30 junio 2014

Perdiendo que es gerundio

Recibo esto: 
"Tu microrelato estaba entre los candidatos pese a que no ha ganado ningún premio. Nos gustaría mucho que vinieses este miércoles 25 de Junio a las 19:00 horas a la Biblioteca y nos gustaría mucho que quisieras leerlo en voz alta. Rogamos confirmes tu asistencia! Muchas gracias por participar!"

Yo estaba pasando mis días costeros. Una vez más de relax.
Durante un instante me incliné por la idea de asistir al evento. Incluso siendo el perdedor. Uno de tantos, claro(con lo mal que se me da pertenecer a las mayorías...). Iría con cara de aspirante a Oscar fracasado que ve desde el sillón pasar al ganador. Con una alegría exagerada. Cuanto más exagerada la felicidad peor disimulada la envidia. La cara del que ve ganar a otro y tiene que parecer que le gusta tanto o más que si hubiese ganado él. Y nadie se lo cree pero todos hacen como que sí. Qué juego tan raro. Demasiado para mí. Y aún así pude haber ido. Aunque no me gusta leer en público ni en general hacer nada. Los momentos previos a cualquier evento así me estresan. Luego ya, pasado el pánico, me sobrepongo y expongo. Lo hice cuando había que presentar un trabajo en la vida académica, cuando enseñaba informática básica en la biblioteca, en aquel escenario de espectáculo erótico donde me bajaron los pantalones y además me expuse tanto(bueno, aquello ya lo conté y no es cosa de recordar los peores momentos de la vida de uno).
Así que pude haber ido a la biblioteca y leer el microrelato perdedor. Para una vez que me presento a algo podrían darme un premio(creo que ofrecían canapés y champán, eso me hizo valorar más la propuesta). En el texto dice que yo estaba "entre los candidatos" pero eso me suena a "ven, haz bulto y que nos subvencionen más eventos como este" que alguien seguro que está ganado y no precisamente los vencedores que apenas se llevan unos lotes de libros de novela historica. Pero también pensé que llegaría y leería y todos aplaudirían. Pero aplaudirían también al de después y al de antes. Y si se aplaude a todo el mundo se devalúa el aplauso. Necesito algún baremo para saber que lo hice bien. Alguien debería ser abucheado para que el aplauso valiera algo y no pareciera alcohólicos anónimos.
Mi compañera quería ir. Decía que si yo no quería leerlo que ya lo hacía ella. Que estábamos en el camino y eso era un reconocimiento de no se qué. Qué optimismo. Casi hipnótico. Casi me convence para dejar la playa, las tumbonas y los desfieles de pechos y nalgas en tanga. Pero ambos sabíamos que de la costa no nos movería la biblioteca. Y allí ya tenemos una que está muy bien. La ceremonia de entrega de los premios a otro... pues no. 
Redacté mi renuncia en mi perfecto catalán con corrector ortográfico terminándola con: " y si el año que viene tengo la suerte de ser premiado y no estoy ocupado con otros asuntos personales (que me impiden asistir en esta ocasión) estaré encantado de acudir a su celebración, atentamente..."
Es importante que la directora de la biblioteca lea bien el subrayado. Difícilmente podré leer en público de otro modo. Necesito un incentivo.

15 junio 2014

Informando a la gente



Hace poco leía las entradas del grupo de facebook de mi barrio. Un poco lo de siempre. Discusiones porque algunos hablan mucho de política y nada del barrio, porque otros solo se centran en temas como cuando roban cerca, porque se cuelgan fotos de nuestra luna y resulta que es la misma en este y en cualquier otro sitio… discusiones porque nadie escucha a nadie ni cuando escriben. O no les leen. Me estaba aburriendo. Era hora de mis performances improvisadas. Con ayuda de la providencia. Y es que alguien colgó la fotografía de un perro atado a una farola que al decir de la fotógrafa llevaba dos horas delante de la biblioteca al sol. Pensé que ese avispero había que agitarlo pero primero leí. Unos se posicionaban a favor del perro y en contra de la dueña. Otros llamaban tiquismiquis a los primeros. Yo corrí a mi segunda cuenta falsa de facebook. Allí soy una chica que está a punto de quitarse la camiseta y enseñar los pechos y estoy buenísima. Creo que con ese perfil me hacen más caso que cuando me llamo Sergio. Incluso escribiendo lo mismo en ambos. También me va bien para liarla. Aunque de un modo leve. Incluso desde el anonimato me cuido de jugar al troll. Sólo aporto mi granito de arena. Escribí: “Si os molesta tanto lo del animal atado deberíais saber que la ley considera esa actitud maltrato. Una llamada a la guardia  urbana y no hay más que discutir Y al cabo de un par de minutos la primera respuesta, una reconocida anarquista salvaje del grupo: “Me pongo los pantalones y voy para la biblio” Otros dijeron que ídem. Los que decían que había que dejar al animal tal cual se avergonzaron en minoría y borraron sus comentarios.  Allí que nos fuimos todos.
Yo me situé dentó de la biblioteca tras un buen ventanal cara al perro y cogí mi periódico de espía  para esconderme como nos ha enseñado la televisión americana. Ya había gente. Unos hablaban con la bibliotecaria, otros con el guardia de seguridad y le preguntaban por la dueña. Otros decían que la urbana y la urbana todo el tiempo. A la que les das ideas se animan todos los unos a los otros. Una chica le daba agua que había traído en una bolsa de plástico  impermeable al animalito. El perro los miraba y no entendía nada pero daba la impresión de pasar un poco de todos.
Y apareció la dueña. Una mujer de unos treinta tantos. La vi discutir sin volumen desde el interior de la biblioteca. A través del ventanal no había gritos pero se dejaban notar en los rostros. Ira, un puño levantado, el índice de la dueña señalando al grupo de linchadores cobardes, finalmente cogió a su perro y se fue. Yo salí para escucharla decir únicamente como revuelta final “iros a cagar”. Una de las chicas, la anarquista que se había puesto los pantalones después de mi comentario, sugería “dejarse de tonterías y romperle la cara o quitarle el perro”. Claro, si eres anarquista no llamas a la policía, haces lo que te apetezca. Un amigo le dijo que mejor dejarlo con esa dueña que en la perrera…
Fue divertido. Todo ese grupo solo discutía hasta que una chica les dijo por facebook que la ley les amparaba contra la dueña. Entonces salieron a la calle. Gracias a mi comentario. El de la chica que quiere enseñar sus pechos. El de una chica que no es una chica porque soy yo disfrazado virtualmente. No entiendo qué significa todo esto. Porque alguna moraleja habrá. ¿Todo esto para qué?

10 junio 2014

Acuerdos prenupciales o preconyugales

Leo que en Estados Unidos las parejas firman acuerdos prenupciales para no compartir imágenes íntimas en Internet, selfies post-sexuales o ese strip tease para la pareja que ahora, resentida, quiere que no sea exclusivo y lo va colgando por ahí.  "No es por falta de confianza, sino para proteger la privacidad", dicen estas parejas. Yo en cambio leo "no es por falta de confianza, sino por falta de confianza". Y me parece bien. El amor es hermoso un tiempo y luego ya se verá. Mi opinión-acuerdo-pacto sería más o menos así:
"Amor, que te haga firmar esto, o una separación de bienes o cualquier otro acuerdo de mal agüero no es porque te ame menos, sino porque aún amándote ya sé que el amor dura siempre pero es un siempre que sólo significa hasta que se acaba, algo muy relativo, y además no depende de mí sino que depende de ti que no sabes planear ni lo que haremos el Domingo así que no me hagas creer que ya sabes lo que va a pasar con lo nuestro hasta que la muerte nos separe(no hablemos de qué muerte es la más conveniente porque no nos pondremos de acuerdo), así que ahora te quiero y es real pero los sentimientos como la bolsa van al alza, necesitan rescate o se hunden con una prima de riesgo impagable y no hay que hacer tanto drama por esto, por ponerle cláusulas(¿Acaso piensas que nos vamos a estrellar cuando la azafata te explica lo que debes hacer en caso de desastre aéreo? Bueno, yo un poco sí) porque lo nuestro, como el avión, se puede inflamar en una arrasadora explosión o puede aterrizar sin problemas y felicidades para todos, qué buenos pilotos somos, ya se verá pero no olvidemos que si nuestra relación se acaba será porque uno deje y al otro lo dejen y ya se sabe que el que deja se va como mucho con un remordimiento pero el que se queda tal vez aguante un rencor y unas ganas de venganza y nosotros no vamos a darle oportunidades a los malos sentimientos así que mejor prevenir que pagar a los abogados, que aunque la pasión puede tener una mala resaca también puede ser como un buen vino en su justa medida o la cocaína sin adulterar de los ricos y acabar en una dulce sonrisa antes de irte a dormir agradablemente hasta mañana y buenas noches y felices sueños, que el amor bien llevado hasta puede acabar bien pero por si acaso firma que no compartirás mis miserias por Internet ni me harás la vida más imposible o difícil de lo que ya es por regla general. El mundo no necesita verme con ropa pero sin ropa menos"      
 

02 junio 2014

¿Hay violencia más allá de Can Vies?



Llovía. El hijo de mi vecino me miraba mal, intensamente mal, como buscando lance. Yo me reí, sacudí la cabeza y le dije “gilipollas”. Él me llamó imbécil. Hasta aquí seguimos el protocolo habitual, ya sabéis. Pero algo pasaba. El día anterior mi compañera estaba harta por el ruido de una radial de buena madrugada y les llamó por teléfono para decirles que si querían volver a tener problemas con el coche. Yo siempre penalizo el coche cuando me fastidian con pegamento en las cerraduras (y ahora tengo una pastillas de poliuretano para arruinar el motor que me apetece probar). Esa madrugada estaba en la costa disfrutando de unos días haciendo lo que más me gusta que es no hacer nada. No me enteré de esta llamada mafiosa de L. Ella siempre ha mediado, está en contra de las amenazas y los malos rollos y detesta los enfrentamientos. Así que este es otro punto que se salía de lo normal. Muy enfadada debía estar mi compañera.
Caminé cincuenta metros por la acera mojada sintiendo los pasos cercanos del oso que me seguía. Cuando estábamos en el semáforo dónde había quedado con L. para tomar un desayuno le dije al vecino que si no podía separarse un poco de mí. Él dijo algo sobre que yo era  subnormal lo cual no respondía a mi pregunta. Yo le hablé de la demencia demostrada de su madre, de la escasa alfabetización de su padre y que entendía que él no hubiera salido muy bien con genes tan defectuosos. “Yo en estos casos llevo años recomendando la eugenesia”, le dije con mi tono más nazi. Cuando nos enfadamos, algunos perdemos mucho las maneras. A mí me cuesta enfadarme por más que aquí solo escribo las peores postales de mi vida, las más infames(supongo que venden más). Pero no me enfado tan fácilmente. Sólo que cuando lo hago pues ya sé que ha llegado Hulk o Hyde o algo que ni yo controlo y de lo que me arrepentiré.
Cruzamos el semáforo y el tío quería algo pero no sabía el qué. Me buscaba defectos físicos y el que busca encuentra y yo no soy Brad Pitt. Le localicé sin problemas los suyos y luego insistí en usar la poesía a lo Quevedo haciendo versos con la miseria ajena, todo muy penoso, que nadie aplauda. Él quería que le pegase y levanté la mano porque lo estaba consiguiendo. L. intentaba arrastrarme lejos y decía que acabaríamos dónde siempre acaba esto, hablando todos en comisaria con los Mossos. Yo que ya me voy frenando en los últimos años más por viejo que por listo desperté del estupor de la ira y lo entendí y se lo comenté al oso. “Sé que me estás provocando, si quieres algo pega tu primero y luego ya te voy rompiendo yo los huesos del cuerpo”. Él tiró el paraguas al suelo. “Te tengo unas ganas…” me dijo. Por supuesto. Ni en el amor sentí nunca algo tan mutuo como este odio que nos une. Si fuera cursi diría que el cielo lloraba por nosotros pero había estado lloviendo toda la semana y hay muchas otras cosas más interesantes por las que llorar, Rajoy sigue en el poder. Y entonces yo grité “acosador, este hombre no me deja, que alguien llame a la policía”. No me defendí de él. No luché. La gente nos miraba. L.. me seguía arruinando un poco el papel de víctima porque seguía tirándome de la manga y gritando que no fuera a pegarle. Pero fue el oso quién se fue. Luego volvió en otra esquina, nos seguía,  pero yo volví  a gritar lo mismo, unos policías se movían al fondo, era viernes y día de mercadillo con salerosas gitanas vendiendo bragas robadas. Eso requiere un amplio despliegue policial en mi barrio. Oso salió corriendo torpemente.
Luego yo desayuné, L. se fue a sus asuntos. Al regresar yo cantaba a pleno pulmón algo de Morrissey. Mis alaridos como gritos de guerra de piel roja. Intentaba que parecieran felices y la verdad era que sí. Me sentía satisfecho de haber dejado las manos para abrir libros y no mejillas (o de no arriesgar las mías, recibir hostias es malo para la piel).
L. me dijo que se había cruzado con el vecino y que parecía como salido de un funeral.     
Es posible que ciertas palabras duelan más que ciertos golpes.
En fin, nuevamente tocan unos meses de silencio nocturno. O no.
Yo tengo mi villano eterno que es él y él tiene su villano eterno que soy yo. Debo decir que en los cómics me resulta más divertido que en la realidad.