27 diciembre 2012

Una cita en Barcelona(IV)


Yo últimamente noto que percibo más detalles que hace años dónde se me escapaba hasta el color de ojos de la persona con la que hablaba(¿El color de ojos? Hasta el de la ropa que llevase puesta). Ahora noto que puedo mantener una conversación y percibir más detalles conscientemente y otros, curiosamente, rememorarlos o percibirlos en diferido y cuando los escribo. De hecho reescribir la vida es una manera de sacarle el polvo a lo que recuerdas. No perdemos los recuerdos. Los archivamos en neuronas polvorientas y de difícil acceso(pero a las que con un cierto esfuerzo podemos acceder).
En una primera cita puedes ver, si tienes la mente receptiva, el futuro con esa persona. Incluso a través del disfraz de rol que adopte dicha persona y sus mentiras para caer mejor, esas que solemos adoptar(o no) durante los primeros tiempos antes de bajar la guardia y que nos pillen los "pecados" y el verdadero yo, el de andar por casa.
Lali le pidió al camarero que le calentase más la leche del café, luego le pareció muy caliente y finalmente se quejó con dureza que había pedido sacarina y "que lo había dejado bien claro". No quise ponerla nerviosa pero yo, junto al aturdido camarero, tampoco recordaba que ella hubiese pedido sacarina o nada de lo que había requerido a posteriori. Nunca he creído que el cliente siempre lleve la razón. Sólo hay que seguirle la corriente como a los locos.
Tras solventar los escollos del café en su punto, me tocó un interrogatorio en primer grado y al que sólo le faltó bombilla contra mi rostro sobre mi vida. Todo el mundo quiere saber sobre el otro. Sólo digo que hay maneras y maneras y sus preguntas atropelladas me hacían pensar que estaba rellenando un formulario y no que estaba tomando tranquilamente un café con una posible amiga. Sólo le faltó pedirme un informe médico, los títulos académicos y un juramento de buenas prácticas. Yo le dí un breve paseo sin excesos retóricos sobre mi vida reciente y circunscrita a este último año que no ha sido de los peores pero tampoco de los mejores. Le hablé de mi compañera silenciosa, de mi trabajo en la biblioteca, de que yo también tenía una hermana con la que me había peleado pero no era tan grave y la navidad anunciaba ya posibles absoluciones.
Luego me preguntó sobre hijos, si quería tenerlos y sobre bodas. Esas son preguntas que no me gustan y que respondo con desgana, como el cantante que lleva tres mil kilómetros de viaje y quinientas ruedas de prensa dónde le hacen la misma pregunta siempre. Me muestro educado pero levemente seco, me identifico por si alguien lo ha visto con el personaje de George Clooney en "Up in the air". Al menos con el de la primera hora de película. Lacónico.
Ella siguió insistiendo y me pidió explicaciones de por qué no quería tener hijos y yo bordeé pero no caí en el "porque no me da la gana". Sólo saqué un par de balones fuera, le dije que en el mundo tiene que haber de todo y yo cubro el necesario cupo de raros que necesita la naturaleza para que ya estén cubiertos todos los papeles que tienen que repartirse. Y que las minorías de extraños o retrasaditos como yo también merecemos un respeto, tal vez algún día no seamos minoría.
Como seguía insistiendo con esos temas yo decidí asaltar al enemigo con un golpe bajo que me hubiese valido tarjeta roja desde fuera y le pregunté a bocajarro: "¿Y lo de llamarme para que follásemos por teléfono se te ocurrió sobre la marcha o surgió así de repente?"
Se puso más roja que la tarjeta que no me sacaron.   

24 diciembre 2012

Una cita en Barcelona(III)


El tiempo es tan subjetivo que dicen los que han sufrido un accidente de tráfico que casi parece detenerse. Ante determinadas situaciones la vida parece ralentizarse y tomar densidad. Solo es un engaño de la memoria que recuerda con más atención. Yo no he sufrido ningún trauma pero mi cita con Lali se estira en mi blog porque repasándola en frases aparecen más detalles de los que recordaría si me hubiese quedado en casa con la prevista perspectiva de no hacer nada. De eso me hubiese olvidado fácilmente. Esta cita además, se me hizo larga y me parecieron tres. Pasaba constantemente de arrepentirme a estar bien y viceversa. En ese tipo de encuentros primerizos que detesto tengo el mismo problema que el escritor David Foster Wallace con su timidez "no se si me gustas o no me gustas. Estoy demasiado preocupado por gustarte a ti".
Lali estaba tomando el control de sí misma. Lo noté porque me preguntó si podía hablarme en la lengua de la región(antes lo exigía, vaya cambio) y yo le respondí que claro, siempre lo hago, y más con un examen de nivel pendiente en esa misma lengua. Y desde luego hablarlo es más sencillo que escribirlo.
Ya en su terreno no tardó en explicarme motivos y razones de por qué había venido a Barcelona. Me daba la sensación de que necesitaba opiniones sobre lo que había hecho.
Se había ido muy enamorada a Andalucía. Allí había estado bien durante los primeros meses de matrimonio (aunque me aseguró que su familia adoptiva no la había querido desde el primer momento y que eso se notaba aunque no se dijera y que a ella le habían caído todos peor, la familia y los amigos de su hombre, en catalán la pareja de una mujer suele ser su hombre"el meu home"). Su hijo que llegó sospechosamente pronto y antes de los nueve meses desde la boda era lo mejor.
Porque después de eso me explicó con detalles el aburrimiento y el día a día de una mujer sin profesión ni el "permiso" para tenerla encerrada entre las paredes de una casa y sólo con la televisión, ni siquiera ordenador. Una mujer que tenía la vida social reducida a las charlas con las dependientas en el mercado, alguna que otra llamada a Barcelona y a su madre y los Domingos y festivos con la familia de su marido por vida social. Sí, sonaba aburrida hasta el suicidio. Le pregunté que por qué no había intentado sacudirse el aburrimiento y me recalcó que su marido era muy posesivo y celoso y no la dejaba ni estudiar. No indagué más. Siempre me sorprenden estos casos. Me rebelo contra todo tipo de límite a mi libertad. Todo el mundo intenta limitarte incluso creyendo que lo hacen por tu bien y yo me dejo un tiempo por consideración para finalmente estallar en brotes de violencia y sacudirme cualquier obligación a gritos o en el peor de los casos a golpes. Pero no puedo esperar que todo el mundo sea igual. Por suerte. Tiene que haber un punto medio.
Luego Lali comenzó a hacer un ataque casi xenófobo contra el mundo andaluz así que en ese momento me desconecté de la conversación unos minutos y me puse a pensar si lo mejor que podíamos hacer después era ir a cenar o sugerir otra cosa. Y es que las conversaciones con prejuicios basados en tu caso particular no llevan a nada. Mi padre andaluz no es nunca el héroe de mis escritos pero se escapa totalmente a las generalizaciones que Lali hacía de Andalucía  Y además, me paso la vida buscando casos particulares y detalles, lo global me aburre, es demasiado básico.
Y luego estaban los problemas sobre los que poco consejo le podía aportar. Se había ido sin previo aviso con su hijo de cuatro años a Barcelona. No creo que fuera una huida porque dijo que estaba localizable pero yo ahí solo veía problemas con soluciones sobre las que poco entiendo. "No le aguanto más. Nos vamos a separar y aunque me ha puesto excusas de que cambiará y todo eso no quiero seguir más con él ni con su familia. Es por lo que llamé a mi madre y le dije que nos veníamos para aquí. Pero claro, a mi hijo no lo iba a dejar allí."
Cuando le pregunté por lo que opinaba su familia me dijo que aquí sólo tenía a su madre, a una hermana con la que estaba peleada y a una amiga con la que no se hablaba desde antes de la boda. Vaya, esta chica era menos sociable que yo. Supongo que ahí tenía parte de la clave de que me llamase a destiempo. Yo era el fondo de la olla que rascas cuando no tienes a nadie más a mano. Pues claro, ni por un momento pensé que cuatro o cinco mails y un blog dejasen tanto recuerdo o marca en nadie.
El problema es que si llamas a gente con la que nunca has tenido demasiada implicación puede pasar que la gente no se implique demasiado contigo.   

06 diciembre 2012

Una cita en Barcelona (II)


Estábamos justo delante del cine Comedia, un lugar dónde he vivido más dramas románticos que precisamente comedias, un lugar con "vibraciones".
Ella se fijó en el libro que llevaba. Preguntó el título por eso de meterle relleno a los silencios. Creo que no le importaba mucho lo que yo leyera. Poco después me confesó que hacía más de seis años que no abría una novela. De todos modos le respondí, "Casa de verano con piscina" de Herman Koch. Frunció el ceño y me dijo que no lo conocía(claro, ni ese ni prácticamente ninguno, digo yo pero este que no es muy conocido menos). Cuando me preguntó si estaba bien apenas escuchó la respuesta. Me sugirió llevarlo en su bolso. Y el gesto me recordó a la historia de mi vida. Siempre el bolso de una mujer amable de consigna y cargando el libro de turno. Normalmente es lo único mío que casi tengo asegurado que voy a introducir si o sí en algún lugar. Casi siempre una novela de las que me acompañan porque uso el transporte público y me aburre mirar caras y me agobia que miren la mía, así que abro obras maestras o no tan maestras prestadas de la biblioteca o compradas y me parapeto y refugio al calor de la literatura. Sólo paso casualmente por este mundo para recopilar datos y luego me regreso a ese otro mundo irreal de la ficción en el que suelo estar casi siempre. Pero delante de Lali no tenía más escondite que el de las frases que yo mismo hiciera. Y si toca realidad, toca realidad.
Escogimos un sitio mejor para hablar que la puerta del cine al que no íbamos a entrar. El mismo dónde cierto día de cierto lejano año me regodeaba en un beso perfecto que ya ha salido por este blog. Se preveían resultados más pobres para la jornada actual. Era otra "vibración" mía.
Creo que por desgracia hacíamos buena pareja lo cual podía resultarme aburrido. Al menos aparentemente. Tengo un largo historial de pareja más joven o mayor que yo, o bastante más oscura o de otra nacionalidad o de complexión muy distinta a la mía. Otra cosa es su interior. Pero esta es una divagación estéril ya que siempre se me queda la sensación de que no soy tanto el que elige como el elegido. Como si fuera más bien un pez solitario que al final acaba enganchado a un anzuelo especialmente puntiagudo.
En la cafetería ya estábamos mejor pero aún teníamos que encontrar un buen punto de partida para hablar más y dejar de estudiarnos menos.
Cuando alcé la mano para llamar al camarero vi como ella la observaba detenidamente. No son casuales las miradas de las mujeres a las manos. Hay un estudio que dice que una mayor exposición a la testosterona en la etapa fetal te desarrolla más el dedo anular, el de los anillos. Ese dedo, en caso de tener más testosterona y ser más largo indica que eres más hombre, más fértil, mejor pareja si quieres una buena relación de futuro. Un dedo índice más largo que el anular indica en cambio ser más gay. Yo la mano derecha la tengo tan masculina como un corredor de bolsa que triunfa en Wall Street. La izquierda no es gay pero el anular sí aparece como algo más tímido. En cualquier caso sólo me quedé con su comentario de "me gustan tus manos".

Lástima que acabe de recibir la llamada de J. y la posibilidad de pasar un rato en el bar y no escriba más por hoy. Empezaba a pasarlo bien rememorando esto por escrito.
Desde luego mucho mejor que viviéndolo. 

01 diciembre 2012

Una cita en Barcelona (I)


Aunque estoy ocupado en tareas absurdas pero pesadas hoy empiezo a escribir el relato de mi última cita sin prisa pero sin pausa. Lo haré como algunas otras veces, por entregas, para no fatigar al lector y para no fatigarme yo mismo. Deshabilito los comentarios hasta que acabe de contarlo por el mismo motivo (pero si no os gusta que lo haga tenéis el final de la historia para sugerirme que no os deje mudos en ningún caso o para que no lo vuelva hacer). Yo seguiré merodeando por vuestros blogs ya que me gusta todavía más leer que escribir.
Supongo que la semana pasada tenía que haberme puesto con esta historia pero es que entre una y otra cosa mi “amiga” de Andalucía no había vuelto a aparecer más que para dar largas y alegar problemas logísticos en sus mensajes. Que si tenía que avisar a su madre de que le preparase habitación en Barcelona, que si no podía tendría que hablar con su hermana... Y es que ella siempre había sido de la ciudad condal hasta que alguien de Córdoba la hizo cambiar primero de ciudad e imagino que luego de vida. Debo decir que Córdoba es una ciudad que conozco muy bien o que conocía. Hace años que no la visito. Sí sé que Lali allí, por mucho que haya cambiado la región, no habrá podido hablar catalán. Recuerdo que por teléfono siempre me decía cuando introducía algún castellanismo, “A la Lali sólo se le habla en catalán”(dicho esto en catalán,claro). Y a mí lo de hablarle catalán no me parecía ni bien ni mal. Sí que me desagradaba que hablase de ella misma en tercera persona. Para eso ya esta la gente como Belén Esteban y famosillos de medio o cuarto de pelo de la televisión más infame.
Pero el Domingo pasado no tenía nada que hacer. Normalmente, cuando no tengo nada que hacer, no hago nada. Pero ese día estaba aburrido de no hacer nada y las tardes de Domingo son tristes para casi todo el mundo...
Por la mañana fui a tomar algo con J. y mirar libros y comics a un rastro del ocio que hay en Barcelona, el Mercado de San Antonio (o de Sant Antoni si pasáis por aquí y os queréis meter en el bolsillo a los pelmazos independentistas de “me quiero quedar sólo arando mi pequeño huerto”).
Por la tarde me duché sin más intención que la meramente higiénica y sin pensar o aventurar contactos íntimos. La soledad produce hábito y puede deteriorar la pasión.
A medida que avanzaba la tarde y las siete, hora en la que había quedado, se me iban disipando las ganas de salir. No me gusta ir a ciegas a ningún lugar. Nunca me ha gustado. Si hubiese estado desesperado tampoco me hubiese gustado pero estando más o menos tranquilo la idea cada vez me gustaba menos. A veces me pasa que acepto alegremente y entusiasmado una invitación y cuando llega el momento es lo último que quiero hacer, acudir a ese compromiso que yo mismo he aceptado con ganas.
Pero cuando me comprometo cumplo y cumplí. Es el equivalente a taparte la nariz cuando vas a tomar una medicina de mal sabor. Cuanto menos pienses sobre eso más rápido pasará el mal trago. Y eso suponiendo que yo fuera hacia algún mal trago salvo el hecho de que todo el tiempo en metro y camino del Paseo de Gracia del centro de la ciudad la pregunta estaba ahí: ¿Qué hago quedando con esta mujer? Una mujer a la que conozco de varias llamadas blogueras de hace años y de una última llamada surrealista.
Cuando llegué cinco minutos antes de la hora ella ya estaba ella allí. La reconocí a pesar de que en la memoria solo tenía aquella fotografía borrosa. Hay gente a la que se le adivina el pensamiento por el lenguaje corporal. Ella explicaba con todo su ser que era una persona que esperaba a alguien. También el hecho de que se miraba el reloj cuando llegué.

  • ¿Lali?- le pregunté por si acaso.

  • Sí- se dio la vuelta bruscamente y sonrió casi automáticamente, casi en defensa propia o a la defensiva- ¡Sergio! ¡Cuanto tiempo...!

Sí, mucho tiempo. Tanto que ahora la Lali ya no hablaba ni en catalán. Bueno, puede que un poco pero ya no me lo exigía.
El otro dato interesante es que ella estaba más nerviosa que yo y eso me relajó.

24 noviembre 2012

Todo esto para qué

A veces confías más de la cuenta y otras menos. Confiar en el justo punto es imposible salvo si tienes poderes telepáticos. Nunca sabes en qué cara angelical se esconde un Judas y viceversa...
Mi blog es el de siempre pero en el anterior dominio(y con este van tres dominios mal dominados) tenían la dirección más personas de las necesarias. Este blog era más para extraños que para propios. Aunque los extraños a veces se sientan como propios y hasta más cercanos que los que tienes cerca.
A unos pocos les dí la dirección del blog. Unos pocos de entre los pocos extendieron la palabra más de lo que yo hubiera querido. No sé si con mala intención pero al final este blog lo leía gente a la que tengo vetada en mi relidad así que no quería darles una ventana a mi interior ni por internet. Así que una vez más, otra vez más y no se sí la definitiva, cambio de dominio y de título para el mismo blog y también de nombre(aunque la S. no es como para que muchos se lleven a engaño). Y ahora dejaré esto como experimento para ver si tengo el semi-anonimato que busco. Después comenzaré a escribir tan libremente como necesito y quiero. Sin pelos en la lengua ni en las teclas. Como siempre pero peor o mejor según se mire.
Lo del título del blog es por una novela de Lionel Shriver, escritora norteamericana que he disfrutado este año. Su marido le prestó el título para su libro y a ella le gustó. Y a mí también. Porque después de haber sido hostil me queda otra sensación. Todo esto... ¿Para qué? No lo sé. No busco respuestas. Todo esto para escribir y luego ya se verá. Como siempre.
Tengo historias pendientes y otras que llegarán.
Si estáis leyendo este blog es porque sois personas en las que confío(conocidos o no).
Si lo estáis leyendo y me conocéis en persona no le paseis el blog a nadie sin permiso, gracias.
Si no me conocéis en persona sí, claro, me gusta ser leído, extended las palabras.
En cualquier caso volvemos a estar solos y puedo confesaros lo que sea.
Es momento de no callarme nada. ¡Como si me hubiese callado mucho!

14 noviembre 2012

Hoy en la "mani"

Conductor airado frente a manifestación y policías en moto pasando del asunto



Por la mañana revisé mi correo. From Andalucia with Love. La semana que viene. La muy infame. Nada bueno saldrá de ahí, lo sé. Pero hoy estaba en un tema importante: la huelga.
Comí en casa de mi madre y salí con una frase que pretendía simpática: "Hasta mañana, voy a quemar policías con un pañuelo en la cara". Pero al ver la preocupación en su rostro reculé. "No, qué va, sólo voy a pasarme la tarde leyendo, si total...".
Pero de allí me propuse un paseo de kilómetros sin transporte público. No quería disfrutar del "placer" sudoroso e irritado de los servicios mínimos. En el barrio había algunos comercios abiertos y otros con las persianas indecisas. En el centro de la capital era peor. Los grandes comercios cerrados y los pequeños semiabiertos, con un ojo en los clientes y otro en los manifestantes.
Ví un contenedor ardiendo. Qué novedad. Los políticos quieren vender la marca Barcelona. Si me dejan que les haga el logotipo les pondré un dibujo de un contenedor de basuras en llamas, es lo que nos define muy bien como urbe. Lo malo de eso es que lo pagamos los contribuyentes, lo bueno es que a veces salen en las notícias.
Me senté en un banco esperando a que alguna manifestación viniera a mí y no tardó mucho. Llegó una suave con dos policías en moto detrás pastoreando. Un manifestante joven dijo en el idioma autóctono "els cabronasssooooss"* señalando a los policías. Otros comenzaron a gritar a los pequeños comerciantes "avui no és treballa, baixa la persiana”** y a golpear a las apresuradas y asustadas planchas de metal que bajaban automáticamente. No sé si estoy de acuerdo con eso. Se supone que hay un derecho a la huelga y otro a no hacerla. Es cierto que hay muchos que no la hacen por cobardía y otros por estupidez pura y dura pero los hay que no pueden dejar de abrir. Y no nos podemos imponer por la fuerza para que hagan valer sus derechos. Es cuando mínimo paradójico.
Me sumé a la manifestación pero los seguí desde la acera al principio. Así hice unas fotos con el Mp3 para conservar mi recuerdo histórico. Escuché a una señora mayor decir a gritos: “Los manifestantes son unos guarros. ¿Se piensan que van a conseguir algo?” Eso sí me dolió porque sin quererlo ya había tomado parte por alguien y era por los huelguistas. Estuve a punto de gritarle yo a ella y llamarla guarra, imbécil y preguntarle si tenía ella una solución mejor. Porque este es el problema. Las revoluciones y las huelgas son de resultados lentos, casi inadvertidos a simple vista. Los gobernantes saben que el pueblo se puede cansar y tratan de disuadirle, tratan de asustarnos, desmoralizarnos... Hay gente que se siente derrotada antes de plantar batalla. Si el seguimiento fuera hoy del setenta por ciento y la próxima huelga del ochenta, otro gallo cantaría. Pero hay una mayoría de gente que piensa que el “no sirve de nada” es la mejor opción. Claro, porque si no hacemos nada y le damos un cheque en blanco al gobierno todo irá mucho mejor. Eso sería el equivalente a regalarles vaselina y relajar el esfinter para que no les doliera penetrarnos. Un mundo dónde hacen lo que quieren y nosotros no hacemos absolutamente nada. Lo dicho, cheque en blanco. Y es triste pero mañana todo seguirá igual pero no será porque los huelguistas sean unos guarros o no sirvan de nada. Tampoco porque la policía o el gobierno nos opriman( a mí me tocaron policías muy tranquilos). Será por culpa del equipo de los de “no ganaremos nada” y de los cobardes, estúpidos o derrotados que efectivamente “no ganaremos nada”. Por supuesto no le dije nada a la vieja porque era perder el tiempo y ganarme la porra de un policía a pulso.
La manifestación paró la circulación. Unos conductores salieron airados y nos gritaron. Los manifestantes les gritamos en plan festivo: “Toooooonto, toooooonto, tooooonto...”. Había un ambiente muy simpático desde dónde estaba. La policía se encogía de hombros ante los conductores y hacían lo que debían hacer hoy, estar tranquilos. No sé cómo habrá ido en otros lugares.
Digan lo que digan las noticias la huelga ha sido un éxito en plan seguimiento. Otra cosa es que se haya ganado una guerra tan compleja y larga. Pero sí, para algo sí ha servido. Por lo menos molestamos a los que hacen algo más que molestarnos. A mí es que lo de no hacer nada se me hacía muy cuesta arriba.

*Los cabronazooooos

** Hoy no se trabaja, baja la persiana

10 noviembre 2012

Sección anécdotas

Este Lunes sonó el teléfono por la mañana. Casi nunca lo cojo porque llevo tapones de la farmacia para aislarme del planeta en general y de mis odiosos vecinos en particular. Apenas lo oigo pero esta vez estaba el piso en calma y escuché la desagradable música de llamada. Me saludó una voz familiar y extraña a la vez. Sabía que la había escuchado antes pero no recordaba quien era. Y no conozco tanta gente como para no distinguirlos fácilmente por teléfono. Miré el prefijo del teléfono y lo recordé. Andalucía. Sólo una sospechosa posible. Una antigua bloguera de cuando este espacio tenía otro título y otro dominio. Chateamos, nos enviamos mensajes por mail, hablamos una vez por teléfono y luego ella dijo que se iba a casar y se borró sola de mi agenda. Pero todo regresa. Mi pasado siempre se pasa a saludar cuando menos lo espero. Me preguntó si todavía escribía un blog. Le dije que sí. Me comentó que se había casado y tenía un niño precioso, una casa perfecta y una vida doméstica no tan buena pero no me explicó la composición exacta de esos nubarrones domésticos y yo no le pregunté. Llevaba casi un cuarto de hora hablando. Desde Andalucía. No pasó mucho tiempo más antes de que no sé cómo porque más bien fue sin venir a cuento que me dijo si estaba vestido y le dije que sí escondiendo que seguía en pijama y dando vueltas por casa entre libros de perfeccionamiento del catalán para oposiciones y algunos cómics. Entonces me dijo que me bajase la cremallera del pantalón. No es que me importase hacerlo pero nada me cuadraba allí. Era ese no venir a cuento lo que me alteraba la escena. Me preguntó si ya lo había hecho y le dije que sí aunque lo único que había hecho era coger un cómic de Thor el poderoso que hojeaba distraído. Y no es que apreciase el cariz generoso y masturbatorio que tomaba la conversación pero me podía más saber a dónde iba eso y la sensación de que muy normal no era. Llamadme arcaico pero todo iba como muy a cámara rápida para mí. Entonces me dijo que ella era una chica muy apasionada, que a pesar de ser ya una mamá todavía se sentía en el mercado(no lo dijo con estas palabras pero se me han perdido fragmentos de la conversación, no sé en qué estaba pensando). Entonces me preguntó que si la veía sobre mí porque se acaba de sentar encima mío, a horcajadas sobre mi polla. Claro, claro que la veía si usaba la imaginación pero muy poco porque de ella sólo tenía una fotografía de lejos y algo borrosa que me envió hace años por correo. Y entonces siguió comentándome que ahora subía y bajaba sobre mi erección y algunos detalles más con un sexo bastante convencional y sin demasiada imaginación para mi gusto pero que en vivo tal vez hubiese aceptado, supongo. El caso es que la cosa se alargaba (y no penséis mal) y se me olvidó que para no hacer el show algo fatigoso tenía que acabarlo yo. Noté su titubeo, ese "¿Ya...?" y yo que seguía con el cómic desperté de mi adormecimiento y le fingí un orgasmo, algo sencillo teniendo en cuenta que si bien todos los orgasmos femeninos son complicados, distintos y en algunos casos altamente teatrales los masculinos, el porno me ha enseñado mucho, se reducen a un gruñido dónde es indistinguible el dolor del placer, algo muy animal y simiesco. Más difícil es fingir un orgasmo en directo pero alguna vez lo hice con un juego de ilusionista dónde hacía un rápido nudo de preservativo y un enceste en papelera magnífico.
"¿Te ha gustado?" me preguntó. Claro, le respondí. Y luego hablamos algo más sobre temas banales. Creo que visitarán Barcelona ella y su locura en breve. No sé si vendrá el niño.
También olvidé preguntarle si vendría el marido y qué tal le iba con él.

01 noviembre 2012

La boda de mi primo(y II)



Las bodas son odiosas pero esta lo fue menos. Estaba sentado esperando a que aparecieran los novios. Había mucha discusión. Entre dos hombres… ¿Cuál llegaría primero? Pero la lógica respuesta llegó pronto: los dos a la vez. Seguidos por su corte de pajes (la hija de mi prima con un año hizo un buen paseo detrás de su tío pero se estaba comiendo el ramo de los novios).
Estábamos en una carpa al aire libre y junto al restaurante. Me sentía en una serie americana de la Fox con mucho lujo y mucho pijerio y algunos escotes sabrosos por las cercanías. Normalmente no quiero despistarme con eso, lo prometo, pero mis ojos son independientes de mi correcta educación.
El futuro marido de mi primo tenía una familia catalana de alto abolengo y bastantes pelas. La sensación de estar en dicha serie lujosa de la Fox persistió todo el tiempo.
Alguien nos hacía fotos a los que estábamos sentados y le sugerí a mi sobrina que le pusiera cuernos con los dedos a mi padre para aprovechar el despiste y ponérselos yo a ella. Tenemos una bonita fotografía que se podría llamar “tres generaciones haciendo el tonto”.
Me emocionó que mi primo se acercase a mí para saludarme con un beso pero ojo, este no era gay, era más del estilo familiar con el que los hombres se dan besos en las películas sobre la Mafia.
Les casó alguien autorizado por el Ayuntamiento de la población de Blanes (de allí es mi primo) y nos soltó un discurso lleno de chistes que seguro que se los hacía a todos los que se casaban y eran bastante malos pero que prefiero a cualquier sermón bíblico, cualquier cosa menos la Biblia y sus profetas tristes y sus continuas quejas.
Todos estaban muy emocionados con esa boda entre hombres. Todos menos los niños que aceptan más rápido las novedades. Mi sobrina a los cinco minutos me preguntó que cuando saldríamos de esa carpa y esa boda para jugar, que se aburría…
Y se casaron. Y luego se hicieron fotografías. Ellos y los familiares. Y eso que por el lado de la familia de mi primo falló casi todo el mundo menos mis padres, mi hermana y yo. Mi familia sureña anclada en las viejas escrituras, ya sabéis.  
Casarse es ser el centro de atención de todo el mundo. Eres como un juguete para tus invitados (que se besen y se besan, que bailen y bailan, que se desnuden como dijo uno y… bueno, en esta boda también hubo límites).
La comida y esas carpas al aire libre estuvieron de lujo. El baile con la gente forzándote a bailar no me gustó demasiado. Mi cuñado se puso equívoco y me quiso sacar a bailar aprovechando el ambiente laico. El pasodoble español fue un golpe a mi hígado de bailarín y la sardana compensatoria una patada en los huevos. Descubrí que musicalmente hubiese preferido un ambiente verdaderamente gay y a Lady Gaga, Scissors Sisters, Rihanna o cosas así. Pero ni por esas. Folklore patrio de ese que detesto. 
Siempre he detestado las bodas pero este era un primo muy cercano. Como su hermana y sus padres.
Esta boda tuvo un buen ambiente y buena comida y escasos formalismos pero una boda es una boda y siempre lo será. 
Si alguien pensaba entre el público que una boda gay tendría particularidades más grandes que ver a la pareja llegar a la vez… se equivocaron.
Las bodas son fósiles de viejas costumbres a las que yo no les encuentro más sentido que el del espectáculo por el espectáculo. Todo lo demás es buscar compromisos a base de papeles porque los de palabra parece que no convencen.
En algún sitio he leído que el primer paso para divorciarte es casarte. 

28 octubre 2012

La boda de mi primo(I de II)



Como dije algunos meses quería contar esta boda de mi primo la pasada Primavera. De momento deshabilito los comentarios porque hay otra entrega y el texto lo acabaré a lo más tardar el Jueves. 

"Que mi primo se quisiera casar les alegró a casi todos menos a mí que sólo veo las bodas como una curiosa forma de comportamiento digna de grabados en bajo relieve sobre piedras antiguas descubiertas por arqueólogos. Que mi primo se quisiera casar con otro hombre les disgusto a casi todos menos a mí que me pude echar unas risas a costa del retrógrado de mi padre y sobre todo de mi familia sureña, una a la que siempre he querido mucho y el amor es mutuo pero que después de reaccionar tan mal al siglo veintiuno, ya no me hace tanta gracia.
La boda ya ha pasado y los sureños siguen sin dar señales de vida que es como dar señales de que no les ha parecido bien la boda homosexual. Me pregunto si creerán en el diablo y en la posibilidad de que si se acercaban hasta Barcelona el dedo castigador del Dios judeocristiano les arruinaría sus muy pijos trajes de boda con algún diluvio(mi familia sureña solo cree que un buen envoltorio es la medida de todas las virtudes de un ser humano, si tus apariencias son buenas no importa nada más).
Como mi primo, antes de salir del armario, siempre había pertenecido a la familia de Barcelona con la que más relación tuve, no podía faltar al evento. Suelo ser el típico familiar ausente en cualquier fotografía de boda, el raro fantasma que nunca está en entierros, bautizos o bodorrios. Ni siquiera en despedidas de soltero pero es que a estas ni me invitan y ahí sí que iría ( a la de mi primo no dejaban entrar heteros y lo cierto es que no me interesaba especialmente).
Pero llegó mi primo y decidió enamorarse de un hombre y entonces su “rareza” desplazó a todas las demás. Me lavé mi lana de oveja negra y me hice reluciente solo porque en lugar de gustarme los hombres me gustaban las mujeres.
A menudo escucharía durante la boda “porque las bodas de los normales como nosotros…” Y en normal se me incluía a mí, ja,ja A mí. Porque a pesar de que la homosexualidad solo consiste en cambiar el tipo de pareja que te gusta y existe desde que el mundo es mundo y es algo natural incluso entre animales (y los que me vengan con la Biblia que se den la vuelta y se vayan de la sala porque no creo en esos papelajos cargados de espantosas fábulas sobre un Dios con ánimo vengativo), a pesar de eso, resulta que para el común de los mortales el ser homosexual te convierte en un anormal, en un enfermo(si veis ciertos programas televisivos dónde salen tipos que te curan de eso veréis que no exagero). Yo sé que no exagero viendo la inicial negativa de mi padre a ir al evento por no ver hombres besándose. Mi hermana se lo tomó muy bien y se emocionó mucho pero su actitud no era mejor “Oh, una boda gay, qué original, no me la pierdo a ver cómo lo hacen” . Imagino que se tomó la boda como ir al zoológico o algo así, como si casarse pudiese ofrecer grandes alternativas de diversión. De hecho, si fui al evento de la boda en sí y no solo al banquete como es mi costumbre en las dos o tres bodas que he asistido en mi vida, es porque no se celebraba en una iglesia. Sé que si algún día entro en una me consumiré como Drácula, he blasfemado mucho y feo( para los que no me conozcan diré que esto es ironía ya que el hecho de pensar que has blasfemado ya es una forma de ser creyente y no es mi caso, yo ni peco ni blasfemo, simplemente no creo).
Pero la boda sería excelente, ya la contaré si me apetece en otro momento.
Avanzo que la única gran diferencia que encontré respecto a otras bodas fue el buen gusto del lugar dónde se realizó, el buen gusto a la hora de elegir el restaurante y los maravillosos, sabrosos y sí, elegantes platos con que disfruté ese día.
No creo en las bodas pero sí en sus banquetes de celebración."   

20 octubre 2012

Edward Pattison, flashback, boutade y reflexión final por no perder la costumbre

Veo la cara de Edward Pattison en "Cosmópolis" y tengo un flashback. La primera vez que lo vi fue gratis porque si no, ni loco entraba a ver "Crepúsculo" en el cine donde trabajaba. Era mi día de fiesta compartido y Patricia, una compañera de trabajo y yo acábamos allí la jornada. Bien vestidos, sin uniforme, dando envidia a los compañeros y hablándoles lo justo para no sentirnos en mitad de la faena, para sentirnos clientes y no trabajadores. Palomitas y chuches también gratis, claro. Luego ir a la sala buscando el lateral menos concurrido. La película estaba arrancando todavía su éxito a sí que no se llenó en ese estreno. Sólo el centro de la sala estaba poblado. El vampiro que no chupaba sangre ni nada empezó su andadura para los muy fans y algunos despistados como Patri y yo. Entendí la similitud. Patri mucho más joven que yo. Bella cien años mucho más joven que el vampiro. Una relación difícil, el cambio generacional era absurdo. El de la pantalla, digo. Pero Patri apostó por evitarme el aburrimiento y me bajó la cremallera del pantalón. La sala estaba cargada de efluvios eróticos o me lo parecía, muchas chicas enamoradas y "fluyendo" su amor a Pattison por las butacas. La mía conmigo o por lo menos eso parecía. Entregada. El olor a limpio y champú de su espesa melena ondulando a ras de pubis. La película que no me desconcentraba porque era insulsa e infantil hasta decir basta, adolescente(aunque adolescente podía ser hacer según qué cosas en una sala de cine). Yo intentando devolver luego el regalo. Las manos entre sus piernas, enmarañándose con la escasa protección de las bragas. Le dije algo a P. digo Patri y ella se molestó. Siempre era así. Estaba conmigo porque la respetaba pero el respeto no era perfecto, vivía obsesionada con eso y a veces un leve comentario la indignaba. La película pasaba entre nuestros susurros y nuestra discusión educada para no molestar. Ella dispuesta a renunciar al orgasmo que le debía porque era mejor echarnos cosas en cara. La película terminó(la de la pantalla, se entiende) y salimos a la calle y yo a mi autobús y ella con su eterna cara triste de despedida como si estuviera asomada a un balcón que diera al futuro de lo nuestro. El conductor arrancó y borró esa imagen y la cambió por paisaje en movimiento. Yo abrí un libro. Fin del flashback.
Ahora veía "Cosmópolis" sólo y entregado a la película. Lenta y difícil de digerir o de creer. Clavada al libro eso sí pero me temo que Don Delillo es un autor interesante sobre el papel pero sus diálogos son pomposos a veces y en ocasiones rozan el absurdo, no se pueden decir en voz alta sin que te sonrojes. Sus personajes no son reales, son abstracciones, unos representan el capitalismo, otros son la pobreza, el anarquismo, etc. pero no hablan como hablamos los humanos. El pobre Pattison que quiere colgar los colmillos lo intenta y hace lo que puede pero poco se puede hacer con el libreto. El libro se escribió hace una década y ya se veía lo que iba a hacernos el capitalismo en 2008. Yo por 2009 ya sabía dónde se iba a ir la relación tempestuosa, extraña, difícil y paralela con Patri. Puede que ella también. Todas las claves del futuro están en nuestro presente. Todo lo que ha de ocurrir nos lanza avisos actualmente. La Historia grande se repite así que la pequeña, la de nuestras vidas, no tiene por qué ser menos. El caso es que sólo juntamos las piezas cuando ya ha pasado todo, cuando la realidad que amenazaba con romperse es un estropicio sanguinolento en el suelo.

13 octubre 2012

Incomunicados


He pedido un café con hielo y me llega un cortado. A veces sucede al revés y sigue siendo un error. Falta de entendimiento. Levantarse con el pie equivocado. O no. No entiendo de supersticiones de podólogos.
Salgo con mi sobrina. Ella me eligió a mí. A su abuelo lo tiene muy visto. Yo, además, estoy más en sintonía con su idea de la diversión irresponsable. Además le preocupa algo: “Tito, ¿Sigues enfadado conmigo?” Hace meses me rompió accidentalmente un disco duro externo. Decido explicarle la verdad por la que nos hemos visto tan poco desde aquel accidente. A los niños es mejor no mentirles. Ni necesario. Afrontan los hechos bien y rápido, son ágiles en la adaptación a la nueva realidad: “Yo sólo me enfade en ese momento contigo, cuando te cargaste el disco duro. Pero si no nos hemos visto más es porque mi problema es con tu madre. Por otro asunto. Tú solo eres una niña de ocho años y no te hago responsable. Aquello está olvidado”. “Ah, vale”, responde contenta. El egoísmo práctico de los niños. Ni siquiera pide explicaciones o “clemencia” para su madre. Si la cosa no va con ella todo está bien. Sólo era un malentendido entre tío y sobrina por no verse o por no hablarlo. Si la sigo queriendo que se joda su madre. La adoro.
Ya en mi piso mi silenciosa compañera me ha escrito un mensaje a bolígrafo sobre una nota junto al ordenador: “Respétame por lo menos. Que tus perras no llamen a mi teléfono”. Parece que alguien, puede que una bloguera que sabe mi dirección a la que no le dí el teléfono llamó a casa. No me queda claro. Otro malentendido. Pero da igual. Me voy a la costa y acabo allí mis vacaciones. Sólo pero con libros. Antes dejo otra nota “Aún no tengo perra que me ladre, ni siquiera sé quién ha llamado pero no me hago responsable, no le he dado el número de casa a nadie”.
Alguien me presenta una mujer porque piensa que quiero una nueva relación. La mujer no tiene nada que ver conmigo. Yo debo explicarme mal porque se lanzan algunas indirectas eróticas que me molestan. Lo remata todo pidiéndome el teléfono. Le doy uno falso y luego hablo a solas con el amigo que me la ha presentado. Enfadado. Uso la palabra mamporrero. El argumento que polla y tristeza son enemigas. Lo remato con “pregunta antes de implicarme en el mercado de la carne con prisas. Antes de venderle el alma a alguien por un polvo prefiero aclarar mis ideas”. También el “yo sé buscarme lo mío, gracias”. Mucha dureza para unas buenas intenciones equivocadas.
Pido un frapuccino de Mokka sin nata en mi franquicia preferida. Me llega con la montaña blanca habitual y me deshago de la nata en una papelera usando una caña. Dediqué una vez un post a este problema mío con Starbucks y la nata. Casi he perdido la batalla. Y eso que tengo una voz grave.
Según estadísticas nos equivocamos dos veces cada siete minutos de conversación.
Según la ciencia el cerebro no percibe más que una porción leve de la realidad. Y la que percibimos se malinterpreta o no se habla o hay problemas de comunicación.
Me tomo el frapuccino semidesnatado a mano y observo una feliz pareja. Digamos que una pareja aparentemente feliz. O digamos que una pareja feliz en teoría refutable.

07 octubre 2012

Los tristes agobian

Seguía con mi periodo de transición veraniego. A veces tenía que pasar por mi piso ideal para parejas. Pero como no nos hablábamos me dí cuenta que se había hecho más pequeño. El aire estaba más apretado a pesar de que no había palabras para llenarlo, se respiraba mal. Pasábamos como dos fantasmas con cruce en el pasillo. J. Me preguntó una noche en la barra del bar: "¿Para quién la cama grande?" "Para ella la cama grande, el comedor, casi que la cocina porque yo como en casa de mis padres que de momento no están" "Calzonazos", me dijo con su risa malintencionada de siempre y me reí. Fue el primer respiro de este verano de independencia en dependencias varias.
Estuve tres semanas sobre un colchón en el suelo. Para disimular que me había pasado ese tiempo allí no usaba la cocina, mi madre lo hubiese descubierto. Me alimenté de productos infames y de una gastronomía cuando menos surrealista: taquitos de jamón ahumado, yogurt líquido, latas de atún con pan integral o no, donettes, algún Durum ocasional y algunos pedidos al chino, churros con chocolate... todo por no dejar rastro en las ollas del piso de mi madre y alertarla antes de tiempo de que algo ocurría en mi intimidad. Actuando como un político en campaña, escondiendo los peores asuntos para después de la resolución del problema.
Tres semanas en las que mataba los tiempos de las mañanas en cafeterías dónde antes me conocían acompañado y ahora... sólo felizmente casado conmigo mismo. Escribiendo poemas para reírme de Neruda "Veinte sonetos de angustia y una canción esperanzada", una colección de versos dedicados a la papelera virtual de mi ordenador dónde pensaban acabar. Una novela que corregí y no presenté a concurso porque me disgustó o porque no sirvo para releerme. Soy mi peor editor y a veces mi peor enemigo.
Tres semanas sin venderles el drama a los amigos para que no les surgiese la chispa de llenar mi "vacío" con alguien(y porque los tristes son pesados y contagian). Para seguir ni libre ni ocupado, sólo en dirección a cocheras o al desguace. Porque si las cosas no están claras, es mejor aclararlas. Y porque estar solo no significa siempre querer a alguien.
Por la noche cenaba somníferos y desayunaba un electroshock al cerebro de café. Estaba tranquilo y bien, mi matrimonio en primera persona era agradable, me llevo bien conmigo mismo de día, es sólo por la noche que me discuto y lo paso mal. Las noches son malignas para mí, por eso las asesino con drogas(y pensar que hace años quería vivirlas a toda costa).
Tres semanas de ver cine de silencios de esos que sólo le gustan a la gente con gafas de pasta y en el que parece no pasar nada, sólo planos eternos para contemplar, pero que me hacía sentirme en la piel de sus personajes "Two Lovers"(magnífica película de hace dos años que repesqué y me emocionó), "Shame"(guarra y polémica película con al menos una reflexión interesante pero sólo para gente con paciencia), "Spider" (antigua película de Cronenberg dónde Ralph Fiennes da vida a un loco que se pasea mucho y escribe cosas que sólo entiende en papeles, como yo mismo). Viendo películas o libros que subrayasen mi situación actual pero nada de autocompasión. La autocompasión es el masoquista camino que algunos eligen para la depresión voluntaria. Parece gustarles. A mí no.
Y después regresé a casa, como he dicho. Al menos podía cocinarme siquiera un plato de pasta, la cocina también la pago yo.
Y me encontraría otros problemas pero será tema de otro post o no. No sé por qué le doy tanta publicidad al verano. Ni me ha gustado, ni me suele gustar, ni quiero recordarlo.
Vivo en Otoño y es una época que amo. Y además mi madre tiene la costumbre de llamarme para que vaya a comer a su casa, a tiro de piedra y sobre todo de apetito de la mía.

29 septiembre 2012

Primeras notas de un verano negro


A veces no puedes saber con certeza cuando será la última vez que haces algo. La vida interna de una pareja está llena de disputas por faltas leves, graves o muy graves. El tamaño de cada falta acelera el fin de la unión. La acumulación de las leves también conduce hacia un final pero más agónico, más largo. Y luego está la cantidad de peso que carga el que lleva la mochila de la responsabilidad de ambos. Siempre hay uno-a de los dos que que aguanta al otro-a y un otro que se hace más y más pesado cuanto más lo cargan. Pero lo peor es la resaca del enamoramiento. Cuando pasa, queda la realidad.
Los últimos aniversarios nos pillaron con poco que celebrar. Yo tenía la flecha de la culpabilidad apuntando hacía mí todo el tiempo pero ella... bueno, ella estaba especialmente sensible a lo que siempre he sido. Últimamente le molestaba más mi Yo que antes. Cuando mi Yo siempre ha sido el mismo. Me preguntaba dónde estaba el Sergio que conoció. Supongo que dónde sólo existió, en su imaginación. Y luego está ese lenguaje que hablamos los hombres y ese otro que hablan las mujeres. A veces parece que nos entendemos pero es la ilusión de los primeros fuegos artificiales. Luego, después de haber estado exiliado un tiempo en ese mundo femenino como el que se va a otro país, a Alemania por ejemplo, me sentía integrado pero extraño a la vez y salía más con mis amigos masculinos(amigos en el exilio para hablar con alguien en mi lengua materna, esa en la que hablamos los hombres). No nos quejamos ya de la patria de acogida, nuestras respectivas mujeres, pero es cierto que nos entendemos mejor entre copas. Claro que si nos viéramos todos los días...
Sea como sea todo tiene un final. Y más que nunca lo he sopesado. Hacía tiempo que vivíamos como hermanos y ya me iba bien. A ella no, claro, ella es de verdad supongo. Pero yo me notaba cansado. Tenía que detectar si de ella o si de mí. Yo digo que la culpa la tiene el tiempo.
Aquella semana estábamos frente al mar y yo miraba la carátula del DVD sobre cierta película infantil que ya comenté en este blog y que acababa de comprar. La leía por no leer sus gestos cuando me dijo "He estado una semana fuera, con mi hermano, ¿me has echado de menos? Yo a ti no". No sé si era una prueba pero yo esos tests siempre los paso a la mala: "No, la verdad es que he estado muy feliz y libre y me he sentido inmensamente contento de estar solo y sin que nadie me molestase, ojalá te fueras más veces". Luego se hizo el silencio y no hablamos ni frente al mar, ni al salir de la ciudad, ni durante el metro de regreso, ni en casa dónde tomamos los caminos separados habituales: ella el del comedor y su televisión, yo el de mi habitación y el ordenador. Y así fue unos días. Luego me dirigió la palabra, se la devolví y todo siguió como si nada.
Y al cabo de un mes la disputa fue por alguna tontería, por algo nimio, pero yo desaparecí. Aproveché la ausencia de mis padres de su piso para instalarme allí en un colchón en el suelo, como Assange en su embajada(cerca del suelo hace menos calor), acogido por la gran casa familiar pero sin nadie que hiciera preguntas.
Y el tiempo del que tanto hablo separándonos más que ese kilómetro que puse yo en medio.
Es malo no decirle la verdad a la gente pero peor es mentirse uno mismo. Pensar que me molestó su comentario frente al mar y obviar que a lo mejor (y es lo más probable) es que no me atrevía ni a decirme en voz baja que se me agotó el amor y que no sé de dónde, pero me viene culpa y tristeza y la incapacidad de decirle nada. Cientos de palabras sobre el papel o la pantalla que no verbalizo cuando tenemos que hablar como adultos.
Es triste pero esta puede ser la última discusión. Es triste que no sé ella, pero yo es que ya no sé que hacer con lo nuestro. Prometo que me he contado un montón de mentiras para seguir pero al final parece que no sé engañarme. Lo peor es mirar hacia el futuro y no saber qué hacer con él.

23 septiembre 2012

El apocalipsis también puede ser un asunto privado

Las galaxias se están alejando unas de otras a velocidades enormes y para siempre. Esto lo pienso cuando miro el horóscopo. No se pueden hacer predicciones si ninguna estrella está dónde la dejaste la última vez y además la que vemos es la que fue hace uno, dos o trece mil millones de años.
En la tierra tengo divisiones más cercanas. En mi país llevo una semana de políticos que luchan entre seguir siendo dos en uno o uno para cada lado. Secesión. Ni las galaxias se rompen sin que haya choques de estrellas ni los países se rompen sin que la división no genere otro tipo de conflictos.
Y las parejas se rompen también y en la distancia que va de la primera discusión hasta el último acto, el del divorcio o la mera separación de bienes hay también mucho gasto de economía, humor, se consumen en una larga agonía de reproches y durante un tiempo quedan dos sombras de humanos dónde antes estaban Romeo y Julieta
Las moléculas del cruasán en mi estómago generan energía al separarse y desechos, se disgregan a la suya y la bollería se disipa en los gástrico.
El átomo de uranio al ser bombardeado en su núcleo da mucha energía pero se desarma. La energía se va y el átomo se divide, ya nunca será otra vez un atomito de uranio.
En el universo todo tiende al desorden. Es mejor no comentárselo a los niños cuando juegan pero el desorden es el estado natural de la realidad. Los científicos lo llaman entropía porque queda más... eso, científico.
Todo se parte y nosotros estamos en medio luchando contra la entropía, barriendo calles, educando niños o practicando sanos ejercicios sexuales sobre una cama o el capó de un coche pero todo ese aporte de coherencia y organización al que aspiramos se irá algún día por el desagüe, todo es perecedero. El universo conspira para que todo esté separado. Nosotros buscamos pegamento porque si no hacemos nada sería muy aburrido. Woody Allen tiene razón cuando dice que hace películas porque si no estaría en casa pensando precisamente en lo que he dicho al principio sobre las galaxias y se deprimiría. Mi querido Houellebecq dijo el otro día que la militancia es para la gente feliz. Cierto. Si crees en algo, ya sea una religión o un país ya tienes en qué distraerte. El resto es un desasosiego con el que no siempre me puedo enfrentar.
Así que cuando entra un viejo gruñón y con prisa de viejo en la panadería donde tomo café y leo el periódico, llamo a la panadera a la que conozco y me deja confiada al cargo del local. El viejo va a decir algo negativo porque se lo veo en los ojillos de odio solitario contra el mundo y porque ese tío cada día viene más cabreado y la lía más. Yo ese día me levanto , me acerco y le digo: "como vuelvas a gritar de buena mañana(es muy pronto) y me vuelvas a molestar con tus quejas de viejo de mierda te juro que saco la navaja que llevo en el bolsillo y te corto el cuello". Estamos solos él y yo y yo no levanto la voz pero lo miro como sólo yo sé, le hago entender que no hay duda de que lo haré(y sí que la hay porque no pienso llegar al extremo de hacerle nada a ese desgraciado que podría ser yo mismo en unas décadas o antes pero si cuela, cuela). Tengo suerte y se lo cree. La panadera sale sofocada de los hornos, me agradece con una mirada que la llame al mostrador y le atiende y yo me quedo al lado del viejo mirándole y tocándome en el bolsillo en el que sólo llevo la cartera. Ese día estoy muy cabreado pero no le haré nada, sólo dejo que las feromonas del odio actúen y hagan su trabajo y asustar hinchando pecho pero sin actuar.
Absolutamente ninguna batalla se dirige hacia ningún lugar. Y estas tan pequeñas menos. En la última perderemos y los gusanos nos seguirán dividiendo. De todos modos me mojo y tomo partido hoy por la panadera. ¿Por qué? Precisamente porque nada importa y tengo una absoluta crisis existencialista así que me invento batallas que me importen. Aunque importen durante dos minutos.
Qué suerte los que tienen fe en un futuro mejor y que cuando cumplan sus deseos no se van a cansar en dos días de haberlos logrado. O los que ven algo más que un trapo en una bandera o un destino generado por dioses del amor en un rollo casual de verano.
Yo, a tragar con mi entropía, a malvivir con mis desórdenes a varias bandas.

15 septiembre 2012

Lo que diga de ti...

Salía del piso de mis padres. Me encontré con C.. No nos veíamos desde la noche en que conocí a Imbécil(Imbécil, parece ser, tenía un nombre pero lo he vuelto a olvidar,lo siento, hasta que lo recuerde seguirá siendo Imbécil). C. estaba junto a su coche o el de Imbécil y charlábamos afablemente. Ella también estaba. Daba vueltas como un satélite alrededor del vehículo ocupada en su rotación, afanosa... ¿Nerviosa?
Terminé de de hablar con C. y apretón de manos, tenemos que quedar y adiós. No hubo intercambio de impresiones ni saludo cordial entre Imbécil, a la que apenas vislumbré, y yo.
Barajé varias opciones:

a- Imbécil era otra chica a la que confundí con ella pero me consta que C. sale con Imbécil, me lo dijo su primo J.

b- Imbécil estaba incómoda por nuestro último encuentro.

c- Imbécil ha leído mi post anterior o sabe de él de un modo indirecto y me odia con razón.

Sólo me preocupaba la c..
Escribo como el que piensa en voz alta, no para que me lean o escuchen los objetos de mis ataques, sólo para aliviar tensiones. A Imbécil ya le dije lo que pensaba de ella de un modo más leve. El insulto suele ser para mí algo privado, para descargarme sobre la pantalla o el papel, no para apalear a alguien salvo en caso de extrema necesidad(mis vecinos son un ejemplo de esto último). El insulto es bueno si te libera pero no si hunde a nadie. Sé que este concepto mío es raro pero si hay dudas siguen abiertos los comentarios.
Me pasó con una chica con la que tuve algo más íntimo y a la que ni siquiera insulté pero me pilló en flagrante delito bloguero y se enfadó(lo expliqué por aquí hace años).
Y P. recibía halagos pero algunos, leídos o malinterpretados no le gustaban o eran más de lo que necesitaba ver publicado.
Leer sobre ti es como escuchar detrás de una puerta a dos personas que te mencionan. Yo preferiría no hacerlo porque seguro que no escucharé todo lo que me guste escuchar.
En mi cine, un tocayo mío entusiasta de mi blog, leyó varios posts seguidos hasta que llegó a uno dónde atacaba cruelmente a un tal Sergio que trabajaba conmigo pero no era él(era un tipo que duró dos semanas allí). Sergio reconoció pronto que no hablaba de él pero antes de eso, mientras lo pensó, me confesó que había sentido “que se le volcaba el corazón”. Y pude entenderle. Es duro soportar descalificaciones a tus espaldas. Debe ser como el rey que descubre que confabulan contra él para asesinarlo incluso sus familiares y amigos. Así que escribo semiescondido y con antifaz pero no puedo controlar todos los modos de que lo escrito no llegue a quién no quiero que llegue. Siempre ha pasado y volverá a pasar. Lo que haces te acaba acusando más tarde o más temprano. ¿Debo entonces dejar de contar “mis” verdades por aquí o por allí?
Ah, no, la cabra tira al monte y si está medio loca se suele arrojar desde la cumbre.

27 julio 2012

Anoche conocí una chica con la que tuve mucha química(explosiva)


Os debía otra historia pero se me ha cruzado una anécdota haciendo autostop por mi vida y la he subido a mi blog. No esperéis que si tengo tantas ganas de contar algo es porque se trate de amor, paz y buenos sentimientos. Suelo quemar con más furia las teclas cuando hay algo que me quema el hígado a mí.
Veo a J. después de mucho tiempo. Trabaja en una perrera en la montaña y apenas tiene fiestas o su tiempo libre matinal no coincide con el mío vespertino. Pero me llama a las nueve por teléfono y dice que vaya a cierto bar conocido nuestro. Está con su primo C. al que hace años que no veo pero conozco bien, con una amiga de su hermana y con otro tipo al que no conozco.
Cuando llego saludo efusivamente a su primo y me doy a conocer y me presentan a los otros dos.
Luego, sin buscarlo yo, la chica del grupo sigue hablando con el tipo que no conozco en voz baja y casi conspiratoria (detesto esa actitud en un grupo) y charlo con J. de perros, de la puesta al día de las vidas que nos hemos perdido estas semanas sin vernos, de alguna otra barbaridad... Con su primo C. hablo de Bukowski. Tiempo que no conseguía alguien con quien hablar en tiempo real de literatura. Casi nadie de mi entorno lee, ni siquiera en la biblioteca, así que esas conversaciones sólo las mantengo ocasionalmente con gente por Internet. Luego hablo de cine con el tipo al que no conozco. Hablo con la gente de lo que va surgiendo, intento adaptarme.
Creo que la chica se quiere follar a C. o a J. O a los dos. Sobre C. desconozco sus intenciones. Sobre J. sé que sigue entre calma y tempestades con su novia de siempre y pasa de esta o de cualquier otra que no sea la suya (bien, la suya vale más que esta la mires por dónde la mires, qué suerte tengo que la mayoría de mis amigos tengan mujeres que me caigan bien, lo contrario sería un grave inconveniente).
El tipo que habla de cine me cae automáticamente bien pero no bebe cerveza, trabaja al día siguiente y se tiene que ir. Quedamos cuatro. C. y yo hablamos un rato más de lo nuestro. Yo hace rato que he escuchado a la chica, pongámosle un nombre, por ejemplo Imbécil(es el más suave que se me ocurre). Le digo a C. que si Bukowski en literatura tenía un alter ego llamado Chinaski yo cuando escribo novela tengo mi propio otro yo llamado David. Imbécil dice por lo bajini "alter ego" con sorna y mirando a J. Como diciendo ¿"Alter ego", pero de qué habla este? Hay un lenguaje de gestos a nivel sutil e inconsciente entre nosotros durante toda la conversación. Me pasa una vez de cada mil pero esta persona me ha caído automáticamente mal desde que la vi.
Pero el meollo de todo esto llega en el segundo bar(el primero lo hemos cerrado). Allí J. está en el servicio de caballeros y yo estoy hablando con C. cuando Imbécil dice:

  • A mí me gusta mucho la gente que lee pero creo que de fiesta uno ha de bajar el NIVEL y pasarlo bien, hacer reír. Creo que deberías bajar el nivel... HAZME REIR.

Esas dos últimas palabras son claves para servir el drama. Le digo algo leve por no decir lo que pienso (que te haga reír tu puta madre, subnormal, ¿Quién te crees que eres?, eso pienso) que yo no soy su bufón y que me haga reír ella a mí si quiere o si puede y seguimos a otra cosa. Pero Imbécil ha hecho camarillas todo el tiempo, no ha aportado temas, sólo ha interrumpido uno que tenía con C. para que nos adaptemos a su idea de la fiesta. Yo me río y me hacen reír. He ido a ver a mi amigo y me he olvidado el disfraz de payaso para hacerla reír a ella. Pasados unos minutos no puedo evitarle decirle lo que pienso a Imbécil y a decirlo sin paños calientes,a lo bestia. Si fuera un hombre estaríamos revolcándonos en el suelo a tortas pero como es una mujer me limito a decirle que por quién me ha tomado, que quién es ella para juzgarme sin conocerme, que si quería otro tema pues que lo aportase, que cuando te dicen hazme reír es como si en mitad de un polvo te dicen follas mal(no salvarás así el polvo sino todo lo contrario), que a la gente no la puedes forzar y si lo haces procura ser sutil. C. que se la quiere follar me da la razón, no le ha gustado el comentario, pero atenúa el asunto y me dice que esta chica tiene dos carreras(no se si una en las medias y otra de puta) y se ha leído un libro de Victor Hugo como si a mí me importasen los estudios de la gente o lo que leen(casi todos mis amigos-as no tienen estudios o pasan de mis literaturas, comparto con ellos otros temas pero el principal es el aprecio mutuo y que nos reímos juntos y la lealtad, entre otras cosas y todo eso surge de un modo natural y espontaneo, por afinidad, sin programarlo). Imbécil recula un poco y me pide disculpas varias veces y yo la disculpo tibiamente, la cerveza en mi mano está caliente y si no es hora de irse los camareros piensan que sí y ya bajan las persianas del segundo y último bar de la noche. Nos despedimos con un par de besos educados pero con la tensión flotando en el aire. Me quedo con mi amigo.
Como J. no ha pillado parte de la historia por culpa de su vejiga me pide detalles y comienza a reírse, no para de hacerlo, me dice a carcajadas que le haga reír como si no lo estuviese haciendo estruendosamente y para todo el barrio a las dos de la madrugada.
El lenguaje en el que nos expresamos nos define, es inevitable. Cinco minutos hablando con alguien y ya creen que te conocen. Usar ciertas palabras librescas o latinas te segrega tanto o más que decir palabras mal sonantes todo el tiempo. Para Imbécil yo soy un pedante con ganas de lucirme cuando sólo era un amigo con ganas de reírme con J. Para mí Imbécil es algo mucho peor. Pero yo no la juzgué por su lenguaje, yo la juzgué por su actitud. Sí, ya lo sé, el mero hecho de juzgar es estúpido. De eso fuimos culpables los dos, puede que yo el primero.

16 julio 2012

Prólogo a una boda: postales salvajes de mi pasado


Recuerdo al retrógrado de mi padre cuando era niño gritándome porque una canción vieja de un grupo llamado Mecano sonaba mucho por casa(maquíllate, maquíllate). Me gustaba la melodía y me ponía la cantante pero mi padre decía que eso era música de maricas así que ya la estaba quitando de esa radio retro. Por aquellos tiempos y por los muchos que siguieron hasta la indiferencia final mi padre era mi enemigo. Mi madre el poli bueno, mi padre el malo, malísimo, en algún sueño alguien lo mataba y el sueño no era ni pesadilla, era feliz. Éramos dos bandos tácitos en casa: Mimadre-yo contra mi hermana-mi padre. Mi madre la comprensiva, inteligente, bella, amiga de la lectura y en general de todo y de todos. Mi padre el obstáculo a mi felicidad, violento, el que no respetaba mis comics y luego mis libros, a veces me iba de casa para leer tranquilo en bancos de parques en los que todavía sigo haciéndolo ocasionalmente, el que siempre me quería ocupado en alguna tarea absurda por no verme quieto leyendo que era sinónimo de no hacer nada(pero no exagerémos, el que siempre apostó por que estudiase y pasada la lucha generacional y curado del Edipo, admito que nos parecemos más de lo que quiero admitir).
Por suerte, mi madre, a pesar de ser sobreprotectora era confiada así que en mis veranos lorquinos me dejaba campar libremente con mis primos, primas y los amigos que hice por el municipio murciano.
Allí ser catalán y sólo conocer la lengua era poco menos que ser maricón. Así que se requería la labor social de "desmariconarme". En la infancia me colaban en los cines con películas de clasificación para mayores y luego se separaban todos en los asientos, eso sí, para hacer algo que no entendía bien qué podía ser pero que ahora entiendo muy bien. Al quedarme sólo conseguí alguna anécdota con algún viejo que se me sentó al lado a tocarme la rodilla hasta que le detuve la mano alertando al más rudo de mis primos(imagino que debió cabrearse bastante si le detuve en mitad del sexo en solitario).
En la adolescencia la labor "desmariconadora" continuó llevándome a todos los prostíbulos de la zona. Alguno se ofrecía a pagarme las mujeres pero ni por esas. Yo era demasiado... "catalán" como para subir con esas chicas que se te acercaban te sopesaban el paquete y te lo alababan para que que les pagases algo y luego las llevaras a un cuarto que nunca visité. Lo cierto es que no me apetecía inaugurarme en el sexo pagando por este o subvencionado por algún amigo borracho de mi primo, ni siquiera mío, alguien que me debía ver como un bufón por ser tan serio, tan leído o empollón, tan catalán o polaco, tan... ¿maricón?
Mis propios amigos de allí eran dos o tres años mayores que yo. Me dejaban revistas porno que eso sí, no me parecían tan intimidantes como las mujeres del sórdido prostíbulo de turno, alguno que ya había conseguido "mojar" me dejaba en las manos un pelo rizado de un par de centímetros y me avisaba como el cazador orgulloso que podía guardarle "el pelo del coño de la última guarra que se había follado", desfilábamos borrachos en las célebres procesiones lorquinas de Semana Santa disfrazados de hebreos tirándoles caramelos a los niños con rabia y como para hacerles daño si eran gitanos(mis compañeros eran racistas a rabiar), se vanagloriaban de que la lucha entre los de la Virgen de los Dolores y los de la Virgen de la Amargura había acabado con uno tirándole un limón en el ojo al otro y dejándole tuerto de por vida, la vida del macho de la Huerta Murciana visto por mis ejemplos masculinos era ruda, fuerte, muy beligerante. De ahí que cada vez que salía con esos varones amaba más a mis primas, incluso en el sentido carnal del termino amar, sobre todo en ese.  
Creo que si hubiesen seguido intentando convertirme en un hombre me hubiesen convertido en lo contrario. Pero al final no. A pesar de todo me instalé en esta heterosexualidad tranquila y sin excesos ni orgullo, casi romántica.
El que acabó siendo gay fue uno de mis primos al que no se llevaban a ningún sitio porque no les caía bien o no veían que había que desmariconar o porque aún siendo tan catalán o charnego como yo, nunca se tomó la molestia de aprender esa segunda lengua nuestra.
Es por eso lo de este prólogo.
La única boda a la que he ido en los últimos tiempos y que contaré más adelante es la de este primo mío.

Feliz calma antes de la tempestad


Un día en el que no he hecho absolutamente nada. Sólo disfrutar del aire casi frío, el verano ha bajado la guardia y me ha puesto de buen humor. He corregido un buen montón de páginas de mi novela encarada a un concurso del municipio. He leído mucho y con ganas. He dejado comentarios en algunos blogs, el de "ladamadelasnieblas" tenía un post delicioso casi, casi "sólo para mis ojos". He respondido mensajes en facebook a unos amigos que dicen llamarme al movil y encontrarse con una tal Nati(les debí dar mi nuevo número de télefono, el viejo ya no me pertenece, es de la tal Nati que ha heredado a los menos informados de mi agenda). He respondido a casi todas los mensajes contra mi gobierno del facebook y he firmado a favor de la dimisión de una diputada odiosa exponiendo mi ideología al escrutinio del que busque mi nombre por internet. He debatido en un muro sobre el posible nazismo de mi presidente. He paseado con un libro en la mano y la música del Mp3 en las orejas pero la lluvia me ha obligado buscar refugio y la casa de mis padres estaba cerca aunque ellos no, están en el apartamento. He acabado allí sooo, viendo viejos episodios de Star Trek hasta que amainase la lluvia. He vuelto a pasear bajo una noche fresca que me ha puesto de mejor humor. He charlado en el sofá de casa con L. Hasta las doce. Nos hemos acostado para dormir pero solo lo ha conseguido ella. Yo me he levantado a por mi segunda dosis de valium. Ahora escribo el que pretendo mi post más corto de la historia porque se me va a venir el sueño antes de que pueda emprender algo de más envergadura.
Mientras siento que los párpados se me me empiezan a hacer pesados me reconcilio con el mundo. Este verano no ha empezado a torturarme en serio así que todavía soy una persona.
Se me presenta una semana de encuentros con viejos amigos(lo que más me gusta, cómo disfruto el café en compañía de los que aprecio, es uno de mis mayores placeres).
Un día en el que no he hecho casi nada sí, pero casi todo ha sido feliz.
Sé que estoy actualizando sólo para ir cogiendo el sueño.
Sé también que quiero dejar constancia de que he tenido algunos días felices antes de la tempestad que se me avecina. Para más información, aquí mismo y en breve.
Sé que prefiero escribir post inservibles e inútiles como este si a cambio me llevo un día tan agradable de regalo. Por eso dejo constancia. No quiero que se me escurran estos placeres aún cuando lleguen los próximos e inevitables malos, tempestuosos y peligrosos tiempos. Quiero recordarme así de contento y por eso me hago esta foto con letras.
Necesito muy poco para ser feliz pero siempre hay alguien que piensa que ese poco es mucho. Y claro, llegan los inevitables recortes.

30 junio 2012

Mi mejor noche de estas vacaciones (no esperéis gran cosa)


Anoche regresé a mi festival friki. Aprovechando que estoy de Rodríguez me fuí a ver mi película "infantil" preferida que incluye como actor a mi también cantante preferido, Bowie(aunque ya casi me había olvidado de que lo era). Hace años había visto "Dentro del Laberinto" casi diez veces pero nunca en cine ni en versión original. Así que entré y me senté en el lado de la sala dónde mejor se ve todo: la butaca izquierda del lateral izquierdo de la sala. Una manía de cuando trabajaba en cines, me lo dijo un operador veterano y me lo creí. El estar en la última fila también permite evitar a los individuos de piernas largas que las apoyan en el respaldo de tu butaca y comienzan"chiqui,chiqui,chiqui" a hacerte vibrar el asiento. A mi lado derecho dejé mis revistas y mi libro y ese fue uno de los pocos que sin pensar quedó vacío en una sala de 2000 personas casi llena. Frikis a la caza y captura de su infancia (como yo) acudían en manada para ver la susodicha película y "Poltergeist" de segundo plato. Delante mío una mujer solitaria que me recordó a M. (una chica que estuvo en mi otra visita a este mismo festival junto a J. y su pareja) miraba insistentemente su reloj y de vez en cuando le echaba compulsivas lecturas a la revista "Elle". Su asiento derecho, otro de los pocos vacíos, estaba como en Standby y a la espera de alguien. Yo no miraba el reloj porque sólo esperaba la película y tenía lectura de sobra o me relajaba observando entrar a la gente.
La película empezó y un friki de estos que se creen graciosos comenzó a gritar estupideces. Como a la tercera gracia vio que nadie se las reía porque realmente no eran gracias, sino estupideces, se calló y fue estupendo.
Cuando salió el nombre de Bowie en pantalla la gente aplaudió y yo me emocioné. Con las canciones no digamos. Me mordía los labios para no cantarlas porque después de algunos años sin escucharlas seguían grabadas a fuego en la memoria y porque la música que me gusta a todo volumen me obliga a cantar, es más fuerte que yo. Así que hice un punto medio y canté como para mí pero fue algo insatisfactorio, necesitaba desplegar pulmones.
La película es de la época en la que no había digital y se nota pero el guión es brillante. Mientras los niños o yo mismo veíamos un bonito cuento de hadas, Jim Henson recuperaba la atrocidad y la perversidad de los cuentos de hadas previos al edulcorado siglo XX. Hay alusiones más o menos veladas a la sordidez de los cuartos oscuros en la escena de Jennifer O, Connelly cayendo en un agujero de manos que la tocan por todo el cuerpo, una escatología más o menos infantil en "el pantano del hedor eterno", se mezcla la manzana de Blancanieves con las experiencias con drogas cuando la niña adolescente muerde el fruto que le da el enano, hay diálogos equívocos con doble fondo a lo Lewis Carrol, está el polémico y abultado paquete de Bowie que sí llamó la atención de muchos críticos de la época por sus connotaciones amo-siervo nada sutiles, sí es más sutil su aspiración pedófila aunque a la vez amorosa con la niña y la canción que le dedica que tiene una base de piano que me obsesionó tanto que obligué a un amigo del grupo que teníamos a poner una melodía que se me había ocurrido sobre una base similar de teclado(porque solo el amor vence a los malos de las viejas películas infantiles y aquí el pedófilo acaba frustrado como debe ser en la ficción y si es posible en la realidad), la liberación femenina cuando la chica entiende que él(el demonio o Fausto de Goethe, el Hombre, David Bowie) nunca ha tenido poder sobre ella porque ella decide sobre sí misma.... Uuuuh, y podría seguir y seguir. Anoche no ví la película, hice el amor con ella. Cuando terminó estaba tan extasiado que la chica de delante tuvo que preguntarme dos veces la misma pregunta para saber que iba conmigo la cosa "¿Eras tú el que cantaba?" A la segunda la entendí a pesar del jaleo y me subieron los colores por eso se apresuró a decir "No, no, si lo hacías bien, cómo la has vivido..." Y claro, más o menos le solté el rollo de antes y un poco más. Me miraba entre sorprendida y divertida. Antes de acabar el descanso de media hora tuve que ir a por un agua(otra vez falló el aire acondicionado). Por supuesto vimos "Poltergeist" juntos. En su fila, no en la mía. Luego salimos al bochorno de la noche barcelonesa y tomamos algo en una cafetería cercana que abre hasta vete a saber qué hora porque a las dos de la madrugada todavía seguíamos allí. Ella había quedado con alguien en una página de contactos o de Singles, no lo pillé bien, y este le había dado plantón, algo grave ya que ella no iba por las películas pero luego se rió "aunque ahora que me has explicado todo eso me han entrado ganas de verla otra vez. Está muy chula esa canción de cuando ella esta vestida de princesa o así". "¡Whitin you! Mi preferida" casi grité yo. Bueno, estuvo bien. Nos dejamos los nombres para el Facebook porque en ese momento parecía una buena idea.
Hoy tengo la invitación pendiente de aceptar y ya no me lo parece porque realmente no lo es. Yo anoche tenía un subidón, un chute de Dopamina u Oxitocina porque me había emocionado la película. Hoy soy yo. O el de ayer también era yo. Pero con muchos años menos.