12 agosto 2013

Paisajes mentales: Borrachera III (y última)

Las peleas eran así, como las lluvias rápidas de verano. Un combate a tortas o agarrándose el uno al cuello del otro. Me recordaban las reproducciones reales de unos dibujos de atletas en ánforas griegas que tenía en mi libro de arte. El uno intentando someter al otro entre la muñeca y el bíceps, aprovechando la posible debilidad del cuello y la incomodidad para defenderse. Casi siempre ambos contrincantes en el suelo por culpa de la caída o pérdida del equilibrio de uno de ambos que se llevaba al otro con este para que le acompañase mordiendo el polvo. Y ya en el suelo más forcejeos ambiguos y resoplidos y mucho esfuerzo que se saldaba con la victoria del más resistente a la fatiga y con la extraña imagen de no saber si peleaban o preparaban los ensayos para la futura "Brokeback Mountain". 
Yo, al ser un año mayor que casi todos ellos jugaba con ventaja. Por eso y por tener la hostia fácil cuando no algo peor y más peligroso entre manos. Me evitaba esos combates tan íntimos sobre el plebeyo suelo que sólo me gustaban como espectador. 
Después de la última lucha a muerte porque uno de los "hermanos maricones" no parecía adaptarse bien al nuevo mote, nos juntamos con otros bestias y seguimos bebiendo. Yo ya estaba borracho así que fue llover sobre mojado. Y además hicieron trampa con el juego de la moneda. Ya se lo estaban montando muy bien para que yo ganase siempre y así verme beber y beber y terminar por hundir la fama de más comedido que tenía por entonces. 
En el centro del barrio la orquesta amenizaba la noche. 

-Eh, mirad como se mueve la vieja esa que baila. ¿De dónde ha salido eso?

- Del psiquiátrico del que se ha escapado, ja,ja

Y luego bailar nosotros sin dejar en paz aunque solo fuera verbalmente al personal. El adolescente es orgulloso, prepotente, amoral, un perfecto criminal en potencia. 
Una chica pasaba de unos brazos a los otros. Sólo sonreía y bailaba mientras algunos la magreaban(he recordado viendo ciertas imágenes de los Sanfermínes este año algo así).  Yo la tuve unos veinte segundos  de baile antes de que alguien me la quitase exasperado "trae, marica, ni borracho le metes mano". 
Luego nos fuimos a casa. La memoria empieza a ralear. Sé que me iba golpeando con las paredes con o sin ayuda. O me lo contaron. Al día siguiente quedó atestiguado ese accidentado regreso con un cuerpo tatuado de moraduras. Recuerdo también que otro vecino dos años mayor que nosotros bastante paternalista, me agarró de la camisa y me llevó hasta casa para que se acabase el circo. Mi madre me recibió mencionándose a sí misma, "la madre que te parió", mientras se apresuraba trayendo el cubo de fregar dónde regresaría por dónde había entrado el alcohol que no me cabía dentro.
Creo que mis amigos se debieron quedar abajo peleando los unos con los otros. 
Y yo ya no pude hacer el completo ni asistir al cierre de las fiestas del día siguiente.   
Si te pones a vivir muy rápido puede ocurrir que seas torpe y te tropieces.