02 junio 2014

¿Hay violencia más allá de Can Vies?



Llovía. El hijo de mi vecino me miraba mal, intensamente mal, como buscando lance. Yo me reí, sacudí la cabeza y le dije “gilipollas”. Él me llamó imbécil. Hasta aquí seguimos el protocolo habitual, ya sabéis. Pero algo pasaba. El día anterior mi compañera estaba harta por el ruido de una radial de buena madrugada y les llamó por teléfono para decirles que si querían volver a tener problemas con el coche. Yo siempre penalizo el coche cuando me fastidian con pegamento en las cerraduras (y ahora tengo una pastillas de poliuretano para arruinar el motor que me apetece probar). Esa madrugada estaba en la costa disfrutando de unos días haciendo lo que más me gusta que es no hacer nada. No me enteré de esta llamada mafiosa de L. Ella siempre ha mediado, está en contra de las amenazas y los malos rollos y detesta los enfrentamientos. Así que este es otro punto que se salía de lo normal. Muy enfadada debía estar mi compañera.
Caminé cincuenta metros por la acera mojada sintiendo los pasos cercanos del oso que me seguía. Cuando estábamos en el semáforo dónde había quedado con L. para tomar un desayuno le dije al vecino que si no podía separarse un poco de mí. Él dijo algo sobre que yo era  subnormal lo cual no respondía a mi pregunta. Yo le hablé de la demencia demostrada de su madre, de la escasa alfabetización de su padre y que entendía que él no hubiera salido muy bien con genes tan defectuosos. “Yo en estos casos llevo años recomendando la eugenesia”, le dije con mi tono más nazi. Cuando nos enfadamos, algunos perdemos mucho las maneras. A mí me cuesta enfadarme por más que aquí solo escribo las peores postales de mi vida, las más infames(supongo que venden más). Pero no me enfado tan fácilmente. Sólo que cuando lo hago pues ya sé que ha llegado Hulk o Hyde o algo que ni yo controlo y de lo que me arrepentiré.
Cruzamos el semáforo y el tío quería algo pero no sabía el qué. Me buscaba defectos físicos y el que busca encuentra y yo no soy Brad Pitt. Le localicé sin problemas los suyos y luego insistí en usar la poesía a lo Quevedo haciendo versos con la miseria ajena, todo muy penoso, que nadie aplauda. Él quería que le pegase y levanté la mano porque lo estaba consiguiendo. L. intentaba arrastrarme lejos y decía que acabaríamos dónde siempre acaba esto, hablando todos en comisaria con los Mossos. Yo que ya me voy frenando en los últimos años más por viejo que por listo desperté del estupor de la ira y lo entendí y se lo comenté al oso. “Sé que me estás provocando, si quieres algo pega tu primero y luego ya te voy rompiendo yo los huesos del cuerpo”. Él tiró el paraguas al suelo. “Te tengo unas ganas…” me dijo. Por supuesto. Ni en el amor sentí nunca algo tan mutuo como este odio que nos une. Si fuera cursi diría que el cielo lloraba por nosotros pero había estado lloviendo toda la semana y hay muchas otras cosas más interesantes por las que llorar, Rajoy sigue en el poder. Y entonces yo grité “acosador, este hombre no me deja, que alguien llame a la policía”. No me defendí de él. No luché. La gente nos miraba. L.. me seguía arruinando un poco el papel de víctima porque seguía tirándome de la manga y gritando que no fuera a pegarle. Pero fue el oso quién se fue. Luego volvió en otra esquina, nos seguía,  pero yo volví  a gritar lo mismo, unos policías se movían al fondo, era viernes y día de mercadillo con salerosas gitanas vendiendo bragas robadas. Eso requiere un amplio despliegue policial en mi barrio. Oso salió corriendo torpemente.
Luego yo desayuné, L. se fue a sus asuntos. Al regresar yo cantaba a pleno pulmón algo de Morrissey. Mis alaridos como gritos de guerra de piel roja. Intentaba que parecieran felices y la verdad era que sí. Me sentía satisfecho de haber dejado las manos para abrir libros y no mejillas (o de no arriesgar las mías, recibir hostias es malo para la piel).
L. me dijo que se había cruzado con el vecino y que parecía como salido de un funeral.     
Es posible que ciertas palabras duelan más que ciertos golpes.
En fin, nuevamente tocan unos meses de silencio nocturno. O no.
Yo tengo mi villano eterno que es él y él tiene su villano eterno que soy yo. Debo decir que en los cómics me resulta más divertido que en la realidad.             

17 comentarios:

detalles dijo...

S,los años deben servir para algo. La experiencia nos dice que la violencia no lleva a nada.
Ahora en serio: jajajajajaja!!! Lo has descrito de tal forma que lo he visto!! Jajajaja, que bueno eres. Una pena que no te parezcas a Brad Pitt, porque entre tu relato y ese físico, serías mi ídolo.
Un beso, chico listo.

si, bwana dijo...

Hace años que no me peleo ni conduciendo. Lamento mucho el mal rato pasado.

Sylvia dijo...

Es un mal momento de bilis... pero lo cuentas que me has hecho reír, y hoy lo agradezco.
Siento lo de tu vecino, de verdad.
(aunque por lo que dices, oso no creo que llegue a comprender la ironía y sutileza tuya)
Bss

Pilar V dijo...

Me gusta más cuando la historia no acaba con los Mossos y los nudillos hechos polvo.

Bravo por tu calma, perversa pero calma.

Besos

S. dijo...

detalles: Bueno, la experiencia me dice que la violencia a veces si lleva a algo pero puede ser malo(o no, si la policia que es buena la usa es porque tan mala no debe ser-modo irónico).
Me he quedado por puntos a las puertas de ser ídolo. Bueno, tú si eres la mía. Un beso.

bwana: Si no peleas conduciendo tienes nivel calma tibetana. Yo a lo mejor lo alcanzo cuando me entierren.

Sylvia: Yo lo cuento con la media sonrisa para librarme de los demonios internos. ¿No te sirve de terapia lo que escribes? Yo creo que sí, que a todos un poco. Besos.

Pilar: No, claro, Pilar, los Mossos tienen faena esta semana con lo de Sants. Dios me libre de traerlos. Estarán poco receptivos a nuestras tonterías. Mi perversidad es pero leve. Besos.

Garriga dijo...

me interesan las pastillas de poliuretano. ¿te pegan un buen viaje?

h i l i a dijo...

seguro que, tal y como dices, en los cómics es mucho más divertido, sí, pero este autocontrol seguro que también es mucho más escaso. y en la vida real es admirable.

S. dijo...

Garriga: ja,ja el poliuretano es un magnífico polímero que destroza motores si lo metes por el tubo de escape. Dejas de viajar. Al menos en coche.

hilia: Gracias aunque haya poco que admirar por mi parte. Mi autocontrol es una batalla ganada de una guerra por ganar. Saludos.

ReltiH dijo...

UFFFFFFF, CON VECINOS ASÍ, PARA QUE GUERRAS MUNDIALES. JAJAJAJAJAJA.
UN ABRAZO BROTHER

Annie Tarot dijo...

S estás madurando, enhorabuena!!! jejejeje

Cuando dices: "...insistí en usar la poesía a lo Quevedo haciendo versos con la miseria ajena..." me hiciste acordar de mi ex. Jamás le oí una grosería o "taco", como dicen aquí, ni siquiera una palabra mal sonante, pero cuando se enfrentaba a unos malos vecinos que tuvimos, (tan horrorosos como los tuyos) sacaba su repertorio y no sé si sería por lo elegante que era al insultarlos o porque los dejaba sin tiempo de reaccionar, pero el caso es que al oírlo decirles: "ustedes son escoria humana, me dan lástima con asco" los dejaba tan calladitos que no había necesidad de llamar a la policía.

Un placer leerte, como siempre.

Besos cargados de energía positiva

S. dijo...

Reltih: Es verdad, reltih, ja,ja yo tengo guerra incluso antes del desayuno.

Annie Tarot: Bueno, ejem, alguna grosería sí me sale como también le salían a Quevedo, tiene poesías o textos que son brutales aunque todo rima o suena bien, como música(música heavy de la época). Pero me identifico con tu ex en eso de no dejarles tiempo de reaccionar. Yo lo tengo más fácil porque el tiempo de reacción de estos vecinos, padre e hijo, es de una hora. A veces me observan, les noto rebuscando en su cabeza algo que decir, a veces hay un silencio y nada, sin respuesta. Mi compañera dice con ironía que soy un abusón, que como peso pesado no debería discutir con pesos pluma. Aunque luego ha sido ella la primera responsable de esto. En fín... Gracias a tí porque siempre estas por aquí con algo interesante que aportar. Y con energía positiva. Besos.

Rafarrojas Rojas dijo...

Pues yo lo siento pero no me gusta el enfrentamiento. No es sólo cobardía (q de todo hay y mucho por mi parte) sino otra cosa: desagrado estético, visceral horror a caer en eso, porque por dentro siento quizá más que muchos la violencia, la agresividad, y temo esa sartén donde hierven odios, que no es vida. A mí en particular me puedes ahorrar esto, aunque agradezco la sinceridad siempre, por la misma razón que no me gustan los finales desgraciados, los dramas o que el mundo esté hecho un asquito. Me tienes confundido, porque te estimo por inteligente y señor del verbo y luego sin embargo pareces no saber utilizarlo sino como arma previa, ataque preventivo de la URSS, y los super que nos gustan ya se rompen la cabeza antes de romper la ajena.
En fin, que no sé, que me gustaría que me contaras que un día buscaste a tu vecino y diste con la forma de que vuestra conversación fuera productiva, maja, que sois los dos humanos, aunque veas en el rasgos de otra especie....
Blando soy, qué le voy a hacer....
Un abrazo de un absolutamente violento y agresivo y cobarde que teme a la violencia y la agresividad

S. dijo...

Ah, pero si la alegría del texto es que el enfrentamiento duro no se produce y que la victoria es precisamente el no haber llegado a las manos como en otras ocasiones. En cuanto a todo lo demás que dices estoy de acuerdo. Voy señalando cada momento del encuentro como algo entre patético y desagradable y no hay ni un resquicio para el aplauso. Otra cosa es que pueda escaparme de la ira y no me equivoque. Pero ya lo digo, no hay orgullo, hay confesión. Saludos.

Verónica Calvo dijo...

Es verdad: hay palabras que duelen más que los golpes, porque los golpes pasan, pero el dardo de la palabra, taladra.

No me gustan las peleas. Ya ni las dialécticas.
Tampoco me gusta Oso. Eso de provocar, no me va.

Saludos

S. dijo...

Saludos, Verónica, a quien si no tu le van a gustar las palabras que te dedicas a colocarlas de la mejor forma posible.

Mario dijo...

Llego a esta entrada cuando sólo quedan rescoldos... cuando las voces han cesado, cuando los gritos han silenciado las intenciones, o eso parece.

Lo de Oso está bien porque es una manera sincera de hacernos y decirnos y mostrarnos y exponernos. No etiquetar así al enemigo es de hipócritas. Tu escribes lo que vives, lo que ves y, sobretodo, lo que pasa por tu cabeza. Así que muy bien tu aventura incendiaria...

Gran abrazo.

Mario

S. dijo...

Mario: ¿Hasta aquí has llegado? Pues no hay mejor halago posible.