27 agosto 2013

Paisajes mentales, actualizando datos con una ex-compañera.



Quedamos después de dos años. Trabajé con ella. Solo eso. Hemos sentido nostalgia el uno del otro por culpa de una fotografía en facebook. La solucionamos tomando café. Me pone al día de las nuevas parejas o rupturas acontecidas desde que me fui. Conozco a los personajes pero el tiempo me los hace un poco ajenos. Me gustaría que me detallase las circunstancias de lo que cuenta. Todas las historias suenan a ya oídas. Es el estilo el que las reescribe y las hace nuevas. Pero la gente es cada vez más lacónica. Todo se reduce a decir que X se lo ha montado con F, que L rompió con S o que W ha tenido un hijo. Todas esas felicidades o sufrimientos convertidos en frases cortas o titulares. No me transmiten nada. Así no hay quién pesque una buena historia para escribirla. 
Hay algunos silencios incómodos. No todo el mundo pasa el test del olvido. Con ciertas personas te reencuentras al cabo de años y retomas la última conversación como si nada. Con otras todo lo contrario...
Luego yo, que tengo fiesta, la acompaño hasta el cine. Como cada paso que doy es un recuerdo y no hay una sola baldosa desde la estación hasta su puesto de trabajo que no me incendie las neuronas con imágenes del pasado, no entro en el centro comercial ni acepto ver a los pocos ex-compañeros que me quedan allí. Esa zona del mundo me agobia, parece difícil de superar.
Nos despedimos con besos castos de hermanos. Prometemos quedar antes de dos años y no dejar pasar tanto tiempo esta vez. Es lo que siempre se dice pero no siempre se cumple.