunca). Y finalmente la memoria me lleva al presente dónde ella empieza a flaquear. Tiene piso propio y ambos tienen buenos trabajos. Han desaparecido los obstáculos para que se amen. Y curiosamente es ahora cuando parecen amarse menos. La película de amor y acción es ahora arte y ensayo europeo con director pedante. Se aburren.
Así que cuando hablamos de pasado y de errores y de que tal vez si las cosas hubiesen sido distintas todo hubiese perfecto y mi ex en suelo británico asegura haber encontrado la fórmula de por qué no funcionó… no sé, dudo.
Nunca desconfié de su amor. Total, sólo era el mío el que siempre estaba bajo sospecha.
Yo sólo quería hacerle entender que la pasión más fuerte lo es siempre en intensidad pero no en duración.  

04 enero 2011

Miedo a los fantasmas de las navidades futuras

Nos encontramos por casualidad haciendo unas compras de Reyes. Una compañera del trabajo. Otra. Ahora la veo relajada y a pesar de que se ha dejado el maquillaje en casa se la ve más joven. En el trabajo se parece a su madre, seria, ceñuda, preocupada, buscando el cigarro que no le permiten disfrutar para apaciguar los nervios, mirando hacia la puerta del despacho por si sale el jefe que apenas se asoma una o dos veces por día (un jefe que sólo sale para avisar que está y al irse dejar una ausencia imperfecta, una semipresencia fantasmal compuesta por el miedo a que vuelva a aparecer y la posibilidad real pero remota de que aparezca realmente). Yo al jefe me lo tomo de otra forma más deportiva. Si me pilla en un descuido tampoco va a ser el final. Una amonestación y hasta luego. De todos modos mis faltas suelen ser leves. Sólo un comentario aislado y relajante con alguna compañera. Luego regreso a mi lugar del tablero como la buena ficha que soy.
Pero esta compañera viene asustada de fábrica. Desde el primer día hasta el último que le conozco encuentra motivos de horror hasta debajo de la alfombrilla del ratón. Miedo agudo al despido es su diagnóstico. Se da con mayor fuerza en las épocas de crisis. Mi compañera es un ejemplo de que con el miedo puedes hacer lo que quieras con una persona. Forzarla a las horas extra que no se cobran, a trabajar más de lo que debes por contrato y en puestos que no contempla tu categoría… El miedo. Ni siquiera se permite hablar más de dos palabras seguidas con nadie en el trabajo. Puede aparecer la cara del jefe, qué miedo. O puede delatarla alguien. Vive su propio régimen estalinista. Los que no son afectos al partido del líder, nuestro gerente, pueden ser delatados incluso por sus compañeros (y en esto no se equivoca mucho, el ser humano es chivato por naturaleza, a veces delatan incluso mentiras convenientes para figurar mejor frente al jefe). Cada día la veo tomando el café previo a su trabajo y aterrorizada frente a las páginas de economía del periódico. Insiste en buscar buenas noticias en el lugar equivocado.
Sé que el miedo es necesario para sobrevivir. Si no lo tienes frente a una panda de skinheads con bates de beisbol serás un cadáver muy machacado. Pero habitualmente veo que el miedo es más la excusa con la que se montan guerras, se mantiene a gente en trabajos precarios y hasta humillantes, se controla y chantajea a otras… El miedo se usa en un ochenta o noventa por ciento para el dominio del prójimo.
En mi compañera, relajada ahora en ese lugar dónde la he encontrado y ahora tomamos café, el miedo es una tortura que no la deja vivir mientras trabaja, lo suyo es un síndrome. O una adicción masoquista a pasarlo pésimamente.
No parece entender que cuando la echen lo pasará mal pero ni la mitad de lo que lo está pasando mientras imagina que la van a despedir.