16 marzo 2014

Be happy o inténtalo

En cualquier ficción con algo de dragones te sale alguna profecía. A poco que haya un mago ya tienes el augurio aguafiestas "cuidado, morirás en....". Luego ya el héroe se encarga de doblegar el cuello del destino y triunfar sobre la profecía. Pues bien. En cierta realidad que observo es igual. Si en el mundo laboral te dicen que la empresa no suele hacer fija a la gente ya tienes el aviso del mago: "cuidado, en abril se te acabará el contrato y te echarán, no puedes escapar de las facilidades de despido apoyadas por tu gobierno...". Son profecías que se suelen cumplir y pocos héroes escapan a este dragón de los recortes en todo. Es el fatalismo de un mercado neoliberal. Pero peor es que no te digan nada y te llegue la muerte súbita. Llegas, saludas al personal como cada día "Hola, ¿Qué tal? ¿Un café?" Y el otro, turbado, te dice "Eeeeeehhh, no, el jefe que si puedes ir un momento al despacho" Y entonces vas al sitio de irás pero no volverás dónde te despojan del permiso para seguir trabajando allí. Entregas llave, tarjeta de identificación, pertenencias de la empresa o uniforme dependiendo del trabajo y adiós. Mas o menos como los polis difíciles y de métodos rudos del cine cuando el comisario les pide que entreguen la placa y la pistola porque la han liado mucho en un interrogatorio. Pero tú no eres tan duro como esos polis. Y ni siquiera tienes que haber hecho algo especialmente malo. Sólo que de pronto eres un gasto para la empresa. Cuando creías que un empleado era una fuente productiva resulta que era un lastre.
Todo aquello y más lo reflexiono cuando observo a mi compañero Fernando. Siempre atareado en descalificar a todo el mundo cuando se olvida de descalificarme a mí. Metido en su mundo de hormiga. En su trabajo insignificante cual mota de polvo estelar como si el universo solo fuera ese pequeño átomo. Como si sus problemas fueran los únicos del mundo. Parece olvidar que a los problemas les sucede como a los granos si tomas chocolate, que siempre tienes alguno pero no necesariamente el mismo. Yo me lo tomo mejor. Y ya no le agredo verbalmente. He llegado a la conclusión que la vida de los gusanos es triste así que hay que dejar de usarlos como insulto. Y tratar de no pisarlos. Ya se pisan ellos solos. Por lo demás me llevo bien con mis compañeros normales. Les disculpo las faltas y no me desgarro las vestiduras ni hago una tragedia griega cuando el cuadrante del mes que me envían no cumple mis expectativas. Intercambio sonrisas y parece que el método funciona, la gente responde bien al buen rollo(los gusanos no, claro, pero no son gente). La vida es corta pero los contratos de trabajo lo son más. Antes de darme cuenta mis problemas serán otros. Y total, siempre me preocupará algo que de aquí a un tiempo se habrá resuelto solo o con mi ayuda (a pesar de lo que os doy a entender no soy del todo retrasado). Para lo que me queda en el convento, que no es mucho, disfruto dentro. Buena semana a todos.

01 marzo 2014

A la brava

La última salsa de Bravas casi se lleva a J. Fue nuestra casi versión de la última cena. Yo tuve una revelación y nada más llegar a casa y sentir leves náuseas vomité las patatas con su salsa mortal. El veneno no llegó al torrente sanguíneo. Pero J. se fue a dormir, es un decir, con la cena en mal estado en su estómago. Su organismo debió hacer el intento de digerirla y perdió. Se pasó toda la noche vomitando. No una vez sino muchas y a rachas. Ese tipo de circunstancias te arruina la noche y te lleva a pasar un mal día de trabajo. También aseguraba que le dió tortículis de inclinar la cabeza sobre la loza. Y aún suerte que los humanos a diferencia de otros seres inferiores y nauseabundos como las cucarachas tenemos el sistema defensivo del vómito. Lo que detecta nuestro organismo como peligroso puede salir por dónde entró. Es una segunda oportunidad para no morir por ir a bares inadecuados. Una manera de sobrevivir para ir a cantarle las cuarenta al tipo del bar que sí, te pone tanta salsa que las Bravas parecen una tarta y casi no ves las patatas pero que no deja de ser un producto tan abundante como corrupto. No es la primera vez que hemos pasado una mala noche por esto si bien es cierto que otras veces no fue tan grave. Pero están tan buenas... pensamos con nuestro cerebro de Homer Simpson.
Estaba enviándome mensajes por whatsapp (Lo que no mata tampoco engorda si te dedicas a vomitar) con J. cuando me encontré con la señora Teresa. És una de mis vecinas más pesadas lo cual es difícil ya que el nivel de pelmazos en mi escalera es grande. El listón esta muy alto pero la señora Teresa lo salta. Claro que desde que murió su marido esta más débil. Molesta menos, la pérdida le ha o le había mermado el carácter. Hasta que su poderosa psicología ha vuelto a reconstruirse y ya empieza a meterse dónde no la llaman, a pedir que vaya a las reuniones de vecinos aunque le diga yo que no puedo(¿Y a ella que le importa?), a decirme que vuelva a llamar a los de Ono porque el cable de mi conexión la vuelve a molestar no sé cómo ni por qué y con cierta ingenuidad me dice que sólo la molesta a ella por más que ha intentado convencer a los vecinos de que también les molesta a ellos. Nada, en su línea. Yo trato de sacarmela diplomáticamente de encima. Le doy la razón en todo y le sonrío como un idiota pero ella tiene más. Dice que la bicicleta de mi vecino no puede estar en el rellano que compartimos. Sí, vale, estoy de acuerdo pero yo no voy a entablar una nueva batalla con otro vecino teniendo tantos frentes abiertos. O eso pensaba. Teresa dice que se ha tomado la libertad de decirle a mi vecino que no puede dejar allí la bicicleta y que en mi nombre, ha dicho que a mí también me molesta. ¡Pero es que a mí no me molesta esa bicicleta allí! "Nos tiene que molestar a todos porque eso no se puede permitir", me dice Teresa. Pero cuando voy a mostrar mi enfado ya mas desatado y sin el obstáculo de que es una viuda me empieza a llorar con lo de la soledad, con lo mal que lo pasa... a veces pienso que lleva el guión escrito. No te deja reaccionar. Aunque yo a pesar de todo consigo decirle algo:

- Pero tiene usted que salir, señora Teresa. ¿No tiene amigas? La del quinto. ¿Que no puede caminar mucho porque se fatiga? No importa. En el barrio hay sitios muy agradables. Si le gusta la buena mesa le recomiendo un bar dónde hacen unas Bravas buenísimas...