09 febrero 2014

Hace dos meses, dándole vueltas a algo

Lo único que tengo es que sé lo que quiero, que ahora lo veo claro". Lo pienso mientras estoy en mitad de una escena opuesta. Lo que ocurre fuera no tiene nada que ver con lo que estoy pensando. Se le llama despiste. O estar ausente. Aunque también regreso y me asomo por los ojos a lo que pasa fuera. ¿Y qué pasa? No gran cosa. G. me ha presentado a su tia abuela, una señora muy mayor. Estamos también con su hermana y su sobrina. La sobrina es un bebé. La tía abuela no para de hacerle monadas al bebé niña. Grita cosas extrañas que no entiendo yo ni la niña, se ríe exageradamente, hincha los carrillos mientras hace pedorretas con la boca y el amago de comerse al bebe por el ombligo, cosas así. Si se mira fríamente es un poco ridículo. Hay un momento en el que tengo que mirar para otro lado. Hay adultos que bajan mucho el nivel para dirigirse a los niños. Su idea de hacer reir a un niño es convertirse en retrasados mentales muy evidentes. Y no, no es esto una crítica, ni mucho menos. No sé el bebé pero yo al cabo de un rato me olvido de la vergüenza ajena y me empiezo a reir. Piensan que intento hacerle gracias a la niña pero en realidad me río de la tía abuela. Es fantástica su interpretación de vieja loca y me lo estoy pasando muy bien con ella.
Cuando ya ha pasado el evento G. me mira y me sorprende con algo que no esperaba de alguien tan joven y ya no me río: "¿No es mona mi sobrina? ¿No te gustaría tener otra igual?" Ni igual ni parecida. Los que somos un poco "monguers" no deseamos procrear para no extender nuestra perniciosa semilla por la tierra, la naturaleza es sabia. Pero no le digo eso. Sólo le pregunto a mi vez si quiere ella que vayamos al cine o a su casa que no hay nadie y hacer simulacros, ojo, sólo simulacros, de engendrar hijos. O a lo que le de la gana pero yo estoy cambiando de tema. Una pequeña parte de mi inteligencia la suelo invertir en hacerme el tonto.
Y no pasa nada. Sólo es algo anecdótico y a ella le da igual. El problema no es ese. Aún.
El problema es que yo recuerdo la única relación más larga, auténtica, sincera y verdadera de mi vida y me doy cuenta de cuanto la extraño. Y las palabras de esa persona tan importante que me dijo hace poco: "Tu y yo tenemos un vínculo muy fuerte. No es fácil romperlo. Si quieres empezar de cero yo estaría dispuesta. Pero esta vez bien. Creo que no te entendí ni te presté la atención que merecías en su momento pero sí me he dado cuenta de lo mucho que te echo de menos y te necesito" Y eso no importaría si yo pensase distinto pero es que más o menos pensaba igual que ella. Es difícil renunciar a quién le has dedicado tanto tiempo. A quién quisiste tanto, aún quieres aunque sea de otro modo y a quién te sigue queriendo.
Tal vez por eso se me fuga la mente cuando estoy con quien no debería. Con quién he decidido que es un callejón sin salida para mí.
Ahora ve y explícaselo.