16 diciembre 2014

Pongamos un poco de amor al asunto



Él llegó con su moto poderosa y el maletero bien cargado de esperanzas y algo de ropa para pasar esos tres días. Ella le esperaba de pie en el lugar convenido. No sé si se acercaron con una sonrisa. Pero sí que ella le saludó con un hola y un beso profundo en los labios. Él rompiendo el hielo y matando un poco el miedo con humor “Supongo que soy menos feo de lo que esperabas ¿Eh?” Luego pasaron el trámite de las preguntas irrelevantes. Del si has tenido mucho problema en llegar, si se te ha hecho largo el viaje, si…
En el refugio seguían sin estar a salvo. Más bien el refugio eran las palabras superficiales. Se sentaron sobre la cama para hablar y darle al asunto algo más de humanidad. Pero la conversación entre extraños es demasiado esforzada. El cerebro se agota de encontrar puntos en común o de diálogo. Mi amigo dijo en un momento dado “Bueno, ¿Pero qué estamos haciendo…?” como si se hubiese olvidado de lo que significa ser un hombre y ahora le viniese de repente el recuerdo. La cogió y se la puso encima o algo así y la volvió a besar y comenzaron con lo pactado por whatsapp.
Mientras camino con mi amigo y me lo explica veo un titubeo. Ya no recibo detalles obscenos. Ahora hay una cortina que oculta a los amantes y el sexo se cuenta por sobreentendidos. Curiosamente ha surgido un respeto inusitado hacia la chica, hacia E.. Yo le pregunto al menos si ella era de las que piensan que lo prometido es deuda y T. me asegura que cumplió tanto o mejor que sobre el whatsapp. Ella era insaciable y él también. Pero entre un hombre y una mujer insaciables siempre gana la mujer. Ella le dijo que le iba a dejar seco cuando ya lo tenía casi drenado. Sobre las cuatro de la madrugada T. dormía y sintió la mano de la chica sobre su polla y pensó que estaba agotado. Set y partido para la enamorada. Los hombres pensamos todo el tiempo en sexo pero hacerlo es otra cosa. Todo el tiempo es demasiado tiempo.
Al parecer lo pasaron bien. Mi amigo me dice que yo tal vez piense que es una guarra pero que no es así, que él es su segundo hombre. ¿Y qué? Como si quiere ser el mil quinientos. No soy yo el que va llamando guarra a una mujer porque tenga deseos sexuales ni por nada. Solo me dejo sorprender unos segundos por las noticias y luego las acepto y me encojo de hombros. Cada uno-a tiene su vida y su estilo y a mí qué con eso.
 Tal vez sea él quien ha sentido el influjo de la hormona de la felicidad durante el coito y todo eso deriva en algo, en un nuevo sentimiento de respeto. Hablas de una manera de un rollo ocasional(o no). Hablas de otro modo de una posible pareja estable. Parece que a él le gusta ella. Parece que ella está enamorada de él. E. cometió un pequeño fallo y es este:
Ella: ¿Tú nos verías a nosotros como pareja en el futuro?
Él: No sé, habría que verlo, puede, hay que dejar pasar el tiempo, me gusta vivir lo que estoy viviendo…
Al parecer hombres y mujeres sí somos distintos. Casi todas ellas trabajan sobre el futuro y la seguridad si les gusta el compañero. Casi todos ellos no ven más allá del presente si les gusta el polvo. Querer establecer una relación en la primera cita es la posibilidad de que el pajarito salga volando. El reino de las mujeres que hacen lo que quieren con los hombres pertenece a las que actúan como si no les importase mucho el compañero y no lo quieren más allá de esa noche. Una vanidad herida puede acabar en enamoramiento. Pero supongo que al revés pasa igual. De todos modos sigo viendo como falta leve lo de hablarle de futuro tan pronto. Pero ya lo he dicho, ella está enamorada.
Vive en Jaén. Está harta de tener incluso un divertimento suave como el cine a kilómetros prohibitivos de su casa. Se siente aburrida. Con el exmarido parece que la cosa irá mejor de lo pensado. Dice que le enseñó la fotografía de T. y el ex le dijo: “Me cae bien, tiene cara de buena persona”. Como esto no es un país nórdico y los exmaridos no se suelen comportar con ese civismo, intuyo que esa relación está realmente muerta. Ese marido que fue ya solo quiere la felicidad para E. porque no está enamorado de ella. El amor apasionado suele ser egoísmo puro ”toa pa mí, toa pa mí” .
Ella quiere venir a Barcelona con sus dos hijos. Cobra bien. Era enfermera pero le detectaron fibromialgia, esa enfermedad que los científicos decían que era inventada y los pacientes insistían que era real hasta que se demostró que los aquejados tenían razón. Ahora vive de la enfermedad, imagino, y de un marido que sí paga lo que le corresponde por tener descendencia (el exmarido es el que mejor me cae de todos, qué tío, por qué se separarían).
Ella le ha dicho a T. esta semana que le gustaría visitarlo este fin de semana. Pensadlo. Jaén-Barcelona. Hay que amar para hacer todos esos kilómetros para un fin de semana.
Pero ya se veía. Ella le pidió que le comprase una colonia que no encontraba por su tierra. Eso no era un recado. Esa era una forma de pedir sin pedir que se volvieran a ver.
Claro que el amor no necesita excusas ni mucho menos recados, para eso está el servicio de paquetería a domicilio.
Se verán porque los dos quieren.

04 diciembre 2014

¿Pero qué tendrá que ver el sexo con lo otro?



 

T. me explica estos días su historia con E.. Apenas la conoce. Hace un año y medio coincidieron en una comida porque tenían una amiga en común. Fueron apenas tres horas en las que todos hablaron con todos. Luego E. se fue a su pueblo y dejó 600 kilómetros de distancia hasta T.. Pero hace poco ella se divorció. La amiga común le comentó entonces a la divorciada que T. estaba soltero. A E. le había gustado bastante T., le había resultado atractivo en aquellas tres horas de tibia distancia que compartieron un año atrás. La amiga común alcahueteó un poco más y le dijo a T. que le enviase invitación de facebook a su amiga del pueblo, que ahí podía “haber tema”. E. aceptó a T. en su red social apenas una hora después de la invitación. Había ganas. No sé de qué hablaron. T. hizo una elipsis narrativa y pasó a decirme que no tardaron en  comenzar con la avalancha de whatsapps. Nocturnos y alevosos, acalorados. E. le sugirió quedar en Peñíscola durante este puente de tres días. En un refugio, a veces el amor tiene que apartarse del mundo. O de los ex que no aceptan su nueva condición de pareja que ya no es. Un encuentro en terreno neutral y privado. Ella a 600 km de su casa. Él a 200 de la suya.    
- Pero no veas qué mensajes me manda. Me da vergüenza decírtelos incluso a ti- pero lo hace- Anoche me envió una fotografía de su coño y hoy me enviará video. Con los dos dedos abriéndose. En plan porno total. Me pidió una foto de mi polla y claro, yo se la envié. Estaba supercachondo. ¿Tú que opinas?
- Pues que algo sí quiere contigo.
Qué voy a opinar. Me faltan datos para entender bien la historia. Al menos como yo quisiera. Apenas se conocen. Ella le ha cambiado coño por polla vía whatsapp y todas las noches le dice obscenidades camioneras que sonrojan a mi muy curtido amigo. Sobre sus genitales no puedo decir nada ya que ni me los enseñan ni muestro interés por mirarlos. Adivino que serán parecidos a los que mi experiencia me ha enseñado unas cuantas ocasiones en la vida (siempre menos de las que uno desearía, somos mamíferos codiciosos los hombres).
Si E. se hubiese enamorado de flechazo no hubiese dejado pasar un año hasta hablar con su amiga sobre T.. No creo en el enamoramiento exprés. No en este caso. Ha esperado a estar divorciada y libre para encapricharse de T.. Se ve que le gusta ilusionarse sobre seguro.
A mi amigo le preocupa no estar a la altura de todas esas fantasías. El sexo del hombre se deja intimidad fácilmente. Métele presión y no habrá nada que meter. El camino al gatillazo está plagado de expectativas demasiados insuperables, de poner los listones altos y confundir los orgasmos con pruebas de atletismo.
-          Ella piensa que soy un superhombre. A ver si luego la decepciono.

-          Hombre, solo son mensajes- le digo- Como los actores que ensayan el libreto antes del estreno. Te prepara y  se prepara para lo que haréis. Y piensa que el whatshapp te deja una mano libre. Estoy seguro de lo que hace con la otra mientras te envía esas cosas. Eso relaja antes de dormir. Tiene que ser una chica sin insomnio.

Pero T. me cuenta y no lo entiendo que E. le dice que se separó del marido porque este la redujo a juguete sexual, que no le daba nada de cariño y eso es lo que le pide a T.. Curiosa forma de buscarlo. Hay una canción que dice “cambiaba sexo por cariño”. Pero esa no es la estrategia. Normalmente se recibe lo que se da y viceversa.
Mi alma de vieja del visillo tiene ganas de saber en qué acaba esto. ¿Y tú qué opinas?  

17 noviembre 2014

Nunca se está sin hacer nada aunque no hagas nada




He terminado con los restos de vacaciones que quedaban y antes que perder los sueños, recojo sus pedazos y los dejo aquí in memoriam, porque un buen recuerdo es como un sueño que ya caducó. ¿Veis como hasta yo puedo ser un poco moñas?  
Era una tarde de sábado que le estaba robando la tristeza al domingo. En vacaciones los días se intercambian sus defectos o virtudes, los días se parecen mucho si no te vas lejos a darles otra cara o color.
Llevaba un rato buscando música nueva en el botón “Descubrir” del Spotify. Pero no encontraba nada. Sólo descubrí que ese no era mi día. Me puse a navegar por el explorador en busca de algún nuevo escritor que pudiera interesarme pero eso también era frustrante. Hay que ponerle fe a las reseñas sobre libros, a las personas que las hacen, a si no están compradas, a críticos que no conoces de nada ni mucho menos te conocen, a si te apetece o no leer “eso” en ese instante o cuando tengas planeado hacerlo… Finalmente probé con alguna serie de televisión pero me agotan los argumentos claramente estirados para cubrir el cupo de las muchas temporadas. Las películas bueno, tal vez, pero si no las veo en pantalla grande se me olvidan cuando apago el ordenador o la televisión. Soy de cine en su sentido más amplio y esencial. El que te cuesta rascarte el bolsillo.
L. me dijo de salir a tomar algo, aunque solo fuera aire. Le dije que sí. Con el barrio a medio gas y la gente abducida por el fin de la temporada veraniega me apetecía salir. A lo mejor soy un misántropo. Sólo había árboles. Los lugares abandonados parecen paisajes postapocalípticos, vacíos de humanidad. Qué gustazo. Todos ordenados, cívicos y silenciosos. Hasta los vecinos se habían ido. Yo le dije a L. que tal vez se habían muerto. Ella me dijo que si no podía pensar en algo más constructivo y yo le pedí que por favor no me pisotease las ilusiones.
No había gran cosa que hacer esa tarde. Creo que salimos a buscar otro tipo de aburrimiento para cambiarlo por el que ya teníamos. A mí el tedio me viene cuando estoy cansado y ese día tenía sueño. La mente no me dejaba distraerme, a nivel subconsciente me estaba diciendo que durmiera, que si quería algún tipo de felicidad me fuera a buscarla por las mañanas, recién levantado y duchado frente a una taza de café y asumiendo que los problemas no son para pensarlos hasta que llegan o se tienen que resolver. Que el ocio también requiere esfuerzo y concentración, “estar por lo que se tiene que estar”, que diría mi padre. Pero aún así salí.
Nos pedimos unos helados. A mí que siempre me apetece el invierno me gustaba tenerlo por lo menos en la mano y darle lengüetazos. No importa, ya estamos casi en él, no tengo que resignarme a chupar Diciembre, me lo voy a comer sin bufanda y a pecho descubierto.  Podré lucir mi cara de color azul.  A mí con gripes… Total, no es el frío el que resfría, podéis buscarlo por ahí si no me creéis
Nos sentamos en un banco para preparar un futuro que cuando llegue no tendrá nada que ver con lo que estábamos imaginando. El futuro es como los hijos, acaba saliendo como le da la gana.  
Cuando cayó la noche, justo antes de que se pusieran en marcha los honrados traficantes de droga del barrio, decidimos regresar.
Habíamos dicho que ese día ordenaríamos la casa, tiraríamos cosas, haríamos una buena compra y no sé cuantas tareas más. Creo que nos perdió dejar tantas tareas para las vacaciones. El movimiento pide movimiento y la calma más calma. No hicimos nada incluso en mitad del aburrimiento. Lo que tengas que hacer hazlo o no lo harás mañana. Puede que nunca.
Y no sabéis lo que agota estar aburrido.