11 septiembre 2013

Venganza invisible, placer tontorrón

Fernando es envidioso. Es tan envidioso que me salto la regla de poner iniciales en el nombre. Nunca leerá esto porque no sabe ni que tengo blog. 
Dije en el trabajo que soy licenciado en pedagogía y alguien corrió la voz de que soy profesor. No es lo mismo pero estoy acostumbrado a que la gente no transmita bien los mensajes. A que ni siquiera los entienda. En cualquier caso ahora soy "el profesor" para mis compañeros, apodo que me ennoblece y que no me molestaré en borrar. Pero estábamos con Fernando y su pecado capital. Mi otro compañero uruguayo me cuenta que Fernando lleva todo el mes quejándose de que me dieron dos horas extra en Agosto más que a él, que no era justo. Eso es una tontería para cualquiera menos para él. Nunca está contento con nada ni con nadie. Leer sus informes diarios, pasadas las dificultades por una ortografía que hiere las pupilas, es estremecerse ante la mente más negativa que el pesimismo pueda soñar. "le e discho al señor tal que quite el coche de ese aparcamiento  i se lo a tomado así, así"(aquí tenía razón pero me encanta ese "se lo ha tomado así"), "los del sesto siguen dejando basura fuera de oras, ai que acer algo con ellos"(querrá que los descuarticemos y los metamos en bolsas de basuras, suena mafioso. Nótese su aversión a las haches), "el otro día limpié algo que estaba sucio pero no fui yo porque fue otro, luego pagaremos los mismos de siempre y no ai derecho"(casi enternecedora su perspicacia al descubrir que en no habiendo sido él, debe haber sido otro). Pero dónde se le ven los malos modos más que en esta prosa infantil que me hace pasar tan buenos ratos, es cuando me saluda y me pone la mano en el hombro o estrecha la mía y se preocupa por mí y luego al día siguiente me critica. Podría no creer a los otros pero es que Fernando critica a esos otros también. El que no me habla bien de nadie sólo espera a que me vaya para hacer lo mismo conmigo.  Suele ser así con los pitufos gruñones. Quién no conoce uno.
Pero tengo mejores cosas que hacer por allí. Casi todo el tiempo estoy solo y feliz. Miro el monitor. No pasa nada y me alegro. A veces veo una asistenta filipina que pasea un perro que me encanta y me gustaría tener un rato conmigo. Es un bulldog francés. Para muchos es feo y regordete pero yo siempre he querido tenerlo aunque me tira para atrás mi incapacidad para cuidar de seres vivos, ni siquiera plantas. Pero a veces sucede que los deseos se cumplen. Al menos a mí me pasa. Cuando no lo espero. Más o menos. La filipina se me acerca a la garita y me pide cuidarle un rato el perro mientras va por un bocadillo. ¡Por supuesto!   
El perro es tranquilo. Se comporta como si me conociera de toda la vida. Yo estoy sentado cuando de pronto apoya sus dos patas delanteras sobre mí y me olisquea la entrepierna. Es un perro zoófilo, le gustan los animales humanos. Lo aparto de ahí pero es de buen perder, tiene una graciosa sonrisa de oreja a oreja. Se dedica a olisquear el resto del lugar mientras resuella como un cerdo, qué curiosa respiración la de estos animales, parecen tener algo peor y más grave que el asma y sin embargo siguen viviendo como si nada. 
En su contra diré que apesta un poco a sudor. Me extraña viniendo de un hogar tan selecto. Tal vez hace mucho calor en ese lugar así que le doy algo de beber. Cojo un vaso de plástico y se abalanza con desesperación sobre el agua. Esto ocurre varias veces. Me gusta verlo así. 
Yo me siento y me acomodo sobre la silla. Sonrió como el perro de oreja a oreja. Es gracioso verle beber con tanto placer del vaso que lleva escritas las iniciales de mi compañero Fernando.

7 comentarios:

Garriga dijo...

excelente!!
pobre Fernando
ya venia sospechando yo del narrador. Me queda una sola curiosidad
¿qué tal la filipina?

S. dijo...

Garriga, la filipina es el tema clave que ha buscado tu intuición. Me dice el uruguayo que Fernando la quiere para sí mismo y que el hecho de que me deje el perro le ha molestado mucho. La filipina pues muy simpática pero no la quiero para mí. No por filipina sino porque no es mi tipo, claro. Saludos.

detalles dijo...

Pobre Fernando, menos mal que no sabe que tienes blog. Y que sonrisa la tuya, de oreja a oreja...¡¡No me extraña que sonrías!!
Besotes.

h i l i a dijo...

está bien. creo que por fin voy a tener que aceptar tu lado-hulk, unas veces más sútil, otras menos.

Laura Noestá dijo...

S eres más malo que Caín!!! jajajajajajaja

Me encantan tus travesuras...

Besos (BEP)

S. dijo...

detalles: Pobre, pobre Fernando. Ojos que no ven, baba de perro que no se siente. Y ahí seguimos con esos apretones de mano y las palmadas amigables en la espalda, ja,ja. Besos.

hilia: Ey, que ahora estoy de lo más amable. Los perros, aunque se que no te gustan, son poco contagiosos. Creo.

Laura Noestá: Mejor cuando estoy travieso que cuando subo un escalón y paso a mayores. ¿Qué tal te va?
Besos.

Mario dijo...

También yo tengo mis dudas en cuanto a lo de saber cuidar de seres vivos. Por eso no tengo plantas, y por eso amo los gatos, que son seres muy vivos, pero muy independientes. Así que hoy, por ejemplo, Bandini estará solo todo el día y yo más tranquilo que todas las cosas y él más contento que unas castañuelas.

Joder, cómo me ha gustado que beba y babee en ese vaso rubricado...

Bueno, avisan de mi tren por megafonía...

(Buen rato me has hecho pasar, qué buena espera entre andenes, la mía)