28 octubre 2012

La boda de mi primo(I de II)



Como dije algunos meses quería contar esta boda de mi primo la pasada Primavera. De momento deshabilito los comentarios porque hay otra entrega y el texto lo acabaré a lo más tardar el Jueves. 

"Que mi primo se quisiera casar les alegró a casi todos menos a mí que sólo veo las bodas como una curiosa forma de comportamiento digna de grabados en bajo relieve sobre piedras antiguas descubiertas por arqueólogos. Que mi primo se quisiera casar con otro hombre les disgusto a casi todos menos a mí que me pude echar unas risas a costa del retrógrado de mi padre y sobre todo de mi familia sureña, una a la que siempre he querido mucho y el amor es mutuo pero que después de reaccionar tan mal al siglo veintiuno, ya no me hace tanta gracia.
La boda ya ha pasado y los sureños siguen sin dar señales de vida que es como dar señales de que no les ha parecido bien la boda homosexual. Me pregunto si creerán en el diablo y en la posibilidad de que si se acercaban hasta Barcelona el dedo castigador del Dios judeocristiano les arruinaría sus muy pijos trajes de boda con algún diluvio(mi familia sureña solo cree que un buen envoltorio es la medida de todas las virtudes de un ser humano, si tus apariencias son buenas no importa nada más).
Como mi primo, antes de salir del armario, siempre había pertenecido a la familia de Barcelona con la que más relación tuve, no podía faltar al evento. Suelo ser el típico familiar ausente en cualquier fotografía de boda, el raro fantasma que nunca está en entierros, bautizos o bodorrios. Ni siquiera en despedidas de soltero pero es que a estas ni me invitan y ahí sí que iría ( a la de mi primo no dejaban entrar heteros y lo cierto es que no me interesaba especialmente).
Pero llegó mi primo y decidió enamorarse de un hombre y entonces su “rareza” desplazó a todas las demás. Me lavé mi lana de oveja negra y me hice reluciente solo porque en lugar de gustarme los hombres me gustaban las mujeres.
A menudo escucharía durante la boda “porque las bodas de los normales como nosotros…” Y en normal se me incluía a mí, ja,ja A mí. Porque a pesar de que la homosexualidad solo consiste en cambiar el tipo de pareja que te gusta y existe desde que el mundo es mundo y es algo natural incluso entre animales (y los que me vengan con la Biblia que se den la vuelta y se vayan de la sala porque no creo en esos papelajos cargados de espantosas fábulas sobre un Dios con ánimo vengativo), a pesar de eso, resulta que para el común de los mortales el ser homosexual te convierte en un anormal, en un enfermo(si veis ciertos programas televisivos dónde salen tipos que te curan de eso veréis que no exagero). Yo sé que no exagero viendo la inicial negativa de mi padre a ir al evento por no ver hombres besándose. Mi hermana se lo tomó muy bien y se emocionó mucho pero su actitud no era mejor “Oh, una boda gay, qué original, no me la pierdo a ver cómo lo hacen” . Imagino que se tomó la boda como ir al zoológico o algo así, como si casarse pudiese ofrecer grandes alternativas de diversión. De hecho, si fui al evento de la boda en sí y no solo al banquete como es mi costumbre en las dos o tres bodas que he asistido en mi vida, es porque no se celebraba en una iglesia. Sé que si algún día entro en una me consumiré como Drácula, he blasfemado mucho y feo( para los que no me conozcan diré que esto es ironía ya que el hecho de pensar que has blasfemado ya es una forma de ser creyente y no es mi caso, yo ni peco ni blasfemo, simplemente no creo).
Pero la boda sería excelente, ya la contaré si me apetece en otro momento.
Avanzo que la única gran diferencia que encontré respecto a otras bodas fue el buen gusto del lugar dónde se realizó, el buen gusto a la hora de elegir el restaurante y los maravillosos, sabrosos y sí, elegantes platos con que disfruté ese día.
No creo en las bodas pero sí en sus banquetes de celebración."   

20 octubre 2012

Edward Pattison, flashback, boutade y reflexión final por no perder la costumbre

Veo la cara de Edward Pattison en "Cosmópolis" y tengo un flashback. La primera vez que lo vi fue gratis porque si no, ni loco entraba a ver "Crepúsculo" en el cine donde trabajaba. Era mi día de fiesta compartido y Patricia, una compañera de trabajo y yo acábamos allí la jornada. Bien vestidos, sin uniforme, dando envidia a los compañeros y hablándoles lo justo para no sentirnos en mitad de la faena, para sentirnos clientes y no trabajadores. Palomitas y chuches también gratis, claro. Luego ir a la sala buscando el lateral menos concurrido. La película estaba arrancando todavía su éxito a sí que no se llenó en ese estreno. Sólo el centro de la sala estaba poblado. El vampiro que no chupaba sangre ni nada empezó su andadura para los muy fans y algunos despistados como Patri y yo. Entendí la similitud. Patri mucho más joven que yo. Bella cien años mucho más joven que el vampiro. Una relación difícil, el cambio generacional era absurdo. El de la pantalla, digo. Pero Patri apostó por evitarme el aburrimiento y me bajó la cremallera del pantalón. La sala estaba cargada de efluvios eróticos o me lo parecía, muchas chicas enamoradas y "fluyendo" su amor a Pattison por las butacas. La mía conmigo o por lo menos eso parecía. Entregada. El olor a limpio y champú de su espesa melena ondulando a ras de pubis. La película que no me desconcentraba porque era insulsa e infantil hasta decir basta, adolescente(aunque adolescente podía ser hacer según qué cosas en una sala de cine). Yo intentando devolver luego el regalo. Las manos entre sus piernas, enmarañándose con la escasa protección de las bragas. Le dije algo a P. digo Patri y ella se molestó. Siempre era así. Estaba conmigo porque la respetaba pero el respeto no era perfecto, vivía obsesionada con eso y a veces un leve comentario la indignaba. La película pasaba entre nuestros susurros y nuestra discusión educada para no molestar. Ella dispuesta a renunciar al orgasmo que le debía porque era mejor echarnos cosas en cara. La película terminó(la de la pantalla, se entiende) y salimos a la calle y yo a mi autobús y ella con su eterna cara triste de despedida como si estuviera asomada a un balcón que diera al futuro de lo nuestro. El conductor arrancó y borró esa imagen y la cambió por paisaje en movimiento. Yo abrí un libro. Fin del flashback.
Ahora veía "Cosmópolis" sólo y entregado a la película. Lenta y difícil de digerir o de creer. Clavada al libro eso sí pero me temo que Don Delillo es un autor interesante sobre el papel pero sus diálogos son pomposos a veces y en ocasiones rozan el absurdo, no se pueden decir en voz alta sin que te sonrojes. Sus personajes no son reales, son abstracciones, unos representan el capitalismo, otros son la pobreza, el anarquismo, etc. pero no hablan como hablamos los humanos. El pobre Pattison que quiere colgar los colmillos lo intenta y hace lo que puede pero poco se puede hacer con el libreto. El libro se escribió hace una década y ya se veía lo que iba a hacernos el capitalismo en 2008. Yo por 2009 ya sabía dónde se iba a ir la relación tempestuosa, extraña, difícil y paralela con Patri. Puede que ella también. Todas las claves del futuro están en nuestro presente. Todo lo que ha de ocurrir nos lanza avisos actualmente. La Historia grande se repite así que la pequeña, la de nuestras vidas, no tiene por qué ser menos. El caso es que sólo juntamos las piezas cuando ya ha pasado todo, cuando la realidad que amenazaba con romperse es un estropicio sanguinolento en el suelo.

13 octubre 2012

Incomunicados


He pedido un café con hielo y me llega un cortado. A veces sucede al revés y sigue siendo un error. Falta de entendimiento. Levantarse con el pie equivocado. O no. No entiendo de supersticiones de podólogos.
Salgo con mi sobrina. Ella me eligió a mí. A su abuelo lo tiene muy visto. Yo, además, estoy más en sintonía con su idea de la diversión irresponsable. Además le preocupa algo: “Tito, ¿Sigues enfadado conmigo?” Hace meses me rompió accidentalmente un disco duro externo. Decido explicarle la verdad por la que nos hemos visto tan poco desde aquel accidente. A los niños es mejor no mentirles. Ni necesario. Afrontan los hechos bien y rápido, son ágiles en la adaptación a la nueva realidad: “Yo sólo me enfade en ese momento contigo, cuando te cargaste el disco duro. Pero si no nos hemos visto más es porque mi problema es con tu madre. Por otro asunto. Tú solo eres una niña de ocho años y no te hago responsable. Aquello está olvidado”. “Ah, vale”, responde contenta. El egoísmo práctico de los niños. Ni siquiera pide explicaciones o “clemencia” para su madre. Si la cosa no va con ella todo está bien. Sólo era un malentendido entre tío y sobrina por no verse o por no hablarlo. Si la sigo queriendo que se joda su madre. La adoro.
Ya en mi piso mi silenciosa compañera me ha escrito un mensaje a bolígrafo sobre una nota junto al ordenador: “Respétame por lo menos. Que tus perras no llamen a mi teléfono”. Parece que alguien, puede que una bloguera que sabe mi dirección a la que no le dí el teléfono llamó a casa. No me queda claro. Otro malentendido. Pero da igual. Me voy a la costa y acabo allí mis vacaciones. Sólo pero con libros. Antes dejo otra nota “Aún no tengo perra que me ladre, ni siquiera sé quién ha llamado pero no me hago responsable, no le he dado el número de casa a nadie”.
Alguien me presenta una mujer porque piensa que quiero una nueva relación. La mujer no tiene nada que ver conmigo. Yo debo explicarme mal porque se lanzan algunas indirectas eróticas que me molestan. Lo remata todo pidiéndome el teléfono. Le doy uno falso y luego hablo a solas con el amigo que me la ha presentado. Enfadado. Uso la palabra mamporrero. El argumento que polla y tristeza son enemigas. Lo remato con “pregunta antes de implicarme en el mercado de la carne con prisas. Antes de venderle el alma a alguien por un polvo prefiero aclarar mis ideas”. También el “yo sé buscarme lo mío, gracias”. Mucha dureza para unas buenas intenciones equivocadas.
Pido un frapuccino de Mokka sin nata en mi franquicia preferida. Me llega con la montaña blanca habitual y me deshago de la nata en una papelera usando una caña. Dediqué una vez un post a este problema mío con Starbucks y la nata. Casi he perdido la batalla. Y eso que tengo una voz grave.
Según estadísticas nos equivocamos dos veces cada siete minutos de conversación.
Según la ciencia el cerebro no percibe más que una porción leve de la realidad. Y la que percibimos se malinterpreta o no se habla o hay problemas de comunicación.
Me tomo el frapuccino semidesnatado a mano y observo una feliz pareja. Digamos que una pareja aparentemente feliz. O digamos que una pareja feliz en teoría refutable.

07 octubre 2012

Los tristes agobian

Seguía con mi periodo de transición veraniego. A veces tenía que pasar por mi piso ideal para parejas. Pero como no nos hablábamos me dí cuenta que se había hecho más pequeño. El aire estaba más apretado a pesar de que no había palabras para llenarlo, se respiraba mal. Pasábamos como dos fantasmas con cruce en el pasillo. J. Me preguntó una noche en la barra del bar: "¿Para quién la cama grande?" "Para ella la cama grande, el comedor, casi que la cocina porque yo como en casa de mis padres que de momento no están" "Calzonazos", me dijo con su risa malintencionada de siempre y me reí. Fue el primer respiro de este verano de independencia en dependencias varias.
Estuve tres semanas sobre un colchón en el suelo. Para disimular que me había pasado ese tiempo allí no usaba la cocina, mi madre lo hubiese descubierto. Me alimenté de productos infames y de una gastronomía cuando menos surrealista: taquitos de jamón ahumado, yogurt líquido, latas de atún con pan integral o no, donettes, algún Durum ocasional y algunos pedidos al chino, churros con chocolate... todo por no dejar rastro en las ollas del piso de mi madre y alertarla antes de tiempo de que algo ocurría en mi intimidad. Actuando como un político en campaña, escondiendo los peores asuntos para después de la resolución del problema.
Tres semanas en las que mataba los tiempos de las mañanas en cafeterías dónde antes me conocían acompañado y ahora... sólo felizmente casado conmigo mismo. Escribiendo poemas para reírme de Neruda "Veinte sonetos de angustia y una canción esperanzada", una colección de versos dedicados a la papelera virtual de mi ordenador dónde pensaban acabar. Una novela que corregí y no presenté a concurso porque me disgustó o porque no sirvo para releerme. Soy mi peor editor y a veces mi peor enemigo.
Tres semanas sin venderles el drama a los amigos para que no les surgiese la chispa de llenar mi "vacío" con alguien(y porque los tristes son pesados y contagian). Para seguir ni libre ni ocupado, sólo en dirección a cocheras o al desguace. Porque si las cosas no están claras, es mejor aclararlas. Y porque estar solo no significa siempre querer a alguien.
Por la noche cenaba somníferos y desayunaba un electroshock al cerebro de café. Estaba tranquilo y bien, mi matrimonio en primera persona era agradable, me llevo bien conmigo mismo de día, es sólo por la noche que me discuto y lo paso mal. Las noches son malignas para mí, por eso las asesino con drogas(y pensar que hace años quería vivirlas a toda costa).
Tres semanas de ver cine de silencios de esos que sólo le gustan a la gente con gafas de pasta y en el que parece no pasar nada, sólo planos eternos para contemplar, pero que me hacía sentirme en la piel de sus personajes "Two Lovers"(magnífica película de hace dos años que repesqué y me emocionó), "Shame"(guarra y polémica película con al menos una reflexión interesante pero sólo para gente con paciencia), "Spider" (antigua película de Cronenberg dónde Ralph Fiennes da vida a un loco que se pasea mucho y escribe cosas que sólo entiende en papeles, como yo mismo). Viendo películas o libros que subrayasen mi situación actual pero nada de autocompasión. La autocompasión es el masoquista camino que algunos eligen para la depresión voluntaria. Parece gustarles. A mí no.
Y después regresé a casa, como he dicho. Al menos podía cocinarme siquiera un plato de pasta, la cocina también la pago yo.
Y me encontraría otros problemas pero será tema de otro post o no. No sé por qué le doy tanta publicidad al verano. Ni me ha gustado, ni me suele gustar, ni quiero recordarlo.
Vivo en Otoño y es una época que amo. Y además mi madre tiene la costumbre de llamarme para que vaya a comer a su casa, a tiro de piedra y sobre todo de apetito de la mía.