25 marzo 2012

Antes de que Marzo se vaya sin pena ni gloria





"¿No habría dicho Camus que la respuesta correcta al sinsentido de la vida era inventar reglas para el juego, como nosotros habíamos hecho en el fútbol?" Julian Barnes " Nada que temer"

"Nada importa, y si importa ¿Qué pasa? Y si pasa ¿Qué importa?" Santa Teresa de Jesús


La segunda muela del juicio que me han extirpado ha sido tan desagradable como la primera. Se me hinchó el rostro, provoqué comentarios nada comprensivos entre mis compañeros (cara de Hamster, ¿Tienes un paquete de pañuelos en la boca? ) y mi sobrina que llegó tarde al apogeo de la hinchazón me pidió un bis( ¡Tito, yo quiero verte con cara de sapo, sácate otra muela!). Como además de otras tareas doy clases de informática básica en la biblioteca y me llamaron dos días de otra biblioteca satélite para cubrir a una subordinada, tuve que dar la cara y no pintaba muy bien, la verdad, así que respiré profundamente delante de nueve adultos que me observaban de un modo siniestro y les comenté que si no les importaba que les diera clase el fantasma de la ópera(la hinchazón me había provocado hemorragias que iban de la cara hasta el cuello y me daban la apariencia de un hombre que se había echado ácido en el rostro por despecho). Los adultos se rieron, rompí el hielo y las dos clases de hora y media que les dí fueron un éxito, uno de los adultos se apuntó a las particulares que doy en mi biblioteca habitual. Por la cara.
Aunque le debo a la Seguridad Social dos pares de quincenas con infección brutal y atención al público con una mano ocultadora en mi cara, ya me he hecho con el trabajo y me muevo con calma y palmadas en el hombro de superiores, compañeros y hasta usuarios. No soy yo, son ellos que siguen con su paciencia. Además de todo eso he conocido a R., bibliotecaria cincuentona y de vuelta de todo y por encima de todo de sus compañeros. Entre café y café que ha intentado pagarme pero yo, por no sentirme gigoló ni en potencia ni platónico, he pagado por mí mismo, me ha puesto al día de todo lo que necesitaba saber. La conclusión es que casi todos salvo un bibliotecario alto y guapo y caballeroso, son grandes hijos de puta. Al menos según R. Según mis propios apuntes tomados al natural esos presuntos hijos de puta me siguen tratando bien. Cuando salgo de la cafetería y un inmigrante marroquí avanza lento y cauto por el paso de cebra y R. le grita: "¡Moro de mierda, que nos vas a atropellar, vete a tu país, que no sabes ni conducir!" entiendo que a lo mejor su vida la ha hecho un poco susceptible y mejor no tomar al pie de la letra lo que dice. Tenemos niveles de tolerancia distintos.
Cuando regreso a casa me encuentro con la señora Teresa que ahora es presidenta. Está tranquila y no habla del cable porque no hay nada que decir, incluso dice que a pesar de nuestras diferencias puedo contar con ella y charlamos y de pronto rompe en llanto porque su marido con el que llevaba 37 años ha fallecido: "¡La soledad es muy mala, Sergio, tú no sabes lo que es la soledad! " Supongo que tiene razón. Y también esa gente que dice que las desgracias nos hacen mejores personas porque ahora la veo más dulce. El caso es que yo prefiero ser un cabrón hijo de puta y no tener que pasar por ninguna desgracia, siempre lo digo. Se es buena persona por y para los demás pero eso te saca de la ecuación de la felicidad. De qué sirve decir que sí a todos y seguirles la corriente contra tus deseos si al final sólo está el premio de una palmadita en el hombro y un "qué buen tío eres, qué buen tío...". Aunque por supuesto, mientras no atente contra mi felicidad, seguiré favoreciendo a quién crea oportuno.
Por último regreso al trabajo y aprovecho que no todos los días tengo café guerrillero con R. para acercarme a un cyber pakistaní y llamar a una bloguera a la que se le prometí. Después de la presentación telefónica descubro que habla lento, en voz alta y sobre temas que no entiendo. Descubro que no me habla a mí sino al personaje que debo interpretar porque su celoso moro de Venecia(y a este paso quedaré como el racista que no soy), su marido, acaba de aparecer por casa. Sólo estamos hablando pero esto culpabiliza bastante la llamada. Así que prohibido hablar pero a mí me da la risa. Hay hombres que confunden el amor a su pareja con el amor a una boa constrictor y claro, la encierran en su habitat no se vaya a escapar.
Mi vida es como la de cualquiera, cómica. A veces nos parece dramática porque las lágrimas por una tragedia no nos permiten entender el chiste pero todo es pura comedia. Lo dicen los clásicos.
En cuanto deje de dolerme tanto la muela y ahora el oído me pondré en serio con este blog, gracias por su atención.

05 marzo 2012

Vale, lo admito, he vuelto a quedar con Ella


Con la excusa de que le debo unas canciones y un MP3 nos vamos con la música a una cafetería. Nuestro amor tuvo de escenarios todos esos establecimientos de Barcelona.
Los besos en el tren son leves, fugaces, apenas alcanzan para las dos mejillas y la segunda se queda tuerta, es más un roce que un beso. En un segundo se resume el futuro de nuestra cita. Ella está más tranquila y de rebote, yo también.
Mientras charlamos en el vagón nos estudiamos con los ojos. Buscamos los posibles cambios de estos meses. O tal vez sólo se trata de eso, de mirarnos y reconocernos y recordarnos con la vista. Averiguar lo que queda dónde tanto hubo.
En la primera de las dos cafeterías que tocan hoy empezamos con temas leves. El protocolo de los ex parece indicar que mejor abrir conversación de menos a más. De si tienes trabajo a si tienes vida íntima.
En este encuentro ella es otra y puedo imaginar por qué. Cuando me lo explica corroboro lo que imaginé:
  • He estado teniendo un rollo con un chico. He vivido con él estos dos últimos meses.
Le digo que me alegro por ella con la satisfacción que da la sinceridad. Pero ella me habla de su regreso al negro. Su vida no ha remontado el vuelo tanto como la mía. Yo le digo que a pesar de la biblioteca me siento angustiado por los vecinos(hace un par de días que “emaileaba” con Anne, bloguera magnífica, sobre este tema y con "la dama de las nieves"). Pero mi "Back to Black" no impresiona a mi ex. Mis preocupaciones son prosaicas. Ella lo está pasando mal de verdad. Su nuevo hombre tiene una serie de contraindicaciones graves, las recetas hay que leerlas hasta el final.
Folla una vez cada dos semanas con él y no llega al orgasmo siempre(no sé si serán los porros pero el mundo sufre una fuerte pandemia de pichaflojas así). Se aprovecha de su habitual falta de autoestima y le dice que lo que tienen ellos es un rollo y nada mas pero mi ex tiene vedado quedar para tomar café con hombres(al menos oficialmente) y él en cambio puede quedar con la amiga que quiera. Ella tiene que pasar seis horas de juegos de rol con él sin permiso ni para ver la televisión y él no tiene obligaciones con ella de ningún tipo. Él la insulta del modo más cruel y la hunde psicológicamente y ella no tiene derecho ni a la defensa verbal. Él... Bueno, el catálogo de infamias me indigna. Nunca me he metido en ese tipo de asuntos pero siempre he dicho que hay hombres que me vuelven feminista salvo los de mi blog(y algunos amigos míos,claro). Creo que P. elige mal a los hombres. Incluso cuando me eligió a mí. Aunque yo nunca me aproveché de su autoestima más bien reptante. Ni me regocijé con su dolor. Y hasta puedo decir que la amé mientras la amé con perdón de la palabra que suena a novelas con portadas de amantes de camisa rasgada con fondo de cielo lleno de nubarrones muy negros. Y aunque no es disculpa pero suena como si lo fuera siempre la he respetado. Porque a pesar de lo dicho no es imbécil. Su falta de autoestima no es por su físico que es bello ni por su estupidez que no es real. Sólo es producto de una mala gestión de sus sentimientos. Y empatizo con ella. Ella no gestiona bien la dependencia frente a un hombre. Yo no gestiono bien mi ira cuando me hacen enfadar. Todos arrastramos nuestra cruz y casi siempre la llevamos incrustada en el carácter.
Pero no puedo ayudarla y me duele y no son sólo palabras es una realidad. La primera vez que la ayudé con otra mala relación de dependencia emocional acabamos teniendo nuestro espantoso desastre. El remedio fue peor que la enfermedad y yo le supuse mucho dolor precisamente porque no quise causárselo. Y ella me lo supuso a mí, todo eso está ya muy escrito.
Así que la miro con la impotencia de no poder ayudarla. Y sintiendo más el dolor porque ella esta vez no me reclama nada. Pero su aprecio por mí es casi desolador. Rememora algunos de nuestros buenos momentos del pasado. La memoria es selectiva y subraya fragmentos del pasado aunque también los emborrona. Ni ella ni yo estamos para recordar discusiones.
Dejo que se desahogue y saco todo el arsenal de consejos que puedo para ayudarla. Más que un padre parezco una madre desesperada(¡Y no te olvides de llevarte el bocadillo!).
En el autobús de regreso ella me da las gracias por ese desahogo y casi me conmueve cuando me pregunta detalles sobre los consejos que acabo de brindarle. Me escucha con tanta atención que parece que no le cabe ni el aire en los pulmones.
Me pregunta si puede enviarme mensajes por mail. Con el MP3 se acaban las excusas para vernos. Le digo que sí.
Los dos nos despedimos con una sonrisa pero ni la suya ni la mía son sinceras.
Qué pena que desearle algo bueno a alguien no sirva de nada.
Y qué pena en este caso que intentar solucionar su vida pueda suponer arruinar la vida de ambos.
Qué pena todo esta noche.