09 agosto 2013

Paisajes mentales: Confianza

Hace años, antes de un concierto me invitaron a coca. No tenía excesivas experiencias al respecto pero sí las suficientes. Me atraía tanto como la temía. En "El abogado del diablo" Al Pacino habla de la primera raya como uno de los mejores momentos de un ser humano, al nivel del primer polvo. La mía había sido tan deliciosa que no conocía ninguna experiencia mejor. De hecho tenía el potencial para ser un buen discípulo de Burroughs en "Yonki", un desangelado sin sexo enamorado de los estupefacientes y que ignora la carne. Qué bien que la economía juvenil no diera para tanto. Y qué bien aquella invitación a coca en aquel concierto, tan cortada, tan capada esta en sus beneficios. Llené la nariz con algo que le daba un nuevo sentido a la expresión esnifar mataratas. Apenas vi el concierto. A la mitad salí a reunirme con algunos conocidos en el capó de un coche aparcado en un oscuro callejón. Buscaba remontar el bajón estrepitoso con más rayas. Pero aquella mierda, y nunca mejor llamada así, sólo me hundía más. No solo no producía sus efectos sino que te quitaba la poca o mucha alegría que llevases encima desde el primer soplido hacia dentro. Nunca sufrí más en mi cuerpo que aquella noche. Era como probar el infierno sin pasar por caja muriendo. Como tener el mono sin haberte vuelto adicto. No, gracias, nunca mais. El mundo del narcotráfico me perdió como cliente para siempre a partir de entonces. Con lo golosas que habían prometido ser mis fosas nasales.
Años después cierta amiga se quejaba de la relación que tenía con algo que definía como un rollete. Sé que ese rollo suyo a ella le gustaba pero él ofrecía poco. Su relación se resumía a que él la llamaba una vez cada dos semanas, se la llevaba a dar una vuelta en coche y le pedía luego que le chupase la polla. A veces la tocaba un poco pero más para cubrir el expediente que por interés. Nada más. Gracias a ese simpático caballero ella cambió de brazos y se deslizó hasta los míos. Después me quejaré de no tener suerte pero nunca de no ser lo suficientemente rastrero.
Todo eso me lleva a pensar en los clientes de las preferentes de los bancos, tan estafados ellos, en los políticos tan sinvergüenzas y tan revientaconfianzas... Ya tenemos un partido político por aquí que se muere después de haber sido puntero. Por no haber estado a la altura. Y el otro que espero que se muera el doble cuando lleguen las próximas elecciones(dejadme soñar con eso). Los bancos tienen cada vez más problemas para atraer clientes y ganarse su confianza( de momento no hay productos tan "magníficos" ni parecidos a las preferentes).
Los beneficios rápidos son pan para hoy y hambre para mañana. En cualquier situación, seas amante, banquero o camello. Si no eres de fiar pronto o tarde te convertirás en pasado.
Hoy tal vez me pase de optimista pero el futuro sólo pertenece a los que nunca mienten.