07 agosto 2013

Paisajes mentales: Sexo

La lengua en el pliegue de su sexo, con mi boca en el centro de su intimidad, la misma boca con la que la había convencido de llegar a esto o casi, no era un plan establecido, sólo hablabamos, a saber cuando decidió que yo pasaba la selección y al menos en cuerpo se entregaba, qué frase que dije fue decisiva y decisoria, o qué discurso sobre la mesa de una cafetería me facilitó el progreso para que tuviéramos orgasmos a medias, y si fué por lo que dije o por cualquier otra otra cosa pero pienso que sí fue por eso, suelo ganar más hablando que otra cosa (y si hay voluntad), aunque fuera como fuera, la magia del sí femenino ya estaba actuando, tenía libre acceso a los rincones más allá de su ropa interior, la última frontera, un pase libre para sus pechos, esas protuberancias del tronco femenino que casi siempre se reservan para los preliminares(como si de por sí no fuese un placer y un clímax tocarlos y besarlos), después de los pechos algunas dudas por su parte, un momento de indecisión entre ir a más con el sexo oral bajo la cintura o retroceder, entregarse a mí por fascículos, finalmente otro sí que sumarle al placer y continuarla hasta el final, el tiempo puede ser eterno pero el nuestro no, aunque ella jugase precisamente con eso, porque las mujeres en algunos casos usan el tiempo y el sexo con los hombres para medir la confianza, a más citas más concesiones y sólo si demuestras ser digno, como al perro al que le das el azucarillo porque sigue bien el adiestramiento, ahora los besos, después los juegos de manos sobre la carne, finalmente el sexo y tal vez sus variantes más perversas, siempre, siempre si eres o demuestras ser algo más que uno que sólo quiere ir de paso, aunque estas estrategias cada vez más son cosas de adolescentes y menos de mujeres, o vete a saber, ellas nunca son iguales, hay un mundo por cabeza, a veces iluminación artificial, a veces miedo a la crudeza del día, a veces dulzura, a veces dureza, en ocasiones y al principìo los complejos cubiertos por la oscuridad y follar a oscuras, cada mujer a su ritmo pero decidiendo, al menos en eso, y finalmente y si no eres un imbécil supremo, toda para tí, tal vez una relación que valga la pena u otra que sea un infierno aunque difícilmente lo son al principio, dejándome ya seguir mis propios ritmos y hasta pidiendolos, suplicando un hombre porque sobre la cama no existe el machismo ni el feminismo y se puede ser políticamente incorrecto, mejor así, el caballero soy yo cuando voy vestido, sobre la cama hay otras exigencias, entramos en otra dimensión, y en el caso que describo la petición expresa de ser un animal peligroso, era lo requerido, y parece que funcionaba y estaba bien, todo al principio, siempre al principio, como si los primeros días fueran una fábrica de los únicos buenos recuerdos que se merecía una pareja, entendiéndonos y siendo tan distintos mediante la carne, sabiendo que el cuerpo sólo tiene el modo sufrimiento y el modo dolor y que luego viene la mente a complicarlo todo.