13 diciembre 2013

Minucias

Me despierto en mitad de la mañana. A lo lejos alguien usa un martillo. Nunca faltan martillos en el vecindario. Creo que la actividad estrella es usar martillos. No hacen falta ferreterías. Solo tiendas de martillos a secas. Usar el martillo esta por encima incluso de ver fútbol.
La primera duda existencial del día: hay tres cepillos de dientes y solo uno me pertenece pero no recuerdo cual era el mío. Mi madre les ponía el nombre escrito a mano envuelto en celo por el final del manguito. Aquí estoy solo ante el peligro. Pero da igual. Ya toca cambiarlo.
Voy a desayunar. Saco mis cereales en una bolsa de plástico cerrada con una pinza de la ropa para que no se oxiden y me preparo leche con cacao. El microondas da algunos problemas y no quiere arrancar pero al final es sólo la puerta que está mal ajustada. El desayuno me deja una taza de porcelana con la S de Superman en relieve y una cucharilla para lavar. En la pica me encuentro que uno de los dos guantes de goma esta mojado y eso supondrá ponérmelo con dificultad pero sacármelo con más trabajo todavía. De no ser por eso hubiese lavado incluso lo que no me pertenece pero no. El guante mojado me da la coartada perfecta para no lavar nada.
Me visto, cojo una bolsa de basura de orgánica y otra de variada más dos botellas de plástico y salgo a la calle. Veo que el papel dónde anotamos la lectura del contador de la luz ha sido arrancado. En casa de mis padres sucede igual. Hay un anormal omnisciente que los arranca en todo el mundo. Es como Papá Noel pero en lugar de repartir regalos se dedica a arrancar el papelito alrededor del planeta. El día que lo pille le arrancaré yo quejidos de dolor. La mala hostia amplifica las fuerzas y a mi me sobra.
En el buzón hay varios papeles de publicidad repetidos que seguro que pertenecen a mi vecino que los ha colocado allí por no llevárselos a casa. Los devuelvo al lugar del que deben haber salido y añado los del resto del vecindario.
Tiro la basura usando los pies para levantar las palancas con pedal de los contenedores y sintiéndome libre, ya sin nada en la mano, me dirijo a la cafetería. Tirar la basura es como una metáfora. Dejo atrás lo molesto y me centro en lo importante, el café.
Entro en la cafetería y descubro el periódico contento pero compruebo que es el deportivo y lo dejo donde estaba. El diario que busco lo tiene alguien y cuando veo que lo está acabando una señora mayor se lo pide antes que yo así que renuncio. Me pongo a navegar con el móvil.
Cojo una servilleta y escribo unas letras a mano procurando hacerlas nítidas en el débil papel, las fotografio y le envío a Ella unas disculpas y un par de frases cursis. Ampliando la foto se lee bien el mensaje escrito. Solo os escribo las disculpas: "¿Sigues enfadada por lo del otro día?". Luego me limpio los labios excitados de cafeína y arrugo la servilleta escrita que queda en forma de bola sobre el platillo dónde me habían entregado un croissant que ya no está. Luego curioseo libros por Amazon y descubro un apellido que me suena mucho, Gamboa. Aunque no lo creía resulta que sí. Un tipo con el que estudié el primer año de instituto está vendiendo la segunda parte de su libro de aventuras. Más de 200.000 lectores, dice su publicidad. Le veo sonriendo en una fotografía en que se le ve casi igual al tipo callado de mis recuerdos de instituto. La publicidad asegura que ha sido submarinista, piloto y no se qué más además de pasarse la vida sin lugar fijo de residencia y viviendo a salto de mata. Un aventurero con todas las de la ley. Igualito que yo.

08 diciembre 2013

Intimidad

Encuentro a menudo llamamientos a la intimidad desde Facebook. Que hagas no se qué para que los mensajes que se escriben solo lleguen a ojos del destinatario y no los lean terceros. Está bien. Casi siempre me lo piden mujeres. Supongo que tendría que serlo yo para que me molestasen más a menudo. Y aunque acepto este deseo de privacidad no lo comparto o no lo necesito del mismo modo. 
Estos llamamientos a la intimidad vienen casi siempre de gente que sólo publica lo que come, viaja, lee, escucha o sienten por sus hijos. Tampoco es como para agobiarse con que alguien coja esa información y pueda usarla malintencionadamente. El mayor peligro es que esa información mate al que la recibe de aburrimiento. Otra cosa sería que intercambiásemos fotografías pornográficas. Claro que ya no usaríamos facebook salvo en caso de exhibicionismo profundo. 
Hay mucho deseo de intimidad. Pero esta es cambiante. Ni se entiende igual en todos los países, ni ha sido lo mismo a lo largo de las épocas ni creo que siquiera tú que me lees tengas la misma idea de lo que es que yo que la escribo. 
Hace años le presenté a J. su futura pareja. Esta era amiga de la mía. El intercambio de intimidades entre ambas amigas me inquietaba. Ellas se contaban sus cosas y luego lo de J. me llegaba a mí y lo mío le llegaba a él. Menos mal que ambas discutieron para siempre. Me sentía expuesto. Como si estuviéramos en una pareja de cuatro.
A lo largo del tiempo he visto a gente pidiendo intimidad para sí misma a la vez que extendía sin problemas la de otros. Gente que no quería que contasen nada sobre ellos contándome sin yo querer escucharlo(o sí, depende del día) asuntos referidos al tamaño del miembro de un compañero de trabajo(que se contaba que a pesar de lo escaso era bueno con el cunnilingus), de gatillazos, insatisfacciones femeninas y alguna masculina, infidelidades, masturbadores compulsivos que ponían su mano por delante de su esposa, de lo que se dejaba o no se dejaba hacer esta o aquel...
La vida en pareja no es intimidad. En el momento en que compartes ya no es íntimo. Si alguien te ve, alguien lo sabrá. No le des más vueltas, levanta la cabeza con orgullo. Quién esté libre de caer en alguna miseria humana que se queje. Igualmente no le harán caso. Digo esto mientras le pregunto a la chica que me acompaña sobre qué y qué no le cuenta a sus amigas de lo nuestro. Mientras lo "nuestro" es algo que disecciono en un blog. Sin nombres ni caras, eso sí, como en los chats guarros.  

24 noviembre 2013

La adivinadora

Estaba matando a Rajoy el otro día. En principio me duró cinco minutos porque usé mi pasión por las sierras eléctricas. Luego lo reviví y lo torturé de modos más sutiles y diversos. Tengo experiencia por las veces que he asesinado a mis vecinos. Ahora al menos no lo hago tan seguido. En cualquier caso todo esto era mental. Y yo me estaba riendo solo. Por eso cuando ella pasó me cogió pensando en este magnicidio de mi presidente y de buen humor, en ese momento en que le decía mientras lo estrangulaba con sus entrañas: "¿Que nos quitas el derecho a huelga? Pues te vas a joder porque las rebeliones nunca han sido legales y siempre se han hecho y siempre han resultado más efectivas que las huelgas con servicios mínimos que son más cosa de moñas

Ella: ¿En qué piensas?

Yo: En nada. 

Ella: Da igual, será algo bonito, se te ve feliz. 

Ella se estaba quitando prendas. Era como jugar al strip poker pero mejor porque yo en los juegos siempre pierdo. Se iba a duchar. Miró hacia mí con pudor disimulado pero no dijo nada. Encantadora incluso a su pesar. Creo que quería bajar el telón, terminar con esa función y que no me recrease con sus defectos, solo imaginados por ella. ¿Por qué las más jóvenes y perfectas llevan tantos complejos encima? Me sentí feliz y tranquilo. Una sensación de plenitud que ya que no he sabido encontrar en una iglesia he podido encontrar en otro lugar. Y lo mejor es que todo eso que tenía delante no se agotaba en la mera contemplación. Había tardes de charlas interminables y risas y sentido del humor. Una alternancia de placeres que difícilmente encuentra uno o una cuando busca pareja y al final, desesperado-a, remata diciendo "qué mal están los hombres o las mujeres". Con ella no sucedía ni aun sucede eso. No es enamoramiento porque estoy lejos ya de esa grandilocuencia de los sentimientos pero es algo agradable igual. Y además ya estaba ella en remojo cuando sin saberlo me regaló una erección. Ella es así, generosa sin saberlo. Desde la ducha me decía:

Ella: ¿Pero en qué piensas? 

Yo: En nada...

Ella: Seguro que en algo malo.    

17 noviembre 2013

Una tarde de Domingo

Vuelve a ser más joven de la cuenta(que me trae). Pero yo busco la ventaja en todo y suelo encontrarla en todas. Tiene el suficiente mundo corrido y corriéndose. La sabiduría de las sábanas nace de las ganas y el instinto. Es una tarde de domingo y ya nos hemos cansado. A la mitad del Kamasutra improvisado y casero. Ella se ausenta a comprar algo que me dice y no llego a escuchar desde mi reposo del guerrero antes de que cierre la puerta. Luego nos quedamos a solas mi erección derrotada(de momento) y yo. Todo esto puede ser para nada pero de momento me parece el Todo. Nada que alegar contra la existencia. A veces me deja en paz o me proporciona treguas placenteras. Pongo música y cuando Ella regresa descubre  un hombre desnudo arrodillado frente al ordenador. Yo soy como esos actores-actrices que se levantan de la cama con algo que les cubre en las películas. El pudor empieza cuando se acaba el sexo. El tamaño sí me importa. Soy lo suficiente criatura como para sólo desear mostrarme en el momento más inspirado de la carne. Ella es natural, sonríe y se va a la cocina preguntándome algo que tampoco vuelvo a escuchar pero sólo porque la música no me deja. Me tumbo en la cama y me siento tan relajado que casi olvido que como todo el mundo, tengo problemas. Ella regresa con su sonrisa pero es diferente. No la entiendo hasta que empieza a practicarle reanimación asistida a mi sexo. Todo sigue o empieza su curso y si pensaba que no me quedaba energía, el cuerpo se la inventa de dónde creía que no había. Vuelve a ser divertido o puede que más. Estamos asesinando la melancolía de los Domingos. Durante nuestro último orgasmo casi a la vez ya parecía Sábado por la mañana o Viernes por la tarde. 
Ella me pregunta algo sobre la fecha de caducidad de lo nuestro. Yo no he mirado la etiqueta así que no puedo responderle. De momento le digo que me siento como para asegurar un "para siempre". A ella no le gusta que use "de momento" en mi respuesta pero lo acepta igual, me da un beso de hermanos en la mejilla y después de beberse el olor de mi cuello se acurruca sobre mi pecho y creo que hasta dormita. 
De pronto suena la puerta de casa, se sobresalta y dice "¡mi madre!". 
Acabo debajo de la cama en una situación que conozco bien por otros motivos y circunstancias y de pronto empiezo a ser consciente de que es Domingo.
Esto ya no es tan divertido salvo si lo observas en perspectiva.   

03 noviembre 2013

Misterio

Ella tiene un secreto. O más. Pero me interesa el que detecto y no consigo desvelar. No me gustan los misterios más allá de la ficción. Y aún en esta poco. En las novelas nunca doy con el asesino pero porque suelen hacer trampa. De todos modos no me puedo concentrar en la historia si me perturba el interrogante. Una cosa es sugerir y otra esconder. Así que ella y sus secretos me perturban. 
Sé que yo he supuesto alguna vez un misterio para alguien alguna vez. Me consta porque me lo dijeron: "¡Eres un poco misterioso...¿No?!" Pues no. No lo soy. Ni aún dando esa impresión. No lo soy si el misterio es involuntario. Ese misterio mío nacía de que siempre tenía algo que hacer cuando me llamaba, de que hablaba fugazmente y unos minutos con esa persona sin perder de vista el reloj, que no devolvía las llamadas perdidas... ese era mi gran secreto. Mi carácter escurridizo. El "hola y adiós" contiguos. El "ya te llamaré" sin futuro. ¡Pues vaya un secreto! Eso sólo significaba que pasaba de esa persona. Lo hacía con un mínimo de educación, claro. Pero esa persona se me quería acercar demasiado y yo la quería a la distancia prudencial que como se suele decir, deja correr el aire. ¿Y de qué otro modo le podía decir "déjame en paz"? Si se lo hubiese dicho con más contundencia se hubiese enfadado y me hubiese dicho que no quería nada(y tal vez fuese así, puede). A maneras indirectas de acercamiento, maneras indirectas de respuesta. 
Y ahora un ejemplo sobre hombres misteriosos que no son Grey. S, una chica del barrio, está enamorada de X, un tipo muy misterioso, al menos para ella. Nos lo cuenta a menudo. Dice que en su relación hay ilusión. A ella desde luego se le ve en los ojos. A ella las mariposas le revolotean en esa parte. Es un poco molesto de ver, pero sólo si eres un envidioso. Lo que ella no sabe es que su novio, ese tipo con aspecto de recién exhumado no es blanco enfermizo sólo porque no le dé mucho el sol. No es sólo eso. Es además que tiene una profunda adicción a la cocaína. Por las noches se va de fiesta, le promete a S. que se verán más tarde y luego no aparece. Y no aparece porque después de esnifar se va a su otra gran pasión que son las relaciones extraconyugales. Cada noche consigue un amor de los que no van más allá de la piel y al día siguiente con un par de excusas y la ayuda de las mariposas del amor, S. ya vuelve a sonreír ilusionada. El tipo sabe como mantenerla a la expectativa. Básicamente dándole nuevos matices a la palabra sinvergüenza, quiero decir, a la palabra misterioso. Ella no sabe que esa relación es multitudinaria. sólo que él no depende de ella y eso hace arder más el amor. ¿Realmente merecen la pena los misterios? Pero si la gente casi nunca oculta virtudes, sólo miserias. También traiciones. Ese aire alienígena y como ausente de algunos-as no puede augurar nada bueno. 
Es por todo lo dicho que no me gusta que ella se haga la misteriosa. Y hasta se lo digo y ella sonríe como si la halagase pero no entiende que no es eso. 
De momento me quedo en este barco pero yo si fuera ella no jugaría con fuego. ¿Os he contado lo que le espera a mi compañero de trabajo? ¿No? Pues mejor porque ya llevo planificando la trampa hasta el último detalle y a lo mejor es demasiado para vuestras conciencias. 
De momento me quedo en esta relación porque no me queda claro si es misterio o crucigrama y lo segundo se me da mejor.

22 octubre 2013

Unos empiezan y otros quién sabe

J. y M. lo han vuelto a dejar. Yo le digo a J. que será pasajero pero él dice que esta será la definitiva. Entonces le recuerdo que el año pasado, mientras paseábamos y hacíamos uso de los bares y restaurantes de la Rambla de las Flores, ya dijo que era la definitiva. También me vino a la memoria esa otra vez que tomábamos unas tapas en el barrio y se nos agregó K., una chica sin un círculo social muy amplio a juzgar por su omnipresente disponibilidad incluso cuando la encontramos por azar. 
Otra "definitiva" de J. y M. fue un día en el que acabamos tomando pollo de ese del estilo de no se qué coronel, crujiente, justo al lado de la Plaza Cataluña y el Fnac en el que habíamos oteado cultura variada. Era un bonito día de Otoño. Ocasionalmente veíamos manadas de vendedores de Dvd,s piratas correr con sus grandes bolsas a la espalda seguidos de lejos por unos desmotivados policías, parecía más un juego que una redada. Al salir de lo del pollo, un perro que había sido recogido por su dueño en la perrera de J., le reconoció de lejos y le saludó a lametazos. La fidelidad canina es increíble, intrigante. Los perros son tan pelotas que es fácil amarlos. Una relación amo y perro sólo se romperá por culpa del primero en diez de cada diez casos. Recuerdo que ese día hablábamos de la ruptura de J.y M. que se subsanó en un par de días porque claro, regresaron.
Ahora vuelve a ser la definitiva. O al menos otra más. Por eso le recordé estas y otras veces que todo había terminado con ese "para siempre" tan flojillo. Con detalles de hora, día y eventos varios que almacenaba mi memoria. 
"Ya,ya sé que lo he dicho otras veces pero esta vez va en serio".
Claro. Todos sabemos cómo son esos tira y aflojas. Esas discusiones y rupturas definitivas que nunca lo son Y luego, un día, resulta que llega la última. Aunque esa no solemos detectarla.
     

17 octubre 2013

Un baile en tres pasos

Paso I: Lo primero que recuerdo de ella es su índice sobre la viñeta de un cómic pintado guionizado por Neil Gaiman. Y a G. que sin conocerme ni saber más de mí que mi condición de bibliotecario soltarme:

- Pensaba que los cómics eran cosa de niños. Sólo me interesaba la buena literatura pero esto es maravilloso- señalaba insistentemente la viñeta mientras yo me preguntaba si llevo escritos en la cara hasta los gustos. 

Yo le respondí que ese cómic lo tenía en casa, que lo compré cuando salió, asumí que efectivamente era de esa "secta" de los que también leen ese arte "para niños". Y ella, como si oyera un invisible pistoletazo de salida me soltó un torrente de palabras. Y luego, al cabo de un mes volvió y me buscó en otro lugar de la biblioteca para recostarse sobre el mostrador y volver a dejar pasar un tiempo de charla. 

Paso II: Yo ya no estaba en la biblioteca pero seguía visitando a mis ex-compañeros. David, uno de ellos, me dijo después de hablar con él un rato: 
- Al principio no sabía de qué me hablaba pero una usuaria vino preguntando por ti. Cuando le dije que ya no estabas me dio recuerdos para ti. Dijo que era la de los cómics. ¿Te suena? ¡Qué friki! Bueno, pues como tú,ja,ja...

Paso III: Durante el último mes me han soltado poco de la cárc... digo del trabajo. Sustituciones para el uruguayo que está de vacaciones. Poco tiempo libre, toneladas de rutina. En uno de los pocos ratos libres fui a la biblioteca para coger un par de bolsas de libros en préstamo y tener algo para sacudirme el aburrimiento en el trabajo. Cuando salía cargado de cultura por kilos la encontré sentada en un banco leyendo una novela y con más documentos de todo tipo a su lado, revistas, cómics, dos libros más, películas y un CD cuyo contenido no llegué a cotillear porque ella alzó la vista al acercarme y me sonrió automáticamente.  
Nos saludamos con algo más de familiaridad ya, implicando besos y mejillas como un par de amigos. 
Estuvimos hablando hasta que se fue acabando la tarde y se encendieron las farolas salvo la más cercana que estaba reventada presuntamente a pedradas. Hablamos mucho porque compartir una o dos aficiones con el suficiente grado de pasión por ambas partes lo facilita todo, acaba con los vacíos y los tiempos muertos de silencio, todo fluye. 
Al final nos despedimos pero intercambiamos facebook. 
Ella tenía reflejos rápidos. En solicitudes de face, al llegar a casa, tenía la de aquella chica que conocí en aquel cine el año pasado y no acepté, la de G. mi recién encontrada amiga y la de un chico marroquí al que no conozco ni sé por qué querría ser mi amigo. 
Acepté a G.
Fin del primer baile. 
A la espera de la siguiente canción.  
 

04 octubre 2013

Cruce de caminos

Estábamos celebrando el cumpleaños de J.. Cenábamos. M. nos acompañaba. No sé como surgió el tema pero resultó que ella era Evangelista. Dialogábamos tranquilamente desde posiciones distintas. Ella incluso me ofreció un detalle de lo más bizarro: "La gente que te toca mucho mientras habla transmite malas vibraciones". Claro, ella estaba en lo del mal y el bien absolutos. Me hablaba de teólogos. Yo que al menos también vengo de la ciencia, la filosofía y la cultura en general tuve algo que ofrecerle comentándole mis impresiones sobre las Confesiones de San Agustín que se preguntan asuntos tan divertidos como "¿Está Dios en mayor medida en los cuerpos grandes y en menor medida en los pequeños?" que es como preguntar si los gordos acaparan más a Dios que los flacos. También comentamos el Génesis que es tan apasionante como leer el listín telefónico desde el principio y por orden alfabético. Ya en su primera página leemos "Al principio Dios creó el cielo y la tierra." Se nos despiertan sospechas sobre lo sagrado del texto. Ahí se ve que en la Biblia no habla un Dios sino un humano que no tenía telescopio ni la posibilidad de ver más allá de los cielos las Galaxias, los cúmulos de Galaxias, los agujeros negros y así hasta el infinito. Que a Dios le costó seis días y uno de descanso hacer esta porquería de planeta que no es ni una mota de polvo en el universo y que a estas alturas debe estar roto por las horas extra tras crear todo lo demás. La Biblia está escrita por gente que se creía el centro del universo y luego hemos visto que estábamos en un lado alejado de una Galaxia, en uno de sus brazos de pulpo y bien apartados del centro. 
J. se había parapetado detrás de su móvil respondiendo mensajes. Cuando M. se fue al baño aprovechó para decirme en un tono levemente molesto: "Como sigáis esa mierda de tema al menos tu(yo) te llevas una hostia. ¡Que es mi cumpleaños!" 
Y al día siguiente regresé a mi trabajo. Con Fernando, un personaje que ya ha salido aquí bebiendo del vaso en el que bebe un bulldog francés. El envidioso. Uno de esos que te tocan cuando te hablan. Que te soba como un moñas. M. hubiese dicho que transmite malas vibraciones. 
Descubrí, gracias a ciertos avisos de mi subconsciente que me decían que las páginas arrancadas del blog de informes escondían algo(y lo encontré), que escribía allí que yo no hago mi trabajo y él tiene que hacerlo por mí. Eso es falso. Ya me dijo mi otro compañero uruguayo que tuviera cuidado con este Fernando. 
La psicología dice que los envidiosos pueden tener entre sus síntomas este trato exageradamente amable y este toqueteo exhaustivo. No hace ni dos semanas que Fernando me decía que yo era el mejor tipo que había pasado por esa empresa. Para luego escribir a mis espaldas que no hago mi trabajo. No sé si es peor esto o tener que soportar que me toque un individuo de mi sexo, gesto que me desagrada enormemente. 
Por una vez le dí la razón a M. Ella desde su religión y yo desde mi escepticismo llegamos a la misma conclusión. A veces la fe y la razón se pueden tolerar si la una no se impone a la otra y además la fe va un poco bebida. M. aquella noche dijo algo no menos interesante "Soy pecadora. He pecado y seguiré pecando aunque Dios me perdonará porque creo en él, en su plan de salvación". 
Amén a eso. ¿Queréis otra porción de pizza o nos vamos a otro sitio?      

29 septiembre 2013

¿Y quién no ha contado un sueño?

Apenas la conozco pero me cuenta uno de sus sueños. Luego el resto. No tengo la confianza suficiente para decirle, lo más suavemente posible, que no me apetece ese plato del pensamiento. Y entonces ella explica el de ayer, el de antes de ayer y aún el del otro día que ya ni escucho. Yo no sé qué hacer con ese material de su cerebro, a qué agarrarme para responder por encima de los monosílabos o el ambiguo "a ha", cómo devolverle a su dueña alguna respuesta razonada y no sentirme como un escultor del mármol al que le envían arcilla y ahora no sabe cómo trabajar sobre un terreno que no es el suyo. Pero ella me explica un nuevo sueño. Y van cuatro. Y si le digo que pare se ofenderá. Lo entiendo. A mí me ofenden si me dicen que no les importa nada lo que estoy explicando. Ella habla de sus sueños, entendidos estos como lo que ocurre cuando duerme y no entendido como proyecciones o ilusiones de futuro. Le suele pasar a la gente que no duerme como una piedra o que no está lo suficientemente cansada. Es más reparador dormir del tirón y como dándole un sorbo a la muerte, sin sueños, que pasarse toda la noche creando historias sin pies ni cabeza. Te despiertas paradójicamente más vivo tras un dormir absoluto. Si estuviera enamorado de ella tal vez la escucharía menos aburrido, le haría más caso a la melodía que a la letra y esto no importaría. No es el caso. Pero los sueños de los que me habla siempre me han parecido, a falta de otra interpretación, como la rabia, la impotencia y los malos ratos del día condensados por el subconsciente y puestos en bolsas de basura que luego el camión de la mañana se llevará hacia la nada. No para que los escuche yo, desde luego. ¿Qué hago? Es ella la que ha llamado a mi puerta metafórica cuando empezó con el tonteo del facebook. Es ella la que pidió este café y ahora que la tengo justo en el vestíbulo de una intimidad compartida estamos todavía en plena banalidad de los temas, es hablar del tiempo o de cualquier otra estupidez. O no. Si tuviera a lo que agarrarme ya podríamos disfrutar de una conversación magnífica, a veces ocurre esa magia de los diálogos interesantes a los cinco minutos de un principio. Pero tengo que resignarme a esta selva tupida de onirismo. Coloco mi piloto automático y... ¡Oh, no! ¡Les da un significado premonitorio! Lo que me faltaba. He dicho tres o cuatro veces que soy un gran escéptico, apenas he pasado del "pienso, luego existo"( a veces creo que soy un personaje de blog). He contado dos o tres anécdotas sobre mi tendencia a no creer en nada que huela a religión, superstición o ciencia irrefutable. Pero no me ha respondido. O sí. Me insiste. Pide una interpretación freudiana(otro psicólogo superado). Me pide opinión. Yo respondo una vez más que no creo que... pero no me deja terminar y sigue con su sueño y pasa a otro. Finalmente creo que no me molesta tanto lo de los sueños. Creo que me molesta más que no me esté escuchando. Claro que de eso yo también soy culpable.          

19 septiembre 2013

50 sombras de Grey

 

Warning: Si te ha gustado este libro no sigas leyendo porque me odiarás.

Warning 2: Ahora la responsabilidad es tuya. Luego no te quejes. 


Las tantas de la noche. En ese lugar dónde trabajo no puedo encender las luces. Sólo me queda el recurso del libro electrónico dónde he bajado basura que por un motivo u otro hay que leer. Este libro es asignatura pendiente. Sé que no me gustará. El argumento, que la crítica seria renuncie a leerlo porque ni siquiera lo ha escrito una profesional o los pocos  críticos que se han atrevido lo han dejado en veinte páginas, porque yo mismo leí dos páginas y casi muero de espanto... Es por eso que pongo el listón bajísimo. Tengo que hacerlo. Me han prometido que aquí están las claves del deseo femenino. Este libro es el Santo Grial que me abrirá las puertas de la libido femenina. Así que me subo en la nave con dirección al planeta Venus desde mi Marte natal. Por fin entraremos en ese para nosotros, difícil y extraño planeta. Pronto veré cómo mi nave se la pega. Y sólo por ochenta páginas. 
En la primera el personaje principal tiene un grave problema que te pone en situación: no consigue peinarse como quiere. Quedo enganchado por ese debate consigo misma de Anastasia, la protagonista con nombre de famosa zarina rusa, de mártir, de economista... (ahora será el de la personaje lerda de una novela "imprescindible"). 
Sé que mucha gente ha dicho que la protagonista(trasunto de la escritora) es tan limitada que sólo tiene un puñado de tics que se repiten cientos de veces por el libro: "poner los ojos blancos", "se muerde el labio como la actriz de Bella de Crepúsculo", "siente algo en un músculo interior de su cuerpo"(qué asco),  "tiene una diosa interior que le dicta el comportamiento"(muy buen y original estudio sobre la esquizofrenia y algunos de sus síntomas como escuchar voces). No importa. Es el modo con el que una escritora aficionada y mediocre define a un personaje: machacando hasta que te mueres esos tics. Así que de entrada caracterización cero. Y se ve pronto. 
Avanza la novela y Anastasia, que está obligada a entrevistar un empresario mega-industrial(una chica de gran cultura pero que define a los poderosos con palabras muy de andar por casa o más bien simplonas), lo pasa fatal. El tipo le gusta pero todo el tiempo dice mierda, otro de sus tics. "Mierda, Grey me ha mirado" "Mierda, Grey me ha tocado", "Mierda, Grey quiere estar conmigo". No quiero pensar lo que esta boca sucia diría si Grey efectivamente la mandase a la mierda(es lo que haría yo si fuera Grey). 
Y al cabo de unas páginas momentazo cómico que justifica mi esforzada lectura. "Grey es guapo, Grey es inteligente, Grey sabe bailar, Grey es multimillonario... ¿Por qué me gustará?" La suerte es que estoy solo en el trabajo porque suelto una carcajada que ni viendo "Annie Hall" de Woody Allen. Lástima que la autora, me parece a mí, no quiere hacerme reír. Esto va en serio.
Doy una vuelta para mirar ascensores y vigilar el edificio. La lectura me está costando mucho esfuerzo a pesar de las frases cortas y descerebradas. Supongo que las repeticiones me queman un poco. Y entonces se produce una sincronicidad porque saliendo de los ascensores regreso al libro y me encuentro una escena superguay de ascensores dónde Grey le pega un beso a la Anastasia mientras le sujeta los brazos con una mano(esto le encantaba a una ex mía así que Grey no me ha enseñado gran cosa de momento). Anastasia nos descubrirá otro tic. Dice ¡Uau! por todo. Esa onomatopeya del ladrido del perro parece haberse escrito así porque le encanta que Grey la haga sentir como una perra pero esto es de mi cosecha, yo no doy ni un euro por la capacidad para el doble sentido de la autora.
Grey también ha seguido como un loco a la tontica de Anastasia a una fiesta y allí se coló y en su ídem se plantó. La chica baila, se divierte con sus amigos... Y es entonces cuando el mejor amigo de Anastasia decide aprovechar su borrachera para acosarla a besos pero Grey está allí para decirle que la señorita ha expresado su desacuerdo con eso. Anastasia sólo tiene derecho a ser acosada por Grey ya que este es más guapo y le quedan genial los pantalones. El amigo de Anastasia se achanta. Sabe que si te metes con el personaje principal de una novela con una sonrisa que te cagas de bonita, "mierda", llevas todas las de perder. 
Anastasia, como una cuba, se limita a vomitar pero Grey le sujeta la frente. Que se vea que siente algo por ella, que no le da asco ni borracha ni echando el interior de su estómago fuera. Anastasia no sólo es virgen, tampoco bebe pero esa noche lo hace para que Grey tenga la excusa y ella la debilidad de que se la pueda llevar a casa en un helicóptero. Lo maneja, claro, Grey que es como James Bond pero en monógamo. El tío sabe de todo. Si no le hace un plato de lentejas a su churri es porque ella no se lo pide y además esta se queda inconsciente. 
Luego ella de despierta en su casa y tiene el desayuno de los campeones esperándole. Grey le ha puesto de todo porque no sabía lo que le gustaba. Anastasia nos cuenta durante todas las páginas que el tipo es muy controlador. Como si el lector fuera idiota insiste todo el tiempo en esto para que luego entendamos lo del dominio sexual. Que sí, que es muy controlador. Otro tic. Desde luego, una escritora de lo más sutil.
La casa de Grey es tan grande como las pesadillas del equipo de limpieza. Grey tiene más de veinte o cuarenta mil empleados a los que trata casi tan mal como a Anastasia, ni se despide cuando le llaman por teléfono. Si no me pareciera el personaje más irreal de la literatura(hay veces que pienso que va a volar o echar rayos por los ojos) diría que es un hijo de la gran puta al que cómo jefe ya le hubiese aplastado la cabeza con un ordenador aunque luego me echase a la calle. Pero a lo que íbamos, Grey tiene más pasta que un político especulador español. 
Y más o menos por ahí o antes, da igual porque me he leído esto en diagonal, él le dice a la chica que él no hace el amor, que él folla... duro. ¡Uau! 
Después de eso ya no pude más. El día que pueda seguir con semejante basura escrita para los que no suelen leer os aviso. El éxito de ciertos libros se basa en que sean tan simples que hasta el más inútil o anastasio los entienda.Después de lo leído seguro que hay algo a lo que no he llegado y necesito saber pero no puedo más. Estoy agotado a nivel psicológico. Y en mi casa, al llegar, los libros de Cormac McCarthy, Auster, Rafael Chirbes, etc. me miraban enfurruñados desde la estantería y me preguntaban... ¿Por qué? Pues por lo que expliqué al principio. 
¿Continuará? Lo dudo.  

11 septiembre 2013

Venganza invisible, placer tontorrón

Fernando es envidioso. Es tan envidioso que me salto la regla de poner iniciales en el nombre. Nunca leerá esto porque no sabe ni que tengo blog. 
Dije en el trabajo que soy licenciado en pedagogía y alguien corrió la voz de que soy profesor. No es lo mismo pero estoy acostumbrado a que la gente no transmita bien los mensajes. A que ni siquiera los entienda. En cualquier caso ahora soy "el profesor" para mis compañeros, apodo que me ennoblece y que no me molestaré en borrar. Pero estábamos con Fernando y su pecado capital. Mi otro compañero uruguayo me cuenta que Fernando lleva todo el mes quejándose de que me dieron dos horas extra en Agosto más que a él, que no era justo. Eso es una tontería para cualquiera menos para él. Nunca está contento con nada ni con nadie. Leer sus informes diarios, pasadas las dificultades por una ortografía que hiere las pupilas, es estremecerse ante la mente más negativa que el pesimismo pueda soñar. "le e discho al señor tal que quite el coche de ese aparcamiento  i se lo a tomado así, así"(aquí tenía razón pero me encanta ese "se lo ha tomado así"), "los del sesto siguen dejando basura fuera de oras, ai que acer algo con ellos"(querrá que los descuarticemos y los metamos en bolsas de basuras, suena mafioso. Nótese su aversión a las haches), "el otro día limpié algo que estaba sucio pero no fui yo porque fue otro, luego pagaremos los mismos de siempre y no ai derecho"(casi enternecedora su perspicacia al descubrir que en no habiendo sido él, debe haber sido otro). Pero dónde se le ven los malos modos más que en esta prosa infantil que me hace pasar tan buenos ratos, es cuando me saluda y me pone la mano en el hombro o estrecha la mía y se preocupa por mí y luego al día siguiente me critica. Podría no creer a los otros pero es que Fernando critica a esos otros también. El que no me habla bien de nadie sólo espera a que me vaya para hacer lo mismo conmigo.  Suele ser así con los pitufos gruñones. Quién no conoce uno.
Pero tengo mejores cosas que hacer por allí. Casi todo el tiempo estoy solo y feliz. Miro el monitor. No pasa nada y me alegro. A veces veo una asistenta filipina que pasea un perro que me encanta y me gustaría tener un rato conmigo. Es un bulldog francés. Para muchos es feo y regordete pero yo siempre he querido tenerlo aunque me tira para atrás mi incapacidad para cuidar de seres vivos, ni siquiera plantas. Pero a veces sucede que los deseos se cumplen. Al menos a mí me pasa. Cuando no lo espero. Más o menos. La filipina se me acerca a la garita y me pide cuidarle un rato el perro mientras va por un bocadillo. ¡Por supuesto!   
El perro es tranquilo. Se comporta como si me conociera de toda la vida. Yo estoy sentado cuando de pronto apoya sus dos patas delanteras sobre mí y me olisquea la entrepierna. Es un perro zoófilo, le gustan los animales humanos. Lo aparto de ahí pero es de buen perder, tiene una graciosa sonrisa de oreja a oreja. Se dedica a olisquear el resto del lugar mientras resuella como un cerdo, qué curiosa respiración la de estos animales, parecen tener algo peor y más grave que el asma y sin embargo siguen viviendo como si nada. 
En su contra diré que apesta un poco a sudor. Me extraña viniendo de un hogar tan selecto. Tal vez hace mucho calor en ese lugar así que le doy algo de beber. Cojo un vaso de plástico y se abalanza con desesperación sobre el agua. Esto ocurre varias veces. Me gusta verlo así. 
Yo me siento y me acomodo sobre la silla. Sonrió como el perro de oreja a oreja. Es gracioso verle beber con tanto placer del vaso que lleva escritas las iniciales de mi compañero Fernando.

08 septiembre 2013

Educación

Recibo un fuerte golpe en la nuca. No tengo amigos que saluden tan bruscamente. Tal vez algún conocido. Me doy la vuelta y veo la sonrisa de una niña tan pequeña que ni siquiera habla. Está en esa edad de los bebés que disfrutan dando golpes para comprobar el tipo de sonidos que se producen. El ruido de su mano contra mi nuca le gusta. Lo repite. Es más fuerte de lo que imaginaba que debía ser un niño de esa edad, algo más de un año. Yo estoy sentado en uno de esos bancos dobles de un centro comercial. Del otro lado del respaldo esta también la madre que simplemente le dice "para" a su hija. No lo entiendo. La niña no sabe hablar y apenas debe entender lo que le dicen con esa voz desganada. No va a parar, eso está claro para cualquiera menos para la madre. Se ve venir una lluvia de hostias. Yo sólo estaba leyendo y haciendo tiempo para el cine. Así que intento concentrarme nuevamente en el libro pero me cae otro golpe no menos fuerte por el lado opuesto. La andanada me ha tocado la oreja izquierda que debe haber enrojecido. Me doy la vuelta un poco mosca y veo otra niña de más o menos la misma edad que imita a la primera. Una forma de aprendizaje es esa, la imitación. También veo a su madre que conversa con la primera y con la misma desgana le dice a su hija que se esté quieta y no golpee al señor. Eso me hace recordar a Uri, un viejo amigo del cine dónde trabajé. Un día, después de abroncar a un niño que hacía mucho ruido en la entrada y le molestaba, el padre se acercó admonitorio y le dijo apuntándole con el índice: "Algún día, cuando seas padre, lo entenderás". Pero Uri siguió enfadado. Apenas dos años después fue padre y me recordó el incidente diciendo arrepentido: "Ahora lo entiendo" ¿Y qué hay que entender? ¿Que te haces padre y lo que hace tu hijo está bien aunque sea de la peor educación? No lo sé. Como no he sido padre no he sufrido la alteración de carácter a lo "invasión de los ultracuerpos". Intento tolerar a los niños ruidosos o alejarme de ellos pero esto... No puedo entender cómo es que esas madres sencillamente no cogen a sus hijas y las ponen lejos de mi nuca o mi oreja, es fácil. Cualquier cosa menos las órdenes acústicas inefectivas a todas luces. Porque esto es ya una masacre. Se han picado las dos a ver quién da más fuerte y yo de sparring en el centro mientras escucho las estupideces de las madres que ya ni se molestan en decir algo. Y claro, yo a veces me callo y aparento paciencia pero es sólo porque acumulo una tensión más fuerte que cuando explote se hará notar. Es por eso que cierro el libro bruscamente, me levanto y con todo lo que me dan los pulmones y rojo de rabia grito, insulto y amenazo con palabras que por esta vez no incluiré aquí. Y entonces sí, entonces las madres me ven, no saben si responderme o irse y se deciden por lo último, cogen a sus niñas y se van con las mejillas tan cárdenas como las mías pero por motivos distintos. Noto como las miradas de la gente del centro comercial se posan en mí con disgusto, como si yo fuese un monstruo. Pero estoy en ese nivel de mosqueo que me hace devolverles la mirada y claro, ellos la desvían. 
Problema resuelto. 

01 septiembre 2013

Segundas partes

Aquel año en el festival de Sitges, el primero para nosotros, fue el mejor. Vimos tres películas, hicimos carreras de fondo de cine a cine para no llegar tarde a las sesiones, nos asaltó un loco manchado de sangre en la cola de una película que resultó ser Santiago Segura promocionando un corto, conocimos en persona al director Peter Jackson, pasamos un poco de frío de madrugada y por último perdimos el tren, estos dos últimos puntos sumados a las carreras no fueron tan divertidos. También pasamos hambre. 
En nuestra imprevisión juvenil mi amigo y yo no caímos en llevarnos algo para la cena.Por eso salimos de la última sesión de cine fantástico con un apetito no menos fantástico. También un poco somnolientos tras un día más largo que sus horas, intenso. Y todo estaba cerrado. El pueblo comenzaba a desconectarse de sus visitantes y se iba a dormir más allá de las dos de la madrugada.Todos los locales estaban cerrados. Todos salvo aquel bar de mala muerte junto a "El retiro", el cine más vetusto de los que pasaban películas. Un local mugriento y mal iluminado que hacía su Agosto en Septiembre u Octubre, durante el festival. Algunos posters de cine colocados en sus paredes mostraban la adhesión a la causa friki como en ciertos Cybercafés pakistanís estos muestran su adhesión al terruño e integración colocando banderas culés.
Muertos de hambre y casi zombies, pedimos la carta pero esta solo incluía a esas horas bocadillo de tortilla así que aceptamos el trato. Y esa noche, con el magnífico ingrediente del apetito devoramos el mejor plato de nuestra biografía gastronómica. Nunca lo hemos olvidado. Han pasado los años y sigue siendo motivo de agradable recuerdo. El bocadillo de tortilla (francesa, ni siquiera de patatas, algo rápido a base de usar un huevo, una sartén y un cuchillo para cortar el pan). Muy probablemente pasarán los años y estaremos en nuestro lecho de muerte y si uno visita al otro todavía podrá hacerle recordar sin problemas ese bocata de madrugada, esa maravilla culinaria. La satisfacción de una necesidad desgarradora es un placer inmenso.
Regresamos el año siguiente. Queríamos volver a experimentar ese placer que sólo conocían en Sitges (ahora se suelen disfrutar otros, me parece que es gaylandia). Pero ya nada fue lo mismo. La novia de mi amigo ya lo demostró cuando sentados a la mesa del local mugriento, con algo de asco en el rostro, nos mostró un trozo de cáscara de huevo que se había mezclado con la tortilla y luego en su boca. Las prisas no son buenas para los cocineros cascahuevos. Y luego está que es muy difícil repetir la felicidad. No le podemos pedir bises a los momentos. Estos llegan sin aviso y se disfrutan y luego ya puedes disponer el escenario del mismo modo que algo te fallará. El bocadillo perfecto ya sólo existía en nuestra memoria. 
Esto me viene al recuerdo, y no estoy seguro, cuando recuerdo esas veces en que he intentado empezar relaciones de cero, ya lo contaba en estos posts melancólicos últimamente. Buscar segundas o quinientas partes de la misma historia con alguien para sentirnos como en los principios de nuestra relación. Y nunca ha sido posible. Siempre ha aparecido la cáscara de huevo entre la tortilla o el pan para romper la ilusión. Segundas partes...

30 agosto 2013

Paisajes mentales, dudas

Fue una vez por la tarde. Estábamos sentados en un banco frente al mar. Había circunstancias que indicaban que allí podía haber algo más que eso. Entre ambos había una conversación de lugares comunes intrascendentes sobre todo y nada pero otra corriente alternativa de simpatía, de actitudes, de gestos, de quedar por quedar sin venir a cuento, de indirectas y por último de ese silencio entre nosotros en aquel banco. Estábamos sentados porque ella quería estar allí. Ella no podía hacer más. El que llevaba la carga o la obligación de otra persona era cosa mía. Ella no podía hacer más que lo que hacía sin arriesgarse a dar un mal paso y arruinar ese algo que parecía haber entre nosotros. Era yo el que dudaba ese instante sobre algo tan sencillo como romper ese silencio que se nos quedó frente al agua y las gaviotas con un acercamiento o dejarlo correr.
Todo se iniciaría con un simple gesto. Una montaña elevada que se abriría frente a mí de nuevas obligaciones, de explicaciones y hasta puede que gritos, de ruptura de hábitos, siempre me ha costado romper la cómoda rutina de una vida por la aventura de una pasión, dicen que para eso los hombres somos más conservadores y vaya si lo he demostrado. Era un gesto y matar a mi yo para tener que reconstruirme de nuevo. Se necesita amar mucho a alguien para pasar por el proceso de reconstrucción que supone cambiar de vida. En el cine siempre lo evitan poniendo un beso, un fin y los créditos. Pero lo que viene luego es más complicado. Es lo de después lo que me hacía pensar. Y pensar que a otra persona no te unes para pasarlo mal. Para eso ya está el trabajo. El amor, si no se piensa como un negocio o una inversión es libre y por tanto lo quiero confortable y estar seguro de que lo será. Tal vez por eso ya no me molestaban esos tiempos lentos de acercamiento entre dos personas. En la adolescencia, cuando no pensaba más allá de la carne me irritaban pero ahora el cortejo me resultaba más interesante que su resolución. Mejor estudiarla y ver o especular sobre qué nos podía esperar más allá de una cafetería o un restaurante, sobre el terreno y la guerra contra la vida. Qué tal equipo podría hacer con Ella en las buenas pero sobre todo en las malas. Porque hay un momento en la vida en que una compañero-a ya no puede ser ese-a con quién follas. El sexo requiere descansos y estos suelen ser más largos y ya ningún cuerpo, por atractivo que fuera, me compensaría de charlas estúpidas o bostezos eternos. Pero esto no era sobre el cortejo ni el amor ni el acercamiento entre dos personas. O sí pero sólo un poco. Esto era más bien sobre las dudas que me asaltaron una vez, hace mucho tiempo, en un banco de un puerto frente al mar. Tampoco es sobre lo que pasó o no que ha dejado de importar. Esto sólo era sobre el temor que tuve y la duda entre dejarlo correr o por el contrario posar mi mano sobre otra y matar el inútil espacio entre sus labios y los míos.
 

29 agosto 2013

Paisajes mentales, la larga espera.

Entro en la granja "La Catalana", abiertos desde 1900. Es un local clásico de Rambla Cataluña cercano a mi trabajo. Voy en busca de cafeína pre-jornada nocturna laboral. Cuando entro se me disparan las alarmas. La belleza que me atiende no me suena. Llevo siendo atendido durante más de un mes por una señora gorda, no demasiado atractiva y con voz de hombre rudo del ejército con las cuerdas vocales arruinadas. Aún así esta señora es muy eficiente y su dirección del resto del personal a lo sargento suele generar más eficiencia si cabe. Tiempo de recibir un café en la barra dónde me siento inclinado sobre está (como si imitase a un viejo borracho de los que se acodan allí): cinco minutos o a veces dos. También te llama guapo, exactamente igual que si fueras a comprar a la frutería o la pescadería.
La nueva sin embargo, recibe mi petición con una sonrisa. Y la veo trabajar. De pronto el tiempo se detiene en su lado de la barra. Pasan los minutos. No llega el café ni el hielo para mitigar el calor. Parece que la chica se afana con algo pero sus manos están vacías. Tal vez ha llamado a Colombia para que le traigan el café. Tal vez ha puesto a congelar el agua de los cubitos. Tal vez yo he entrado en una dimensión que no es la real y he desaparecido para ella(Quin Monzó asegura que se hace invisible en ciertos bares para ciertos camareros).
De pronto la veo con los brazos cruzados y apoyada sobre una campana de cristal que protege bollería, bocadillos fríos y una tortilla de patatas. Habla del fin de semana pasado con un camarero joven que viene con su bandeja vacía de la terraza y muy dispuesto al diálogo. Están absorbidos por una conversación que entre líneas dice si han mojado o no. Ella seguro, si ha querido. En ese plano sí que he dejado de sentirme las piernas y el resto del cuerpo porque para ellos no estoy. Les hago señas, carraspeo, hago crujir una bolsa de plástico para cómics que llevo en la bolsa más grande con el uniforme del trabajo... Parece que al cabo de un rato me ve como entre la bruma de un agujero que se ha abierto entre su dimensión y la mía. Abre la boca sorprendida de verme aparecer en su cerebro y empieza a corretear por detrás de la barra. Finalmente consigo el café y hasta el hielo más una sonrisa de circunstancias.Me lo bebo pero toca pagar. Y entonces veo que se ha abierto el desagüe entre dimensiones y yo me he vuelto a caer en esa otra dónde ella no me ve. La veo inclinada y enseñándome un buen fragmento de sus nalgas en esa posición pero claro, como se siente sola... Veo su dedo índice apuntalando el labio inferior en actitud pensativa. En una mano una lata de cerveza. No sabe si ponerla en un armario o en la nevera. Me dan ganas de gastarle el comodín del público y sugerirle que la cerveza mejor fría. Cuando al final resuelve satisfactoriamente esa duda existencial y ya han pasado casi diez minutos, hace el ademán de seguir ordenando, ni mira a su alrededor por si alguien de su dimensión o la mía quiere algo. Yo casi saco la pistola de bengalas para arrojarle una y que me vea pero por fin aparezco en toda mi impaciencia y le pregunto que qué le debo(ella a mí me debe un disgusto). Consigo que me cobre y vuelve a sonreír, simpatía no le falta, lo ha invertido todo en eso a falta de otra cosa. O a lo mejor es que  ve lo divertido que es todo esto. Si fuera yo un mal pensado diría que se está quedando conmigo.   

Nota: He leído una página sobre esta granja y el segundo comentario es de un tipo más airado que yo que me ha hecho reír pero no sé de quién habla cuando se refiere a esa tal Cristina.
 http://www.buscorestaurantes.com/restaurante/La-Granja-Catalana-17567-0