29 julio 2013

Mucho mal rollo

Estábamos en los juzgados. El hijo del vecino por golpearme, estrangularme unos segundos, aplastarme con su cuerpo cien por cien grasa, cero coma cero por ciento cerebro. El padre le acompañaba acusado por pisarme la cara. Lo vimos por aquí hace algún tiempo.
Tras más de un año sufriendo los titubeos y errores de la justicia(perdieron mi informe forense de daños y tuve que repetirlo, ir a que examinasen mis desaparecidas heridas o rasguños tras varios meses) había juicio. Pero la situación y la estrategia eran otras. Estaba claro que a pesar de la buena intención de los que me hicieron el informe y pusieron daños psicológicos por asalto, tenía todas las de perder como acusador contra mis vecinos.
El hijo vestía como un pordiosero, truco gastado para que des sensación de indigente y pagar menos si pierdes el juicio. ¿Engañan todavía así a los jueces?
Una semana antes había leído el sumario de mi caso. La noche del incidente se presentaron los mossos en casa de los vecinos. El energúmeno junior comenzó a increparles "Sois unos bufones del de abajo, sois unos bufones...". Eso se tradujo en resistencia a la autoridad y los mossos le habían denunciado. Primera carcajada frente al grueso sumario de tan escaso caso. Mis vecinos creen que muevo los hilos de los mossos d,Esquadra y los jueces. Pero la vida quería más bufonadas para satisfacer al vecino joven y patán. Allí mismo, mientras esperaba a L. y en el pasillo del juzgado a escasos metros de los vecinos, salió un alguacil de una sala al que conocía bien. Un antiguo amigo trekkie con el que había compartido aficiones, colegio e instituto. Nos abrazamos emocionados por el inesperado encuentro mientras el hijo del vecino me señalaba y gritaba a su padre: "¿Lo ves? ¡Los conoce a todos! ¡Los tiene comprados!La justicia es suya" Le expliqué a mi amigo lo que ocurría, se rió un rato y me deseó suerte mientras desaparecía con unos papeles y un acusador y un acusado a su propia sala contigua a la mía.
De todos modos yo tenía las de perder o las de ganar a medias, a lo pírrico. Los vecinos, desesperados y agotados por el pegamento que acostumbro a poner en la cerradura del maletero del coche(aseguraban haberme filmado con una cámara) habían pedido proceso de conciliación en el Ayuntamiento. Estábamos negociando un armisticio y el juicio no favorecía la diplomacia entre ambas partes. Ese día ya era tarde para acusar o no era el momento, había que al menos postergar esta lucha así que me alegró ver llegada y alterada a la rezagada L. y acercarse a los vecinos para sugerirles: "Mira, todos queremos que acabe ya esta guerra y ahora tenemos todo eso del Ayuntamiento que ustedes mismos han solicitado. Si quieren hablarlo lo hablaremos. Nosotros suspendemos temporalmente este juicio y ya discutiremos qué soluciones hay a nuestros problemas con el ruido a ver si todos podemos vivir en paz de una vez".
Alegría, buenas caras, alivio en los crispados rostros del padre y el hijo, observación atenta desde dónde yo estaba...
Hablamos con nuestra alguacil cuando salió y le pedimos una suspensión por seis meses. Tras hablarlo con los jueces en la sala nos dijo que subiéramos a tal planta y pidiésemos por escrito esa suspensión temporal.
Los cuatro juntos en un ascensor. L. hablaba con el chanchito como suele llamarlo ella. El padre no hablaba con nadie, decía al aire que yo dejase de llenarle de pegamento las cerraduras del coche y me llamaba delincuente(le dije que eso no era delito, que era falta, que se leyera mejor las cédulas que nos enviábamos el uno al otro cuando nos denunciábamos mutuamente) pero él seguía con su tono de viejo cansino y pesado: "¡Deja de delinquir, deja de delinquir!". Y el hijo diciendo que yo no estaba muy bien de la cabeza, y L. intentando apaciguar los ánimos y tratando de calmarnos.
Claro, los guardias de seguridad tuvieron que situarse como barrera entre los vecinos y yo y regresamos a la casilla de salida.
Hay diferencias que sólo se solucionan con la muerte de alguien y no, no estoy pensando en tomar parte activa. Sólo digo que el diálogo es para los que hablan la misma lengua y que el castellano de mis vecinos es una lengua y el mío es otra y que ellos hasta la fecha sólo han reaccionado favorablemente al terrorismo de un bote en el que podemos leer la marca "Loctite".

14 julio 2013

Mal rollo

El primer email lo recibí una semana después de despedirme de ella frente a su casa y pedirle el libro que me había olvidado en su bolso.

Hola. Como parece que te cuesta llamar o algo aprovecho para saludarte. ¿Todo bien? ¿Tan mal te pareció todo que ni dices algo? En fin, ya responderás si quieres. Besos, LALI

Si, tenía pensado responder o algo. Aunque no me apetecía. Ni siquiera sabía la naturaleza exacta del mensaje que le enviaría. Un saludo cortés con un “ya nos veremos” vago. Algo que no me forzase a nada pero no tan agresivo como decir que no quería volver a quedar. Pero cada día surgían ocupaciones que me servían de excusa para no llamar ni enviar mensajes huecos. Procrastinaba ese deber. Lo que motivó a Lali a enviar un nuevo mensaje más apasionado que el primero.

Hola. Perdona que te lo diga así pero me recuerdas a mi ex. De otra forma pero igual. En el fondo un cobarde de mierda como todos los tíos. ¿Tanto cuesta decir algo aunque sea hasta nunca?

Pues sí, pensé, cuesta bastante. Tanto que utilicé sus insultos como excusa para no responderle. Me empezaba a sentir como en aquella anécdota que conté sobre J en que se despedía a la francesa de una chica y luego aquella chica le insultaba aún al cabo de los años como si la hubiese dejado embarazada y abandonada. Yo quería actuar de otra forma pero es que un silencio también debería ser elocuente.
Hasta que llegó el tercer round.

Vale, te hago una paja por teléfono. Te dejo follar en mi casa. Te cuento mis cosas y tu no tienes los huevos de dar la cara. Pero qué fuerte...

Bueno, algo en todo esto me parecía lamentable y triste pero el que me busca me encuentra y lo cierto es que tenía la impresión de que mis silencios se estaban explicando fatal o Lali no quería entenderlos. Decidí darle una satisfacción y explicar las cosas con claridad en otro email.

Primero, no me hiciste ninguna paja por teléfono, mientras hablabas yo leía un cómic. Si lo analizas bien yo no te pedí que me llamaras para eso ni para nada de nada. Tú me llamaste y tú te pusiste en ese plan.
Segundo, hablando de cosas que no pedí tampoco pedí lo de ir a tu casa pero lo que hicimos era cosa de dos, yo lo llamo empate de favores. Tu me lo hiciste a mí y yo a ti. No quedan deudas pendientes.
Tercero, ni me importan tus cosas, ni quería volver a quedar contigo ni mucho menos querría cambiar de opinión ahora leyendo tus insultos. Vamos a dejarlo aquí.

Y no. No quedó en eso. Quedó en una nueva tradición. Cada aniversario mensual de lo nuestro recibo un email que analiza y profundiza en mis defectos y me insulta de modos cada vez menos creativos. Ya me da igual haber actuado mal porque de todos modos ella tampoco parece estar muy bien de la cabeza. No puedes dedicar tanta pasión, ni que sea odio, a una persona cuyo único valor es el de no hacerte caso. Ni siquiera el aburrimiento justifica eso.
Y mientras pienso así elimino la cuenta de email que me une a sus exabruptos y la dejo gritando sus mayúsculas a la nada. Ya no me planteo si me porté bien o mal con Lali ni con cualquiera. En realidad no es una cuestión moral, es más bien una cuestión de pelmazos con ganas de agotar paciencias. O de gente sin opciones y con poca imaginación para buscarlas.